RAIMUNDO LULIO.

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RAIMUNDO LULIO.

Mensaje  mariocesar el Vie Sep 20, 2013 11:06 pm

«Si vosotros, amadores, queréis agua, venid a mis ojos, que son fuentes de lágrimas; y si queréis fuego, venid a mi corazón y encended en él vuestras antorchas.»raimundo lulio. https://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=8618
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Re: RAIMUNDO LULIO.

Mensaje  mariocesar el Vie Sep 20, 2013 11:10 pm

"Si no nos entendemos por el lenguaje, entendámonos por amor".RAIMUNDO LULIO.
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Re: RAIMUNDO LULIO.

Mensaje  mariocesar el Vie Sep 20, 2013 11:12 pm

Lulio tomó este concepto del Existente Necesario, tal como lo desarrolló al-Farabí, para presentar su prueba de la existencia de la Trinidad. Lulio empezó, como siempre, con la afirmación de principios en común: "Pongámonos de acuerdo sobre un punto". La base del acuerdo eran los "atributos" o "dignidades" de Dios.http://www.schillerinstitute.org/newspanish/DialogoCultura/RamonLlull-dialogRelig.html
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Re: RAIMUNDO LULIO.

Mensaje  mariocesar el Vie Sep 20, 2013 11:14 pm

Raíces del lenguaje en el árabe

Aquí Lulio debió recurrir a una característica de la lengua árabe, cuya construcción, como la del sánscrito, se funda en raíces verbales de tres consonantes. Cada acción verbal, como "pensar" o "hacer el bien", se expresa a través de la conglomeración de tres consonantes, mismas que moduladas mediante vocales, de inmediato producen formas correspondientes del habla. Lulio toma los 100 nombres de Dios, como los enumeran los filósofos islámicos, y desarrolla las implicaciones de este hecho enraizado en el idioma árabe (y por tanto, en la mente). Esto es, que los nombres dados a Dios —adjetivos o sustantivos— se generan a partir de sus raíces verbales donde ellos son acciones.

En su autobiografía, Lulio escribe que los nombres o dignidades de Dios significan una trinidad de acciones, de allí la Trinidad: "Ustedes no entienden, sarracenos, fieles a la fe de Mahoma, que las acciones que son propias de las dignidades divinas. . . son intrínsecas a Dios y eternas. Sin esas acciones, las dignidades mismas serían superfluas por toda eternidad. Las acciones del Bien son, digo yo, ser capaz de causar bondad; ser capaz de convertirse en bien; y hacer el bien. Igualmente, las acciones de la Grandeza son ser capaz de causar grandeza; ser capaz de hacerse grande; y ser capaz de rendir grandeza. Y así igual para todas las dignidades divinas. . . Si aceptamos, como es lo propio, que las acciones esenciales de las dignidades o atributos divinos son, en su igualdad y concordancia, intrínsecas y eternas, los cristianos demuestran con pruebas que allí existe una Trinidad de personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, sen una única esencia y naturaleza divina" (Lulio: Vita coaetanea, 26).

Lulio tuvo que crear nuevas palabras en su lengua materna, el catalán, y en latín, para expresar esta idea (algo que Dante Alighieri imitaría la forjar el idioma italiano). Pero esto no es una artimaña lingüística. Lo que Lulio descubrió como propio del lenguaje humano, lo reconoció como correspondiente a la característica de un lenguaje universal, que refleja las leyes universales, es decir, las leyes de Dios. Posteriormente desarrollaría esto de una forma más profunda, en su teoría de un lenguaje universal.
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Re: RAIMUNDO LULIO.

Mensaje  mariocesar el Vie Sep 20, 2013 11:20 pm

Diálogo ecuménico en la búsqueda de la Verdad

En su obra maestra Los tres sabios y el pagano, Lulio comienza con el drama de un pagano quien, cercano a la muerte, enfrenta una angustia existencial. Sale de su tierra en busca de consuelo y se halla en un bosque suntuoso cuya belleza lo lleva a maravillarse, pero también, debido a que no tiene fe, a desesperarse.

Mientras tanto tres sabios, un judío, un cristiano y un musulmán, salen un día de la ciudad donde enseñan, para dialogar entre ellos de cuestiones fundamentales. A todos los impulsa en su búsqueda de la verdad el deseo común de encontrar el fundamento de una sola religión, convencidos de que el ordenamiento de los Estados, y de las relaciones entre ellos, sólo puede ser armonioso si se encuentra esta base común. Al adentrarse en el magnífico bosque, se acercan a una hermosa dama sentada sobre un caballo. Ella se identifica como la Inteligencia, e instruye a los tres sabios en el método de indagación científica de Lulio (su arte). Éste está dispuesto en términos de una metáfora que tiene que ver con los árboles del bosque, su hojas y sus flores.

Los sabios se encuentran con el viejo pagano, quien llora aturdido sobre el campo. Los tres corren a socorrerlo, le preguntan de sus penas, y le ofrecen el consuelo de la fe religiosa, de la cual carece. Deseoso de encontrar alivio, el pagano responde agradecido a sus atenciones, y se desenvuelve un drama muy conmovedor.

Cada uno de los sabio le presentará al pagano los artículos de su fe, apoyándose no en la autoridad de la escritura, sino en el "método de los árboles" que la dama Inteligencia les ha dado. Luego de un intercambio cortés sobre el orden en que se harán la presentaciones, se decide que por respeto al proceso histórico, el judío deberá comenzar, seguido por el cristiano, y luego el musulmán.

El judío comienza con su prueba de la existencia de un Dios, mostrando, por las concordancias que requieren las flores de los árboles, que Dios no podría ser infinito, el bien absoluto, etc., si hubiera más de un Dios. De allí procede a articular los otros puntos de la fe, hasta que le toca el turno al cristiano.

El cristiano, advirtiendo que el judío ya ha dado suficientes pruebas de la existencia de un Dios, no ve necesidad de repetirlo y procede, más bien, a presentar aquellos artículos de la fe que el judío no acepta, siendo el más importante la Trinidad. Esto lo elabora de la manera que acabamos de describir.

El pagano responde haciendo preguntas: si Dios es más grande en virtud de ser tres en uno, ¿por qué no cuatro, cinco o más? A lo que responde el cristiano: "Si en Dios hubiera habido más de un engendrador, un engendrado y una sucesión, entonces cada engendrador no podría ser infinito en bondad, grandeza, eternidad, poder, sabiduría, amor, perfección; por ello no sería suficiente en sí mismo, en tanto engendrador, para engendrar una cosa suficiente tal que una infinita bondad, grandeza, poder, sabiduría, amor y perfección pudiera ser engendrada; ni cada engendrador y cada engendrado podrían ser suficientes para coferirle infinita bondad, grandeza, etc., a la progenie de ambos. . . porque los números infinitos no pueden tener perfección, ya que el incremento de los números infinitos y la perfección son discordes. Siendo este el caso, habría por tanto, acorde la perfección de las flores, imperfección en Dios, y las flores serían contrarias unas a otras, si en Dios hubiera infinitos engendradores, engendrados, y progenie".

Todavía sin convencer, el pagano insiste que "si hubiera tres o cuatro o mil cosas buenas en Dios, entonces la grandeza de Dios sería más grande que si hubiera sólo tres". A lo que el cristiano responde: "Si hubiera más de tres, entonces ninguna de las tres podría ser perfecta en sí misma, ni tendría en sí misma perfecta bondad, grandeza, eternidad, etcétera. Porque así como no es apropiado que existan muchos dioses, y así como un solo Dios basta para poseer toda la bondad, grandeza, etc. de todos ellos juntos, y podría tener hasta más que toda la que podrían tener juntos; así mismo un solo engendrador basta para poseer toda la bondad, grandeza, etc., que dos o más engendradores podrían tener, y hasta mas que la que podrían tener todos ellos;. . . y lo mismo podría ser el caso con dos o más engendrados, o dos o más progenie".

Finalmente satisfecho, el pagano le permite al cristiano continuar exponiendo los demás artículos de su fe, incluyendo la Encarnación. Con referencia de nuevo a los pares de dignidades divinas o atributos de Dios que son las flores de los árboles, el sabio cristiano presenta la Encarnación. "Es tan sólo justo que, a fin de mostrar una bondad tan grande como la de Dios, que por la intervención del Espíritu Santo, el hijo de Dios deba unir la naturaleza humana con Él mismo en el vientre de nuestra Señora María; para extraer un bien tan noble como la humanidad de Cristo de la raza humana, la cual fue corrompida por el pecado, y constituye un bien más grande que todos los demás bienes creados". El pagano pregunta, "¿por qué no se encarnaron las tres personas divinas? ¿Por qué fue la persona del Hijo la única que se encarnó?. . . ¿Por qué el Hijo y no el Espíritu Santo?".

Responde el cristiano: "Desde que el Hijo de Dios fue engendrado, y desde que asumió el cuerpo humano, engendró al hombre, por tanto, en relación a la criatura, la unidad de persona es más apropiada entre el Hijo de Dios y el hijo del hombre que entre el hombre y la paternidad, o entre el hombre y el Espíritu Santo, ya que el acto de engendrar conforma al hijo de Dios y al hijo del hombre".

El pagano, aparentemente satisfecho, hace una pregunta capciosa: "Por favor, dime lo que los judíos y sarracenos opinan sobre este artículo de la Concepción".

El cristiano responde con sorprendente candor: "Para gran vergüenza nuestra, los cristianos somos negligentes en explicar y demostrar nuestra fe a los no creyentes, y ellos son obstinados de corazón y toscos de intelecto cuando se trata de entender nuestra religión. Nosotros, entonces, no creemos en esa Encarnación que ellos piensan que creemos nosotros, y nuestra creencia en la Encarnación del Hijo de Dios difiere de la que ellos imaginan, y a resultas no nos ponemos de acuerdo, y nos enfrentamos debido a opiniones discrepantes".

Habla el musulmán

Aquí Lulio puntualiza su hipótesis fundamental: que los filósofos cristianos no han comunicado adecuadamente el concepto universal que subyace la Encarnación de Dios en el hombre, por lo que los "infieles" lo han visto como algo que que no es, y por ello lo han rechazado.

Cuando le llega el turno de hablar al sabio musulmán, él también omite repetir la prueba de la existencia de un Dios, ya que ésta ha sido planteada adecuadamente por el judío y reconocida por el cristiano. El musulmán quisiera presentar su divergencia con el cristiano sobre la Trinidad, diciendo que si hubiese una trinidad, entonces Dios "tendría que ser compuesto, y su bondad, grandeza, eternidad, poder, sabiduría y amor tendrían que ser contrarios a la perfección. . .".

El pagano interrumpe. Aunque el cristiano trata de ofrecer su réplica, el pagano le dice que "no es su turno de hablar, y que él mismo le respondería al sarraceno". Su comentario es inequívoco: "Seguramente recuerdas que yo le hice la misma pregunta al cristiano. Ahora, de lo que dices, y de lo que yo le oído decir al cristiano, caigo en cuenta de que el cristiano cree ciertas cosas relativas a la Trinidad de Dios, que son diferentes a las que tú piensas que él cree. Por lo tanto, me parece que no puedes estar de acuerdo, ni vivir bajo la misma fe ni creencia que el cristiano. Pero dejemos este problema y continuemos con tus artículos, ya que no hay necesidad de hablar más de este primer artículo".

El pagano cae en cuenta que, en ciertas cuestiones doctrinales como la Trinidad, no puede llegarse a ningún acuerdo, no porque no haya una base común para un acuerdo, sino porque hay desacuerdo respecto a qué es el concepto. Por tanto, dice el pagano, no ha de seguirse una argumentación que, al basarse en malas interpretaciones, sólo resaltará las aparentes diferencias. Más bien, busquen la base común de la fe.

Al concluir el musulmán su presentación, el pagano le reitera a todos el proceso de diálogo que se ha desarrollado, para su asombro y admiración. Finalmente el pagano se pone de pie y elogia a Dios, a quien ha descubierto por el diálogo con los sabios. En frases conmovedoras, colma de gracias a los tres por haberle infundido la fe y la esperanza, y se arrodilla y besa el suelo en oración. Se levanta, y está por arrodillarse de nuevo, y revelarle a los tres cuál es la religión que ha abrazado. . . cuando advierte que se aproximan dos personas que conoce, paganas como él. Aunque le pide a los tres que se queden, y que puede anunciar su fe en presencia de los dos paganos que se aproximan, los tres sabios deciden despedirse, y con mutuas bendiciones y corteses saludos, se disponen a partir.

¿Por qué —pregunta el pagano— no esperan a enterarse qué religión he escogido? "Los tres sabios respondieron diciendo que, para que cada uno sea libre de escoger su propia religión, ellos preferían no saber cuál religión escogería él". Yendo más a fondo, le dicen: "Y sobre todo, esta es una cuestión que podríamos hablar entre nosotros para ver, por la fuerza de la razón y por medio de nuestro intelecto, qué religión será la que escogerás. Y si frente a nosotros afirmas cuál es la religión que prefieres, entonces no tendremos este tema tan bueno de conversación ni la satisfacción de descubrir la verdad".

¿Qué religión abrazó el gentil? El lector de Lulio tendrá que decidir. En cuanto a los sabios, regresan lentamente a la ciudad, comprometidos más que nunca con la búsqueda de la verdad. Aunque se esfuerzan en ponerse de acuerdo en cuanto a una sola religión, para así eliminar las causas de enfrentamientos y luchas sociales, no obstante su misión no es doctrinal sino ecuménica. Lulio, el autor, reitera en su conclusión que éste ha sido su propósito, el desarrollar un "método para iluminar las mentes nubladas y despertar lo grande que duerme, y entrar en unión y llegar a conocer a extranjeros y amigos, preguntando qué religión creen que escogió el pagano para lograr el favor de Dios".

Aunque Lulio, en su condición de misionero, tenía el cometido de convertir a los sarracenos, el mensaje que permea su obra es el del ecumenismo, que plantea un concepto de un orden superior en el cual las tres religiones —el judaísmo en tanto judaísmo, el cristianismo en tanto cristianismo, y el islam en tanto islam— se unen.
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Re: RAIMUNDO LULIO.

Mensaje  mariocesar el Mar Jun 17, 2014 6:26 am

Señor,
ya que habéis puesto en mi corazón
tanta alegría,
plázcaos extendérmela
por todo el cuerpo, mi cara,
mis ojos, mis manos.
¡Noble Señor!
Cuando recuerdo la vida eterna
y la contemplo,
me encuentro lleno y cubierto de alegría.
Tan lleno estoy,
que el mar no lo está más de agua.
¡Ah Señor!
Es tan grande la alegría
que Vos habéis puesto en mí,
que mi fuerza
se siente más fuerte y mayor
que la de las montañas.
Ni el hierro ni el acero
son más fuertes que yo...
¡Ah Señor!
Mi gozo, mi alegría, mi fuerza,
cuanto menos me la atribuyo,
más la atribuyo a Vos:
porque de poco valor sería
si me la atribuyera a mí.
Por esto, plázcaos, Señor,
que entienda todo el bien de Vos,
que sois mi Creador y mi Dios.

Beato Ramon LLull (Mallorca, España, c. 1232 - 29 de junio de 1315, Mar Mediterráneo)
Foto: Señor,
ya que habéis puesto en mi corazón
tanta alegría,
plázcaos extendérmela
por todo el cuerpo, mi cara,
mis ojos, mis manos.
¡Noble Señor!
Cuando recuerdo la vida eterna
y la contemplo,
me encuentro lleno y cubierto de alegría.
Tan lleno estoy,
que el mar no lo está más de agua.
¡Ah Señor!
Es tan grande la alegría
que Vos habéis puesto en mí,
que mi fuerza
se siente más fuerte y mayor
que la de las montañas.
Ni el hierro ni el acero
son más fuertes que yo...
¡Ah Señor!
Mi gozo, mi alegría, mi fuerza,
cuanto menos me la atribuyo,
más la atribuyo a Vos:
porque de poco valor sería
si me la atribuyera a mí.
Por esto, plázcaos, Señor,
que entienda todo el bien de Vos,
que sois mi Creador y mi Dios.

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Re: RAIMUNDO LULIO.

Mensaje  Mar...tillo el Mar Jun 17, 2014 7:06 pm

mariocesar escribió:Señor,
ya que habéis puesto en mi corazón
tanta alegría,
plázcaos extendérmela
por todo el cuerpo, mi cara,
mis ojos, mis manos.
¡Noble Señor!
Cuando recuerdo la vida eterna
y la contemplo,
me encuentro lleno y cubierto de alegría.
Tan lleno estoy,
que el mar no lo está más de agua.
¡Ah Señor!
Es tan grande la alegría
que Vos habéis puesto en mí,
que mi fuerza
se siente más fuerte y mayor
que la de las montañas.
Ni el hierro ni el acero
son más fuertes que yo...
¡Ah Señor!
Mi gozo, mi alegría, mi fuerza,
cuanto menos me la atribuyo,
más la atribuyo a Vos:
porque de poco valor sería
si me la atribuyera a mí.
Por esto, plázcaos, Señor,
que entienda todo el bien de Vos,
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Re: RAIMUNDO LULIO.

Mensaje  mariocesar el Miér Jul 08, 2015 4:16 pm

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