LA ALEGORIA DEL AMOR

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

LA ALEGORIA DEL AMOR

Mensaje  mariocesar el Sáb Jul 17, 2010 9:02 pm

La alegoría del amor
La alegoría del amor: Un estudio en la tradición medieval (1936), cerca C. S. Lewis (ISBN 0192812203), es una exploración influyente del alegórico tratamiento del amor en Edades medias y Renacimiento.

En el primer capítulo, Lewis remonta el desarrollo de la idea de amor cortés del Provençal troubadours a su desarrollo completo en los trabajos de Chrétien de Troyes. Es aquí que él dispuso una caracterización famosa “de la forma peculiar que [amor cortés] primero tomó; las cuatro marcas de la humildad, de la cortesía, del adulterio, y de la religión del amor " - los dos pasados de los cuales “las marcas”, particularmente, han sido el tema de mucho de la controversia entre eruditos más últimos. En el segundo capítulo, Lewis discute la evolución medieval de la tradición alegórica en los escritores tales como Bernard Silvestris y Alain de Lille.

Los capítulos restantes, dibujando en los puntos hechos en los primeros dos, examinan el uso de la alegoría en la pintura del amor en una selección de trabajos poéticos, comenzando con Roman de la Rose. El foco, sin embargo, está en trabajos ingleses: los poemas de Chaucer, Gower Confessio Amantis y Usk Testamento del amor, los trabajos de los epigones de Chaucer, y Spenser Faerie Queene.

El libro se adorna con citas de los poemas en muchas idiomas, incluyendo Clásico y Latín medieval, Inglés medio, y Viejo francés. El picante Inglés las traducciones de muchos de éstos son propio trabajo de Lewis.

avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

el mito

Mensaje  mariocesar el Sáb Jul 17, 2010 9:14 pm

El mito en el origen
En su biografía sobre Tolkien, Humphrey Carpenter recrea una conversación entre él y C.S.
Lewis (también estaba Hugo Dyson) la noche del 19 de septiembre de 1931, por los
jardines del Magdalen College en Oxford:
—Pero los mitos son mentiras –dijo Lewis—aunque esas mentiras sean dichas a
través de la plata.
—No—dijo Tolkien—. No lo son.
Y señalando las ramas de los grandes árboles de Magdalen Grove dobladas por el
viento, inició una nueva argumentación.
—Llamas árbol a un árbol –dijo—, sin detenerte a pensar que no era un árbol hasta
que alguien le dio ese nombre. Llamas estrella a una estrella, y dices que es sólo una
bola de materia describiendo un curso matemático. Pero eso es simplemente como
las ves tú. Al nombrar y describir las cosas no estás más que inventando tus propios
términos. Y así como [en este sentido] el lenguaje es invención de objetos e ideas, el
mito es invención de la verdad. Venimos de Dios –continuó Tolkien—, e
inevitablemente los mitos que tejemos, aunque contienen errores, reflejan también
un astillado fragmento de la luz verdadera, la eterna verdad de Dios. Sólo
elaborando mitos, sólo convirtiéndose en un ‘subcreador’ e inventando historias,
2
puede aspirar el hombre al estado de perfección que conoció antes de la Caída.
Nuestros mitos pueden equivocarse, pero se dirigen, aunque vacilen, hacia el puerto
verdadero...”1.
Lewis, que había logrado creer en Dios tras un largo ateísmo, no comprendía aún a Cristo
ni el significado de su muerte salvadora. Alcanzaba a captar su “ejemplo” como modelo
humano, pero nada más. En el fondo, y como intentaban hacérselo ver sus amigos, el autor
de Las crónicas de Narnia pedía del Evangelio una claridad de sentido más allá de lo
narrado en los mitos (a los que, como cité, consideraba “mentiras”; interesantes,
apasionantes, objeto incluso de su propio estudio y erudición, pero “mentiras” al fin).
La conversación se prolongó hasta las tres de la madrugada, hora en que Tolkien
regresó a su casa. Lewis permaneció con Dyson hasta el amanecer, hablando siempre de lo
mismo.
Casi al despedirse, Lewis preguntó si la historia de Cristo era un mito verdadero. Es
decir, un mito de similar sustancia narrativa y efectos epopéyicos y heroicos que el resto,
pero con una gigantesca diferencia: que efectivamente ocurrió. Que era, en suma, verdad.
La respuesta monosilábica de Dyson no se hizo esperar… Doce días más tarde,
Lewis escribió a su amigo Arthur Greeves: “He pasado de creer en Dios a creer
decididamente en Cristo, en el cristianismo. Trataré de explicártelo en otro momento. Mi
larga conversación nocturna con Dyson y Tolkien ha tenido mucho que ver con esto”2.
Y es que la explicación que había recibido de Tolkien no podía ser más cierta: sólo
elaborando mitos, sólo convirtiéndose en un sub-creador que inventa historias, podía
aspirar el hombre a recuperar el estado perdido, la visión prístina de antes de la Caída. El
intento suponía la posibilidad del error, de una falla en la puntería; pero, a la larga, era un
camino seguro a la verdad. Así, si el “mito cristiano” era verdadero, debía aceptarse de
modo insoslayable su postulado central: la encarnación de Dios en la historia. Y puesto que
la sub-creación es un reflejo necesario de esa única y verdadera Revelación –la capacidad
creadora del hombre como consecuencia de su ser de criatura, y su elevación en cuanto
operación humana al encarnarse el Verbo—, de no existir ésta, aquélla no sólo era
impensable sino imposible.
1 HUMPHREY CARPENTER, J.R.R. Tolkien: Una biografía, Ediciones Minotauro, Barcelona, 1990, pp.
165-166 (las cursivas son suyas).
2 Ibid., p. 166.
3
Dicho de otro modo: si los mitos alcanzan a expresar un fragmentado destello de la
luz verdadera, y si el “mito” de Cristo era “verdad” en el más amplio sentido, su radicalidad
resultaba tan insoslayable que no cabían alternativas: o se aceptaba sin más y con todo, o no
se aceptaba. O era o no era cierto.
Tolkien dijo a C.S. Lewis que este Mito Preeminente (o Mito Primordial,
parafraseando a Nietzsche) era verdad. Pero lo dijo con tal extensión que, cito, “No es
difícil imaginar la singular emoción y el júbilo que llegaríamos a experimentar si
descubriésemos que algunos de los más bellos cuentos de hadas son ‘primariamente’
verdaderos, que su contenido es histórico, sin que tengan por ello que perder la
significación mítica y alegórica que poseen. Y no resulta difícil porque a nadie se le pide
que intente concebir algo cuyas cualidades se desconocen. El gozo tendría exactamente la
misma naturaleza, si no el mismo grado, que el que proporciona el desenlace en un cuento
de hadas; con el mismo sabor de la verdad primaria. (Si no, su nombre no sería ‘gozo’.) Se
va el alma detrás de la Gran eucatástrofe [Buena Catástrofe], (o delante de ella...que en este
caso la dirección es lo de menos). La alegría cristiana, la Gloria, es del mismo tipo; pero
elevada y gozosa de modo preeminente, que sería infinito si nuestra capacidad no fuera
limitada. Claro que ésta es una historia excelsa. Y cierta. El arte se ha autentificado. Dios es
el Señor, de los ángeles y de los hombres… y de los elfos. La Leyenda y la Historia se han
encontrado y fusionado”3.
Ésta última idea es preciso retenerla para lo que comentaré hacia el final en torno a
Narnia.
De momento, agreguemos que estando en el frente francés durante la Primera
Guerra Mundial, Lewis leyó a Chesterton; quien también fue clave en su conversión. En
Sorprendido por la alegría confiesa que fue precisamente The Everlasting Man de
Chesterton el libro contemporáneo “que más le había ayudado”. Y continúa. “Por primera
vez vi toda la concepción cristiana de la historia expuesta de una forma que parecía tener
sentido (...). No hacía mucho que había terminado el Everlasting Man cuando me ocurrió
algo mucho peor. A principios de 1926, el más convencido de todos los ateos que conocía
se sentó en mi habitación al otro lado de la chimenea y comentó que las pruebas de la
historicidad de los Evangelios eran sorprendentemente buenas. ‘Es extraño’, continuó, ‘esas
3 Ibid., pp. 189-190.
4
majaderías de Frazer sobre el Dios que muere. Extraño. Casi parece como si realmente
hubiera sucedido alguna vez’. Para comprender el fuerte impacto que me supuso tendrías
que conocer a aquel hombre (que nunca ha demostrado ningún interés por el cristianismo).
Si él, el cínico de los cínicos, el más duro de los duros, no estaba a salvo, ¿a dónde podría
volverme yo? ¿Es que no había escapatoria?”4.
Tal parece que entre cínicos y papistas estaba la cosa... Pero, y hablando en serio,
me parece que el elemento central que puede rastrearse aquí –aquel que se mueve entre la
lógica casi formal y el hambre por la verdad—, resulta del mayor interés: la honestidad
intelectual de Lewis; que fue, a fin de cuentas, la gran arma de su conversión. Por cierto
que hay que considerar además sus orígenes: Lewis fue educado en la Iglesia de Irlanda,
que es una provincia autónoma dentro de la Comunidad Anglicana, cuyos miembros son de
hecho anglicanos aunque se les conocía –y se les conoce—como “protestantes”, para
distinguirlos de los católicos irlandeses y de los anglicanos en Inglaterra. Aunque con fuerte
influencia presbiteriana, el mismo Lewis se autoproclamó después, en referencia al
anglicanismo, neither particularly “high”, nor particularly “low”...
Pero, y como sea, unas décadas más tarde Lewis se convertiría en el mayor
apologista cristiano del siglo XX. Charlas innumerables, cientos de conferencias radiales
para la BBC, libros y ensayos, hasta una mujer norteamericana atravesaría el charco para
conocerlo... ¿Por qué?
Una historia había marcado el inicio... otra historia coronaría su vida al final. Pues
sólo convirtiéndose en un subcreador e inventando historias, puede aspirar el hombre al
estado de perfección que conoció antes de la Caída.
El dolor de C.S. Lewis
En Una pena observada, el sino de la muerte se conjuga con los demás elementos de la
naturaleza humana de manera admirable. Más allá de la capacidad de su protagonista –el
propio Lewis— para internalizar y concientizar la existencia de la muerte en él –lejana o
cercana; real, cierta, probable o misteriosa—, más allá de las definiciones que en un
4 C.S. LEWIS, Surprised by Joy, Harcourt Brace Jovanovich, New York, 1942, pp. 223-224.
5
momento dado sea capaz de dar al respecto, en definitiva la muerte está ahí: irrefrenable,
inamovible, siempre a la espera.
Así, concluye, la muerte es algo tan vivo como el existir. No es un contrario que se
oponga, verdadera –y digamos—, ontológicamente a la vida; sino que forma parte de esa
misma vida en su concepción más acabada y sensata, más frágil y a la vez más poderosa.
De ahí que aquella frase “nacer es comenzar a morir” sea, más que una paráfrasis morbosa,
una luminosa realidad. Y siendo el hombre espíritu y materia, no cabe negar ni olvidar, por
más que se considere “sano”, la muerte.
Por cierto que no vivimos para morir; aunque, y en un lenguaje no exclusivo de
catecúmenos, sí morimos para vivir. La gran tradición cristiana lo tiene muy claro; y tanto
en su teología como en sus manifestaciones religiosas el sentido completo de la vida se
enmarca en ese proceso. Para la profesión judía se subsiste en las obras después de la
muerte, a la espera del último día; “nadaizarse” para los budistas, formar parte del todo del
Nirvana para muchas corrientes orientales, tras sucesivas y progresivas reencarnaciones; en
fin, la muerte, desde donde se la mire, jamás significa –absolutamente hablando—un
término sino todo lo contrario. En lo más simple: un cambio, una transmutación, quizás esa
metempsicosis que citaba James Joyce... pero jamás un término. Aunque, claro está, duele...
C.S. Lewis observó humildemente la propia pena tras la muerte de su mujer, Helen
Joy Davidson Gresham, aquella norteamericana que había atravesado el Atlántico
deslumbrada por el apologista radial. “H”, en la obra citada, se transforma paulatinamente
de la víctima de un sino –o en la victimaria del sino de Lewis—, en una alegoría de lo que
es la muerte misma. De alegoría pasará a símbolo y luego a brutal realidad; y allí quedará,
sumida en el fondo del corazón del escritor converso, como el tintineante aviso de esa
sombra irrefrenable: la muerte como muerte.
Pues la muerte de Joy, además, se transformó en el dolor de C.S. Lewis. Hizo carne
todo lo que conceptualmente aquel atisbara en su vida previa, resucitando en el alma lo que
alguna vez pudo o estuvo muerto. De hecho, él mismo casi lo había “profetizado” en El
problema del dolor: “No hay duda que el dolor, como megáfono de Dios, es un instrumento
terrible; puede conducir a la rebelión final y sin arrepentimiento, pero otorga al hombre
6
malvado la única posibilidad que puede tener para enmendarse. Descorre el velo; implanta
la bandera de la verdad en el fuerte del hombre”5.
Muerte viva, muerte que resucita, no es difícil estrujar el alma para encontrar la
comparación que se pretende: no sólo la muerte menos temida da más vida, sino que la
muerte efectivamente vivida es la vida.
¿Podía esperarse algo distinto, en todo caso, de un converso al cristianismo? ¿De
cualquiera que, un buen día, decide “cargar con su cruz”?
Por cierto, la muerte se enmarca dentro de un problema mayor en la existencia
humana: el mal. Y éste, presente en la tierra, con el definitivo: la libertad. Dijo también
Lewis en El problema del dolor: “Podemos, a lo mejor, imaginarnos un mundo en que Dios
a cada instante corrigiera los resultados [del] abuso de libre albedrío por parte de sus
creaturas, de manera que una viga de madera se volviera suave como el pasto al ser usada
como arma, y que el aire rehusara obedecerme si yo intentara propagar ondas sonoras
portadoras de mentiras o insultos. Pero, en un mundo así, las acciones erróneas serían
imposibles y, por lo tanto, la libertad de la voluntad sería nula. Aún más, si el principio se
llevara a su conclusión lógica, los malos pensamientos serían imposibles, porque la materia
cerebral que usamos al pensar, se negaría a cumplir su función al intentar nosotros dar
forma a esos pensamientos. Y así, la materia cercana a un hombre malvado estaría expuesta
a sufrir alteraciones imprevisibles [...] Trate de excluir la posibilidad de sufrimiento que el
orden de la naturaleza y la existencia de voluntades libres implican, y encontrará que ha
excluido la vida misma”6.
Es cierto que la muerte no depende de la libertad humana, sino exactamente al
revés. Pero como la vida sí, el sentido que tenga la muerte, dice Lewis, provendrá
inevitablemente del uso de esa libertad. Y este fue su segundo gran descubrimiento...
El “verdadero” Lewis
Quisiera hacer un paréntesis para detenerme a considerar un aspecto que, aunque se
menciona, me parece que no se enfatiza lo suficiente (y que, como espero demostrar, se
5 C.S. LEWIS, El problema del dolor, Editorial Universitaria, Santiago, 1990, p. 99. Traducción de Susana
Bunster.
6 Ibid., pp. 34 y 35.
7
liga contundentemente al itinerario que estoy siguiendo). Y es éste: que considerada la
vida intelectual de C.S. Lewis, Las crónicas de Narnia resultan casi una anécdota.
En efecto, Lewis fue profesor de literatura inglesa medieval y renacentista
prácticamente toda su vida. Fue fellow en el Magdalen College y miembro del consejo
de Gobierno de la Universidad de Oxford entre 1925 y 1954 (29 años) y en 1954 fue
nombrado profesor en la Universidad de Cambridge, en la cual enseñó hasta su muerte
en 1963 (9 años). Es decir, dedicó 38 años a la academia, de los 65 que el escritor pasó
por este mundo. Si acaso restáramos unos 27 años entre infancia, juventud y
preparación universitaria, tendríamos que decir “toda” su vida productiva...
Ocurre que, de esa ingente labor docente, sólo nos dejó tres libros (frente a más
de 20 en otras materias): La alegoría del amor (1936), clásico estudio sobre el
sentimiento llamado “amor cortés” y del método alegórico por el que se expresó
literariamente en la Edad Media (que tuve el privilegio de traducir a instancias de otros
traductores; no sé si por hacerme el favor o evitarse el drama que me significó... creo
que fue esto último); también La literatura inglesa en el siglo XVI excluido el drama
(1954) y La imagen del mundo: Introducción a la literatura medieval y renacentista
(publicado en forma póstuma en 1964), una extraordinaria summa de la historia del mito
y del símbolo en la Antigüedad. Por cierto, y entre medio, algunos artículos y ensayos
académicos que se han ido recopilando aquí y allá. Pero como producción neta, sólo
estos tres libros.
Por otra parte, y como dijimos, la gran “fama” de Lewis en vida tuvo que ver
con su papel de apologista cristiano, y con los más de 15 títulos que publicó al respecto
(aparte de las decenas de conferencias radiofónicas para la BBC de Londres, muchas de
las cuales pasaron a formar parte después de esos mismos libros).
Así, resulta natural que su vida académica quede opacada; aunque es posible que
sus mayores influencias las haya ejercido en dicho ámbito. ¿Cómo podríamos saberlo?
Esto, naturalmente, no es una crítica sino simplemente la intención de poner las
cosas un poco más en perspectiva: Las crónicas de Narnia es una obra notable (además
de best-seller y fuente cinematográfica). Una obra querida por su autor y que por lo
demás nació de una consideración religiosa muy profunda aunque simple en su
formulación: ¿Cómo habría sido la Redención en un mundo maravilloso? Pero puesta
8
en la línea del tiempo, puesta en relación a los 38 años dedicados a la docencia, la
verdad es que no puede considerarse “la” obra del autor.
Con todo, tal vez estas consideraciones acerca del “otro Lewis” no tengan
mucho sentido. Finalmente, los libros se enajenan y adquieren vida propia. Y en la del
autor las intenciones no siempre tienen que coincidir con los resultados. No sería la
primera vez que un escritor se consagra por sólo una de las decenas de cosas que
escribió. Por lo demás, Narnia sin duda debió gestarse en esos años de docencia. Y en
sus habitaciones de Oxford había un ropero… Aunque sabemos que el inspirador fue el
que tenía en The Kilns con su hermano Warnie, y que viniera directamente desde
Belfast, Irlanda del Norte.
¿Habrá sido ésta la tercera lección? Probablemente Lewis ya había muerto
cuando la asimetría entre el trabajo académico y el de propaganda quedó
definitivamente consagrada.
Alegoría y fantasía
Pues bien, a efectos del hilo que intento construir, creo necesario detenerme en uno de estos
trabajos académicos, La alegría del amor, pues creo que aporta claves interesantes.
El método alegórico encontró su máxima expresión en la Edad Media, al tratar del
amor cortés. Fue su modo natural de expresión, y su cumbre la constituyó el Libro de la
Rosa, de Guillaume de Lorris y Jean de Meun (siglo XIII).
Como método, se caracterizó por no tener nada de “místico” o misterioso. El amor
cortés, en cambio, su materia principal, sí fue místico y misterioso, y en cierta forma
religioso. Los poetas que utilizaron la alegoría sabían muy bien con qué estaban tratando y
que las figuras que nos presentaban eran ficciones. “El simbolismo es un modo de pensar;
la alegoría un modo de expresar”7, dijo.
La alegoría solió asumir la forma de otro tema favorito de la Edad Media: la batalla
de las virtudes y los vicios, la psicomaquia o “guerra interior”. Por cierto, no a niveles
cuantitativos –se ocupó desde monumentales teomaquias a simples conflictos en la mente y
7 C.S. LEWIS, La alegoría del amor. Un estudio sobre tradición medieval, Editorial Universitaria, Santiago,
2000, p. 46. Traducción de Braulio Fernández Biggs.
9
el corazón de un enamorado—sino meramente cualitativos. Así en el Libro de la Rosa,
donde la “batalla” es más bien virtual entre el soñador enamorado y las diversas facetas de
la personalidad de la amada, que le ayudan o le estorban en su intento de lograr su amor.
Dice Lewis aclarando este sentido: “Toda obra de ficción seria, cuando alcanza la moral,
retrata un conflicto. Todos los moralistas prácticos invitan a la batalla o insinúan alguna
estrategia afin […] Cualquiera que sea el orden causal, es obvio que luchar contra la
‘tentación’ es también explorar el mundo interior. Y al hacerlo, es apenas menos que obvio
que nos encontramos al borde de la alegoría. Es difícil hablar y tal vez aun más difícil
pensar en un ‘conflicto interior’ sin una metáfora, y cada metáfora es una alegoría en
pequeño”8.
En efecto, y siguiendo el ejemplo, la inmaterialidad de las facetas morales en pugna
–o de las simplemente sentimentales—se representaban en modo figurable tan sólo por una
razón práctica y formal: lograr una explicación. Siguiendo en esto a Dante, los alegoristas
jamás pretendieron que un afecto o una virtud –o un desafecto o un vicio—fuese algo en un
sentido real, de cosa; y sólo lo figuraron “como si” lo fueran para dar mejor cuenta de su
naturaleza.
Lewis sitúa los orígenes del método ya en la literatura latina, especialmente en los
epitalamios y a través de la alegorización del panteón romano. De la historia que hace del
“legado”, que es larga y va desde el siglo IV al XIII, destaca lo siguiente: “con la caída de
la civilización [latina] se perdieron las sutilezas de San Agustín: el vívido interés por el
mundo interior, estimulado por los horrores y esperanzas de la escatología cristiana,
sujetaron y llevaron a los hombres, como siempre, a la personificación. Los siete (u ocho)
pecados capitales –imaginados como personas—llegaron a ser tan familiares que en
definitiva el creyente pareció perder todo poder de distinción entre alegoría y
pneumatología”9.
Ya hacia la Alta Edad Media, la alegoría devino en una forma natural de expresión,
y se ajustó perfectamente al tema del momento, el amor cortés: aquella suerte de
“feudalismo” del amor o vasallaje amoroso, expresado en un ritual de intensa cortesía,
sentido por el amante caballero como una emoción trágica y casi desesperada, que se
8 Ibid., pp. 54 y 55.
9 Ibid., pp. 74.
10
expresó en cuatro notas o rasgos de inconfundible particularidad: Humildad, Cortesía,
Adulterio y Religión del Amor (cuya explicación más acabada dejo para otra conferencia...
o para la lectura del libro).
Así las cosas, si la alegoría es ante todo un modo de expresar, es decir, es ante todo
figuración más que construcción de entidad; si, pese a todo, igualmente lo que expresa o
figura es una verdad, Las crónicas de Narnia, alegoría por esencia, tienen mucho que
decirnos de Lewis.
Aslan, el león
Pues por lo demás pienso que el eje mito, conversión y alegoría tiene en la vida y obra de
Lewis un sentido muy claro y preciso. Son aspectos –aunque la conversión, claro está, no es
sólo un aspecto...—que expresan y reflejan la búsqueda del sentido, la respuesta. Como muy
bien aprendió de los clásicos, Lewis supo que Filosofía y Poesía (de poiesis, creación
artística) tenían la misma razón de ser. Aunque distintas, comprendió que se hermanaban en
cuanto maneras fundamentales de acceso a lo que es, pues en su origen se encuentra el
mismo asombro ante lo que nos rodea, el “pasmo extático”, las grandes preguntas acerca del
hombre y su existencia. Y si difieren en el método, al final su objeto es también una misma
Verdad, aunque expresada en modos distintos: en una como lo Inteligible (o “el
conocimiento cierto de las cosas por sus causas primeras”), en otra la Belleza como su
esplendor.
Los griegos habían hecho una notable descripción del fenómeno en la estructura
empireia, techné, poiesis y aesthesis. En términos muy simples: la experiencia vital que,
gracias a una determinada técnica, se plasma como imitación o mímesis en una obra de arte,
y que genera en el receptor la concreción estética, el “reconocimiento”, una suerte de
síntesis dialéctica de aquella vivencia original del autor.
Creo que Aslan el león es prueba cabal de ello, como pasaré a explicar.
Narra Humphrey Carpenter que la relación entre Lewis y Tolkien se construyó en
años de compañerismo, caminatas y reuniones los jueves por la noche en las habitaciones de
Lewis en Oxford y en el “Eagle and Child” por cervezas y tabaco. El afecto que llegaron a
prodigarse fue casi la exacta materialización de lo que éste último escribiera a propósito de
11
la amistad en Los cuatro amores. Ambos profesores compartieron similar interés por lo
nórdico y su mitología; acostumbraron leerse poesías y escritos personales, como los demás
miembros del grupo Inklings; y estuvieron de acuerdo en cuestiones profesionales de fondo
como, por ejemplo, la reforma a los programas de estudio en la English Faculty (que
Tolkien logró se aprobaran, definitivamente, gracias a Lewis). Sabemos también la
gravitación de Tolkien en la conversión de Lewis, por lo que podemos hacernos una idea de
los niveles de gratitud existentes. En fin, un conocido resumen de esta amistad lo da el
mismo Lewis en Sorprendido por la alegría. Dice allí que ella había “señalado el derrumbe
de dos viejos prejuicios. Cuando llegué al mundo se me advirtió (implícitamente) que nunca
debía confiar en un papista; cuando llegué a la English Faculty se me advirtió
(explícitamente) que no debía confiar nunca en un filólogo. Tolkien era las dos cosas”10.
Como verdadero amigo, Lewis no sólo leyó y escuchó leer del propio Tolkien buena
parte de El señor de los anillos, sino que, objetivamente, tuvo el mérito de haberle animado
a continuar en momentos en que ya ni él mismo creía en lo que hacía… (de hecho, la
carraspeada y vehemente voz de Treebeard [Bárbol] tuvo como inspiración la de Lewis). Es
cierto que hacia 1940 sus relaciones se enfriaron, en parte debido a la llegada de Charles
Williams a los Inklings y en parte a la creciente reputación de Lewis como apologista
cristiano. Pero siguieron siendo amigos.
Sin embargo, hubo un aspecto “técnico” respecto del cual no sólo no se pusieron de
acuerdo sino que mantuvieron serias diferencias para siempre. Tolkien detestaba la alegoría;
y el gran relato maravilloso de Lewis, Las crónicas de Narnia, es una alegoría de punta a
cabo. Así como en El señor de los anillos Tolkien había creado un verdadero mundo
secundario –con costumbres, historia, geografía, moral y hasta Dios propios—, Lewis, en
cambio, había “representado” en Narnia el motivo central de una “historia” del mundo
primario, buscando satisfacer aquella pregunta de cómo habría sido la Redención en un
mundo fabuloso (que en el fondo no pretendía más que “expresar” el gran mito de la
salvación cristiana en una figuración distinta). Lo que a Tolkien desagradaba de la alegoría,
claro, era su permanente pie forzado, por decirlo así; ese tener que verse obligada a
extremar la metáfora y la comparación, y por el hecho de que la realidad primaria siempre
podría “explicarse” mejor a partir de sus propias coordenadas (lo que, en el caso de Narnia,
10 C.S. LEWIS, Surprised by Joy, p. 173.
12
al menos del tema del primero de los libros, resulta categóricamente obvio). La fantasía, en
cambio, crea un mundo secundario. La alegoría intenta representar lo inmaterial en términos
figurables, con materiales del mundo primario; la fantasía, e independientemente de los
materiales que utilice, intenta representar la consistencia interna de la realidad. Cito a
Tolkien en su ensayo On fairy Tales: “La Fantasía queda con demasiada frecuencia casi en
barbecho: se la usa y ha usado con ligereza, con poca seriedad, o simplemente como
decorado; se queda, sin más, en lo ‘fantasioso’. Cualquiera que haya recibido el maravilloso
instrumento del lenguaje puede decir el verde sol. Y muchos pueden imaginarlo o
figurárselo. Pero no es suficiente, aunque pueda considerárselo ya un logro mayor que
muchos de los apuntes y cuadros ‘de la vida real’ que reciben el aplauso literario.
“Crear un Mundo Secundario en el que un sol verde resulte admisible, imponiendo
una Creencia Secundaria, ha de requerir con toda certeza esfuerzo e intelecto, y ha de exigir
una habilidad especial, algo así como la destreza élfica. Pocos se atreven con tareas tan
arriesgadas. Pero cuando se intentan y se alcanzan, nos encontramos ante un raro logro del
Arte: auténtico arte narrativo, fabulación en su estadio primario y más puro. En el arte del
hombre es mejor reservar la Fantasía para el campo de la palabra, para la verdadera
literatura”11.
Pero hay que reconocerle a Lewis que, en medio de su gigantesca y hasta a veces
barroca alegoría –iba a decir osadía—, dio en el clavo con un personaje, gracias al cual su
alegoría finalmente –paradojalmente—funciona: me refiero a Aslan, el león.
Su figura, qué duda cabe, es una alegoría de Cristo; quien llega incluso a entregar
voluntariamente su vida a la bruja y sus secuaces para salvar la de un amigo. Pero Lewis,
pese a la oposición teórica de Tolkien –que tuvo también manifestaciones históricas—
logró contener en su alegoría, al máximo que era posible, toda la potencia del Jesús real, de
su mansedumbre durante la Pasión, en la maravillosa y rampante figura del felino. Así,
mientras los terribles sirvientes de la bruja ataban a Aslan, cito, “gritaban y aplaudían como
si hubieran realizado un acto de valentía, aunque con sólo una de sus garras el León podría
haberlos matado a todos si lo hubiera querido”. Mientras le cortaban la melena y se
burlaban de él, Aslan guardaba silencio, “incluso en el momento en que se afanaban junto a
11 J.R.R. TOLKIEN, “Sobre los cuentos de hadas” en Los monstruos y los críticos y otros ensayos, Minotauro,
Barcelona, 1998, p. 171. Traducción de Eduardo Segura.
13
su cara para ponerle [un] bozal, un mordisco de sus mandíbulas les hubiera costado las
manos a dos o tres de ellos”.
Su muerte y su resurrección –que lo devuelve algo así como en cuerpo glorioso—,
literalmente destruyen la “vieja magia” de Narnia. Otra vez, el mal cae por ineptitud antes
que otra cosa: le resulta imposible representarse la simplicidad radical del bien (cuestión
que también se consigna, dicho sea de paso, en El señor de los Anillos: Sauron cae por
torpeza, por ser incapaz de anticipar que Frodo destruirá el anillo... ). También hay una
evidente lucha entre las fuerzas del bien y las del mal, y la metáfora o simbología del
invierno es elocuente al respecto. Las fuerzas del bien son las “razas benevolentes” (como
en la mitología tradicional, o casi; Lewis “santifica” bastante...): centauros, cheetahs,
faunos, rinocerontes, grifos, águilas, etc. Las del mal por lo contrario: minotauros, lobos,
enanos, trolls, osos polares, en fin, todo un bestiario antiguo y medieval es puesto en escena,
y particularmente en la batalla final (ya no psico ni teomaquia, sino una colosal zoomaquia
que contiene a las anteriores).
La conversación de Edmund con Aslan es casi una confesión (y me parece una de
las escenas mejor logradas en la película homónima); hay todo un tema escatológico
subyacente, de ascesis y lucha interior; en fin, la alegoría funciona.
Dicho de otro modo: Lewis escogió la alegoría imposible y, creo, lo logró. Más aún,
“superó” literariamente lo alegorizado, en el sentido que fue capaz de darle vida literaria
propia e independiente.
Aslan, pese a su potente relación, y en cierto sentido a pesar de ella, es una gran
creación literaria que vale por sí misma. Desde luego por ser el animal que es: un león.
Puestos a pensar qué especie fabulosa (en ese contexto estamos, que no en el mundo de la
zoología pura y simple), qué creatura habría “expresado” mejor a un redentor, me parece
una genialidad de Lewis el haber escogido ésta. La elección, como podrá verse, no era ni
tan fácil ni tan obvia (aunque ahora nos parezca evidente).
En segundo lugar, la existencia de dos mundos en cierto modo paralelos (el real y
Narnia, al que se accede por un ropero; aunque, en El sobrino del mago, por otras vías
líquidas), es otra cuestión arquitectural de la obra que es también notable. Por lo demás, se
presta (y lo hace) para variados juegos, guiños, comparaciones, analogías y recursos de toda
especie. Eso de “entrar y salir”, de “ir y volver”, es más que un tópico literario y aún una
14
herramienta de notable riqueza: es una construcción cautivante, maravillosa y llena de
posibilidades materiales.
Incluso, ambos mundos están sólo aparentemente en paralelo: en verdad se
relacionan y retroalimentan. Lo que ocurre en el real tiene eco en Narnia (así el caso
paradigmático de Edmund en El león, la bruja y el ropero) y lo que ocurre en Narnia tiene
eco en el mundo real: los niños nunca vuelven los mismos; hay un crecimiento interior que
se “capitaliza”; hasta la misma cruenta y real guerra que se desarrolla en la realidad parece
una estupidez incomparable con las luchas cuasi escatológicas que se libran más allá del
ropero...
Quizás pueda criticarse a Lewis que su saga sea algo predecible. Y me parece que el
punto pudo haberlo superado con creces con una fórmula que él conocía a cabalidad: no
existen historias para niños; y su sola pretensión es un error literario.
En suma: Lewis intentó y logró con creces lo que terminó siendo quizás una cuarta
lección: aquello que había teorizado terminó siéndole una gran verdad: la alegoría es un
modo de expresar. ¿Qué? Lo que se lleva en el fondo del alma.
A propósito de lealtad
La Universidad ha querido centrar sus actividades de este año en torno a C.S. Lewis
teniendo como eje el tema de la lealtad. Creo que la carta que Lewis envió a Tolkien tras
leer el manuscrito final de El señor de los anillos resume muy bien su concepción de la
misma: “Mi querido Tollers12: Uton herian holbytlas, en verdad. He bebido de la rebosante
copa y satisfecho una larga sed. Una vez que se remonta la empinada cuesta de la grandeza
y el terror (aliviada por verdes valles, sin los cuales sería intolerable), casi no tiene
parangón en toda la gama del arte narrativo que conozco. Pienso que se destaca por dos
virtudes: la pura subcreación –Bombadil, los habitantes de las tumbas, los Elfos, los Ents–,
que parece brotar de fuentes inagotables, y la construcción. Y también la gravitas. Ninguna
novela puede rechazar con más confianza la acusación de ‘escapismo’. Si se equivoca, se
equivoca precisamente en un sentido opuesto: la postergación de las victorias de la
esperanza y la despiadada acumulación de desastres sobre los héroes son casi demasiado
12 Apodo de Lewis a Tolkien.
15
penosas. Y la larga coda después de la eucatástrofe, te lo hayas propuesto o no, produce el
efecto de recordarnos que la victoria es tan pasajera como el conflicto, y que (como dice
Byron) ‘no hay moralista más severo que el placer’, dejándonos una impresión final de
profunda melancolía.
“Por supuesto, esto no es todo. Hay muchos pasajes que yo hubiera deseado que
escribieras de otro modo u omitieras directamente. Si no incluyo ninguna de mis críticas
adversas en esta carta es porque ya has oído y rechazado la mayoría (rechazado es tal vez
una palabra demasiado suave para tu reacción, al menos en una oportunidad). E incluso si
todas mis objeciones fueran justas (lo que es, desde luego, improbable) los fallos que creo
encontrar sólo podrían demorar y dañar la apreciación: el esplendor sustancial del relato
puede acabar con todos ellos. verum ubi plura nitent in carmine, non ego paucis offendar
maculis... (“Pero cuando en un poema son muchas las cosas que relucen, yo no me
ofenderé por unas pocas manchas”)13.
“Te felicito. Todos estos largos años que has invertido en ella están justificados.
“Tuyo, Jack Lewis”14.
Puede afirmarse casi con exactitud que la historia de Tolkien fue exactamente el revés de la
de Lewis. Nacido católico; casado con un amor de juventud que le sobrevivió; padre de tres
hijos; autor de una de las novelas más importantes del siglo XX cuyo origen fue, nada más
y nada menos, que la necesidad de crear un mito para Inglaterra; bastante desconocido en
vida comparado con su amigo; recalcitrante enemigo de la alegoría, método por el cual su
compañero de la English Faculty se hizo mundialmente conocido en la academia y en las
librerías; en fin, Tolkien jugaba squash mientras Lewis no movía un dedo...
Sin embargo, tuvieron algo muy profundo en común (aparte de otras cosas menos
profundas pero igualmente vitales: el amor por los clásicos, la cerveza y el tabaco). Y fue
ese algo lo que los hizo amigos; pues como dijo Lewis en Los cuatro amores, justamente el
requisito indispensable del amor llamado amistad es tener algo en común.
¿Y qué fue aquello? Querer decir algo.
13 HORACIO, Arte Poética, 351.
14 HUMPHREY CARPENTER, Op. Cit.,p. 226.
16
Más aún: haberse visto compelidos a mostrar. Haber sido víctimas de aquel “pasmo
extático” que ha estado y estará siempre a la base de la filosofía y la poesía; encarnar de
nuevo el papel del cavernícola desencadenado en el mito de Platón.
Tolkien explicó el fenómeno estético de la Fantasía (similar al del mito), de la
siguiente manera: “Probablemente, todo escritor, todo sub-creador que elabora un mundo
secundario, una fantasía, desea en cierta medida ser un verdadero creador, o bien tiene la
esperanza de estar haciendo uso de la realidad; esperanza de que (si no todos los detalles) la
índole típica de ese mundo secundario proceda de la Realidad o fluya hacia ella. Si de
verdad consigue una cualidad a la que justamente se le pueda aplicar la definición del
diccionario, ‘consistencia interna de la realidad’, es difícil entonces concebir que la haya
logrado sin que la obra forme parte de esa realidad. La cualidad específica del ‘gozo’ en
una buena fantasía puede así explicarse como un súbito destello de la verdad o realidad
subyacente. No se trata sólo de un ‘consuelo’ para las tristezas de este mundo, sino de una
satisfacción y una respuesta al interrogante: ‘¿Es eso verdad?’. La respuesta que [doy] es:
‘Si habéis creado bien vuestro propio mundo, sí; en ese mundo es verdad’. Eso le basta al
artista (o a lo que de artista tiene el artista)”15.
Esto fue precisamente lo que Lewis comprendió en un comienzo con los mitos y
experimentó vitalmente después con el “mito cristiano”. Naturalmente, la Fe desborda el
mero relato y se transforma en vida concreta. Y esto fue precisamente lo que Lewis intentó
vivir todos sus años siguientes, ya como solterón en la Univerisdad, ya casado con Joy, ya
solo otra vez con su hermano Warnie en The Kilns.
Y creo que con Narnia quiso alegorizar lo que a él mismo le había ocurrido: cómo
fue la Redención en el maravilloso mundo de su mente y su corazón, inundado de mitos,
fábulas, héroes e historias... incluso de roperos.
En esto, creo, siguió al pie de la letra lo que Juan Pablo II escribiera hace algunos
años en su Carta a los artistas; y que todo cristiano, converso o no, intuye a la boca de su
propia caverna: “Dios ha llamado al hombre a la existencia, transmitiéndole la tarea de ser
artífice. En la ‘creación artística’ el hombre se revela más que nunca ‘imagen de Dios’ y
lleva a cabo esta tarea ante todo plasmando la estupenda ‘materia’ de la propia humanidad
y, después, ejerciendo un dominio creativo sobre el universo que le rodea. El Artista divino,
15 J.R.R. TOLKIEN, Op. Cit, p. 189.
17
con admirable condescendencia, trasmite al artista humano un destello de su sabiduría
trascendente, llamándolo a compartir su potencia creadora. Obviamente, es una
participación que deja intacta la distancia infinita entre el Creador y la criatura, como
señalaba el Cardenal Nicolás de Cusa: ‘El arte creador, que el alma tiene la suerte de alojar,
no se identifica con aquel arte por esencia que es Dios, sino que es solamente una
comunicación y una participación del mismo’.
“Por esto el artista, cuanto más consciente es de su ‘don’, tanto más se siente
movido a mirar hacia sí mismo y hacia toda la creación con ojos capaces de contemplar y
de agradecer, elevando a Dios su himno de alabanza.
Sólo así puede comprenderse a fondo a sí mismo, su propia vocación y misión”16.
¿Son, acaso, Las crónicas de Narnia un himno de alabanza?
Yo creo que sí.
Muchas gracias
16 JUAN PABLO II, Carta a los artistas, 2.
avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

AMOR CORTES

Mensaje  mariocesar el Sáb Jul 17, 2010 9:42 pm

seruidor y enamorado...

--------------------------------------------------------------------------------


--------------------------------------------------------------------------------

Autofinalidad del amor, servidumbre incondicional e idealización de la amada, complacencia en el sufrimiento del amante... ¿Mito, tradición literaria o realidad?

Definiciones
«En el denominado "amor cortés" el amante se comporta con la amada en forma muy semejante a como debe hacerlo el vasallo con su señor».

Miguel de Santiago [1989:16].

«Durante muchos siglos la idea y práctica del amor habían estado regidas por la libido, y su código era el Ars amandi, de Ovidio. El amor era un impulso de carácter sensual y perfectivo que aspiraba al goce material y al logro definitivo y absoluto. Pero la vida cortesana de los castillos occitánicos en el siglo XII adoptó una nueva y extraña inteligencia erótica en la que predomina la idea de servicio permanente y desinteresado. El es llamado amor cortés. El amante no se propondrá un objetivo o una meta, como es cobrar la pieza de caza y satisfacer en ella un afán de victoria, sino que se mantendrá en un estado de amor que no aspira a ninguna recompensa o galardón. Es un imperfectivo amar por amar que se mantiene permanentemente, a través de múltiples matizaciones como servidor humilde y fiel en homenaje sin esperanza a la mujer amada. Lo característico del amor cortés, en contraste con el amor ovidiano, es la sumisión del amante ante la soberanía de la dama, la señora, de la que nada espera y a la que dedicará toda su vida en actitud de delicuescente melancolía. De ella va a provenir el tono doliente y gemebundo del poeta amante que llora no su desventura ante un fracaso, que sería una solución, sino el paradójico dulce mal de amor con las agravantes de consentimiento y perduración. No hay un grito de pasión triunfal o de rabia ante la derrota, ni una solución definitiva en el juego del amor; no hay pugna mutua de contrarios en la que se vence o se es vencido. La batalla se libra de continuo sin resultado en el interior mismo del poeta-amante que padece y se deleita a la vez en ese estado de amor sin ulteriores consecuencias».

Jesús Manuel Alda-Tesán [1992:29-30].

«Amor cortés, código de comportamiento que definía las relaciones entre enamorados pertenecientes a la nobleza en Europa occidental durante la edad media. Influido por las ideas coetáneas de la caballería y del feudalismo, el amor cortés requería la adhesión a ciertas reglas elaboradas en la canciones de los trovadores, entre finales del siglo XI y los últimos años del siglo XIII, que provenían originalmente de la obra Ars Amatoria del poeta romano Ovidio.

»De acuerdo con esas convenciones, un noble, por lo general un caballero, enamorado de una mujer casada de igual o a veces más elevada alcurnia, tenía que demostrar su devoción mediante gestas heroicas y escritos amorosos, presentados de forma anónima a su amada. Una vez que los amantes se habían comprometido uno al otro y consumado su pasión, tenía que mantenerse en completo secreto. Puesto que, en la edad media, la mayor parte de los matrimonios entre la nobleza no eran más que meros contratos de negocios, el amor cortés era una forma de adulterio aprobado; esto era así porque no suponía una amenaza ni al contrato matrimonial ni al sacramento religioso. De hecho, la infidelidad entre los amantes era considerada más pecaminosa que el adulterio de esta relación extramarital.

»La literatura sobre la tradición del amor cortés incluye obras como Lancelot, del poeta francés del siglo XII Chrétien de Troyes, Tristán e Isolda (1210), de Gottfried von Strassburg, Le Roman de la rose (hacia 1240) de Guillaume de Lorris y Jean de Meun, y los romances relativos a la leyenda del rey Arturo. El tema del amor cortés fue desarrollado en la Vita nuova (Vida nueva, c. 1293), y en la Divina Comedia (hacia 1307) de Dante Alighieri, y en los sonetos del poeta italiano del siglo XIV Petrarca».

[Encarta 99].

Un decálogo
A. D. Deyermond [1973:43] establece algo así como un decálogo que normalmente siguen los practicantes del amor cortés y que Ildefonso Vega Fernández [1983:16] resume de la siguiente manera:

Nobleza del hombre y de la mujer en linaje y conducta.
La fuerza del amor presenta a la amada como admirable y engendra virtud en el amante.
Normalmente, este amor es adúltero.
El objetivo del amante es lograr el trato sexual, dentro o fuera del matrimonio.
Es un amor frustrado por imposibilidad de consumación o porque el desastre sigue a dicha consumación.
Es trágico y no cómico -pese a su tratamiento cómico en la literatura medieval española-.
Frecuente transposición al amor sexual de las emociones y de la imaginería religiosa.
El amante reconoce su inferioridad con respecto a la dama, al margen de que sea inferior o no en la vida real.
Es escasa las correspondencia de la dama al amor del caballero (al menos en la literatura medieval).
Los amantes tratan de encubrir su amor.
Rasgos
«El tratamiento del tema amoroso, en la literatura clásica, fue ampliamente abordado por Ovidio, en su "Ars Amandi", con una visión sensual, erótica, gozosa y placentera.

»En la corte de Provenza, los rasgos del amor cortés difieren del amor carnal de Ovidio, porque representa la forma de sentir de una sociedad distinta: todo el sentido de la vida se concreta en servir al amor. Por él está dispuesto el hombre medieval, desde el s. XII hasta el s. XV, en que surgirá Petrarca con una nueva sensibilidad, a sufrir, penar, ser esclavo..., con tal de ser digno servidor del amor. Sólo sufriendo, el hombre puede amar. Además, ama con la misma veneración que se le tiene a Dios. (...)

»Los rasgos de este amor son los siguientes:

La humildad, pues siempre el enamorado se siente inferior a la amada.
La cortesía, porque sus formas no son groseras sino refinadas y llenas de delicadeza. Sólo los nobles en linaje y conducta, hombre y mujer, pueden aspirar al amor.
La utopía, porque no aspira a conseguir el favor de la amada; sólo le basta con expresarle su admiración y su devoción, sin esperar ninguna recompensa a cambio.
El desinterés, porque el poeta no pretende el matrimonio, sino que canta a una dama excelsa y elevada con la que no puede aspirar al casamiento.
La frustación, por la imposibilidad de consumar el amor o porque el desastre sigue inmediatamente a la consumación.
El secreto, por ser un amor encubierto, no manifestable públicamente.
»Para Lewis, esto es así porque un esposo no podría transmitir un amor apasionado, desinteresado y utópico a la esposa, cuando en su relación con ella, la dama está sometida al marido; es ella la sierva de su señor».

Juan Santaella López [2000:12-14].

Una metáfora: De rodillas ante ella
Metáfora del amante seducido y símbolo del sacrificio divino, el unicornio protagoniza numerosas leyendas medievales.

«Una reelaboración del mito [del unicornio] en sentido profano se encuentra en el Bestiare d'amour de Richart de Fournival, anterior a 1260. Aquí el unicornio representa al amante seducido por el perfume de la Virgen, que Amor, astuto cazador, ha colocado en su camino para hacerlo morir de desesperación. La metáfora se inserta perfectamente en la concepción del amor cortés, con una desviación capital de la alegoría místico-teológica al imaginario erótico. Esta reinterpretación del mito en sentido secular se ve influenciada por los poetas sicilianos y sobre todo por la lírica de los trovadores, que a menudo se sirven de metáforas zoólogicas para describir los rituales del cortejo.

»En el Bestiare d'amour de Richart de Fournival los animales son reconducidos al reino de los cinco sentidos, atraídos por la fascinación femenina. En él, el unicornio se asocia al olfato: "fui capturado también por medio del olfato, como el unicornio, que se duerme al captar el suave perfume de la virginidad de una muchacha [...], y cuando reconoce una por el olor, se arrodilla ante ella y se inclina con humildad y dulzura, como si quisiera ponerse a su servicio". Salta a la vista la referencia al vasallaje amoroso del caballero para con su dama, concepto clave del amor cortés».

Sandra Pietrini [2000:63].
avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

PUIVERT, CASTILLO DE TROVADORES

Mensaje  mariocesar el Sáb Jul 17, 2010 9:44 pm






PUIVERT, CASTILLO DE TROVADORES


--------------------------------------------------------------------------------

En la pequeña comarca de Quercorb, en la región francesa del Languedoc, se hallan los restos del antiguo castillo cátaro de Puivert, también conocido como «Castillo de las Cortes de Amor». Probablemente construído a mediados del siglo XII, el origen de este sobrenombre resulta de que este lugar fue el escenario de un famoso certamen o encuentro de trovadores en el año 1170. Durante las asambleas que se llevaban a cabo, los asistentes se intercambiaban noticias y recitaban trovas en un festivo ambiente bajo la luz de las antorchas. Como muestra de este encuentro ha llegado hasta nosotros un fragmento de una obra creada por el trovador Peire d'Auvergne, una pieza satírica de doce coplas compuesta bajo el sonido de las gaitas, los cantos y las risas de los asistentes.

A esta magnífica fiesta no sólo acudieron trovadores, sino que a ellos se unieron también comitivas de altos dignatarios llegados de todos los rincones de Occitania, del reino de Aragón e incluso de Castilla, de donde acudió el joven rey Alfonso VIII, haciendo un alto en su camino, puesto que se dirigía a Burdeos al encuentro de su prometida Aliéner, hija de Enrique Plantagenet, duque de Aquitania y rey de Inglaterra.

Para comprender adecuadamente el extraordinario éxito del certamen de Puivert y de todo el movimiento trovadoresco en general, en una época en que la mayoría del continente europeo se encontraba sumido en la ignorancia, la barbarie y el dogmatismo, es preciso relacionar este fenómeno con los dos movimientos culturales surgidos en esta época en el sur de Francia: la «herejía» albigense o cátara y el trovadoresco concepto del «amor cortés».

La religión cátara, de un carácter marcadamente gnóstico, promovía como fin último la perfección espiritual a través de una vía de ascetismo y pureza que permitiera al alma liberarse de su prisión de materia. Por su parte, el amor cortés generalmente se ha querido mostrar como un amor exaltado y adúltero donde una dama perteneciente a la nobleza, casada e inalcanzable, se convierte en el blanco de los amoríos del poeta, que usualmente usa un pseudónimo en sus composiciones para no despertar las iras de su consorte. Nada más lejos de la realidad, puesto que los trovadores a quien realmente adoraban era al ideal de mujer, al concepto femenino puro, simbolizado en la iconografía cristiana por María -tanto la madre de Jesús como Magdalena-, ampliando luego su fervor e incluyendo al conjunto de las mujeres, sabiendo encontrar ese alto ideal en todas ellas. Por tanto, el amor divino se sobreponía al amor sensual y lo que los trovadores intentaban celebrar en su poesía era el anhelo de una dama que se correspondía con la reminiscencia bella e iluminada de una diosa.

De esta manera redescubrieron los trovadores el «eterno femenino», tan degradado en aquella época, y mediante la exaltación del espíritu que provoca este Amor con mayúsculas lograron aproximarse a aquella diosa ancestral llamada Sophia, representación de la Sabiduría Divina, la inteligencia iluminada que descubre la verdadera constitución de la naturaleza y el sentido último de la existencia.

El trovador Guillaume de Poitiers lo expresó de esta manera:



«Yo quiero retener mi Señora

en orden para refrescar mi corazón

y para no envejecer.

Vivirá cien años quien exitosamente posea

la alegría de su amor».



Desafortunadamente, aquella «edad del amor» no perduró, y ambos movimientos fueron prácticamente erradicados durante la primera cruzada que se realizó en tierras cristianas. En Noviembre de 1210, aunque los defensores fueron ayudados por soldados aragoneses, Puivert fue sometido después de tres días de asedio por las tropas de Simón de Montfort, comandante del ejército cruzado, decepcionado cuando se percató que la mayor parte del castillo se encontraba vacía, ya que la mayoría de cortesanos lograron burlar el cerco y escapar por un túnel, ocultándose en los bosques cercanos y refugiándose algunos en el cercano castillo de Montségur.

Pero un espíritu tan sublime como el que se desarrolló durante este período trovadoresco no quedó totalmente destruido, puesto que el movimiento ya se había extendido hacia Cataluña e Italia, sobreviviendo hasta Ausiàs March -primera mitad del siglo XV-, considerado por algunos como el último trovador.

Incluso en Puivert se desarrolló posteriormente al asedio una leyenda en la cual una mujer volvió a ser la protagonista, pues allí residió una princesa aragonesa apodada la «Dama Blanca», ilustre huésped que decidió morar allí hasta el final de sus días, cautivada por la majestad de las crestas de los montes colindantes y por la imponente belleza del lago. Allí, junto a la orilla, una roca moldeada por la erosión del viento y del agua se alzaba semejante a un trono desde el que la Dama Blanca gustaba de contemplar las puestas de sol en las tardes de verano, admirando los destellos provocados por los oblicuos rayos del sol poniente. Pero, en ocasiones, el agua y el viento hinchaban las aguas, estrellándose las olas sobre el trono de la princesa, que disgustada por las salpicaduras que le turbaban su melancólico ensueño, solicitó a Jean de Bruyères, señor del castillo, que emprendiera trabajos para bajar el nivel del lago. Pero, desafortunadamente, estas labores fueron llevadas a cabo de una forma muy imprudente, ya que los peñascos, minados por la erosión, se hundieron, provocando un oleaje que volcó el trono y engulló piedra, tierra, trabajadores y princesa.

Actualmente, la estructura que se conserva en Puivert corresponde a una reconstrucción del siglo XIV. El Castillo de las Cortes de Amor, tal y como lo conocieron los trovadores, fue destruido por Simón de Montfort durante la cruzada. Aun así, y según cuenta una antigua leyenda, en una sala situada en la parte superior de la torre del homenaje se pueden observar ocho esculturas pinjantes -salientes de piedra que soportan la caída de un arco-, que representan a unos músicos con sus instrumentos, auténticos portadores del espíritu del amor cortés y encargados de transmitirlo hasta nosotros.

Alex Loro

avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: LA ALEGORIA DEL AMOR

Mensaje  mariocesar el Jue Mar 26, 2015 5:26 am

Andrés López
En el amor cortés, la mujer ofrece al corazón gentil un espejo de su posible perfección angelical, y el aire de su espíritu; cómo podrá el enamorado no esforzarse por asemejarse a aquella imagen que ve reflejada en los ojos amados y amantes y siente en los espíritus que emanan de ellos? De este modo, por su parte, ofrece a la mujer una imagen igualmente transfigurada. El uno y la otra se encuentran en los ojos del uno o la otra a sí mismos, no como son, sino como fueron en su origen en la mente de Dios, ideas de Dios. Dicho de otro modo: aprecian en los ojos amados su cumplimiento, la mitad de sí mismos que se perdió en el torbellino tenebroso y embriagador de la encarnación. El amor Cortés les despierta de aquella embriaguez; a partir del momento en que sus ojos se han entrelazado - como las dos serpientes del caduceo - en la línea de conjunción de sus miradas, viven en una vigilia perenne, y los tormentos amorosos y los insomnios sirven como pruebas ascéticas para mantener la mente adiestrada y tendente a asemejarse a la imaginación ideal. "Una Introducción a la Alquimia", Elémire Zolla.


Xavier Etxebarria ha compartido la foto de Andrés López.
3 horas ·
De este modo, por su parte, ofrece a la mujer una imagen igualmente transfigurada.
El uno y la otra se encuentran en los ojos del uno o la otra, a sí mismos, no como son, sino como fueron en su origen en la mente de Dios, ideas de Dios.
Dicho de otro modo: aprecian en los ojos amados su cumplimiento, la mitad de sí mismos que se perdió en el torbellino tenebroso y embriagador de la encarnación.
avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: LA ALEGORIA DEL AMOR

Mensaje  mariocesar el Jue Mar 26, 2015 5:27 am

Jorge Enrique Montero Figueroa "El amor busca con furia, a través del objeto amado, algo que se encuentra allende a este, y, como no lo halla, se desespera"; [Miguel de Unamuno]
avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: LA ALEGORIA DEL AMOR

Mensaje  mariocesar el Jue Mar 26, 2015 8:01 am

Hoy le he hablado y me ha escuchado: Hoy creo en Dios (Parafraseando a BECQUER)
avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: LA ALEGORIA DEL AMOR

Mensaje  mariocesar el Jue Jul 02, 2015 3:37 am

Historia Zen - Alcanzar la budeidad con el sexo
- Maestro, ¿qué es un Maestro de alcoba?
- Aquél que es capaz de hacer sentir a una mujer, en una sola noche, el origen del orgasmo, respondió el Gurú.
El discípulo preguntó: -¿ Hay niveles de Maestría en la Alcoba?
- Lo que te dije recién es el primer nivel...
El discípulo preguntó: - ¿Cuál es el segundo nivel?
- Regalarle a la mujer tantos orgasmos que en un momento te diga: Dios te manda saludos...
El discípulo se comenzaba a inquietar...- ¿Hay un tercer nivel?
- En el tercer nivel, tu eres Dios...
- Me imagino que ese es el último nivel...
- ¿Último?, aquí comienza otra octava en la Maestría...En este nivel la mujer sana todas sus heridas, se perdona asimisma... En ese instante, tu te conviertes en su compañero, amigo, amante... En ese momento, la mujer es el ser humano más consciente y feliz de este mundo...En ese momento, ya no existe nada más que beatitud... En ese momento se produce el verdadero Matrimonio: La unión del hombre con la matriz de la mujer...
El discípulo comenzó a llorar de felicidad...
- Maestro, que maravilloso sería que todos los hombres puedan saber esto...
- No todos los hombres quieren saberlo, respondió el Maestro. Pero nos compete a nosotros encontrar la forma de llegar a todos...
- ¿Quieres saber cuál es el último nivel en el arte de alcoba?
- No puedo creer que aún falte un nivel más...
En el último nivel el hombre se disuelve, ya no sabe si es hombre o mujer, y tampoco le interesa saberlo...
entonces su mujer, lo mira con mucha dulzura...y le susurra al oído: - Finalmente eres un Hombre...
Tashi delek
avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: LA ALEGORIA DEL AMOR

Mensaje  mariocesar el Dom Ago 30, 2015 3:05 am

Diego Cadenas Morejón El eterno femenino me lo encontré cual Dante hace tantos años en una playa, con no más de 7 años. Salía del camping a la playa solo para verla a ella. Apenas dormía, todo me daba igual, iba solo a la playa para ver si volvía a encontrame con ella. Tan solo la vi una vez, me cogió de mano y entre sus pechos me metió al fondo del mar. Nunca tuve miedo del mar si ella me metía al fondo de la mano, solo la vi aquella vez. Dios sabe que la he buscado siempre. Todos los veranos que nuestros padres nos llevaban a ese camping yo deseaba más allá del deseo volverla a verla. Nunca sucedió. Ese amor es eterno.

Luego con la edad manchamos de sucias relaciones personales el tan bello amor que nos toca de pequeños. Ese para mi es el amor, el que no es personal. Un encuentro de espíritus.

Diego Cadenas Morejón Juro que he buscado esos pechos durante muchos años, y si me quedo en ese recuerdo volvería a esa playa a buscarlos de nuevo.

Jamás tuve la necesidad de expresar ese amor, ni de que fuera correspondido, jamás tocaría a esa bella dama, solo quería estar con ella y jugar eternamente en esa playa.

Mario César Ingénito No sólo el Paraíso Perdido de la Infancia, al que recurrentemente intentamos regresar, sino también todo el asunto del AMOR CORTES y de la FIDELIDAD DE AMOR. Siempre estamos regresando a esa "playa", en sueños o en la nostalgia ( que no se pierde a ninguna edad) de los tiempos en que vivíamos o nos vivía la Divinidad. No sabés cuánto coincido con lo tuyo, MAESE DIEGO...Un abrazo fraterno.
avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: LA ALEGORIA DEL AMOR

Mensaje  mariocesar el Vie Sep 04, 2015 12:16 pm


Andrés López
·
Amar y rezar
Un hombre, después de mucho tiempo caminando, llegó al lugar donde vivía un gran sabio. Al recibirle, le pidió encarecidamente:
-i Muéstreme el camino hacia Alá !
- Te has enamorado alguna vez de alguien? - preguntó el sabio.
- Enamorarme? Qué es lo que el gran maestro quiere decir con eso? Me prometí a mí mismo jamás aproximarme a una mujer, huyó de ellas como quien intenta escapar de una enfermedad. Ni siquiera las miro. Cuando pasan, cierro los ojos.
- Procura volver a tu pasado e intenta descubrir si alguna vez, en toda tu vida, hubo algún momento de pasión que dejase tu cuerpo y tu espíritu llenos de fuego.
- Vine hasta aquí para aprender a rezar, y no a cómo enamorarme de una mujer. Quiero ser guiado hasta Alá y usted insiste en querer llevarme hacia los placeres de este mundo. No entiendo lo que desea enseñarme.
- El sabio permaneció silencioso algunos minutos y finalmente dijo:
- No puedo ayudarte. Si tú nunca tuviste alguna experiencia de amor, nunca conseguirás experimentar la paz de una oración. Por lo tanto, regresa a tu ciudad, enamórate, y vuelve a buscarme sólo cuando tu alma este llena de momentos felices.
>> Sólo una persona que entiende el amor puede entender el significado de la oración. Porque el amor por alguien es una oración dirigida al corazón del Universo, una plegaria que Alá colocó en las manos de cada ser humano como un presente divino.

Jorge Enrique Montero Figueroa Excelente maestro!!! Se me vino a la mente aquel grabado de Dore en el que Dante, en uno de los Cielos, y sin poder ascender más, aparentemente, sólo le queda contemplarla a ella, a Ella, Beatriz, quién esta parada, contemplando, en un Círculo más alto, con la mirada fija hacia más Allá de donde Dante puede ver!!!
avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: LA ALEGORIA DEL AMOR

Mensaje  mariocesar el Jue Sep 24, 2015 8:11 am

Tal es, según nosotros, la enseñanza secreta que se puede desprender
razonablemente de los cultos fálicos. Se apreciará con utilidad que el simbolismo
fálico está ligado a los cultos solares (la Luz, el Fuego, el Patriarcado, etc.). Al
contrario, el simbolismo ctónico (o culto del sexo femenino) está ligado a las
religiones lunares (la Noche, el Agua, el Matriarcado, etc.). Y los primeros han
sido siempre infinitamente más puros y elevados en espiritualidad que los
segundos, que estuvieron siempre entre las causas más destacadas de excesos en
este género de religiones (cultos de Anais, Mylitha, Astoré, Astarté, etc.).
Es por tanto con cierta razón que la Iglesia católica opone a Eva, la "Mujer
de Muerte", como la califican las homilías Clementinas, a la Virgen María , la
"Mujer de Vida". Eva toma todavía el nombre de "Janua inferni", la Puerta de
abajo, y María el título de "Janua Coeli", la Puerta del cielo.
Notemos, el motivo de estas dos "Puertas" simbólicas, que son análogas a
las que guarda el dios Janus, el dios de la doble cara, mitad masculina y mitad
femenina, del cual las Fiestas anuales se celebran en los Solsticios de Invierno
(Puerta de lo Alto) y de Verano (Puerta de lo Bajo). El Zodiaco ha conservado el
esoterismo de estas dos épocas con el signo de Capricornio (la Cabra, que
siempre muestra tendencia a escalar…) y el de Cáncer (el Cangrejo, que se
arrastra en el fango…). Y en el simbolismo astrológico, Cáncer, equivalente a
Janua Inferni, corresponde anatómicamente al útero en el cuerpo de la mujer. Es
también la puerta infernal por donde el alma humana, abandonando los estados
superiores del Plano divino, se encarna y se hunde en un cuerpo de carne, presa en
el torbellino maléfico de la Rueda del Mundo…
Es como consecuencia de esta distinción esotérica entre la "Mujer de Vida"
y la "Mujer de Muerte", que el Caballero de la Edad Media, antes de haber
alcanzado los ritos tradicionales de esta Orden militar, debía elegir a la "Dama de
sus Pensamientos", la cual no era jamás la prometida, la amante o la esposa--Robert Ambelain
avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: LA ALEGORIA DEL AMOR

Mensaje  mataril el Vie Sep 25, 2015 12:37 am

Muchos definen este eterno femenino como un amor frustrado, y no es así, es el amor consumado. Frustrado es siempre desde la óptica del que necesita lo físico para consumar. De hecho este amor no llega a lo físico precisamente para comprender eso, que no somos el cuerpo dicho en tantas tradiciones. El androgino se genera dentro de uno pero viene a través de una Sophia, una mujer especial que NO SE ELIGE aparece, y luego se va.
avatar
mataril

Mensajes : 1751
Fecha de inscripción : 29/01/2013

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: LA ALEGORIA DEL AMOR

Mensaje  mariocesar el Vie Sep 25, 2015 4:19 am

mataril escribió:Muchos definen este eterno femenino como un amor frustrado, y no es así, es el amor consumado. Frustrado es siempre desde la óptica del que necesita lo físico para consumar. De hecho este amor no llega a lo físico precisamente para comprender eso, que no somos el cuerpo dicho en tantas tradiciones. El androgino se genera dentro de uno pero viene a través de una Sophia, una mujer especial que NO SE ELIGE aparece, y luego se va.



Tal cual y un gusto verlo por acá.
avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: LA ALEGORIA DEL AMOR

Mensaje  mariocesar el Vie Sep 25, 2015 4:20 am

Y ya que estamos con alegoría, más bien una alegría de corazón.

avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: LA ALEGORIA DEL AMOR

Mensaje  mariocesar el Sáb Mar 26, 2016 9:21 am

Andrés López
26 de marzo de 2015 · Maranga, Perú ·
En el amor cortés, la mujer ofrece al corazón gentil un espejo de su posible perfección angelical, y el aire de su espíritu; cómo podrá el enamorado no esforzarse por asemejarse a aquella imagen que ve reflejada en los ojos amados y amantes y siente en los espíritus que emanan de ellos? De este modo, por su parte, ofrece a la mujer una imagen igualmente transfigurada. El uno y la otra se encuentran en los ojos del uno o la otra a sí mismos, no como son, sino como fueron en su origen en la mente de Dios, ideas de Dios. Dicho de otro modo: aprecian en los ojos amados su cumplimiento, la mitad de sí mismos que se perdió en el torbellino tenebroso y embriagador de la encarnación. El amor Cortés les despierta de aquella embriaguez; a partir del momento en que sus ojos se han entrelazado - como las dos serpientes del caduceo - en la línea de conjunción de sus miradas, viven en una vigilia perenne, y los tormentos amorosos y los insomnios sirven como pruebas ascéticas para mantener la mente adiestrada y tendente a asemejarse a la imaginación ideal. "Una Introducción a la Alquimia", Elémire Zolla.
avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: LA ALEGORIA DEL AMOR

Mensaje  mariocesar el Sáb Mar 26, 2016 9:22 am

Andrés López
26 de marzo de 2015 · Maranga, Perú ·
En el amor cortés, la mujer ofrece al corazón gentil un espejo de su posible perfección angelical, y el aire de su espíritu; cómo podrá el enamorado no esforzarse por asemejarse a aquella imagen que ve reflejada en los ojos amados y amantes y siente en los espíritus que emanan de ellos? De este modo, por su parte, ofrece a la mujer una imagen igualmente transfigurada. El uno y la otra se encuentran en los ojos del uno o la otra a sí mismos, no como son, sino como fueron en su origen en la mente de Dios, ideas de Dios. Dicho de otro modo: aprecian en los ojos amados su cumplimiento, la mitad de sí mismos que se perdió en el torbellino tenebroso y embriagador de la encarnación. El amor Cortés les despierta de aquella embriaguez; a partir del momento en que sus ojos se han entrelazado - como las dos serpientes del caduceo - en la línea de conjunción de sus miradas, viven en una vigilia perenne, y los tormentos amorosos y los insomnios sirven como pruebas ascéticas para mantener la mente adiestrada y tendente a asemejarse a la imaginación ideal. "Una Introducción a la Alquimia", Elémire Zolla.
avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: LA ALEGORIA DEL AMOR

Mensaje  mariocesar el Miér Mar 30, 2016 5:24 am


Ezequiel Dasso
2 h ·
"Hay dos personas que pueden hacer crecer espiritualmente a un hombre: Una es un Gurú, un maestro que puede tomar su espíritu y llevarlo hacia arriba. La otra es una mujer."
(Yogi Bhajan)
avatar
mariocesar

Mensajes : 12566
Fecha de inscripción : 03/06/2010

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: LA ALEGORIA DEL AMOR

Mensaje  Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.