El encuentro de San Francisco de Asís con el sultán Al Kamil

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El encuentro de San Francisco de Asís con el sultán Al Kamil

Mensaje  mariocesar el Mar Ene 18, 2011 4:17 pm

El encuentro de San Francisco de Asís con el sultán Al Kamil

En agosto de 1219, Francisco de Asís desembarcó en Egipto a pocos kilómetros de la desembocadura del Nilo. En la víspera, el ejército cristiano de la quinta cruzada –comandada por el cardenal Pelagio y Juan de Brienne, rey sin trono de Jerusalén- había intentado una vez más, y sin éxito, doblegar la fortaleza mameluca de Damieta, en poder del sultán Al Kamil, hijo y heredero del todopoderoso sultán de El Cairo, Al Adil.
Se encontró con el escenario de una inmensa tragedia. El campamento cristiano –o lo que quedaba de él- mostraba las huellas de un sin número de calamidades. Primero, una brutal inundación como consecuencia de la irrupción de la estación de las lluvias; luego la peste y el hostigamiento de los mamelucos. Apenas unas horas atrás, en un nuevo y desesperado intento por vencer aquellas murallas, casi cien de los mejores guerreros de la Orden del Temple y del Hospital habían dejado su vida bajo los pendones desafiantes de Al Kamil.
La noticia de la llegada de Francisco causó una profunda conmoción en el diezmado campamento. La moral de aquellos miles de miserables soldados, aturdidos por la guerra y la peste no podían recibir un bálsamo mejor: Uno de los hombres más santos de la cristiandad, un icono de la paz y la piedad llegaba al centro de la llaga cruel en la que se consumían musulmanes y cristianos.
Tal era el grado de aquella calamidad, que hasta el duque Leopoldo de Austria –uno de los grandes campeones de la cruzada- hastiado de tanta muerte como no había visto en toda su vida, había decidido regresar a Europa con sus tropas, debilitando aún más al ejercito de Pelagio.
Pero este otro hombre venido de Asís no traía consigo refuerzos ni víveres para estas tropas hambrientas. Su aspecto tampoco se diferenciaba mucho del de los sorprendidos cruzados que se apretujaban a su alrededor para escuchar al monje más famoso de la cristiandad.
Francisco no podía comprender esta guerra que ya llevaba más de un siglo y que se devoraba lo mejor de ambas culturas. Permítaseme citar aquí una irónica y sombría reflexión del historiador: “Había venido a oriente creyendo, como otras tantas personas buenas e ingenuas habían creído, antes y después de él, que una misión humanitaria podría conducir a la paz”[2]
El primer problema se presentó con el legado papal. El cardenal Pelagio sentía una gran preocupación acerca de cómo podría afectar a su autoridad la presencia de un hombre tan virtuoso y respetado. Pero lo que lo dejó estupefacto fue que Francisco le demandara una inmediata autorización para reunirse con Al Kamil.
Los hombres del sultán tampoco estaban muy seguros de la conveniencia de tal petición, pero la mayoría de los historiadores coincide en que finalmente concluyeron en que un hombre tan sencillo, piadoso y extremadamente sucio –por decisión propia- debía estar completamente loco.
El cardenal Pelagio, a su vez, quería continuar su guerra lo antes posible, por lo que decidió despacharlo con embajada y bandera blanca a la corte de Al Kamil lo antes posible. El sultán recibió al monje y lo escuchó atentamente; estaba íntimamente convencido –al igual que su huésped- de que la paz era necesaria, convicción esta de la que daría muestras en el futuro. Pero el principal escollo para esa ansiada paz era Jerusalén.

Al Kamil y Francisco mantuvieron extensas conversaciones. A Francisco le impresionaba que un hombre sabio y refinado como el sultán repudiase, por considerarlo una herejía, al dogma trinitario; mientras que Al Kamil, subyugado por el carisma de su iluminado visitante, lidiaba por tolerar su maloliente suciedad. Cuando las posiciones se tornaron inclaudicables, Francisco propuso al sultán someterse a una ordalía de fuego para demostrar la verdad de Jesucristo. Pero Al Kamil, encantado con su amigo cristiano, se negó a permitir semejante acto de fe, convencido del daño que esto le causaría al monje. Algunos historiadores afirman que la amabilidad del sultán fue la que el Islam impone a sus fieles para con los locos. Otros creen que, a sus ojos, Francisco era una suerte de “derviche” considerado un hombre santo en el mundo musulmán.
El destino y la trascendencia de estos dos hombres –paradójicamente unidos por sus anhelos de paz en medio de un mundo violento- siguió por senderos muy diferentes. Francisco regresó a Italia, predicó hasta su muerte -acaecida en 1226- y fue elevado a los altares en 1228 para ser venerado entre los grandes santos de Occidente. Solo un año después, en 1229, Al Kamil firmaba el tratado de Jaffa con Federico II, comandante de la sexta cruzada, y reconocía por diez años la soberanía de los francos sobre Jerusalén. Esta acción le valió la condena de todo el Islam por traición.
El líder egipcio Anwar el-Sadat sufrió –antes de ser asesinado mas de siete siglos después- el escarnio de ser comparado con Al Kamil, cuando selló la paz con Israel. Amin Maalouf en su obra sobre el punto de vista árabe de las cruzadas expresa: “Es cierto que las similitudes son perturbadoras. ¿Cómo dejar de pensar en el presidente Sadat al escuchar a Sibt Ibn al Jawazi denunciando, ante el pueblo de Damasco, la traición del señor de El Cairo, Al-Kamil, que tuvo la osadía de reconocer la soberanía del enemigo en la Ciudad Santa?[3]

De una forma u otra, la originalidad del encuentro entre el santo y el sultán nos habla de una inmensa ausencia de diálogo entre ambas culturas que se combaten la una a la otra –con diferente suerte- desde que comenzó, hace catorce siglos, la expansión del Islam. Sin embargo, Maalouf coloca en el centro de la disputa al eje del conflicto: La soberanía sobre la Ciudad Santa, el control sobre sus santuarios, particularmente el antiguo emplazamiento del Templo de Jerusalén, que es el símbolo máximo de la alegoría masónica y razón de ser de la Orden de los Caballeros Templarios.
Paradójicamente, pesa sobre los templarios la sospecha de haber estrechado vínculos con el Islam tan intensos como sus combates.

Huston Smith- quizá el más grande de todos los especialistas en religiones comparadas del siglo XX- ha dicho: “...De todas las religiones no occidentales, el islamismo es la más próxima a Occidente; más próxima por su ubicación geográfica, pero también por su ideología, ya que desde el punto de vista religioso pertenece a la familia abrahamista, mientras que el filosófico descansa en los griegos... Pero pese a esta proximidad mental y espacial, el islamismo es la religión que más cuesta entenderse en Occidente...”[4] Esta dificultad ha sido admitida por muchos americanos. Hace algunos años –mucho antes que los asesores del Pentágono imaginaran una bienvenida de música y flores para las tropas invasoras de Irak- Meg Greenfield escribía en Newsweek “...Ninguna otra parte del mundo es incomprendida por nosotros de forma tan desesperante, sistemática y tozuda que esa estructura religiosa, cultural, y geográfica conocida como Islam...”[5]
La misma incomprensión invade al mundo islámico frente al fenómeno que, para ellos, ha representado siempre el Occidente cristiano. La realidad histórica pareciera confirmar la preeminencia de una relación de confrontación con el Islam por sobre una relación de comprensión e intercambio.
La civilización que se desarrolló en Europa, y que dio nacimiento a lo que llamamos Occidente, ha tenido en la base de su fenómeno histórico al cristianismo triunfante y a una sólida, metódica y permanente vocación expansionista. La francmasonería no sólo ha acompañado ese proceso sino que ha contribuido notoriamente a su construcción. El Islam, por su parte, constituye uno de los procesos expansivos más interesantes de la historia.

Philip Hitti, en su “Historia de los árabes” escribe: “...Alrededor del nombre de los árabes brilla ese hálito que pertenece a los conquistadores del mundo. No transcurrido un siglo desde que surgieron, se hicieron amos de un imperio que se extendía desde las costas del Atlántico hasta los confines de China, un imperio más grande que el de Roma en su apogeo. En este período de expansión sin precedentes, integraron en su credo, su idioma, y hasta su tipo físico, más seres extraños a ellos que lo que hasta entonces, y desde entonces ha logrado ninguna otra raza, incluidas la helénica, la romana, la anglosajona y la rusa...”[6]

Cuando Francisco de Asís y Al Kamil se reunieron en Egipto, estas dos culturas, con tiempos y desarrollos diferentes, ya manifestaban similitudes más inquietantes que sus diferencias. Ambas provenían del tronco abrahámico, en ambas existía una revelación excluyente, compartían la inclinación a la guerra y la conquista y ambas, antes y después intentarían expandir sus fronteras y su fe sobre la otra. Y si analizamos la relación de confrontación entre Occidente y el Islam, veremos que el mundo islámico no ha sido sólo el más próximo a Occidente sino su frontera misma, y que esta ha sido hostil durante toda su existencia.


[2] Runciman, Steven; “Historia de las Cruzadas”, (Madrid, Revista de Occidente, 1957) Vol. II p.156
[3] Maalouf, Amin; “Les croisades vues par les Arabes”
[4] Smith, Huston; “Las Religiones del mundo” (España, Thassàlia, 1995) p. 231 y ss.
[5] Greenfield, Meg; “Newsweek” (26 de marzo de 1979) p. 116


EDUARDO CALLEY


Luis Enrique Morales Rabadan JAJAJA.QUIEN LO IBA A CREER,EL TAL FRANCISCO Y EL AL KAMIL..LLEGARON A LA CONCLUSIÒN DE QUE ERAN HERMANOS ,QUE ESTABAN UNIDOS MÀS ALLÀ DE LAS CIRCUNSTANCIAS...
Exacto esa es la idea que briilló en la mente de FEDERICO II, que estaba retomando lo que a JUANA LA LOCA le valió el encierro y el mote, durante su almuerzo con San Francisco de Así...
Luisito, me alegra advertir tu perspicacia, tu intuición metahistórica. Para nombrar a algunos: Desde Juana La Loca, siguiendo con Federico II, Novalis, ha habido una línea poseedora de LA SOLUCIÓN del conflicto en el que están encenegados los contemporáneos. A Juana la encerraron, tildándola de Loca porque tenía claras ideas para la convivencia pacífica mundial-islámica y toda una voluntad de negociar con los musulmanes; a Federico II, el Estupor del Mundo, el Cruzado Incruento , por recuperar TIERRA SANTA SIN DERRAMAR UNA GOTA DE SANGRE, lo excomulgaron varias veces soportando la hostilidad de ejércitos teutones y templares que se le dieron vuelta alcahueteando para el Papa, el poder temporal y la burguesía, sobre todo Veneciana, CODICIOSA (tan codicioso como el marido de Juana). Federico tenía planes de gobierno mundial basados en lo ESTÉTICO por encima de lo religioso, moral, político, económico. Este, después de un almuerzo con SAN FRANCISCO, su amigo, en el que confesó su fracaso por no poder convertir a ni un musulmán, extrajo de lo que le sonsacó una idea que lo llevó a terminar más que amigo de SALADINO (el terror de europa)
Junto a Saladino se ensayó un borrador de estrategia y política pacíficas... Novalis, el protestante que llamaba a reconvertirse al catolicismo y clamaba por una Iglesia que fuera Autoridad Espiritual a la que estuviese sometida el poder temporal, no obstante pedía reconocimiento del ISLAM y cogobierno mundial pacífico, sacrificando intereses económicos y otros como Federico II proponía. Dejar de lado lo religioso y todo en pos de lo Estético, fusionándose SIN CONFUSIÓN, Cristianismo , Islam y todas las otras Tradiciones convivirían en paz planetariamente...Estas tesis fueron repudiadas y bajo la máscara del humanitarismo se impuso lo occidental a través de los productos judíos llamados CRISTIANISMO, MARXISMO, SOCIALISMO, etc Así la SOCIAL DEMOCRACIA arrasó con todo lo verdaderamente tradicional en la India, después de la acción del terrorismo Británico, imponiendo con bayonetas pastores prostentantes, ocultistas como los de la teosófica, así como los españoles habían impuesto la cruz con la espada en américa del sur..
Siempre he dicho que LA ETERNIDAD SIGUE ENAMORADA DE LAS OBRAS DE NOVALIS Enrique de Ofterdingen

Noble y verdadero es evocar a Novalis, actualísimo para quienes cortejan el sentido de la eternidad, Novalis es una confluencia de sinfronías atemporal y metahistórica; inefable puente entre Pitágoras:" La piedra es música cristalizada "y Nerval:" El espíritu crece detrás de la piel de la piedra" con su" La piedra es espíritu dormido". Puente entre El Estupor del Mundo oCruzado Incruento que en su Il Novelino, retoma la parábola del padre y los tres anillos, y Bocaccio que incluye a Melkisedec, y Meldenson, y Guenón, y Schuon con la única solución estética como quería Federico II, El Cruzado Incruento para el conflicto actual en el medio oriente...

al igual que EL ESTUPOR DEL MUNDO, EL CRUZADO INCRUENTO, FEDERICO II, tendemos a privilegiar el criterio estético y lo estético mismo aun como supraordinante
Y a quien clama por el terrorismo islámioco siempre les he dicho:

Si pensás que soy puerilmente anacrónico hacemelo saber por caridad, pero si no hubieran repudiado, traicionado al CRUZADO INCRUENTO, ESTUPOR DEL MUNDO, y si no hubiesen desestimado a gente como NOVALIS esto no estaría ocurriendo...

Se ríen , no lo quieren creer; desestiman...en eso persiste Occidente, en su occidere, su muerte. Nada aprendieron de las lecciones y advertencias de FEDERICO II, el STUPOR DEL MUNDO, EL CRUZADO INCRUENTO, ni de NOVALIS...piedra libre para la impúdica insolencia judía...: La ira de la Media Luna acabará con el gigante corrupto y fatuamente sandio y sin cabeza llamado occidente; pronto la agonía de esta anomalía cesará gracias a la medicina mortal de la indignación mahometana tan procurada por los judios y sus siervos.
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Re: El encuentro de San Francisco de Asís con el sultán Al Kamil

Mensaje  mariocesar el Dom Oct 04, 2015 3:05 pm

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Re: El encuentro de San Francisco de Asís con el sultán Al Kamil

Mensaje  nessy el Lun Oct 05, 2015 5:12 am

asi es , ame si as , el i as
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Re: El encuentro de San Francisco de Asís con el sultán Al Kamil

Mensaje  nessy el Lun Oct 05, 2015 5:12 am

ve el
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Re: El encuentro de San Francisco de Asís con el sultán Al Kamil

Mensaje  mariocesar el Vie Oct 30, 2015 2:53 am

orge Enrique Montero Figueroa con Andrés López y 4 personas más
28 de octubre a las 12:18 · Lima · Editado ·
"SOBRE UN DESCONCERTANTE RELATO DE GIROS"!!!
("...He aquí a San Francisco de Asís, un santo que aprendió del misticismo islámico más de lo que pueden reconocerle sus exegetas. El emperador Federico II de Hohenstaufen se entendía mejor con él que con los papas que le excomulgaban"; [Juan G. Atienza, en "Los derviches danzantes"; en revista "Mundo Desconocido", núm. 25, julio de 1978, pp. 37-46])
"Y, atravesando a pie la Toscana, con su discípulo fray Masseo, llegaron a una encrucijada, un camino que conducía a Florencia, otro a Arezzo y el otro a Siena; entonces, Masseo le pregunto qué camino tomarían, a lo que Francisco le respondió: -"el que Dios quiera"; y -"qué camino es ése?", le respondió Masseo; -"lo sabremos por una señal", respondió nuevamente Francisco, para enseguida decirle: -"te ordeno, ya que has prometido obediencia, que des vueltas y vueltas como hacen los niños, hasta que te ordene parar".
Entonces, el pobre Masseo giró y giró sobre sí mismo hasta que cayo al suelo por el vértigo. Se levantó y dirigió al santo una mirada implorante; pero el santo no dijo nada, y Masseo, recordando su voto de obediencia, reanudó sus giros. Continuó dando vueltas y cayéndose nuevamente hasta que tuvo la impresión de haber pasado así toda su vida; entonces, de improviso, oyó las ansiadas palabras: -"Detente y dime en qué dirección tienes vuelto el rostro"; -"Hacia Siena", jadeo Masseo, que sentía la tierra girando a su alrededor. -"Pues a Siena hemos de ir", dijo Francisco, y hacia Siena se dirigieron"!!!"; [citado de Idries Shah, en "LOS SUFIS", cap.IV: "Misterios en Occidente: San Francisco de Asís"; 1996, p.293-94. También ver: "San Francisco de Asís: Escritos. Biografías. Documentos de la época"; Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2000; "Florecillas de S. Francisco y de sus compañeros c11", cap.XI: "Cómo San Francisco hizo dar vueltas al hermano Maseo para conocer el camino que debía seguir", en Biografías y Documentos de la época, p.819]
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Re: El encuentro de San Francisco de Asís con el sultán Al Kamil

Mensaje  mariocesar el Vie Oct 30, 2015 3:06 am

Antes que, en LOS SUFIS, la primera vez que leí sobreel tema del GIRO , emparentando a FANCISCO con los sufis fue en EL YOGA ESPIRITUAL DE SAN FRANCISCO DE ASIS
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Re: El encuentro de San Francisco de Asís con el sultán Al Kamil

Mensaje  mariocesar el Lun Ene 18, 2016 6:47 pm


Gustavo R. Carante ha compartido su publicación.
23 de agosto de 2015
LAUDATO SI (IV)
SAN FRANCISCO DE ASÍS
No quiero desarrollar esta encíclica sin acudir a un modelo bello que puede motivarnos. Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la Ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la Creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la Naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la Naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.
Su testimonio nos muestra también que una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano. Así como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él miraba el Sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás criaturas. Él entraba en comunicación con todo lo creado, y hasta predicaba a las flores «invitándolas a alabar al Señor, como si gozaran del don de la razón» (1). Su reacción era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe. Su discípulo san Buenaventura decía de él que, «lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a todas las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas» (2). Esta convicción no puede ser despreciada como un romanticismo irracional, porque tiene consecuencias en las opciones que determinan nuestro comportamiento. Si nos acercamos a la Naturaleza y al ambiente sin esta apertura al estupor y a la maravilla, si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumidor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos. En cambio, si nos sentimos íntimamente unidos a todo lo que existe, la sobriedad y el cuidado brotarán de modo espontáneo. La pobreza y la austeridad de San Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio.
Por otra parte, San Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la Naturaleza como un espléndido Libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de Su hermosura y de Su bondad: « A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al Autor» (Sb 13,5), y «Su eterna potencia y divinidad se hacen visibles para la inteligencia a través de Sus obras desde la creación del mundo» (Rm 1,20). Por eso, él pedía que en el convento siempre se dejara una parte del huerto sin cultivar, para que crecieran las hierbas silvestres, de manera que quienes las admiraran pudieran elevar su pensamiento a Dios, autor de tanta belleza (3). El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza.
NOTAS:
(1) Tomás de Celano, Vida primera de San Francisco, XXIX, 81: FF 460.
(2) Legenda maior, VIII, 6: FF 1145.
(3) Cf. Tomás de Celano, Vida segunda de San Francisco, CXXIV, 165: FF 750.
"«Laudato si’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra Madre Tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba».

Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada Tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura."
"San Francisco de Asís es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la Ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la Creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la Naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la Naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior."
"Una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano. Así como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él miraba el Sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás criaturas.

Josep Belliure y Gil (1855-1937), San Francisco predicando a los pajarillos"
"Él entraba en comunicación con todo lo creado, y hasta predicaba a las flores «invitándolas a alabar al Señor, como si gozaran del don de la razón». Su reacción era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe.

Josep Belliure y Gil (1855-1937), San Francisco acariciando un cabrito"
"San Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la Naturaleza como un espléndido Libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de Su hermosura y de Su bondad: «A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al Autor», y «Su eterna potencia y divinidad se hacen visibles para la inteligencia a través de Sus obras desde la creación del mundo». Por eso, él pedía que en el convento siempre se dejara una parte del huerto sin cultivar, para que crecieran las hierbas silvestres, de manera que quienes las admiraran pudieran elevar su pensamiento a Dios, autor de tanta belleza. El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza."
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23 de agosto de 2015
LAUDATO SI (IV)

SAN FRANCISCO DE ASÍS

No quiero desarrollar esta encíclica sin acudir a un modelo bello que puede motivarnos. Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la Ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la Creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la Naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la Naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.

Su testimonio nos muestra también que una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano. Así como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él miraba el Sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás criaturas. Él entraba en comunicación con todo lo creado, y hasta predicaba a las flores «invitándolas a alabar al Señor, como si gozaran del don de la razón» (1). Su reacción era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe. Su discípulo san Buenaventura decía de él que, «lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a todas las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas» (2). Esta convicción no puede ser despreciada como un romanticismo irracional, porque tiene consecuencias en las opciones que determinan nuestro comportamiento. Si nos acercamos a la Naturaleza y al ambiente sin esta apertura al estupor y a la maravilla, si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumidor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos. En cambio, si nos sentimos íntimamente unidos a todo lo que existe, la sobriedad y el cuidado brotarán de modo espontáneo. La pobreza y la austeridad de San Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio.

Por otra parte, San Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la Naturaleza como un espléndido Libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de Su hermosura y de Su bondad: « A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al Autor» (Sb 13,5), y «Su eterna potencia y divinidad se hacen visibles para la inteligencia a través de Sus obras desde la creación del mundo» (Rm 1,20). Por eso, él pedía que en el convento siempre se dejara una parte del huerto sin cultivar, para que crecieran las hierbas silvestres, de manera que quienes las admiraran pudieran elevar su pensamiento a Dios, autor de tanta belleza (3). El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza.

NOTAS:

(1) Tomás de Celano, Vida primera de San Francisco, XXIX, 81: FF 460.

(2) Legenda maior, VIII, 6: FF 1145.

(3) Cf. Tomás de Celano, Vida segunda de San Francisco, CXXIV, 165: FF 750.
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