EL LENGUAJE DE LOS PAJAROS Por Farid Ud-Din-Attar

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EL LENGUAJE DE LOS PAJAROS Por Farid Ud-Din-Attar

Mensaje  mariocesar el Lun Nov 29, 2010 9:45 pm



Sofia

EL LENGUAJE DE LOS PAJAROS
Por Farid Ud-Din-Attar
En la antiguedad, Persia fue el imperio más poderoso del mundo
mediterráneo y del Cercano Oriente. Pero, luego, sucumbió ante
Alejandro Magno. Y, después, fue abrazada por el remolino del Islam en
el s. Vll de nuestra era. El idioma árabe colmó las gargantas, hasta
que en el s. X el persa antiguo reaparece. Y crea collares de rubíes
poéticos, gracias a los poetas Rudagui, Firdusi y el muy conocido Omar
Hayyam. Y también gracias a Farid ud-din- Attar. Poeta persa del s.
Xll. Su obra, inicialmente en verso, pero luego traducida en prosa en
Occidente, es La conferencia de los pájaros. Uno de las más
relumbrantes narraciones místicas de la literatura oriental que le
presentamos ahora aquí, en Temakel. Un nuevo encuentro entre la
literatura y lo trascendente.
Todas las aves del mundo se reúnen en una asamblea. Entonces, se dicen
que los países del mundo tienen rey. Pero el reino de los pájaros no
tiene el suyo. Por eso, una de las aves, un Coronado, iniciado en la
sabiduría divina, indica el camino, un largo viaje, que pueden
conducir a los pájaros hasta el sitio donde los espera su rey. Y
entonces miles de aves inician su vuelo hacia el Simurgh, el Rey de
los Pájaros. Pero lo que no saben es que...
¨...Por años los pájaros viajaron sobre montañas y valles, y gran
parte de su vida la invirtieron en volar en este viaje. ¿Pero cómo es
posible relatar lo que les pasó? Tendríamos que haber ido con ellas y
vivir por nosotros mismos sus dificultades, y seguirlas por el camino
interminable. Sólo así podríamos saber lo que estos pájaros sufrieron.
Al final, sólo una pequeña parte de la gran compañía llegó al sublime
lugar a donde el Coronado las había guiado. De las miles de aves
apenas si quedaron algunas. Muchas se perdieron en el océano; otras
perecieron en la cima de las montañas torturadas por la sed. A otras
se les quemaron las alas por el calor del sol; otras fueron devoradas
por tigres y panteras; otras murieron de fatiga en los desiertos, sus
picos se quebraron y su cuerpo se secó con el calor; otras
enloquecieron y se mataron unas a otras por un grano de cebada; otras,
debilitadas y sufriendo por sus heridas, quedaron tiradas en el camino
sin poder continuar; otras, aturdidas por lo que veían, se fueron
quedando aquí y allá, estupefactas; y muchas que habían comenzado el
viaje por satisfacer su curiosidad, perecieron con la idea de que
habían llegado al final. Así que de aquellos miles de aves, sólo
treinta terminaron el viaje. E incluso estas llegaron aturdidas,
golpeadas, cansadas y sin plumas ni alas. Pero ahora están a la puerta
de su Majestad en un estado que no se puede describir y en una esencia
que no se puede comprender, porque ese Ser está más allá de la razón y
del entendimiento humanos. Entonces fueron llenadas de luz, y cientos
de mundos se consumieron en un momento. Vieron miles de soles, unos
más brillantes que los otros, miles de estrellas y de lunas de igual
belleza, y viendo todo ello se agitaron y asombradas en una danza como
la del polvo de los átomos, y gritaron: “¡Oh tú, que eres más radiante
que el sol! ¡Tú, que has reducido al sol en un átomo! ¿cómo podemos
aparecer ante Tí? ¿De qué nos sirve ahora todo el sufrimiento del
camino? Hemos renunciado a nosotros mismos y todo, no podemos obtener
nada por lo que hemos luchado. Aquí, poco importa que existamos o no¨.
(1)
Luego de mucho tiempo de espera, las aves comenzaron a sentir
desesperación y confusión. Hasta que, por fin, una puerta... o
... una puerta se abrió de pronto, y salió uno de los nobles
chambelanes de Su Majestad Suprema. Los miró y observó que de los
miles de pájaros, sólo treinta habían llegado.
Les dijo: “Bien, oh aves, ¿de dónde venís, y qué es lo que hacéis
aquí? ¿Cuál es vuestro nombre? Oh, tú, que lo has dejado todo, ¿Donde
está tu casa? ¿Cómo te llamaban en el mundo? ¿Qué se puede hacer con
un débil montón de polvo como tú?” “Hemos venido”, dijeron los
pájaros, “para rendir pleitesía a nuestro Rey Simurgh. Por el amor y
el deseo de él, hemos perdido nuestra razón y la paz de nuestras
mentes. Hace mucho tiempo, cuando emprendimos este largo viaje, eramos
miles. Sólo hemos llegado hasta este sublime lugar treinta. No podemos
creer que el Rey quisiera burlarse de nosotros después de tanto
sufrimiento como hemos tenido que pasar. ¡Ah no! ¡El no puede mirarnos
más que con el ojo de la benevolencia!
El Chambelan replicó: “iOh vosotros, cuyos corazones y mentes están
confundidos, a pesar de que vosotros existáis o no en el universo, el
Rey tendrá a su ser siempre en la eternidad. Miles de mundos de
criaturas no son más que hormigas a su puerta. No traéis más que
quejas y lamentos. Regresad por donde habéis venido, oh vil montón de
tierra!”
En esto, las aves se quedaron petrificadas de asombro. Cuando
regresaron en sí se dijeron: “¿Por qué este gran Rey nos ha rechazado
tan ignominiosamente? Y si en realidad su actitud hacia nosotros no ha
de cambiar, ¿por qué no lo hace con honor?¨(2)
Pero, luego, la inicial indignación de las aves se trocó en hondo
amor. Y entonces dijeron:
“...¿Cómo puede salvarse una polilla del abrazo de la flama que desea
alcanzar la unidad? El amigo que buscamos se contentará permitiéndonos
unirnos a él. Si nos rechaza ahora, ¿qué es lo que puede hacer por
nosotros? Somos como la polilla que desea unirse a la flama del
candil. Ellas le pidieron que no se sacrificara tontamente, pero la
polilla les agradeció el consejo y les dijo que su corazón lo único
que deseaba era unirse a la flama para siempre, no importaba nada
más.
¨Entonces el Chambelan, habiéndolos examinado, abrió la puerta; e
hizo a un lado cientos y cientos de cortinas, una detrás de otra, y un
mundo que estaba más allá del velo fue revelado. La luz de las luces
fue manifestada, y cada uno de ellos se sentaron en el masnad, el
asiento de la Majestad y la Gloria. Se les dio un escrito que debían
leer; y leyéndolo y ponderándolo fueron capaces de comprender su
estado. Cuando estuvieron completamente en paz y apartados de todas
las cosas, se dieron cuenta de que el Simurgh estaba ahí con ellos, y
que para ellos comenzaba una nueva vida al lado del Simurgh. Todo lo
que tuvieron que hacer fue lavarse de todo lo anterior. El sol de la
majestad emanó poderoso sus rayos, y en el reflejo de cada uno estaban
los rostros de Simurgh en el mundo interior. Todo era tan asombroso
que ya no sabían si eran ellos mismos o si se habían convertido en el
Simurgh. Al final, en un estado de contemplación, se dieron cuenta de
que ellos eran Simurgh y que Simurgh era las treinta aves. Cuando
veían al Simurgh, se veían a sí mismos, y eran el verdadero Simurgh
que habían sido, y cuando volteaban sus ojos a sí mismos, veían al
Simurgh, porque ellos mismos eran el Simurgh. Y percibiéndose a la
vez, ellos y El, se dieron cuenta de que el Simurgh y ellos eran el
mismo y único Ser. Nunca nadie en el mundo oyó nada igual a esto.
Entonces entraron en meditación, y después de un momento
preguntaron al Simurgh, sin usar sus lenguas, si les podía revelar el
secreto de la pluralidad y la unidad de los seres. El Simurgh, sin
usar el habla les dijo: “El sol de la majestad es un espejo. El que se
ve en él ve a su alma y a su cuerpo, y los ve por completo. Como
habéis llegado hasta aquí como treinta aves (si-murgh), os miráis como
treinta aves en este espejo. Si hubieran venido cuarenta o cincuenta,
hubiera sucedido lo mismo. Y aunque ahora habéis cambiado, en este
espejo os véis como antes.
¿Puede la vista de una hormiga alcanzar a ver las Pléyades? ¿Puede
este insecto levantar una viga? ¿Se ha visto a un mosquito picar a un
elefante? Todo lo que habéis conocido, todo lo que habéis oído, no
existen más. Cuando cruzastéis los Valles del Sendero Espiritual, y
cuando hicistéis buenas obras, fue por mi acción; así fuistéis capaces
de ver los valles de mi esencia y mis perfecciones. Vosotros, que sois
sólo treinta aves, hicistéis bien en sufrir, en asombraros y en
impacientaros. Porque yo no soy más que treinta aves. Y soy la
verdadera esencia del verdadero Simurgh. Aniquilaros vosotros mismos
gloriosamente y con gozo dentro de mí, y en mí os encontraréis a
vosotros mismos.
Entonces las aves se perdieron a sí mismas para siempre en el
Simurgh, la sombra se perdió en el sol, y eso fue todo.

mariocesar

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Re: EL LENGUAJE DE LOS PAJAROS Por Farid Ud-Din-Attar

Mensaje  mataril el Sáb Ago 17, 2013 11:19 am

mariocesar escribió:

Sofia  

EL  LENGUAJE DE LOS PAJAROS
Por Farid Ud-Din-Attar
En la antiguedad, Persia fue el imperio más poderoso del mundo
mediterráneo y del Cercano Oriente. Pero, luego, sucumbió ante
Alejandro Magno. Y, después, fue abrazada por el remolino del Islam en
el s. Vll de nuestra era. El idioma árabe colmó las gargantas, hasta
que en el s. X el persa antiguo reaparece. Y crea collares de rubíes
poéticos, gracias a los poetas Rudagui, Firdusi y el muy conocido Omar
Hayyam. Y también gracias a Farid ud-din- Attar. Poeta persa del s.
Xll. Su obra, inicialmente en verso, pero luego traducida en prosa en
Occidente, es La conferencia de los pájaros. Uno de las más
relumbrantes narraciones místicas de la literatura oriental que le
presentamos ahora aquí, en Temakel. Un nuevo encuentro entre la
literatura y lo trascendente.
Todas las aves del mundo se reúnen en una asamblea. Entonces, se dicen
que los países del mundo tienen rey. Pero el reino de los pájaros no
tiene el suyo. Por eso, una de las aves, un Coronado, iniciado en la
sabiduría divina, indica el camino, un largo viaje, que pueden
conducir a los pájaros hasta el sitio donde los espera su rey. Y
entonces miles de aves inician su vuelo hacia el Simurgh, el Rey de
los Pájaros. Pero lo que no saben es que...
¨...Por años los pájaros viajaron sobre montañas y valles, y gran
parte de su vida la invirtieron en volar en este viaje. ¿Pero cómo es
posible relatar lo que les pasó? Tendríamos que haber ido con ellas y
vivir por nosotros mismos sus dificultades, y seguirlas por el camino
interminable. Sólo así podríamos saber lo que estos pájaros sufrieron.
Al final, sólo una pequeña parte de la gran compañía llegó al sublime
lugar a donde el Coronado las había guiado. De las miles de aves
apenas si quedaron algunas. Muchas se perdieron en el océano; otras
perecieron en la cima de las montañas torturadas por la sed. A otras
se les quemaron las alas por el calor del sol; otras fueron devoradas
por tigres y panteras; otras murieron de fatiga en los desiertos, sus
picos se quebraron y su cuerpo se secó con el calor; otras
enloquecieron y se mataron unas a otras por un grano de cebada; otras,
debilitadas y sufriendo por sus heridas, quedaron tiradas en el camino
sin poder continuar; otras, aturdidas por lo que veían, se fueron
quedando aquí y allá, estupefactas; y muchas que habían comenzado el
viaje por satisfacer su curiosidad, perecieron con la idea de que
habían llegado al final. Así que de aquellos miles de aves, sólo
treinta terminaron el viaje. E  incluso estas llegaron aturdidas,
golpeadas, cansadas y sin plumas ni alas. Pero ahora están a la puerta
de su Majestad en un estado que no se puede describir y en una esencia
que no se puede comprender, porque ese Ser está más allá de la razón y
del entendimiento humanos. Entonces fueron llenadas de luz, y cientos
de mundos se consumieron en un momento. Vieron miles de soles, unos
más brillantes que los otros, miles de estrellas y de lunas de igual
belleza, y viendo todo ello se agitaron y asombradas en una danza como
la del polvo de los átomos, y gritaron: “¡Oh tú, que eres más radiante
que el sol! ¡Tú, que has reducido al sol en un átomo! ¿cómo podemos
aparecer ante Tí? ¿De qué nos sirve ahora todo el sufrimiento del
camino? Hemos renunciado a nosotros mismos y todo, no podemos obtener
nada por lo que hemos luchado. Aquí, poco importa que existamos o no¨.
(1)
   Luego de mucho tiempo de espera, las aves comenzaron a sentir
desesperación y confusión. Hasta que, por fin, una puerta...  o
... una puerta se abrió de pronto, y salió uno de los nobles
chambelanes de Su Majestad Suprema. Los miró y observó que de los
miles de pájaros, sólo treinta habían llegado.
Les dijo: “Bien, oh aves, ¿de dónde venís, y qué es lo que hacéis
aquí? ¿Cuál es vuestro nombre? Oh, tú, que lo has dejado todo, ¿Donde
está tu casa? ¿Cómo te llamaban en el mundo? ¿Qué se puede hacer con
un débil montón de polvo como tú?” “Hemos venido”, dijeron los
pájaros, “para rendir pleitesía a nuestro Rey Simurgh. Por el amor y
el deseo de él, hemos perdido nuestra razón y la paz de nuestras
mentes. Hace mucho tiempo, cuando emprendimos este largo viaje, eramos
miles. Sólo hemos llegado hasta este sublime lugar treinta. No podemos
creer que el Rey quisiera burlarse de nosotros después de tanto
sufrimiento como hemos tenido que pasar. ¡Ah no! ¡El no puede mirarnos
más que con el ojo de la benevolencia!
El Chambelan replicó: “iOh vosotros, cuyos corazones y mentes están
confundidos, a pesar de que vosotros existáis o no en el universo, el
Rey tendrá a su ser siempre en la eternidad. Miles de mundos de
criaturas no son más que hormigas a su puerta. No traéis más que
quejas y lamentos. Regresad por donde habéis venido, oh vil montón de
tierra!”
En esto, las aves se quedaron petrificadas de asombro. Cuando
regresaron en sí se dijeron: “¿Por qué este gran Rey nos ha rechazado
tan ignominiosamente? Y si en realidad su actitud hacia nosotros no ha
de cambiar, ¿por qué no lo hace con honor?¨(2)
Pero, luego, la inicial indignación de las aves se trocó en hondo
amor. Y entonces dijeron:
“...¿Cómo puede salvarse una polilla del abrazo de la flama que desea
alcanzar la unidad? El amigo que buscamos se contentará permitiéndonos
unirnos a él. Si nos rechaza ahora, ¿qué es lo que puede hacer por
nosotros? Somos como la polilla que desea unirse a la flama del
candil. Ellas le pidieron que no se sacrificara tontamente, pero la
polilla les agradeció el consejo y les dijo que su corazón lo único
que deseaba era unirse a la flama para siempre, no importaba nada
más.
¨Entonces el Chambelan, habiéndolos examinado, abrió la puerta; e
hizo a un lado cientos y cientos de cortinas, una detrás de otra, y un
mundo que estaba más allá del velo fue revelado. La luz de las luces
fue manifestada, y cada uno de ellos se sentaron en el masnad, el
asiento de la Majestad y la Gloria. Se les dio un escrito que debían
leer; y leyéndolo y ponderándolo fueron capaces de comprender su
estado. Cuando estuvieron completamente en paz y apartados de todas
las cosas, se dieron cuenta de que el Simurgh estaba ahí con ellos, y
que para ellos comenzaba una nueva vida al lado del Simurgh. Todo lo
que tuvieron que hacer fue lavarse de todo lo anterior. El sol de la
majestad emanó poderoso sus rayos, y en el reflejo de cada uno estaban
los rostros de Simurgh en el mundo interior. Todo era tan asombroso
que ya no sabían si eran ellos mismos o si se habían convertido en el
Simurgh. Al final, en un estado de contemplación, se dieron cuenta de
que ellos eran Simurgh y que Simurgh era las treinta aves. Cuando
veían al Simurgh, se veían a sí mismos, y eran el verdadero Simurgh
que habían sido, y cuando volteaban sus ojos a sí mismos, veían al
Simurgh, porque ellos mismos eran el Simurgh. Y percibiéndose a la
vez, ellos y El, se dieron cuenta de que el Simurgh y ellos eran el
mismo y único Ser. Nunca nadie en el mundo oyó nada igual a esto.
   Entonces entraron en meditación, y después de un momento
preguntaron al Simurgh, sin usar sus lenguas, si les podía revelar el
secreto de la pluralidad y la unidad de los seres. El Simurgh, sin
usar el habla les dijo: “El sol de la majestad es un espejo. El que se
ve en él ve a su alma y a su cuerpo, y los ve por completo. Como
habéis llegado hasta aquí como treinta aves (si-murgh), os miráis como
treinta aves en este espejo. Si hubieran venido cuarenta o cincuenta,
hubiera sucedido lo mismo. Y aunque ahora habéis cambiado, en este
espejo os véis como antes.
   ¿Puede la vista de una hormiga alcanzar a ver las Pléyades? ¿Puede
este insecto levantar una viga? ¿Se ha visto a un mosquito picar a un
elefante? Todo lo que habéis conocido, todo lo que habéis oído, no
existen más. Cuando cruzastéis los Valles del Sendero Espiritual, y
cuando hicistéis buenas obras, fue por mi acción; así fuistéis capaces
de ver los valles de mi esencia y mis perfecciones. Vosotros, que sois
sólo treinta aves, hicistéis bien en sufrir, en asombraros y en
impacientaros. Porque yo no soy más que treinta aves. Y soy la
verdadera esencia del verdadero Simurgh. Aniquilaros vosotros mismos
gloriosamente y con gozo dentro de mí, y en mí os encontraréis a
vosotros mismos.
    Entonces las aves se perdieron a sí mismas para siempre en el
Simurgh, la sombra se perdió en el sol, y eso fue todo.

mataril

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Re: EL LENGUAJE DE LOS PAJAROS Por Farid Ud-Din-Attar

Mensaje  mariocesar el Sáb Ago 17, 2013 12:14 pm

mataril escribió:
mariocesar escribió:

Sofia  

EL  LENGUAJE DE LOS PAJAROS
Por Farid Ud-Din-Attar
En la antiguedad, Persia fue el imperio más poderoso del mundo
mediterráneo y del Cercano Oriente. Pero, luego, sucumbió ante
Alejandro Magno. Y, después, fue abrazada por el remolino del Islam en
el s. Vll de nuestra era. El idioma árabe colmó las gargantas, hasta
que en el s. X el persa antiguo reaparece. Y crea collares de rubíes
poéticos, gracias a los poetas Rudagui, Firdusi y el muy conocido Omar
Hayyam. Y también gracias a Farid ud-din- Attar. Poeta persa del s.
Xll. Su obra, inicialmente en verso, pero luego traducida en prosa en
Occidente, es La conferencia de los pájaros. Uno de las más
relumbrantes narraciones místicas de la literatura oriental que le
presentamos ahora aquí, en Temakel. Un nuevo encuentro entre la
literatura y lo trascendente.
Todas las aves del mundo se reúnen en una asamblea. Entonces, se dicen
que los países del mundo tienen rey. Pero el reino de los pájaros no
tiene el suyo. Por eso, una de las aves, un Coronado, iniciado en la
sabiduría divina, indica el camino, un largo viaje, que pueden
conducir a los pájaros hasta el sitio donde los espera su rey. Y
entonces miles de aves inician su vuelo hacia el Simurgh, el Rey de
los Pájaros. Pero lo que no saben es que...
¨...Por años los pájaros viajaron sobre montañas y valles, y gran
parte de su vida la invirtieron en volar en este viaje. ¿Pero cómo es
posible relatar lo que les pasó? Tendríamos que haber ido con ellas y
vivir por nosotros mismos sus dificultades, y seguirlas por el camino
interminable. Sólo así podríamos saber lo que estos pájaros sufrieron.
Al final, sólo una pequeña parte de la gran compañía llegó al sublime
lugar a donde el Coronado las había guiado. De las miles de aves
apenas si quedaron algunas. Muchas se perdieron en el océano; otras
perecieron en la cima de las montañas torturadas por la sed. A otras
se les quemaron las alas por el calor del sol; otras fueron devoradas
por tigres y panteras; otras murieron de fatiga en los desiertos, sus
picos se quebraron y su cuerpo se secó con el calor; otras
enloquecieron y se mataron unas a otras por un grano de cebada; otras,
debilitadas y sufriendo por sus heridas, quedaron tiradas en el camino
sin poder continuar; otras, aturdidas por lo que veían, se fueron
quedando aquí y allá, estupefactas; y muchas que habían comenzado el
viaje por satisfacer su curiosidad, perecieron con la idea de que
habían llegado al final. Así que de aquellos miles de aves, sólo
treinta terminaron el viaje. E  incluso estas llegaron aturdidas,
golpeadas, cansadas y sin plumas ni alas. Pero ahora están a la puerta
de su Majestad en un estado que no se puede describir y en una esencia
que no se puede comprender, porque ese Ser está más allá de la razón y
del entendimiento humanos. Entonces fueron llenadas de luz, y cientos
de mundos se consumieron en un momento. Vieron miles de soles, unos
más brillantes que los otros, miles de estrellas y de lunas de igual
belleza, y viendo todo ello se agitaron y asombradas en una danza como
la del polvo de los átomos, y gritaron: “¡Oh tú, que eres más radiante
que el sol! ¡Tú, que has reducido al sol en un átomo! ¿cómo podemos
aparecer ante Tí? ¿De qué nos sirve ahora todo el sufrimiento del
camino? Hemos renunciado a nosotros mismos y todo, no podemos obtener
nada por lo que hemos luchado. Aquí, poco importa que existamos o no¨.
(1)
   Luego de mucho tiempo de espera, las aves comenzaron a sentir
desesperación y confusión. Hasta que, por fin, una puerta...  o
... una puerta se abrió de pronto, y salió uno de los nobles
chambelanes de Su Majestad Suprema. Los miró y observó que de los
miles de pájaros, sólo treinta habían llegado.
Les dijo: “Bien, oh aves, ¿de dónde venís, y qué es lo que hacéis
aquí? ¿Cuál es vuestro nombre? Oh, tú, que lo has dejado todo, ¿Donde
está tu casa? ¿Cómo te llamaban en el mundo? ¿Qué se puede hacer con
un débil montón de polvo como tú?” “Hemos venido”, dijeron los
pájaros, “para rendir pleitesía a nuestro Rey Simurgh. Por el amor y
el deseo de él, hemos perdido nuestra razón y la paz de nuestras
mentes. Hace mucho tiempo, cuando emprendimos este largo viaje, eramos
miles. Sólo hemos llegado hasta este sublime lugar treinta. No podemos
creer que el Rey quisiera burlarse de nosotros después de tanto
sufrimiento como hemos tenido que pasar. ¡Ah no! ¡El no puede mirarnos
más que con el ojo de la benevolencia!
El Chambelan replicó: “iOh vosotros, cuyos corazones y mentes están
confundidos, a pesar de que vosotros existáis o no en el universo, el
Rey tendrá a su ser siempre en la eternidad. Miles de mundos de
criaturas no son más que hormigas a su puerta. No traéis más que
quejas y lamentos. Regresad por donde habéis venido, oh vil montón de
tierra!”
En esto, las aves se quedaron petrificadas de asombro. Cuando
regresaron en sí se dijeron: “¿Por qué este gran Rey nos ha rechazado
tan ignominiosamente? Y si en realidad su actitud hacia nosotros no ha
de cambiar, ¿por qué no lo hace con honor?¨(2)
Pero, luego, la inicial indignación de las aves se trocó en hondo
amor. Y entonces dijeron:
“...¿Cómo puede salvarse una polilla del abrazo de la flama que desea
alcanzar la unidad? El amigo que buscamos se contentará permitiéndonos
unirnos a él. Si nos rechaza ahora, ¿qué es lo que puede hacer por
nosotros? Somos como la polilla que desea unirse a la flama del
candil. Ellas le pidieron que no se sacrificara tontamente, pero la
polilla les agradeció el consejo y les dijo que su corazón lo único
que deseaba era unirse a la flama para siempre, no importaba nada
más.
¨Entonces el Chambelan, habiéndolos examinado, abrió la puerta; e
hizo a un lado cientos y cientos de cortinas, una detrás de otra, y un
mundo que estaba más allá del velo fue revelado. La luz de las luces
fue manifestada, y cada uno de ellos se sentaron en el masnad, el
asiento de la Majestad y la Gloria. Se les dio un escrito que debían
leer; y leyéndolo y ponderándolo fueron capaces de comprender su
estado. Cuando estuvieron completamente en paz y apartados de todas
las cosas, se dieron cuenta de que el Simurgh estaba ahí con ellos, y
que para ellos comenzaba una nueva vida al lado del Simurgh. Todo lo
que tuvieron que hacer fue lavarse de todo lo anterior. El sol de la
majestad emanó poderoso sus rayos, y en el reflejo de cada uno estaban
los rostros de Simurgh en el mundo interior. Todo era tan asombroso
que ya no sabían si eran ellos mismos o si se habían convertido en el
Simurgh. Al final, en un estado de contemplación, se dieron cuenta de
que ellos eran Simurgh y que Simurgh era las treinta aves. Cuando
veían al Simurgh, se veían a sí mismos, y eran el verdadero Simurgh
que habían sido, y cuando volteaban sus ojos a sí mismos, veían al
Simurgh, porque ellos mismos eran el Simurgh. Y percibiéndose a la
vez, ellos y El, se dieron cuenta de que el Simurgh y ellos eran el
mismo y único Ser. Nunca nadie en el mundo oyó nada igual a esto.
   Entonces entraron en meditación, y después de un momento
preguntaron al Simurgh, sin usar sus lenguas, si les podía revelar el
secreto de la pluralidad y la unidad de los seres. El Simurgh, sin
usar el habla les dijo: “El sol de la majestad es un espejo. El que se
ve en él ve a su alma y a su cuerpo, y los ve por completo. Como
habéis llegado hasta aquí como treinta aves (si-murgh), os miráis como
treinta aves en este espejo. Si hubieran venido cuarenta o cincuenta,
hubiera sucedido lo mismo. Y aunque ahora habéis cambiado, en este
espejo os véis como antes.
   ¿Puede la vista de una hormiga alcanzar a ver las Pléyades? ¿Puede
este insecto levantar una viga? ¿Se ha visto a un mosquito picar a un
elefante? Todo lo que habéis conocido, todo lo que habéis oído, no
existen más. Cuando cruzastéis los Valles del Sendero Espiritual, y
cuando hicistéis buenas obras, fue por mi acción; así fuistéis capaces
de ver los valles de mi esencia y mis perfecciones. Vosotros, que sois
sólo treinta aves, hicistéis bien en sufrir, en asombraros y en
impacientaros. Porque yo no soy más que treinta aves. Y soy la
verdadera esencia del verdadero Simurgh. Aniquilaros vosotros mismos
gloriosamente y con gozo dentro de mí, y en mí os encontraréis a
vosotros mismos.
    Entonces las aves se perdieron a sí mismas para siempre en el
Simurgh, la sombra se perdió en el sol, y eso fue todo.

mariocesar

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Re: EL LENGUAJE DE LOS PAJAROS Por Farid Ud-Din-Attar

Mensaje  mataril el Sáb Ago 17, 2013 1:18 pm

El coloquio de los pájaros (selección)12-03-2007


"Cualquiera que se mantenga firme en el amor, renuncia a la vez a la religión y a la incredulidad. El amor te abrirá la puerta de la pobreza espiritual; y la pobreza te mostrará el camino de la incredulidad".

El místico y poeta persa Farid Uddin Attar, nos ofrece este diálogo sobre el camino interior:

"Los pájaros dijeron a la abubilla: "¿nos pides que abandonemos nuestra vida tranquila para abordar ese camino?"
La abubilla, en su calidad de guía respondió: "Aquél que ama no piensa en su propia vida; sea abstinente o libertino, es necesario renunciar a la vida cuando se ama de verdad.

mataril

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Re: EL LENGUAJE DE LOS PAJAROS Por Farid Ud-Din-Attar

Mensaje  mariocesar el Dom Ago 18, 2013 2:01 am

mataril escribió:El coloquio de los pájaros (selección)12-03-2007


"Cualquiera que se mantenga firme en el amor, renuncia a la vez a la religión y a la incredulidad. El amor te abrirá la puerta de la pobreza espiritual; y la pobreza te mostrará el camino de la incredulidad".

El místico y poeta persa Farid Uddin Attar, nos ofrece este diálogo sobre el camino interior:

"Los pájaros dijeron a la abubilla: "¿nos pides que abandonemos nuestra vida tranquila para abordar ese camino?"
La abubilla, en su calidad de guía respondió: "Aquél que ama no piensa en su propia vida; sea abstinente o libertino, es necesario renunciar a la vida cuando se ama de verdad.

mariocesar

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