La Metamorfosis de Piktor p o r H E R M A N N H E S S E
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La Metamorfosis de Piktor p o r H E R M A N N H E S S E
La Metamorfosis de Piktor p o r H E R M A N N H E S S E
El joven Piktor ha entrado en el Paraíso y se encuentra frente a un árbol que es a la vez hombre y mujer. Con veneración lo mira y le pregunta: “¿Eres tú acaso el Árbol de la Vida?” Pero cuando, en lugar del árbol, le responde la Serpiente, Piktor se vuelve para continuar su camino. Contempla todo con atención y todo le encanta en el Paraíso. Claramente presiente que se halla en el origen, en la fuente de la vida.
Ve otro árbol, que es ahora al mismo tiempo Sol y Luna. Y Piktor le pregunta: “¿Eres acaso tú el Árbol de la Vida?” El Sol lo confirmó riendo; la Luna, con una sonrisa.
Flores maravillosas le contemplaron, flores de variados colores, flores que tenían ojos y caras. Algunas reían ampliamente, otras casquivanas; algunas ni se movían ni reían, permanecían mudas, ebrias, hundidas en sí mismas, envueltas en su propio perfume, como sofocadas. Una flor le cantó la canción de las lilas; otra, una canción de cuna azul oscura. Una flor tenía los ojos como un zafiro duro; otra le recordó su primer amor; otra, el color del jardín de su niñez, la voz de su madre y su perfume. Esta se rió, aquélla le sacó la lengua, una lengüita curva, rosada, que se le aproximó. Piktor extendió la suya para tocarla. Le encontró un sabor agrio y salvaje, a racimo y a miel y también como al beso de una mujer.
Aquí, entre todas estas flores, Piktor se sintió henchido de nostalgia y temeroso. Su corazón latió fuerte, como una campana, quemándose, tendiendo hacia algo desconocido.
Piktor vio ahora un pájaro reclinado en el pasto, refulgiendo de tal suerte que parecía poseer todos los colores.
Y Piktor le preguntó:
- ¡Oh pájaro! ¿Dónde se encuentra la felicidad?
- ¿La felicidad? Se encuentra en todas partes: en la montaña y en el valle, en la flor y en el cristal.
El pájaro sacudió alegre sus plumas, movió el cuello, agitó la cola, guiñó un ojo y se quedó inmóvil sobre el pasto. Repentinamente se había transformado en una flor, las plumas eran hojas, las patas raíces. Piktor lo contempló maravillado.
Pero casi enseguida, la flor-pájaro movió sus hojas; se había cansado de ser flor y ya no tenía más raíces. Proyectándose lánguidamente hacia arriba, se transformaba en mariposa, meciéndose sin peso, toda luz.
Piktor se maravillaba aún más. El alegre pájaro-flor-mariposa voló en círculos en torno de él, brillando como el sol; se deslizó hacia la tierra y, como un copo de nieve, quedóse allí, junto a los pies de Piktor. Respiró, tembló un poco con sus alas luminosas y, de inmediato, se transformó en cristal, de cuyos cantos irradiaba una luz rojiza. Maravillosamente brilló entre la hierba, como campanas que tocan para una fiesta.
Así brilló la joya.
Mas parecía ya que su fin se acercaba, que la tierra la atraía, y la piedra preciosa fue disminuyendo con rapidez, como si quisiera hundirse bajo la hierba.
Entonces Piktor, llevado por un deseo imperioso, tomó la joya entre sus manos y la retuvo. Con fervor miró su luz mágica; traspasaba su corazón una añoranza por todas las venturas.
Fue en ese instante que de la rama de un árbol muerto se deslizó la Serpiente y le susurró al oído: “La joya se transforma en lo que tú quieras. Comunícale rápido tu deseo, antes que sea tarde”.
Piktor temió perder la oportunidad de alcanzar su felicidad. Con premura dijo la secreta palabra. Y se transformó en un árbol. Porque árbol era lo que Piktor siempre había añorado ser. Porque los árboles están llenos de calma, fuerza y dignidad.
Creció hundiendo sus raíces en la tierra y extendiendo su copa hacia el cielo. Hojas y ramas nuevas surgieron de su tronco. Era feliz con ello. Sus raíces sedientas absorbieron el agua de la tierra, mientras las hojas se mecían en el azul del cielo. Insectos vivían en su corteza y a sus pies se cobijaron las liebres y el puerco espín.
En el Paraíso, alrededor suyo, la mayoría de los seres y las cosas se transformaban en la corriente hechizada de las metamorfosis. Vio fieras que se cambiaron en piedras preciosas o que partieron volando como pájaros radiantes. Junto a sí, varios árboles desaparecieron de improviso; se habían vuelto vertientes; uno se hizo cocodrilo, otro se fue nadando, lleno de gozo, transformado en pez. Nuevas formas, nuevos juegos. Elefantes trasmutaron sus vestidos en rocas, jirafas se convirtieron en monstruosas flores.
Pero él, el Árbol-Piktor, siempre se quedó igual; no podía transformarse más.
Desde que se dio cuenta de ello, desapareció su felicidad y, poco a poco, comenzó a envejecer, tomando el aspecto cansado, serio y ausente que se puede observar en muchos árboles antiguos.
También los caballos y los pájaros, también los seres humanos y todas aquellas criaturas que han perdido el don de la renovación, se descomponen con el tiempo, pierden su belleza, se llenan de tristeza y preocupación.
Una vez, una niña muy joven se perdió en el Paraíso. Su pelo era rubio y su traje, azul. Cantando y bailando, llegó junto al Árbol-Piktor. Más de un mono inteligente se rió destemplado detrás de ella; más de un arbusto le rozó el cuerpo con sus ramas; más de un árbol le arrojó una flor o una manzana, sin que ella lo notase. Y cuando el Árbol-Piktor vio a la niña, fue presa de una desconocida nostalgia, de un inmenso deseo de felicidad. Sentía como si su propia sangre le gritara: “¡Reflexiona, recuerda hoy toda tu vida, descubre su sentido! Si no lo haces, será ya tarde y nunca más vendrá la felicidad.”
Y Piktor obedeció. Recordó su pasado, sus años de hombre, su partida hacia el Paraíso y, en especial, aquel momento que precedió a su transformación en árbol, aquel maravilloso instante cuando aprisionara la joya mágica entre sus manos. En aquel entonces, como todas las metamorfosis le eran posibles, la vida latía poderosamente dentro de él. Se acordó del pájaro que había reído y del árbol Sol y Luna. Le pareció descubrir que entonces olvidó algo, dejó de hacer alguna cosa y que el consejo de la Serpiente le había sido fatal.
La niña escuchó el ulular de las hojas del Árbol-Piktor, moviéndose en marejadas. Miró a lo alto y sintió como un dolor en el corazón. Pensamientos, deseos y sueños desconocidos se agitaron en su interior. Atraída por estas fuerzas, se sentó a la sombra de las ramas. Creyó intuir que el árbol era solitario y triste, al mismo tiempo que emocionante y noble en su total aislamiento. Embriagadora sonaba la canción de los murmullos en su copa. La niña se reclinó sobre el tronco áspero, sintió como se conmovía y un estremecimiento igual la recorrió. Sobre el cielo de su alma cruzaron nubes. Lentamente cayeron de sus ojos lágrimas pesadas. ¿Qué era esto? ¿Por qué el corazón deseaba hasta casi romper el pecho, tendiendo hacia un más allá, hacia aquél, el bello solitario?
El Árbol-Piktor tembló hasta sus raíces, con vehemencia acumuló todas las fuerzas de su vida, dirigiéndolas hacia la niña en un deseo de unirse a ella para siempre. ¡Ay, que se había dejado engañar por la Serpiente y era ahora sólo un árbol! ¡Qué ciego y necio había sido! ¿Tan extraño para él fue el secreto de la vida? ¡No, porque algo había presentido oscuramente entonces! Y con enorme tristeza recordó al árbol que era hombre y mujer.
Entonces un pájaro se aproximó volando en círculos, un pájaro rojo y verde. La niña lo vio llegar. Algo cayó de su pico. Luminoso como un rayo, rojo como la sangre o como una brasa, precipitándose en la hierba, iluminándola. La niña se inclinó para recogerlo. Era un carbúnculo, una piedra preciosa.
Apenas tomó la piedra en sus manos, cumplióse el deseo del cual su corazón hallábase colmado. Extasiada, fundióse e hízose una con el árbol, transformándose en una fuerte rama nueva, que creció con rapidez hacia los cielos.
Ahora todo era perfecto y el mundo estaba en orden. Únicamente en este instante se había hallado el Paraíso. Piktor ya no era más un árbol viejo y preocupado. Y Piktor cantó fuerte, en voz alta: “¡Piktoria! ¡Victoria!” Se había transformado, pero alcanzando la verdad en la eterna metamorfosis; porque de un medio se había cambiado en un entero.
De ahora en adelante podría transformarse tanto como lo deseara. Para siempre deslizóse por su sangre la corriente hechizada de la Creación, tomando así parte, eternamente, en la creación que a cada instante se renueva. Fue venado, pez, hombre y serpiente, nube y pájaro; pero en cada forma se hallaba entero, en cada imagen era una pareja, dentro de sí tenía al Sol y a la Luna, era hombre y era mujer. Como río gemelo deslizábase por los países; como estrella doble, en el alto cielo.
El joven Piktor ha entrado en el Paraíso y se encuentra frente a un árbol que es a la vez hombre y mujer. Con veneración lo mira y le pregunta: “¿Eres tú acaso el Árbol de la Vida?” Pero cuando, en lugar del árbol, le responde la Serpiente, Piktor se vuelve para continuar su camino. Contempla todo con atención y todo le encanta en el Paraíso. Claramente presiente que se halla en el origen, en la fuente de la vida.
Ve otro árbol, que es ahora al mismo tiempo Sol y Luna. Y Piktor le pregunta: “¿Eres acaso tú el Árbol de la Vida?” El Sol lo confirmó riendo; la Luna, con una sonrisa.
Flores maravillosas le contemplaron, flores de variados colores, flores que tenían ojos y caras. Algunas reían ampliamente, otras casquivanas; algunas ni se movían ni reían, permanecían mudas, ebrias, hundidas en sí mismas, envueltas en su propio perfume, como sofocadas. Una flor le cantó la canción de las lilas; otra, una canción de cuna azul oscura. Una flor tenía los ojos como un zafiro duro; otra le recordó su primer amor; otra, el color del jardín de su niñez, la voz de su madre y su perfume. Esta se rió, aquélla le sacó la lengua, una lengüita curva, rosada, que se le aproximó. Piktor extendió la suya para tocarla. Le encontró un sabor agrio y salvaje, a racimo y a miel y también como al beso de una mujer.
Aquí, entre todas estas flores, Piktor se sintió henchido de nostalgia y temeroso. Su corazón latió fuerte, como una campana, quemándose, tendiendo hacia algo desconocido.
Piktor vio ahora un pájaro reclinado en el pasto, refulgiendo de tal suerte que parecía poseer todos los colores.
Y Piktor le preguntó:
- ¡Oh pájaro! ¿Dónde se encuentra la felicidad?
- ¿La felicidad? Se encuentra en todas partes: en la montaña y en el valle, en la flor y en el cristal.
El pájaro sacudió alegre sus plumas, movió el cuello, agitó la cola, guiñó un ojo y se quedó inmóvil sobre el pasto. Repentinamente se había transformado en una flor, las plumas eran hojas, las patas raíces. Piktor lo contempló maravillado.
Pero casi enseguida, la flor-pájaro movió sus hojas; se había cansado de ser flor y ya no tenía más raíces. Proyectándose lánguidamente hacia arriba, se transformaba en mariposa, meciéndose sin peso, toda luz.
Piktor se maravillaba aún más. El alegre pájaro-flor-mariposa voló en círculos en torno de él, brillando como el sol; se deslizó hacia la tierra y, como un copo de nieve, quedóse allí, junto a los pies de Piktor. Respiró, tembló un poco con sus alas luminosas y, de inmediato, se transformó en cristal, de cuyos cantos irradiaba una luz rojiza. Maravillosamente brilló entre la hierba, como campanas que tocan para una fiesta.
Así brilló la joya.
Mas parecía ya que su fin se acercaba, que la tierra la atraía, y la piedra preciosa fue disminuyendo con rapidez, como si quisiera hundirse bajo la hierba.
Entonces Piktor, llevado por un deseo imperioso, tomó la joya entre sus manos y la retuvo. Con fervor miró su luz mágica; traspasaba su corazón una añoranza por todas las venturas.
Fue en ese instante que de la rama de un árbol muerto se deslizó la Serpiente y le susurró al oído: “La joya se transforma en lo que tú quieras. Comunícale rápido tu deseo, antes que sea tarde”.
Piktor temió perder la oportunidad de alcanzar su felicidad. Con premura dijo la secreta palabra. Y se transformó en un árbol. Porque árbol era lo que Piktor siempre había añorado ser. Porque los árboles están llenos de calma, fuerza y dignidad.
Creció hundiendo sus raíces en la tierra y extendiendo su copa hacia el cielo. Hojas y ramas nuevas surgieron de su tronco. Era feliz con ello. Sus raíces sedientas absorbieron el agua de la tierra, mientras las hojas se mecían en el azul del cielo. Insectos vivían en su corteza y a sus pies se cobijaron las liebres y el puerco espín.
En el Paraíso, alrededor suyo, la mayoría de los seres y las cosas se transformaban en la corriente hechizada de las metamorfosis. Vio fieras que se cambiaron en piedras preciosas o que partieron volando como pájaros radiantes. Junto a sí, varios árboles desaparecieron de improviso; se habían vuelto vertientes; uno se hizo cocodrilo, otro se fue nadando, lleno de gozo, transformado en pez. Nuevas formas, nuevos juegos. Elefantes trasmutaron sus vestidos en rocas, jirafas se convirtieron en monstruosas flores.
Pero él, el Árbol-Piktor, siempre se quedó igual; no podía transformarse más.
Desde que se dio cuenta de ello, desapareció su felicidad y, poco a poco, comenzó a envejecer, tomando el aspecto cansado, serio y ausente que se puede observar en muchos árboles antiguos.
También los caballos y los pájaros, también los seres humanos y todas aquellas criaturas que han perdido el don de la renovación, se descomponen con el tiempo, pierden su belleza, se llenan de tristeza y preocupación.
Una vez, una niña muy joven se perdió en el Paraíso. Su pelo era rubio y su traje, azul. Cantando y bailando, llegó junto al Árbol-Piktor. Más de un mono inteligente se rió destemplado detrás de ella; más de un arbusto le rozó el cuerpo con sus ramas; más de un árbol le arrojó una flor o una manzana, sin que ella lo notase. Y cuando el Árbol-Piktor vio a la niña, fue presa de una desconocida nostalgia, de un inmenso deseo de felicidad. Sentía como si su propia sangre le gritara: “¡Reflexiona, recuerda hoy toda tu vida, descubre su sentido! Si no lo haces, será ya tarde y nunca más vendrá la felicidad.”
Y Piktor obedeció. Recordó su pasado, sus años de hombre, su partida hacia el Paraíso y, en especial, aquel momento que precedió a su transformación en árbol, aquel maravilloso instante cuando aprisionara la joya mágica entre sus manos. En aquel entonces, como todas las metamorfosis le eran posibles, la vida latía poderosamente dentro de él. Se acordó del pájaro que había reído y del árbol Sol y Luna. Le pareció descubrir que entonces olvidó algo, dejó de hacer alguna cosa y que el consejo de la Serpiente le había sido fatal.
La niña escuchó el ulular de las hojas del Árbol-Piktor, moviéndose en marejadas. Miró a lo alto y sintió como un dolor en el corazón. Pensamientos, deseos y sueños desconocidos se agitaron en su interior. Atraída por estas fuerzas, se sentó a la sombra de las ramas. Creyó intuir que el árbol era solitario y triste, al mismo tiempo que emocionante y noble en su total aislamiento. Embriagadora sonaba la canción de los murmullos en su copa. La niña se reclinó sobre el tronco áspero, sintió como se conmovía y un estremecimiento igual la recorrió. Sobre el cielo de su alma cruzaron nubes. Lentamente cayeron de sus ojos lágrimas pesadas. ¿Qué era esto? ¿Por qué el corazón deseaba hasta casi romper el pecho, tendiendo hacia un más allá, hacia aquél, el bello solitario?
El Árbol-Piktor tembló hasta sus raíces, con vehemencia acumuló todas las fuerzas de su vida, dirigiéndolas hacia la niña en un deseo de unirse a ella para siempre. ¡Ay, que se había dejado engañar por la Serpiente y era ahora sólo un árbol! ¡Qué ciego y necio había sido! ¿Tan extraño para él fue el secreto de la vida? ¡No, porque algo había presentido oscuramente entonces! Y con enorme tristeza recordó al árbol que era hombre y mujer.
Entonces un pájaro se aproximó volando en círculos, un pájaro rojo y verde. La niña lo vio llegar. Algo cayó de su pico. Luminoso como un rayo, rojo como la sangre o como una brasa, precipitándose en la hierba, iluminándola. La niña se inclinó para recogerlo. Era un carbúnculo, una piedra preciosa.
Apenas tomó la piedra en sus manos, cumplióse el deseo del cual su corazón hallábase colmado. Extasiada, fundióse e hízose una con el árbol, transformándose en una fuerte rama nueva, que creció con rapidez hacia los cielos.
Ahora todo era perfecto y el mundo estaba en orden. Únicamente en este instante se había hallado el Paraíso. Piktor ya no era más un árbol viejo y preocupado. Y Piktor cantó fuerte, en voz alta: “¡Piktoria! ¡Victoria!” Se había transformado, pero alcanzando la verdad en la eterna metamorfosis; porque de un medio se había cambiado en un entero.
De ahora en adelante podría transformarse tanto como lo deseara. Para siempre deslizóse por su sangre la corriente hechizada de la Creación, tomando así parte, eternamente, en la creación que a cada instante se renueva. Fue venado, pez, hombre y serpiente, nube y pájaro; pero en cada forma se hallaba entero, en cada imagen era una pareja, dentro de sí tenía al Sol y a la Luna, era hombre y era mujer. Como río gemelo deslizábase por los países; como estrella doble, en el alto cielo.
mariocesar- Mensajes: 3633
Fecha de inscripción: 03/06/2010
Morbio Inferiori.
H.H. les escribe una larga carta a Leo, el ayudante que en Morbio Inferiori se le perdiera al grupo que se encaminaba al oriente. El grupo se habia desbandado tras sospechar que Leo al huir les habia robado varios articulos de suma importancia. Luego se comprobo que ni habian sido robados ni eran tan importantes los articulos. Pero se perdio el impetu, el idealismo, la ilusion, el sueño...al irse Leo (¿qop?)
Pero el sueño estaba y el grupo de peregrinos, incluido H.H., habia fracasado ante el primer obstaculo urdido por Leo para comprobar las cualidades de los neofitos. Leo, quien no era tal ayudante sino el numero uno de la Liga de idealistas, artistas y soñadores.
No se si es por insistencia o por punteria pero mariocesar me ha provocado reflexiones que ya en dos ocasiones desembocan en verdaderas revelaciones de lo que ha estado ahi esperando a que yo lo vea, justo frente a mis ojos. Gracias amigo por hacerme recordar a H.H. en su Journey to the East... (El viaje al oriente no concluye, nunca concluye, si vamos nosotros.)
Abrazos, Charlie.
Pero el sueño estaba y el grupo de peregrinos, incluido H.H., habia fracasado ante el primer obstaculo urdido por Leo para comprobar las cualidades de los neofitos. Leo, quien no era tal ayudante sino el numero uno de la Liga de idealistas, artistas y soñadores.
No se si es por insistencia o por punteria pero mariocesar me ha provocado reflexiones que ya en dos ocasiones desembocan en verdaderas revelaciones de lo que ha estado ahi esperando a que yo lo vea, justo frente a mis ojos. Gracias amigo por hacerme recordar a H.H. en su Journey to the East... (El viaje al oriente no concluye, nunca concluye, si vamos nosotros.)
Abrazos, Charlie.

charlie boloix- Mensajes: 453
Fecha de inscripción: 21/02/2010
Re: La Metamorfosis de Piktor p o r H E R M A N N H E S S E
Oh, Charlie: En la década del 80 me despedí del último ejemplar del VIAJE A ORIENTE (jamás pude reencontrame con otro y al releer EL MONTE ANALOGO de Daumal lo extrañaba tanto...tanto connota allí H.H....) al prestarselo a una airada exposa de un profosor conocido mío, muchacha que canalizaba su furia en alguna escuela del Cuarto Camino... Esa novelita es uno de los paradigmas más calificados de lo iniciático, la búsqueda y "nuestro" negocio...Hace unos días la mentaba a propósito de un verbo latino en modo imperativo que, por asociación fónica, me recordó el título CAVEAT emptor...
Celebro sus analogías; ellas son mi religión a cualquier costo...
Agradezco sus reconocimientos....
Ignoro si la puntería me pertenece y si los dioses se dignan a acertar por mi medio; pero sí creo que soy "seguidor como perro de sulky" y seguidor de la doctrina y método de que "tanto va el cántaro a la fuente que se rompe". Esta última parece que es una virtud que Ud. no desprecia y sé que hay una multitud que lo juzga vicio insoportable...Pero es así el destino del que cree en el progreso por ahondamiento y la eterna novedad de Lo MIsmo, la maravilla de lo tautológico y la necesidad de "afilar el hacha" que se complementa con la santidad de la repetición encantatoria e invocatoria, y, por último "arrojar botellas al mar" o "saetas sin ton ni son y con los ojos cerrados"....
Celebro sus analogías; ellas son mi religión a cualquier costo...
Agradezco sus reconocimientos....
Ignoro si la puntería me pertenece y si los dioses se dignan a acertar por mi medio; pero sí creo que soy "seguidor como perro de sulky" y seguidor de la doctrina y método de que "tanto va el cántaro a la fuente que se rompe". Esta última parece que es una virtud que Ud. no desprecia y sé que hay una multitud que lo juzga vicio insoportable...Pero es así el destino del que cree en el progreso por ahondamiento y la eterna novedad de Lo MIsmo, la maravilla de lo tautológico y la necesidad de "afilar el hacha" que se complementa con la santidad de la repetición encantatoria e invocatoria, y, por último "arrojar botellas al mar" o "saetas sin ton ni son y con los ojos cerrados"....
mariocesar- Mensajes: 3633
Fecha de inscripción: 03/06/2010
Re: La Metamorfosis de Piktor p o r H E R M A N N H E S S E
¡ Cave!
Cornu A mon. 6.
La doble advertencia «Cave» me impresionó; no me atrevía a penetrar en su misterio. A cada nuevo intento que hacía me llenaba de asombro la cantidad increíble de material, de saber, de fórmulas mágicas que contenía aquel archivo. En resumidas cuentas: quedé convencido de que allí se almacenaba todo cuanto tenía relación con el mundo. Después de felices y desconcertantes investigaciones por muchos de aquellos ficheros del saber, varias veces retorné al compartimiento Leo, poseído por una curiosidad creciente, cada vez más intensa. Pero siempre me repelía aquel doble «Cave». Estando hojeando otro catálogo descubrí la palabra Fatme, con la indicación: princ. orient. 2 noct. mili. 983 hort. delic. 07 Busqué y encontré el lugar correspondiente. Ante mis ojos apareció un pequeño medallón que podía abrirse y que contenía una miniatura, la imagen arrebatadora de una bellísima princesa, que me recordó inmediatamente Las mil y una noches, todos los cuentos de mi época de adolescente, todos los sueños y anhelos de aquella época mágica, cuando, para poder ver a Fatme, serví durante un año como novicio y al cumplir el plazo me presenté para mi admisión en el Círculo. El medallón estaba envuelto en un tejido muy fino, de color violeta. Lo olí; poseía un perfume increíblemente lejano y sutil, un perfume de ensueño de princesa oriental, inimaginable. Mientras aspiraba aquel perfume mágico, sentí la sensación de una pérdida irreparable. Recordé el mágico influjo con que había emprendido mi peregrinaje hacia el Este, peregrinaje que fracasó ante unos obstáculos misteriosos
mariocesar- Mensajes: 3633
Fecha de inscripción: 03/06/2010
Re: La Metamorfosis de Piktor p o r H E R M A N N H E S S E
Puedo dar fe de los atinos de Mario en traer ecos y resonacias que mueven fibras muy profundas.
Lo he comporbado inumerables veces desde que le conozco.
Lo he comporbado inumerables veces desde que le conozco.
Invitado- Invitado
Re: La Metamorfosis de Piktor p o r H E R M A N N H E S S E
Entonces no cabe duda de que es recíproco: Aveces he destacado sutil o indirectamente lo mismo de vos, Charlie o Antonio, pero la mayoría no por tantas trabas que aún tenemos...
mariocesar- Mensajes: 3633
Fecha de inscripción: 03/06/2010
Re: La Metamorfosis de Piktor p o r H E R M A N N H E S S E
charlie boloix escribió:H.H. les escribe una larga carta a Leo, el ayudante que en Morbio Inferiori se le perdiera al grupo que se encaminaba al oriente. El grupo se habia desbandado tras sospechar que Leo al huir les habia robado varios articulos de suma importancia. Luego se comprobo que ni habian sido robados ni eran tan importantes los articulos. Pero se perdio el impetu, el idealismo, la ilusion, el sueño...al irse Leo (¿qop?)
Pero el sueño estaba y el grupo de peregrinos, incluido H.H., habia fracasado ante el primer obstaculo urdido por Leo para comprobar las cualidades de los neofitos. Leo, quien no era tal ayudante sino el numero uno de la Liga de idealistas, artistas y soñadores.
No se si es por insistencia o por punteria pero mariocesar me ha provocado reflexiones que ya en dos ocasiones desembocan en verdaderas revelaciones de lo que ha estado ahi esperando a que yo lo vea, justo frente a mis ojos. Gracias amigo por hacerme recordar a H.H. en su Journey to the East... (El viaje al oriente no concluye, nunca concluye, si vamos nosotros.)
Abrazos, Charlie.
Aquí está el proteico antroponímico Qop: "Cesar Pó (pequeña teoria)El verbo es Jesus, verbo es accion, movimiento, si no
fuera por Jesus todo estaria estatico, EL verbo se hizo hombre y habito
entre nosotros, poreso pudo multiplicar el pan, caminar sobre el agua,
curar enfermos, y resusitar, porque El es el verbo, es el dueño de lo
que acontese, el brillar del sol, la ...
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Mario César Ingénito Esto me produce dejá vu (salvo que Césa Pó sea Don Qop, viejo amigo con el que ya hemos hablado sobre el verbo) Lo de que "En el principio era la Acción" es la tesis de Goethe en su FAUSTO.
El Sábado a las 23:27 · Me gusta ·
Cesar Pó jijijiji, Claro, yo ando elaborando teorias acerca de que Dios Padre es la conciencia creadora, Dios hijo el verbo, accion, o movimiento, y EL espiritu Santo... no se que sera el Espiritu Santo.
Saludos
Ayer a las 11
mariocesar- Mensajes: 3633
Fecha de inscripción: 03/06/2010
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