Taoísmo y Anarquismo: Anarkotaísmo

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Taoísmo y Anarquismo: Anarkotaísmo

Mensaje  mariocesar el Sáb Sep 25, 2010 8:19 pm

« El mundo no es como es, ES COMO YO DIGO QUÉ ES. Cosmologia MedievalPtolomeo vs Copérnico »
03
11
2009

Taoísmo y Anarquismo: Anarkotaísmo
Publicado por: Pelotudo en Loop en REVISTA DE CONSPIRACION, Sr. Psicoplasma
El anarquismo usualmente se considera un fenómeno reciente y occidental, pero lo cierto es que sus raíces alcanzan a las profundas civilizaciones antiguas de oriente. La primera expresión clara de una sensibilidad anarquista puede ser ubicada en el Taoismo en la China antigua de alrededor del sexto siglo antes de Cristo. Ciertamente, la principal obra Taoista, el Tao te ching, puede ser considerada uno de los mejores clásicos anarquistas.

A medida que aumentan las leyes limitando la acción de los hombres, éstos se empobrecen; si abundan armas poderosas el estado se vuelve caótico; a medida que aumenta el número de leyes y decretos aumenta también el número de ladrones.
-Lao Tse
Los Taoistas de la época vivían en una sociedad feudal en la cual la ley estaba codificada y el gobierno progresivamente era más centralizado y burocrático. Confucio fue el portavoz principal de la escuela legalista que apoyaba este desarrollo, y pedía una jerarquía social en la cual cada ciudadano supiera cuál iba a ser su sitio. Los Taoistas por su parte rechazaban el gobierno y creían que eso todo podía vivir en armonía natural y espontánea. El conflicto entre los que deseaban interferir y los que creían que las cosas florecían mejor cuando la se las dejaba solas ha continuado desde entonces.

Los Taoistas y los Confucianos estaban ambos embebidos en la antigua cultura china. Compartían una visión similar de naturaleza, pero difirerían fuertemente en sus visiones morales y políticas. Ambos tenían una actitud de confianza respetuosa hacia la naturaleza humana; la noción cristiana de pecado original está enteramente ausente de su pensamiento. Ambos creían que los seres humanos tienen una predisposición innata para la bondad que se revelaba en la reacción instintiva de cualquiera que ve un chiquillo cayendo a un pozo. Ambos decían defender el Tao o el camino de los ancianos y buscaban establecer un orden voluntario.

Pero mientras que los Taoistas estaban principalmente interesados en la naturaleza y se identificaban con ella, los Confucianos eran más mundanos y preocupados en la reforma de la sociedad. Celebraban los Confucianos las virtudes tradicionalmente “masculinas”, les gustaba el deber, la disciplina y la obediencia, mientras que los Taoistas promocionaban los valores “femeninos” de receptividad y pasividad.

Aunque ha ayudado a formar la cultura china tanto como el budismo y el confucianismo, el taoísmo por su propia naturaleza nunca se convirtió en culto oficial. Permaneció dentro del pensamiento chino. Sus raíces crecian en la cultura popular en el amanecer de civilización china pero emergieron en el sexto siglo AC como una combinación notable de filosofía, religión, de protociencia y magia.

El exponente principal de taoísmo viene a ser Lao Tzu (o Lao Tsé), que quiere decir “el viejo Filósofo”. Nació alrededor del 604 AC en una familia noble en la provincia de Honan. Rechazó su posición hereditaria como noble y se convirtió en un curador de la biblioteca real en Loh. Durante toda su vida siguió el camino del silencio -”El Tao que puede decirse que no es el Tao eterno”, enseñaba. Según la leyenda, cuando él fue al desierto para morir, fue persuadido por un guardián de una puerta al noroeste de China para poner por escrito sus enseñanzas para la posteridad.

Parece probable sin embargo que el Tao te ching que se atribuye a Lao Tzu, no fuera escrito hasta el tercer siglo AC. Ha sido llamado por el estudioso chino Joseph Needham “sin excepción el trabajo más profundo y bello en el lenguaje chino”. El texto consta de ochenta y un capítulos pequeños en forma poética. Aunque a menudo muy oscuros y paradójicos, ofrecen no sólo la más temprana sino también la exposición más elocuente de los principios anarquistas.

Es imposible apreciar la éticas y la política del taoísmo sin una comprensión de su filosofía de naturaleza. El Tao te ching celebra al Tao, o camino, de naturaleza y lo describe cómo el que debería seguir la persona sabia. La concepción Taoista de naturaleza se basa en los principios chinos antiguos del yin y el yang, opuestos pero complementarios en el cosmos que constituye el ch’i (la energía de materia) del cual todos los seres y fenómenos se forman. Yin es el poder femenino y supremo, caracterizado por la oscuridad, el frío, y la receptividad y asociado con la luna; El yang es la contrapartida masculina de brillo, calor, y actividad, y es identificado con el sol. Ambas fuerzas están trabajando dentro de los hombres y mujeres así como también en todas las cosas.

El Tao mismo sin embargo no puede ser definido … es anónimo y deforme. Lao Tzu, tratando vanamente de describir lo que es inefable, lo compara a una vasija vacía, un río fluyendo hacia el mar, y un bloque de piedra no pulida. ‘El Tao, afirma, sigue lo que es natural. Es la forma en la cual el universo opera, el orden de la naturaleza que da a todas las cosas su ser y los sustenta.

El gran Tao fluye por todas partes, tanto a la izquierda como a la derecha. Las diez mil cosas dependen de eso; no frena a ninguna. Cumple su propósito silenciosamente y no hace reclamaciones.

Needham lo describe no tanto como una fuerza, sino como un “tipo de curvatura natural del tiempo y el espacio” .

Como a la mayoría de los anarquistas posteriores, los taoistas ven el universo en un estado continuo de flujo. La realidad está en un estado de proceso; todo cambia, ninguna cosa es constante. También tienen un concepto dialéctico del cambio como interacción dinámica, como fuerzas antagónicas. La energía fluye continuamente entre los polos del yin al yang. Al mismo tiempo, acentúan la unidad y la armonía de naturaleza. La naturaleza es autosuficiente e increada; no hay necesidad de postular un creador consciente. Es una visión que no sólo recuerda al filósofo griego Heráclito sino que coincide con la descripción del universo presentada por los físicos modernos. La moderna ecología social, que acentúa la unidad en la diversidad, el crecimiento orgánico y el orden natural, refleja la visión taoista del mundo.

El acercamiento a la naturaleza recomendada por Lao Tzu y los Taoistas es de receptividad. Donde los confucianos quieren conquistar y sacar provecho de la naturaleza, los taoistas trata de contemplarla y entenderla. El acercamiento tradicionalmente “femenino” del taoismo a la naturaleza sugiere que su forma de pensar perfectamente pudo haber sido desarrollada en una sociedad matriarcal. Mientras a primera vista podría parecer una actitud religiosa, de hecho animaba un punto de vista científico y democrático entre los taoistas. No imponiendo sus prejuicios, podían comentar y de ahí aprender a canalizar su energía beneficiosamente.

Los taoistas estaban primordialmente interesados en la naturaleza pero su concepción del universo tenía corolarios importantes para la sociedad. Un sistema definitivo de éticas y política emergía. No hay valores taoistas absolutos; el bien y el mal, como el yin y el yang, se relacionan. Su interacción es necesaria para crecer, y para lograr algo es a menudo mejor comenzar por su opuesto. No obstante, un ideal de la persona sabia emerge en las enseñanzas taoistas: es humilde, sincera, espontánea, abundante y abstraída. Para los taoistas, el arte de vivir se encuentra en la simplicidad, la no-aseveración y el juego creativo.

Central para las enseñanzas taoistas es el concepto de wu-wei. Es a menudo traducido como no-acción. De hecho hay chocantes similaridades filológicas entre “anarquismo” y “wu-wei”. Justamente como “an-archos” en griego quiere decir ausencia de autoridad, wu-wei significa carencia de wei, donde wei se refiere a la actividad “artificial, que interfiere con el desarrollo natural y espontáneo” . Desde un punto de vista político, wei se refiere a la imposición de la autoridad. Hacer algo conforme al wu-wei es actuar de forma natural; conduce al orden natural y espontáneo. No tiene nada que ver con todas las formas de autoridad impuesta.

El Tao te ching es realmente claro acerca de la naturaleza de fuerza. Si usamos la fuerza, física o moral, para mejorarnos a nosotros mismos o al mundo, simplemente gastamos energía y nos debilitamos: ‘El uso de la fuerza es seguido por la pérdida de fuerza ‘ . Se deduce que los que hacen la guerra sufrirán en consecuencia: ‘un hombre violento morirá violentamente ‘. En cambio, el abandono es a menudo lo mejor para vencer: ‘Bajo cielo ninguna cosa es más suave y flexible que el agua incluso para atacar lo sólido y lo fuerte, es lo mejor; No tiene igual. Los débiles pueden vencer a los fuerte; lo ágil pueden vencer a lo rígido.’ La apacibilidad gentil recomendada por los taoistas no es una forma de sumisión pesimista sino una llamada para el uso creativo y efectivo de la energía.

‘Practica la no-acción. Trabaja sin hacer ‘ , Lao Tzu recomienda. En su concepto de wu-wei, los taoistas no están urgiendo a la no-acción en el sentido de inercia, sino más bien condenando la actividad antinatural. No es la ociosidad lo que alaban, sino el trabajo sin esfuerzo, ansiedad y complicación, el que va con y no contra el devenir de las cosas. Si la gente practicase wu-wei en el espíritu correcto, entonces el trabajo perdería su aspecto coercitivo. No sería emprendido por sus resultados útiles sino por su valor intrínseco. En lugar de ser evitado como una plaga, el trabajo sería transformado en juego espontáneo y significativo: ‘Cuando las acciones se realizan sin discursos innecesario, la gente dice, ” ¡lo logramos!” ‘ .

Si la gente seguía su consejo, entonces los taoistas sugerían, que vivirían una vida larga con buena salud física y mental. Una de sus creencias fundamentales era que “lo que sea contrario al Tao no durará bastante”, mientras él que se llena de virtud es como un chiquillo nacido nuevo. Para prolongar sus vidas los taoistas recurrieron a técnicas como el yoga o la alquimia.

El principio más importante del centro de sus enseñanzas sin embargo era la creencia de que ‘ El mundo se rige dejando las cosas seguir su curso. No puede regirse interfiriendo.’ Las raíces más profundas de la visión taoista del wu-wei probablemente residen la sociedad matriarcal en la China antigua. El ideal taoista era una forma de colectivismo agrario que trataba de recapturar la unidad instintiva con la naturaleza que los seres humanos habían perdido al desarrollar una cultura artificial y jerárquica. Los campesinos son con naturalidad sabios de muchas formas. Por la experiencia difícil, se abstienen de la actividad antinatural y se dan cuenta de que para cultivar plantas deben entender y co-operar con los procesos naturales. Y justamente como las plantas mejoran cuando son permitidas a seguir sus naturalezas, así es que los seres humanos prosperarán cuando menos interferidos estén. Fue esta compenetración con la naturaleza la que condujo a los taoistas a rechazar todas las formas de autoridad impuesta, gobierno y Estado. También los convirtió en los precursores del anarquismo moderno y la ecología social.

Se ha alegado que el taoísmo no rechaza el Estado como una estructura artificial, solamente más bien la ve como una institución natural, análoga quizá a la familia. Mientras el Tao te ching indudablemente rechaza el poder autócrata, se puede leer a veces como si aconsejara a los gobernantes a mejorar el gobierno:

Si el sabio guia a la gente, entonces él debe servirla con humildad.
Si los dirige, entonces debe seguirla.
De este modo cuando el sabio domine, la gente no se sentirá oprimida
Bookchin llega inclusive a pretender que el taoísmo fue usado por una élite para fomentar la pasividad en el campesinado negándoles elección y esperanza.

Ciertamente Lao Tzu dirige el problema del liderazgo y llama al sabio verdadero a actuar con la gente y no por encima de ella. El mejor gobernante deja sola a su gente para seguir con sus actividades tranquilas y productivas. Él debe confiar en su buena fe para ‘ Él quien no confía lo bastante no será confiado.’ Si un gobernante interfiere con su gente en vez de dejarla seguir sus propósitos, entonces sólo seguirá el desorden: ‘Cuando el país está desordenado y en un caos, los ministros Leales aparecen.’ En una sociedad bien ordenada,

El hombre sigue a la tierra.
La tierra sigue al cielo.
El cielo sigue al Tao.
El Tao sigue a lo que es natural.
Sin embargo una lectura más profunda del Tao te ching hace ver que éste no se preocupa de ofrecer consejos maquiavélicos a los gobernantes o aún del “arte de gobernar”. La persona que genuinamente entiende el Tao y lo aplica al gobierno llega a la conclusión inevitable de que el mejor gobierno no gobierna en absoluto. Lao Tzu no ve otra cosa que mal respecto al gobierno. Ciertamente, él ofrece lo que podría ser descrito como el primer manifesto anarquista:

Cuantas más leyes y restricciones hay
La gente más pobre se hace.
Cuanto más afiladas estén las armas de los hombres
más problemas hay en la tierra.
Cuanto más ingeniosos y listos son los hombres
más cosas extrañas ocurren.
Cuantas más reglas y regulaciones
más ladrones y criminales.
Por eso el sabio dice:
No actúo y la gente se reforma.
Disfruto de la paz y la gente se vuelve honesta.
Me cruzo de brazos y la gente se hace rica.
No tengo deseos y la gente vuelve al bien y a la vida simple

Contenido dentro de la poesía maravillosa del Tao te ching, hay una crítica social muy real. Critica agudamente la burocracia, la belicosidad y la naturaleza comercial del orden feudal. Lao Tzu específicamente ve la propiedad como una forma de ladrón: ‘Cuando la corte está en orden y esplendor, los campos están llenos de rastrojos, y los graneros están desnudos.’ Él rastrea las causas de la guerra para la distribución desigual: ‘Reclama riqueza y títulos, y el desastre seguirá ‘ Habiendo atacado el feudalismo con sus clases y propiedad privada, él ofrece el ideal social de una sociedad sin clases, sin gobierno ni patriarcado en el cual la gente vive vidas simples y sinceras a tono con la naturaleza. Sería una sociedad descentralizada en la cual los bienes son producidos y compartidos en común con la ayuda de la tecnología apropiada. La gente sería fuerte pero sin necesidad de mostrar su fuerza; sabia, pero sin presencia de aprendizaje; productiva, pero sin involucrarse en ningún trabajo innecesario. Aun preferían contar anudando cuerdas en vez de escribiendo en libros mayores:

Un país pequeño tiene menos gente.
Aunque hay máquinas que pueden operar diez o cien veces veces más rápido que el hombre, no son necesarias.
La gente toma en serio la muerte y no viaja lejos.
Aunque tienen botes y carruajes, ninguno los usa.
Aunque tienen armadura y armas, ninguno las despliega.
Los hombres regresan al ábaco en lugar de escribir.
Su comida es simple y buena, sus ropas finas pero simples, sus casas seguras;
Están felices en sus formas.
Aunque viven a la vista de sus vecinos
Y el cacarear del gallo y el ladrar de los perros se oyen enfrente
pero se dejan el uno al otro paz mientras se hacen viejos y mueren.
La tendencia ácrata de los taoistas aparece aún más fuerte en las escrituras del filósofo Chuang Tzu, quien vivió entre 369-286 AC. Su trabajo consta de argumentos intercalados con anécdotas y parábolas que exploran la naturaleza del Tao, el gran proceso orgánico del cual el hombre es parte. No se dirige a un gobernante particular. Como el Tao te ching, rechaza todas las formas de gobierno y celebra la existencia libres del individuo autodeterminado. El tono de principal del trabajo es en forma de parábola que trata acerca de los caballos:

Los caballos viven en la tierra seca, comen hierba y beben agua. Estando contentos, friccionan sus cuellos. Cuando están enojados, dan la vuelta y se patean con sus talones al otro. Hasta ahora sólo su impulso natural les guía. Pero bridados y amarrados, con un plato de metal en sus frentes, aprenden a tener un aspecto en general cruel, a dar vuelta a la cabeza y morder, a resistir, para sacar el bocado o la brida de sus bocas. Y así sus naturalezas se convierten en depravadas.
Al igual que con los caballos, así ocurre con los seres humanos. Dejados a su albedrío viven en armonía natural y orden espontáneo. Pero cuando son coercidos y regidos, sus naturalezas se vuelven crueles. Se deduce que los príncipes y los gobernantes no deberían coercer a su gente a obedecer leyes artificiales, sino que las deberían dejar que siguieran sus disposiciones naturales. Tratar de gobernar al pueblo con leyes y regulaciones sintéticas es absurdo e imposible: ‘¡Como el intento de abrirse paso a través del mar, labrar un pasaje a través de un río, o hacer que un mosquito atraviese una montaña!’. En realidad, las condiciones naturales de nuestra existencia no requieren ayudas artificiales. La gente dejada a sí misma seguirá actividades pacíficas y productivas y vivirán a tono con los demás y con la naturaleza.

En un ensayo “Dejando Solo”, Chuang Tzu afirmó trescientos años antes de Cristo la proposición fundamental del pensamiento anarquista que ha reverberado a través de la historia desde entonces:

‘Ha habido tal cosa siempre que se deja al género humano solo; nunca ha habido tal cosa con un género humano gobernante. Dejando solas a las fuentes del miedo para que las disposiciones naturales de los hombres no sean pervertidas y su virtud dejada a un lado. ¿Pero si sus disposiciones naturales no son pervertidas ni su virtud dejada a un lado, entonces qué espacio queda para el gobierno?
‘Los Taoistas por consiguiente apoyaban una sociedad libre. Sin gobierno para que los individuos sean dejados a sí mismos. Pero al perseguir sus intereses, no olvidarían los intereses de los otros. No es un egoísmo tétrico lo que se recomienda. La persecución del bien personal involucra una preocupación por el bienestar general: cuanto más hace una persona por los demás, más tiene; cuanto más da a los demás, mayor es su abundancia. Como expone el texto taoista Huai Nan Tzu, “Poseer el imperio (poder)” significa ‘realización personal’. Si me realizo entonces el imperio también se me realiza. Si el imperio y yo nos realizamos el uno al otro, entonces siempre nos poseeremos el uno al otro.’

Los seres humanos son finalmente individuos pero son también seres sociales, parte del todo. Anticipandose a los descubrimientos de ecología moderna, los ‘ Taoistas creían que cuanto mayor individualidad y diversidad haya, mayor será la armonía total’. El orden espontáneo de la sociedad no excluye el conflicto pero éste implica una interacción dinámica de fuerzas opuestas. Así la sociedad es descrita por Chuang Tzu como:

un acuerdo entre un cierto número de familias e individuos para mantener ciertas costumbres. Los elementos discordantes se unen para forjar un todo armonioso. Substraigamos esta unidad y cada uno tendrá una individualidad separada. . . .Una montaña es alta por sus partículas individuales. Un río es grande por sus gotas individuales. Y es un hombre justo quien estima a todas las partes desde el punto de vista del todo.
El taoísmo ofrecía así la primera y una de las más persuasivas expresiones del pensamiento anarquista. Sus ideas morales y políticas estaban firmemente afincadas en un punto de vista científica del mundo. Aunque la filosofía taoista (Tao chia) contiene elementos espirituales y místicos, el temprano acercamiento receptivo de los taoistas a la naturaleza anima una actitud científica y unos sentimientos democráticos. Reconocieron la unidad en la diversidad de la naturaleza y la universalidad de transformación. En su ética, animaron el comportamiento espontáneo y el desarrollo propio en el contexto mayor de la naturaleza: producción con posesión, acción sin presunción y desarrollo sin dominación. En su política, no sólo urgieron a los gobernantes que dejaran a sus súbditos y se opusieron a la enseñanza burocrática y legalista de los confucianos, sino que también abogaban como un ideal una sociedad libre y cooperativa sin gobierno en armonía con la naturaleza.

El taoísmo no fue extendido por una élite para hacer a los campesinos más dóciles y obedientes. El trasfondo social de los taoistas tendía a ser de clase media baja, entre los señores feudales y la masa de agricultores campesinos.

No estaban meramente ofreciendo consejo de cómo sobrevivir en las épocas turbulentas doblándose al fuerte, conservando bajos beneficios, y ocupándose de sus propios asuntos. Al contrario, el taoísmo fue la filosofía de los que habían entendido que la naturaleza real del poder temporal, la riqueza y el estado, lo suficientemente bien para encontrarse radicalmente opuestos. Lejos de ser una filosofía de fracaso o de quietud, el taoísmo ofrece sabiduría profunda y práctica para los que desean desarrollar la plena armonía de su ser.

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Re: Taoísmo y Anarquismo: Anarkotaísmo

Mensaje  mariocesar el Miér Oct 13, 2010 5:36 pm

TRADICION AHORA ES ANARQUIA

Si el poder temporal no emana o se somete a una legítima autoridad espiritual no tiene ninguna razón de ser. Justicia aunque desorden(Kleist) y no hay otra justicia que la verdad y el apego al falso orden es el peor pecado, la más cabrona de las cobardías de los que temen a un ilusorio caos y mantienen esta idólatra ergástula...La noción de anarquía aparece en el tao te king de lao tsé (s.v.a de Cristo) y en el ´´dejad que todo lo demás venga por añadidura´´ del Hijo de María. Por ello y allende el derecho a la ambigüedad, la anfibología y lo oximorónico de todo lo sagrado y aristocrático, la relación anarquía y tradición y jerarquía (gobierno de lo sagrado) queda justificada por la lógica interna que resulta de una adecuada hermenéutica de La Tsé y Cristo. Por último, como ´´ a la etimología le sobra lomo para todo´´(Cané), recordemos que ANA es MAS ARRIBA y así anarquía es el gobierno de más arriba...


PS: Para los devotos prisioneros de la letra de la ergástula aclaro que, va de suyo, que me permití una licencia poética, una figura retórica con la etimología de anarquía; sabemos que la científica es AN ,sin pero la nuestra es tan legítima como tantas poéticas y populares hay en la Biblia, algún Evangelio, Dante y en tantos lados...
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Re: Taoísmo y Anarquismo: Anarkotaísmo

Mensaje  mariocesar el Miér Jul 15, 2015 3:01 pm

Teofano Juan M. Garayalde El anarquismo ontologico es una interesante corriente de pensamiento contemporaneo, fundada por Hakym Bey, quién se inspiró en conceptos de la TRADICIÓN. Hasta J. Evola llegó a hablar positivamente del "anarquismo de derecha" para los tiempos donde no hay posiblidades de instaurar un Estado Tradicional o instituciones tradicionales. Sin embargo, el concepto de "anarquismo" se enriquece con la concepción del ANARCA que brindo Erns Jünger y continuaron autores como Don José Luis Ontiveros.
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Re: Taoísmo y Anarquismo: Anarkotaísmo

Mensaje  mariocesar el Miér Jul 15, 2015 3:01 pm

Teofano Juan M. Garayalde El anarquismo ontologico es una interesante corriente de pensamiento contemporaneo, fundada por Hakym Bey, quién se inspiró en conceptos de la TRADICIÓN. Hasta J. Evola llegó a hablar positivamente del "anarquismo de derecha" para los tiempos donde no hay posiblidades de instaurar un Estado Tradicional o instituciones tradicionales. Sin embargo, el concepto de "anarquismo" se enriquece con la concepción del ANARCA que brindo Erns Jünger y continuaron autores como Don José Luis Ontiveros.
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Re: Taoísmo y Anarquismo: Anarkotaísmo

Mensaje  mariocesar el Jue Ago 20, 2015 4:19 am


Julio Ernesto Bazán
12 de agosto a las 17:14 · Editado ·
- - - OSCAR WILDE -. - - - -UN CHINO MUY SABIO -.
Un eminente teólogo de Oxford indicó en cierta ocasión que su única objeción al progreso moderno era que se progresaba hacia adelante y no hacia atrás. Este punto de vista fascinó tanto a cierto graduado en Arte que inmediatamente escribió un ensayo sobre algunas analogías, hasta ahora desconocidas, entre el desenvolvimiento de las ideas y los movimientos del cangrejo corriente. Estoy convencido de que el Speaker no querrá que sus muchos y muy entusiastas admiradores y lectores sospechen que ha caído en esta peligrosa herejía tan retrógrada. Pero debo admitir cándidamente que he llegado a la conclusión de que la crítica más cáustica sobre la vida moderna con que me he tropezado en estos últimos tiempos está contenida en los escritos del sabio Chuang Tzu, traducidos recientemente a la lengua vulgar por mister Herbert Giles, cónsul de Su Majestad en Tamsui.
Nada más cierto que la extensión de la educación popular ha hecho completamente familiar el nombre de este gran pensador al público general; pero, por culpa de unos pocos supereraditos, me creo en el deber de establecer definitivamente quién era y de dar una breve reseña sobre su carácter y su filosofía. Chuang Tzu, cuyo nombre debe ser cuidadosamente pronunciado de forma diferente a como está escrito, nació en el siglo IV a. C., en las riberas del río Amarillo, en la Tierra Florida, y aún se encuentran retratos del maravilloso sabio, sentado sobre el dragón volador de la contemplación, en las humildes bandejas de té y en las agradables pantallas de muchos de nuestros más respetables inquilinos de los suburbios. El honrado tasador y su saludable familia se habrán divertido, sin duda, con la abombadafrente del filósofo y reído de la extraña respectiva del paisaje que se extiende bajo él. Si ellos supieran en realidad de quién se trata, temblarían. Porque Chuang Tzu empleó su vida en predicar el gran credo de la Inacción y en señalar la inutilidad de todas las cosas útiles. "No haga nada, y todo estará hecho", fue la doctrina que él heredó de su gran maestro Lao Tzu. Su malvado y trascendental designio fue resolver la acción en el pensamiento y éste en la abstracción. Como el oscuro filósofo de la antigua especulación griega, creía en la identidad de los contrarios; era un idealista como Platón, y poseía todo el desprecio de idealista por los sistemas utilitarios: era místico como Dionisos, como Scotus Erigena y como Jacob Bohme, y estaba de acuerdo, con ellos y con Philo, en que el objeto principal de la existencia era zafarse de la propia conciencia y transformar la inconsciencia en un vehículo de la más alta iluminación. De hecho, Chuang Tzu puede ser considerado como un compendio de casi todos los aforismos y todos los pensamientos de los místicos y metafísicos europeos, desde Heráclito hasta Hegel. Había también en él algo del Quietismo, y en su culto a la Nada puede decirse que poseía alguna medida anticipada a esos extraños soñadores de la época medieval, quienes, como Tauler y Master Eckhart, adoraban el purum nihil y el Caos. La gran clase media de su país, a quien, como sabemos, se debe por completo nuestra prosperidad, ya que no nuestra civilización, puede encogerse de hombros ante todo esto y preguntar, no sin cierta razón, cuál es la identidad de sus contrarios y por qué deben prescindir de esa conciencia propia que es su principal característica. Pero Chuang Tzu era algo más que un metafísico y un iluminado. Como nosotros sabemos, como sabe esa clase media, él buscaba la forma de destruir la sociedad; y lo malo es que combina la apasionada elocuencia de Rousseau con el razonamiento científico de un Herbert Spencer. No existe nada de sentimentalismo en él. Se compadece del rico más que del pobre, suponiendo que alguna vez se compadece de alguien, y la prosperidad le parece cosa tan trágica como el mismo sufrimiento. No siente nada de la moderna simpatía hacia los fracasos, ni tampoco está de acuerdo en que las recompensas sean siempre otorgadas, en el campo moral, a los que llegan los últimos en la carrera. Es a la propia raza a la que objeta, y respecto a la simpatía activa, que en nuestra época ha cambiado el rumbo de tantas personas valiosas, cree que tratar de hacer buenos a los demás es una labor tan ridícula como "la de golpear un tambor en un bosque para encontrar a un fugitivo". Es gastar energías inútilmente. No hay más. Así que, un hombre arrolladoramente simpático es, a los ojos de Chuang Tzu, simplemente un hombre que está siempre tratando de ser algo más, y entonces desconoce la única excusa posible para su propia existencia. Así es; por increíble que parezca, este curioso pensador volvía la vista con cierta nostalgia hacia la Edad de Oro, en que no existían exámenes de competencia, ni fastidiosos sistemas educativos, ni misioneros, ni comidas económicas para el pueblo, ni iglesias, ni sociedades humanitarias, ni insulsas lecturas acerca de los deberes de cada cual con su semejante, ni tediosos sermones de tesis. En esos días ideales, nos cuenta, las gentes se amaban sin tener conciencia de la caridad y sin escribir nada que se relacionase con ella en los periódicos. Puesto que cada hombre guardaba para sí sus propios conocimientos, el mundo se libraba del escepticismo, y como cada hombre conservaba para sí también sus virtudes, nadie se mezclaba en los asuntos ajenos. Vivían unas vidas sencillas y pacíficas, y se contentaban con los alimentos y ropas que cada cual podía conseguir. Los distritos vecinales estaban a la vista, y "los gallos y los perros de cada cual podían ser oídos por los demás", y las personas crecían, envejecían y morían sin hacerse visitas jamás. No había conversaciones sobre hombres inteligentes, ni homenajes a hombres bondadosos. El intolerable sentido de la obligación era desconocido. Los hechos de la Humanidad no dejaban rastro, y sus asuntos no pasaban a manos de estúpidos historiadores con cargo a la posteridad. Pero un endiablado día hizo su aparición el Filántropo, y con él surgió la nefasta idea del Gobierno. "No hay nada como dejar a la Humanidad sola; no hay, nada peor que gobernar a la Humanidad", dice Chuang Tzu. Todas las formas de gobierno son erróneas. No son científicas, porque buscan alterar el desarrollo, el desenvolvimiento natural del hombre; son inmorales, porque, al interferir la vida individual, producen las más agresivas formas del egoísmo; son ignorantes, porque tratan de extender la educación; son destructoras consigo mismas, porque engendran la anarquía. Nos cuenta Chuang Tzu que "en tiempos remotos, el emperador Amarillo inculcó por primera vez la caridad y el deber en un semejante para que interfiriera la bondad natural existente en el corazón humano. Consecuencia de ello fue que Yao y Shun perdieron hasta el vello de sus piernas en sus esfuerzos por dar de comer al pueblo; destruyeron su economía interior para encontrar un cuarto donde alojar sus artificiales virtudes; desgastaron sus energías elaborando leyes, y, al final, fracasaron". Al corazón humano, continúa diciendo nuestro Filósofo, se lo puede "forzar o excitar", pero en cualquier caso el resultado es fatal. Yao hizo al pueblo demasiado feliz y el pueblo no estaba satisfecho. Chieh lo hizo demasiado infeliz, y cada vez estaba más descontento. Entonces cada uno empezó a argüir la mejor manera de componer la sociedad. "Está completamente claro que algo debe hacerse", se dijeron el uno al otro, y hubo una ofensiva general de leyes. Los resultados fueron tan desastrosos que el Gobierno del día tuvo que implantar el Terror, y como consecuencia de esto "los virtuosos hombres tuvieron que refugiarse en las cuevas de la montaña, mientras que los regidores del Estado se sentaban temblando en los ancestrales vestíbulos". Luego, cuando todo estaba sumergido en un perfecto caos, los reformadores sociales subieron a las tribunas públicas y predicaron desde allí la solución a los males que ellos y sus sistemas habían causado. ¡Los pobres reformadores sociales! "No conocen la vergüenza ni saben lo que es ruborizarse", es el veredicto de Chuang Tzu con respecto a ellos. La cuestión económica también fue debatida por este sabio de ojos de almendra, que escribe acerca de la teoría del capital con tanta elocuencia como puede hacerlo mister Hyndman. La acumulación de riquezas es, para él, el origen de todos los males. Hace al fuerte violento y deshonesto al débil. Crea ladronzuelos que instala en jaulas de bambú. Engendra grandes ladrones que sienta en tronos de jade blanco. Es el padre de la competencia, y ésta significa desgaste, así como destrucción, de energías. El orden de la Naturaleza es descanso, repetición y paz. El malestar y la guerra son los resultados de una sociedad artificial basada en el capital; y lo más meritorio que esta sociedad consigue es, en realidad, una verdadera bancarrota, puesto que no recompensa suficientemente al bueno ni castiga justamente al malo. Por otra parte, debemos recordar que los premios mundanos degradan al hombre tanto como los castigos. La edad se pudre con su culto hacia los éxitos. En cuanto a la educación, la verdadera sabiduría ni se enseña ni se aprende. Es un estado espiritual que sólo consigue el que vive en completa armonía con la Naturaleza. El saber es superficial si lo comparamos con la grandiosidad de la ignorancia, pues sólo lo que se ignora tiene valor. La sociedad engendra bribones, y la educación hace a unos más inteligentes que a otros. Es el único resultado de la School Boarás. Además, ¿qué importancia filosófica puede tener la educación cuando se pre- ocupa simplemente de hacer a cada hombre diferente de su semejante? Al final, nos encontramos en un caos de opiniones, dudando de todo y cayendo en la vulgar costumbre de razonar. Sólo razona el intelectualmente perdido. Fijémonos en Hui Tzu. "Era un hombre de muchas ideas. Sus obras serían suficientes para llenar cinco carros. Pero sus doctrinas eran paradójicas." Decía que debía haber plumas dentro de los huevos, porque los polluelos las tenían; que el perro podría ser una oveja, porque todos los nombres son arbitrarios; que había un momento en que la flecha disparada no estaba en movimiento ni parada; que si se agarraba un palo de un pie de largo y todos los días se lo cortaba por la mitad, nunca se vería su fin, y que un caballo y una vaca eran tres, porque, considerándolos por separado, eran dos, pero, por junto, eran uno, y uno y dos hacían tres. "Era como un hombre que jugase a las carreras con su propia sombra y que hiciese ruido para apagar el eco. Era un tábano inteligente, eso es todo. ¿Y cuál era su finalidad?" No hay ninguna duda de que la moralidad es algo distinto. Chuang Tzu dice que la gente se desquiciaba cuando empezaba a moralizar. Los hombres cesaban de ser espontáneos y de actuar por intuición. Se volvían presumidos y artificiosos y tan ciegos como tener un propósito definido en la vida. Entonces aparecían los gobernantes y los filántropos, las dos pestes de todas las épocas. Los primeros trataban de oprimir al pueblo para obligarlo a ser bueno y, ¡claro!, destruían la bondad natural del hombre. Los segundos constituían un grupo de agresivos en- tremetidos que sembraba la confusión por donde iba. Eran bastante estúpidos por tener principios, y bastante infelices para actuar como es debido. Todos ellos procedían con fines malvados, demostrando que el altruismo universal es tan malo en sus resultados como el egotismo universal. "Engañaban al pueblo con la caridad y lo encadenaban con los deberes hacia sus semejantes." Se presentaban con música y alborotaban con sus ceremonias. Como consecuencia de todo esto, el mundo perdió su equilibrio, y desde entonces se tambaleaba. Por lo que según Chuang Tzu, ¿cuál es el hombre perfecto? ¿Y cuál es su forma de vida? El hombre perfecto no hace más que contemplar el universo. No adopta posiciones absolutas. "En movimiento, es como el agua. En reposo, como un espejo. Y, como Eco, contesta sólo cuando se le pregunta." Deja que lo exterior cuide de sí mismo. Nada material lo ofende; nada espiritual lo castiga. Su equilibrio mental le da el imperio del mundo. Nunca es esclavo de los objetivos de la existencia. Sabe que, "como el mejor idioma es el que nunca se habla, la mejor acción es la que jamás se hace". Es pasivo, y acepta las leyes de la vida. Permanece inactivo, y ve cómo el mundo transforma sus propias virtudes. No trata "de descubrir sus propios actos buenos". Nunca se malgasta en un esfuerzo. No se desazona por las distinciones morales. Sabe que las, cosas son como son y que sus consecuencias serán las que deben ser. Su pensamiento es el "espejo de la creación", y siempre está en paz. Como es natural, todo esto es excesivamente peligroso; pero debemos recordar que Chuang Tzu vivió hace más de dos mil años y nunca tuvo la oportunidad de contemplar nuestra sin rival civilización. Y aún es posible que, si volviera a la tierra para visitarnos, le diría algo a mister Balfour acerca de su opresivo y activo desgobierno en Irlanda; podría sonreírse de algunos de nuestros fogosos filántropos y mover, dubitativo, la cabeza respecto a muchas de nuestras organizadas caridades; la School Boards tal vez no lo impresionase ni quizá lograse su admiración la lucha por la riqueza. Se maravillaría, sí, de nuestros ideales y su malestar crecería al ver lo que hemos hechos. Es mejor que Chuang Tzu no pueda volver. Mientras tanto, gracias a mister Giles y a mister Quaritch, nosotros tenemos su libro para consolarnos, y, ciertamente, es un volumen de lo más fascinante y delicioso. Chuang Tzu es uno de los darwinistas anteriores a Darwin. Investiga al hombre desde el germen y observa su relación con la Naturaleza. Como antro- pólogo es excesivamente interesante y, con la misma minuciosidad de un lector de la Royal Society, describe a nuestro primitivo y arboreal antepasado viviendo en los árboles, temiendo a los animales más fuertes que él y no reconociendo más pariente que su madre. Al igual que Platón, adopta el diálogo como forma de expresión, "poniendo las palabras en boca de otras personas para conseguir mayor libertad de expresión", según nos dice. Como relator de historietas es encantador. El relato de la visita del respetable Confucio al gran ladrón Che es de lo más vívido y brillante, y es imposible no sonreír ante la derrota final del sabio, cuando la pobreza de sus trivialidades morales es cruelmente expuesta por el venturoso bandido. Aun en sus metafísicas, Chuang Tzu es un humorista. Personifica sus abstracciones y las hace interpretar ante nosotros. El Espíritu de las Nubes, en su marcha hacia el Este a través del espacioso aire, tropieza con el Principio Vital, que, golpeándose las costillas, va sin cesar de un lado para otro. -Y tú, ¿quién eres, anciano? -le pregunta el Espíritu de las Nubes-. ¿Qué haces? -Vago por el mundo -contestó el Principio Vital sin detenerse, porque todas sus actividades estaban en movimiento. -Necesito que me aclares una cosa - continúa, retomando el diálogo, el Espíritu de las Nubes. -Ah! -grita el Principio Vital, en un tono de total desaprobación. E inmediatamente surge un maravilloso diálogo que no es muy diferente al que, en el curioso drama de Flaubert, se desarrolla entre el Fénix y la Quimera. Cuando habla de los animales, Chuang Tzu emplea la parábola y el cuento, y a través del mito, de la poesía, y de la fantasía, su extraña filosofía encuentra melodiosas resonancias musicales. Desde luego que es doloroso decir que es inmoral el ser conscientemente bueno y que la peor forma de ociosidad es hacer algo. En realidad, miles de excelentes y sesudos filántropos desaparecerían si nosotros adoptásemos el punto de vista de que nadie debe mezclarse en lo que no le concierne. La doctrina sobre la inutilidad de todas las cosas útiles, tal vez no pondría en peligro nuestra supremacía comercial como nación, pero podría traer el descrédito sobre muchos prósperos y esclarecidos miembros de las clases industriales. ¿Qué sería de nuestros predicadores populares, de nuestros oradores del Exeter Hall, de nuestros evangelistas de brocha gorda, si les dijéramos, con palabras de ChuangTzu: "Así como los mosquitos se preocupan con sus zumbidos en mantener a los hombres despiertos todo la noche, conduciéndolos poco a poco a la locura, así esas charlas sobre la caridad y el deber de un semejante para con otros nos llevan al mismo desequilibrio nervioso. Señores, procuren que el mundo conserve su propia sencillez original y, lo mismo que el viento sopla hacia donde quiere, dejen que la Virtud se establezca por sí misma. ¿Por qué esta in- debida energía?" ¿Y cuál sería el destino de los gobernantes y políticos profesionales si llegásemos a la conclusión de que no hay nada mejor que no gobernar a la Humanidad? Está claro que Chuang Tzu es un escritor muy peligroso, y la publicación de su libro en Inglaterra, dos mil años después de su muerte, sea un poco prematura, porque puede causar gran malestar a muchas personas en verdad respetables y trabajadoras. Puede ser cierto que el ideal de la autocultura y del autodesarrollo, que es el propósito de este esquema de vida y la base de su esbozo de filosofía, sea un ideal muy necesario en una época como la nuestra, en que la mayoría de los pueblos están tan ansiosos de educar a sus habitantes que no tienen tiempo de educarse a sí mismos. Pero ¿sería inteligente el hacerlo? Que parece que si nosotros admitiéramos, por una sola vez, la fuerza de alguna de las críticas destructivas de Chuang Tzu, habríamos abofeteado nuestra nacional costumbre de autoglorificación, y lo único que siempre consuela al hombre de las cosas estúpidas que hace es el aplauso que él mismo se da por hacerlas. Hay, sin embargo, unos pocos que han buceado en esa extraña tendencia moderna que lleva a hacer del entusiasmo el trabajo del intelecto. Para ellos, y para otros como ellos, Chuang Tzu da la bienvenida. Pero léanlo sólo. No hablen de él. Sería un personaje molesto en los banquetes e imposible en los tés, puesto que su vida toda fue una protesta contra los asaltantes de la tribuna pública, contra los charlatanes. "El hombre perfecto se ignora; el divino desconoce la acción; el verdadero sabio desprecia la reputación." Estos eran los principios de este chino sabio.
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Re: Taoísmo y Anarquismo: Anarkotaísmo

Mensaje  mariocesar el Vie Ago 21, 2015 4:58 pm

El verdadero taoísmo postulaba el no gobierno de la humanidad. el no cultivo de su educación y el no desarrollo tecnológico. En su origen toda tradición ha postulado lo mismo.
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mariocesar

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Re: Taoísmo y Anarquismo: Anarkotaísmo

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