Floreció su alma (Mario Satz)

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Floreció su alma (Mario Satz)

Mensaje  mariocesar el Lun Ago 03, 2015 6:00 am

Jose Chamorro
7 min ·
Floreció su alma (Mario Satz)
Cada vez que uno de sus discípulos moría o llegaba, súbitamente, a la comprensión de un difícil versículo del Eclesiastés —su libro bíblico favorito—, el legendario y anciano Rabí Abraham Kalan de Singapur decía en hebreo paráj neshntató, floreció su alma.
El porqué la muerte y la comprensión profunda eran, a su juicio, idénticas, lo llevaba a discurrir, cada vez que era interrogado al respecto, por los pasadizos más secretos de la Historia, materia en la que había recibido su doctorado en Oxford. Decía, por ejemplo, que los griegos del periodo clásico llamaban a su iniciación en los misterios eleusinos teleutí, cesar, morir; y que entre los kabalistas no había acceso a tam, lo per¬fecto, sin pasar por su inverso o rnet, la muerte, lo muerto. O bien sostenía que Yama, el dios hindú de los difuntos, originaba el verbo sánscrito yam, ofrecer, domar, es decir, transformar, convertir, de donde, y a menos que uno logre morir al instante del que procede, es difícil, cuando no imposible, vivir el que acaba de nacer.
—Lo acepto —suspiró un día su amigo Rabí Yosef Sinlan de Malaca—, pero francamente no entiendo por qué debe emplearse el verbo florecer ante las puertas mismas de la muerte o de la comprensión. ¿Acaso el alma nace cuando muere y las plantas solo saben quiénes son después de haber florecido?
—Tomemos un versículo —dijo Rabí Abraham Kalan de Singapur—, por ejemplo, el del Eclesiastés 3:19: «Una misma respiración tienen todos». Sentencia en la cual la expresión todos, lecol, cuyo valor numérico coincide con el de va-ed, para siempre, eternamente, nos da idea de la inmortalidad de la vida cósmica, la vida de las especies que se transforman unas en otras. Cuando el joven Rabí Saúl de Bagdad vino a verme y le señalé que en ese todos había un mensaje para él, como ahora lo hay también para ti, leja, sus párpados se extendieron semejantes a los pétalos de los jazmines ante el primer sol del verano.
Una sonrisa encendió entonces el rostro de Rabí Yosef. Se levantó de la silla en la que estaba, dio unos pasos por el jardín exótico de su anfitrión y se dijo que, si acaso moría en ese momento, había valido la pena llegar hasta allí para vivir la escena precedente. El maestro, por su parte, hundió su roma nariz en una gran gardenia y entrecerró los ojos. Era de noche pero parecía de día, era martes pero parecía sábado.
El dicho paráj neshmató alude a expirar, a morir, indicando, por su parte, la palabra péraj una flor. La cita del Eclesiastés 3:19 que contiene, sintética, la expresión todos, lecol (80), equivale, en sus cifras, a lo eterno, lo continuo, va-ed. Pero incluye también leja, para ti o por ti, de donde cada uno de nosotros forma parte de ese todos al que, incluso sin saberlo, estamos enhebrados.
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