MANIFIESTO CONTRA EL PROGRESO

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MANIFIESTO CONTRA EL PROGRESO

Mensaje  mariocesar el Lun Ene 25, 2016 4:30 pm

MANIFIESTO CONTRA EL PROGRESO
Agustín López Tobaja

Este manifiesto nace de una experiencia personal, no reconoce más
filiación que la que le une con la conciencia metahistórica de una Sabiduría Perenne que
la mentalidad moderna -creyente o atea, conservadora o progresista ignora o rechaza

Este texto nace, desde su título y por su naturaleza intrínseca, con una orientación
determinada: la que le opone al Progreso, dogma profano que sirve de fundamento, guía
y meta al espíritu moderno.


No es el hombre el que crea el conocimiento, sino el
conocimiento el que hace posible al hombre. Si una idea es verdadera, no pertenece a
quien la pone por escrito, sino a todos los que puedan comprenderla; si es falsa, ¿a qué
jactarse de haberla inventado? En última instancia, a Dios sólo corresponde la verdad y,
al hombre, en el mejor de los casos, la modesta capacidad de reflejarla turbiamente en
su discurso

La creencia progresista
La superstición del progreso es el veneno que corroe nuestro
tiempo.
SIMONE WEIL


La adoración del progreso es la sublimación de la compulsiva necesidad psíquica que el
hombre actual experimenta de que todo a su alrededor se renueve de forma incesante.
Radicalmente insatisfecho con su cercenada existencia, espera en perpetua tensión la
aparición externa de lo nuevo, como si algo importante pudiera ocurrirle que no fuera a
surgir de su alma. La sociedad del espectáculo le hace fijar su mirada al exterior y el
sistema productivo se encarga de proporcionarle novedades a un ritmo que supera
incluso el de sus propias demandas, de modo que sus necesidades psíquicas y los
mecanismos del mercado se refuerzan mutuamente para que el hombre pase su vida
corriendo de una novedad a otra. Da igual que se trate de máquinas, ropas, sensaciones,
corrientes artísticas o mensajes religiosos. Todo debe ser nuevo para ser válido y toda
innovación es, por definición, progreso

Si hay, en estos momentos, un progreso necesario, ése no es otro que el de acabar con el
Progreso.

La ruptura con el cosmos
Occidente es, sencillamente, una anomalía en el orden del cosmos.
RENÉ GUÉNON

A milenios de distancia, el ser humano actual consuma, como en un eco amplificado, la
caída edénica: expulsado entonces del recinto sagrado, y desterrado hoy, pues ninguna
tierra puede sentir ya como suya. ¿Cómo identificarse con un paisaje rasgado y
entenebrecido por el asfalto, el hormigón y el hierro? Arrojado entonces a la muerte y
entregado a la turbadora ambigüedad de la historia, hasta de esa historia se encuentra
ahora privado. Preso en el tiempo cuantitativo, reniega de un pasado que cree muerto,
hace del futuro la substancia virtual con que modelar sus mórbidos ensueños y se debate
convulso en la tarea imposible de confiscar el instante, vacío de cualquier esencia.
Inconsciente de la manifiesta paradoja que encierran sus palabras, el hombre moderno

presume gustoso de pertenecer a su tiempo. Pero «su tiempo» es el tiempo anónimo,
convertido en cifra, de sus relojes digitales, tiempo muerto, desposeído de toda
dimensión simbólica; trasponiendo la expresión platónica: imagen inerte de la
fugacidad. El tiempo, en efecto, ya no le pertenece. El hombre moderno ya no tiene
tiempo.
Sin tiempo y sin lugar, exiliado del Origen y del Centro, su mundo -su mundo interior y,
en la medida en que alcanza a modificarlo, también su mundo exterior no es ya un
Cosmos sino un Caos.

La ciencia
No es el conocimiento lo que ilumina el Misterio,
sino el Misterio lo que ilumina el conocimiento.

Conocemos gracias a lo que nunca conoceremos.
P. EVDOKIMOV

Como tendencias especulativas al margen de toda forma de experiencia, las llamadas
nuevas orientaciones de la ciencia, que abolirían supuestamente el materialismo
mecanicista de los últimos siglos, son más bien irrelevantes. Hablar de energía en lugar
de materia, de espacio curvo de múltiples dimensiones en lugar del espacio euclidiano,
etc., es sustituir unas imágenes físicas -que podrían, en todo caso, conservar el valor de
símbolos- por especulaciones tan complejas como estrictamente conceptuales y, a la
postre, alejarse más, si cabe, de cualquier conocimiento en profundidad. Un mundo que no puede de ser percibido ni imaginado, que sólo puede ser expresado en formulaciones
matemáticas, no pasa de ser una fantasía inerte que el hombre no habita, monstruosa e
inoperante proyección de la patología hipertrófica de su mente analítica. Algunos de
esos «nuevos científicos», como niños deseosos de meter en su cubo toda el agua del
océano, andan ahora a la búsqueda de un hueco en su entramado en el que poder meter a
Dios y ofrecer así -se imaginan la idea de una ciencia espiritualizada. Mejor harían en
buscar más humildemente en Dios las posibilidades de ubicación de cualquier
conocimiento, incluido el conocimiento inferior de la ciencia.
En cualquier caso, sus nuevas orientaciones teóricas no impiden a la ciencia seguir
promoviendo las mutaciones genéticas, las clonaciones humanas o el perfeccionamiento
incesante de la industria de la guerra. Los problemas básicos de la ciencia son los
límites legítimos y oportunos del conocimiento, el equilibrio entre el saber y el ser, la
jerarquía entre el Conocimiento y los saberes; y ninguna «nueva ciencia» parece
interesada en considerar tales problemas. Si el pensamiento científico aspira todavía a
conocer algo real, debería empezar por volver su mirada sobre sí y plantearse las
razones de que su cultivo y aplicación hayan colocado al mundo al borde mismo de su
total destrucción.
Quieran aceptarlo o no los científicos, el Misterio nos envuelve y es nuestro destino, nos
aguarda ineluctablemente tras cada interrogante radical de la existencia y nos impulsa
hacia la transcendencia, allí donde la ciencia no podrá acceder jamás.

La técnica
Donde no hay dioses, imperan los demonios.
Novalis


La fascinación que la técnica ejerce está, cada vez más, al abrigo de toda crítica:
fragmentada su mente hasta la atomización, la mermada inteligencia del hombre
tecnodependiente no puede acceder a una visión totalizadora. Puesto que hombre y
máquina deben coexistir y no es posible humanizar el maquinismo, la lógica delirante
que rige el sistema social obliga a maquinizar al hombre. Ajustados sus conocimientos a
lo que la máquina le exige y sus deseos a lo que la máquina le ofrece, su universo se
empequeñece a las dimensiones exactas de su horizonte tecnológico, es decir, de su
jaula confortable. Fuera, el vacío.
Más allá de cualquier destrucción materialmente constatable, la técnica con la ilusión de
poder, como la ciencia con la ilusión de conocer, generan ineluctable y fatídicamente el
olvido radical del Misterio. Y si algunas voces, tímidas y ambiguas, se alzan en
ocasiones contra la ciencia y la técnica, haciéndolas responsables de la destrucción del

medio natural, pocos se percatan de que, con toda su gravedad, lo más catastrófico no es
tanto la destrucción del mundo físico cuanto la destrucción del mundo del Alma, que
nos vincula y nos abre el camino a la transcendencia


El desarrollo económico
Para juzgar el progreso
no basta conocer lo que nos da;
hay que conocer también lo que nos quita.
BAUDOUIN DE BODINAT



Es Ley de Dios que todo ser humano tiene derecho a disponer de los medios naturales
que le posibiliten su desarrollo físico, mental y espiritual. Ahora bien, esos medios
tienen un límite en cuanto a su legitimidad, que no es otro -desde el punto de vista
técnico- que el que señalan las artes y oficios de las sociedades tradicionales. Pero no
sólo el modo de su actividad, sino también el volumen de sus resultados, debe
mantenerse dentro de unos límites, difíciles de precisar, quizá, en términos
cuantitativos, pero relativamente claros, al menos, para aquellos que conserven el
sentido de las proporciones ycuya mente no se encuentre obnubilada por los criterios en
vigencia. Pasada esa cota, la insistencia en un mayor desarrollo se torna ilegítima y
nefasta

Como respondiendo a una ley metafísica de conservación de la energía, todo lo que el
desarrollo nos aporta en forma de supuestas riquezas materiales nos lo arrebata en forma
de humanidad. La verdadera materia prima que las fábricas consumen y transforman en
la invertida alquimia de la producción industrial, que transforma el oro quintaesencial
de la inteligencia en el más pesado de los plomos, no es otra que nuestra alma.
Desafiando el estrépito de los mecanismos de producción y propaganda, quienes aún
tengan oídos para oír pueden sin embargo escuchar, con la validez y la nitidez íntegra de
hace dos milenios, la sentencia quizá más olvidada del Evangelio, que disuelve
instantáneamente en la nada, como el despertar de un sueño inconsistente, los esfuerzos
titánicos de la humanidad a lo largo de varios siglos: «¿De qué aprovecha al hombre
ganar todo el mundo si pierde su alma?


El orden cultural: arte y literatura
Nuestro arte abstracto no es una iconografía de las
formas transcendentales, sino la representación
realista de una mentalidad desintegrada.
A. K. COOMARASWAMY

El papel destructor asumido por el arte moderno -sobre todo en artes plásticas v, muy
especialmente, por las ingentes consecuencias prácticas que entraña, en arquitectura- se
manifestará de forma abierta en el programa terrorista propuesto explícitamente por una
de sus figuras más siniestras, Le Corbusier: «El centro de nuestras viejas ciudades, con
sus catedrales y templos, debe ser derruido y remplazado por rascacielos». Se lleve o no
a cabo su programa y sea cual sea el futuro de la humanidad, millones y millones de
toneladas de materia envilecida quedarán irremisiblemente aquí, durante milenios
incontables, como museo cósmico del horror. Tal vez_ como muestra patente de que, de
forma misteriosa – y como ya decía René Guénon-, todo se integra en un orden superior
y hasta las posibilidades más inferiores o aberrantes deben tener su sitio en la
manifestación universal. Incluso el arte moderno. La misericordia divina no conoce
límites.

El orden político. La democracia
Apartemos de nosotros el mal
gusto de querer coincidir con muchos.
NIETZSCHE

De manera sorprendente, quienes tan prestos están a explicarlo todo por razones
sociológicas no parecen encontrar ninguna relación entre los ideales progresistas - en el
poder desde hace décadas en todo el mundo occidental, aunque muchos no se quieran
enterar independientemente de las irrelevantes diferencias entre los partidos que
gobiernan – y la descomposición galopante de la estructura social. Quieran verlo o no
los progresistas de izquierdas a los que, a diferencia de sus correligionarios , de
derechas, les gusta creerse permanentemente en la oposición- la única rebelión posible,
la única decisiva en todo caso, ya no se sitúa en el campo de una izquierda sin identidad
sino en el de la lucha contra el Progreso, y por tanto tendrá que ir dirigida, no sólo pero
también, precisamente contra ellos. Revolución, en todo caso, no política sino
existencial, como necesario fermento de una metamorfosis colectiva que no tiene más
marco que la escatología, única esperanza razonable para la humanidad, pues la ciudad
ideal no puede ser realizada en la historia

La religión:
entre la ética social y el espiritualismo flácido
Hombre, hazte esencial, pues cuando todo se
acabe, el mundo perecerá y la esencia subsistirá.
ANGELUS SILESIUS



En definitiva, estamos ahi ante un expericncialisnio pr mario e infantil, cuyos adeptos,
orgullosos, al parecer, de su indigencia intelectual, huyen, como si del demonio en
persona se tratase, de cualquier esfuerzo serio de reflexión. Como la más definitiva de
las descalificaciones, se tilda despcctivamcntc de «mcntal» todo recurso al pensamiento
que vaya un centímetro más allá de lo inmediato, como si la mente no formara parte de
la vida y la inteligencia no tuviese relación con el Espíritu. En la Babel generada por ese
batiburrillo de buenas intenciones, confesados intereses económicos, caos mental y
fuerzas psico-físicas de procedencias variadas y dudosas, los adeptos New Age, con
dificultades para entender que una cosa es transcender la mente y otra permanecer por
debajo de sus posibilidades más elementales, imaginan haber superado cosas de las que
en realidad no han entendido una sola palabra. Pero qué más da... Lo que importa es
fluir.
Desgajado de toda raíz tradicional, manipulando el éxtasis para ocultar la necesidad
imperiosa del compromiso personal y la exigencia ineludible de la propia transformación,
este espiritualismo de laboratorio reproduce a su manera el abrazo mortífero
de Maya. Abrazo flácido, se diría, pues todo tiene, en el mejor de los casos, un airemelifluo e insubstancial; es como una mezcla de angelismo insulso y hedonismo
gelatinoso que huye horrorizado de todo esfuerzo sostenido, de cualquier renuncia
ascética, de toda actitud de firmeza frente a la corriente de los tiempos.
Si el cristianismo ha sido sacrificado en el altar del racionalismo socio-psicológico, y
las religiones de Oriente nos llegan pasadas por el acaramelado tamiz de la New Age, el
Islam, por su parte, creciendo, como los otros dos monoteísmos, en un terreno al parecer
propenso al fanatismo y el sectarismo, se suma al baile de máscaras con el disfraz que le
impone el integrismo. La tradición de Ibn Arabi y al-Hallaj, de Rúmi y Sohravardi,
como invertida en un espejo diabólico, aparece metamorfoseada en las creencias de
unas bandas de dementes iluminados, dispuestos a hacer saltar el mundo por los aires
para evitar que lo hagan saltar sus enemigos. Si la corrupción de lo óptimo genera lo
pésimo -como bien decía San Ireneo-, la suma de los dos procesos de corrupción que la
occidentalización del mundo ha generado en las sociedades tradicionales, integrismo y
modernismo, da lugar a espeluznantes espectáculos de sangre y crueldad que albergan
las barbaridades más grotescas, de tal modo que la posibilidad de que los miembros de
quienes atentan contra la ley sean ahora higiénicamente amputados por la seguridad
social se armoniza bien con el sistema democrático, que monta organizaciones
humanitarias para atender caritativamente las mutilaciones que dejan sus bombardeos.

Naturaleza y Progreso:
ecologismo y crisis ecológica
Allí estaba yo, de pie,
en la cumbre de la más alta de las montañas,
y abajo, a mí alrededor, se encontraba el círculo del mundo.
Y ví que todo aquello era sagrado.
ALCE NEGRO

Por mucho que preocupe y absorba la atención general, lo más grave no es, en última
instancia, la destrucción de la naturaleza física perse, lo que, en definitiva, no tendría
más importancia que la momentánea agitación de una mota de polvo en el océano
cósmico. Lo importante es que esa destrucción es causa y consecuencia de la aniquilación
del Alma del Mundo y, con ella, del mundo del alma, de ese «mundo imaginal»
-como lo llamaba Henry Corbin--, que, aun no teniendo la solidez de lo físico o, más
bien, precisamente por no tenerla es infinitamente más real que la cotidiana realidad del
mundo material, y cuyo misterio intangible evoca, por antonomasia, la naturaleza
virgen; en el misterio numinoso de sus bosques, en el silencio majestuoso de sus
cumbres, en la vastedad de sus desiertos, la naturaleza abre el acceso a esa realidad
situada entre lo inteligible y lo sensible, a la vez dentro y fuera del ser humano, como
comunión de claridades en la que lo interior se funde con lo exterior. La recuperación
del mundo del alma, de la dimensión imaginaria del mundo, es el único marco en el que
las preocupaciones por la naturaleza física pueden adquirir una dimensión profunda.
-Más allá del culto ~ profano a la eficacia aritmética, más allá de la minuciosa
contabilidad de los recursos v de la planificación racional de los espacios, actitudes con
las que no se hace en ultima instancia sino reforzar aquello que se dice combatir, se
impone la tarea de mostrar la naturaleza romo realidad sobrenaturalmente natural,
intermedia entre el hombre físico y la Trascendencia, pues sólo ahí, en el marco de una
naturaleza transfigurada por el fuego auroral de la Presencia, se consume por sí solo el
reino de la cantidad, el reino sombrío de los titanes y de la técnica, de otro modo
indestructible.

La revolución sexual: el feminismo
Entre la mujer y el hombre existe, en el aspecto
espiritual, superioridad recíproca. En el amor
cada uno asume respecto del otro una función divina.
FRITHJOF SCHUON


Si hombre y mujer aspiran a algo más que a su descomposición en un ente
híbrido, amorfo y confuso, deberían reencontrarse, más allá de las volubilidades de la
historia, con su verdadera condición, ahora olvidada, de seres íntegramente -y no sólo
físicamente- sexuados, y, a partir de ahí, teniendo en cuenta la evolución metasocial de
la conciencia humana y las circunstancias del momento, redefinir las funciones sociales
e individuales, no para adaptarse mejor a una dinámica histórica distorsionada, sino
precisamente para reorientarla de forma acorde con sus naturalezas específicas: el
resultado no puede ser otro que el reconocimiento de una generosa superioridad
recíproca en la que lo masculino y lo femenino, asumiendo sus diferencias y aceptando
sus límites respectivos, sean polos que se ofrecen mutuamente aquello de lo que el otro
carece en un diálogo recurrente de superaciones sucesivas que se eleve y los eleve hacia
las alturas del espíritu.

Las formas de vida
En la grosería de estos tiempos mezquinos hasta la virtud debe
solicitar el perdón del vicio.
SHAKESPEARE

El progresismo, arrasando los fundamentos culturales y metafísicos de la
tradición, ha dinamitado un mundo reduciéndolo a cenizas y pretende ahora fabricar
otro a golpe de ciencia y tecnología, de productividad y principios democráticos,
ignorando que un mundo no se inventa, pues no es un cacharro sino un ser vivo; lo que
su resquebrajada razón puede alumbrar no pasa de ser una hueca fantasmagoría, un
golem tecnológico -imagen invertida del ser cósmico de cuyo cuerpo se formó el mundo
en las antiguas mitologías-, en cuyo interior no late un alma sino el vacío acumulado
por los últimos siglos de la historia humana.

La caída de Babilonia
Y un ángel poderoso tomó una gran piedra de molino
y la arrojó al mar, diciendo:
Con el mismo ímpetu será abatida Babilonia.
[..]pues por tus hechicerías
fueron engañadas todas las naciones.
Apocalipsis 18, 21. 23


El trance no será leve, pues todo indica que Occidente perecerá como ha vivido la
historia de su decadencia: sin dignidad, sin la callada entereza de quien en soledad asume
su destino, sino entre aspavientos ~~ clamores, guiada por histriónicos profetas del
delirio, presa de convulsiones de posesión y tratando de arrastrar cuanto pueda en su
caída. Con todo, si no hay lugar al optimismo, tampoco lo hay al pesimismo, pues la
catástrofe, en definitiva, no es que Occidente se hunda, sino que subsista. Que el
mundo moderno se desmorone es, en todo caso, la única esperanza para quienes
mantienen viva alguna fe en la humanidad. Quizá la consumación de la Caída esté inscrita en el proyecto divino como condición necesaria para que hasta las
substancias más sórdidas que el progreso rezuma se transmuten, cual materia prima
de la Obra alquímica, en las piedras preciosas que cimienten los muros de la
Jerusalén celestial.




Exiliarse del exilio
Salid de Babilonia, pueblo mío,
para que no seáis partícipes de sus pecados,
ni recibáis parte de sus plagas.
APOCALIPSlS, 18,4


Ahora -decía Heidegger- sólo un dios podrá salvarnos. Pero algo deberá
hacer el hombre para que el dios acuda en su ayuda. Más allá de
cualquier pragmatismo calculado y de toda consideración de eficacia
inmediata, salir de Babilonia parece una sabia y prudente exhortación. Y para
quienes, haciéndose eco de los tópicos al uso, insistan en ver en esa salida el recurso
insolidario y la cómoda huida solipsista, habrá que recordar una vez más que no
se trata de huir de la realidad, sino justamente de huir a la realidad, saliendo
precisamente de la irrealidad de un mundo de idolatrías materialistas e
idealismos exangües, que si en algo roza la perfección es en el arte de
disfrazar la nada, solidificar vaciedades y dinamizar espejismos; un mundo de fútiles
objetividades y certezas estólidas e inexploradas, donde las trivialidades de los medios de
información y los simulacros de la cultura llenan los reducidos espacios que los seres
humanos no se ven obligados a sacrificar en el altar de la gran ficción de nuestro
tiempo: el Progreso.
Salir de Babilonia, escapar del « exilio occidental», como ya en el siglo XII
decía, con profético simbolismo, el místico y visionario persa S. Y. Sohravardi, para
emprender la peregrinación a«Oriente» , a un Oriente que no se encuentra, ciertamente,
en los mapas, y al que los pueblos de todos los tiempos han nombrado de formas
diversas: Itaca, Hiperbóreas, Avalon, Shambala, Thule, Salem, Aztlán, Hurqalyá... Ese
«Oriente», que nada tiene que ver con nuestra geografía física, es el lugar por donde
despunta, en el alma extranjera capaz todavía de nostalgia, la luz del dios que le ha de
salvar. Tarea ardua: difícil y oscuro es el camino y múltiples las posibilidades de extravío,
mas grande también debiera ser la esperanza, pues, como ya nos decía Hólderlin, otro
peregrino de Oriente, «cercano y difícil de captar es el dios; pero donde abunda el peligro,
crece también aquello que salva». Ni optimismo ni pesimismo, sino más bien,
apelando a la fórmula que tantas veces repitiera Henry Corbin, confianza en la desesperanza: la paradójica tensión de una situación delimitada por las proféticas
palabras del poeta Novalis:
Una noche oscura se cierne sobre la tierra y moriremos antes de
que amanezca
y las poéticas palabras del profeta Habacuc:
Aunque la higuera no florezca,
ni en las vides haya frutos, aunque falte la cosecha del olivo,
y los labrados no den mantenimiento, aunque se acaben las ovejas del
aprisco, y en los corrales no haya vacas, con todo, yo me alegraré en Jehová y
me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, El
hace mis pies como de ciervas y en mis alturas me hace andar

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Re: MANIFIESTO CONTRA EL PROGRESO

Mensaje  mariocesar el Lun Ene 25, 2016 4:36 pm

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