Meditar en el Ser.

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Meditar en el Ser.

Mensaje  mariocesar el Jue Dic 10, 2015 12:36 pm

Si un perro entra en una habitación cuyas paredes están recubiertas de espejos, da lugar a un reflejo en un espejo, que por una serie de reflejos se convierte en un sinfín de reflejos, y el perro que se ve rodeado por otros tantos perros gruñe y se dispone a luchar. Así ocurre con el Ser, el puro éter no-dual de la Conciencia. La ilusión del alma de un ser vivo (jīva) es ineludiblemente asociada con la ilusión de varias almas de seres vivos.

Advaita Bodha Deepika, 1.78-80


El hombre, al haber olvidado su verdadera naturaleza como ser del siempre perfecto éter de la Conciencia, se deja engañar por la ignorancia al identificarse con un cuerpo y otras cosas, y cuando se considera a sí mismo como un individuo insignificante de capacidad mediocre. Si se le dice que es el creador de todo el universo, negará esta idea y rehusará ser guiado. Por consiguiente, al bajar su nivel, las Escrituras postulan que Īśvara es el Creador del universo.

Advaita Bodha Deepika, 1.118

Las personas reencarnan en las formas sobre las cuales meditaron. Pero si uno medita en el Ser para evitar cualquier tipo de reencarnación, entonces se hace uno con el Ser.


« El vector de toda víaDisolución y quietud »
Sobre la reabsorción de los estados póstumos
02/09/2015 por elperpetrador
Si un perro entra en una habitación cuyas paredes están recubiertas de espejos, da lugar a un reflejo en un espejo, que por una serie de reflejos se convierte en un sinfín de reflejos, y el perro que se ve rodeado por otros tantos perros gruñe y se dispone a luchar. Así ocurre con el Ser, el puro éter no-dual de la Conciencia. La ilusión del alma de un ser vivo (jīva) es ineludiblemente asociada con la ilusión de varias almas de seres vivos.

Advaita Bodha Deepika, 1.78-80

El hombre, al haber olvidado su verdadera naturaleza como ser del siempre perfecto éter de la Conciencia, se deja engañar por la ignorancia al identificarse con un cuerpo y otras cosas, y cuando se considera a sí mismo como un individuo insignificante de capacidad mediocre. Si se le dice que es el creador de todo el universo, negará esta idea y rehusará ser guiado. Por consiguiente, al bajar su nivel, las Escrituras postulan que Īśvara es el Creador del universo.

Advaita Bodha Deepika, 1.118

Las personas reencarnan en las formas sobre las cuales meditaron. Pero si uno medita en el Ser para evitar cualquier tipo de reencarnación, entonces se hace uno con el Ser.

Kaivalya Navaneeta, 2.85

Hemos dicho que la segmentación religiosa de la Realidad ha de ser necesariamente lábil, y eso por la imposibilidad de expresar un mundo de múltiples dimensiones en los términos de un mundo con un número menor. La creencia en el Purgatorio y la creencia en la transmigración o metempsicosis son ambas ciertas y comparables. La Conciencia Única, según se adentra en el mundo fenoménico, adquiere fronteras e individualidades ficticias. Las individualidades son los gametos de la gestación de un dios. Todos los individuos conforman un dios troceado: el Puruṣa védico. Cada fragmento avanza a una velocidad distinta hacia su reunificación, y por ello hay diversos niveles de estancias póstumas, de cielos e infiernos. Por su parte, la noción de transmigración lo expresa de un modo más transparente si cabe: no dañes al otro porque ha sido tu madre y ha sido tu hijo, lo que en definitiva se parece mucho a decir que “eres tú”.

La consecuencia moralista de la metempsicosis es excelente, pues garantiza para el egoísta -lo más abundante en la humanidad- el interés personal en que cada uno se libere a sí mismo de un destino fatal, sin excluir la posibilidad de un ascenso gradual y excluyendo, en cambio, condenaciones totalmente irreversibles -aunque de intensidad y plazos inmensos-. Además, garantiza que nos preocupemos no sólo por el individuo con el que nos topamos, sino por el del día del mañana, pues es en un mundo muy degenerado en el que volveremos a renacer. Nada más ecológico, pues, que pensar en las criaturas del porvenir -seremos una de ellas- para cuidar con esmero a las presentes. Ello conduce, sobre todo, a la disolución de las ilusorias fronteras de la egoidad. Como dice Simone Weil, “amar a un extraño como a sí mismo entraña como contrapartida amarse a sí mismo como a un extraño”.

El Infierno no podrá estar eternamente separado del Paraíso porque eso supondría un armisticio permanente, la no victoria completa de Dios. Lo mismo valdría decir para el Samsara; todo sueño termina. En algún punto fuera del tiempo, cuando todos los castigos eternos hayan sido paradójicamente cumplidos (“El mal -dice de nuevo Simone Weil- es ilimitado, pero no infinito; sólo lo infinito limita lo ilimitado”), en ese no-momento, el Sí único del universo, Īśvara, el solidificador de formas, volverá a ser un único fenómeno desde el cual reabsorverse sobre Parabrahman, el Uno primordial, que no es ni Conciencia ni No-Conciencia, y apenas se puede decir que sea (se sitúa, a decir de Schuon, en el Supra-Ser, razón por la que toda metafísica profunda de talante advaitín se limite a la alusión antinómica y apofática). Es natural que la Iglesia contestase la Apocatástasis de Orígenes, pero sólo por mor de un determinado vector soteriológico, luego relativo, y debido a que la Apocatástasis se realiza, claro está, fuera del tiempo, donde transcurren los intereses humanos.






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