El cochero, los caballos y el carruaje .

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El cochero, los caballos y el carruaje .

Mensaje  mariocesar el Dom Nov 18, 2012 2:38 pm

TRATADO ELEMENTAL DE MAGIA PRACTICA

PRIMERA PARTE
T E O R I A
CAPITULO I
DEFINICION DE LA MAGIA
¿No es cierto que todos conocéis la historia del huevo de Colón? No es necesario,
por consiguiente, que os la refiera.
El histórico hecho prueba bien a las claras que por regla general no hav nada más
difícil que hallar las cosas más sencillas, y eso es lo que sucede con la magia, que si
resulta tan inaccesible y trabajosa de comprender (nos referimos a los que tomen su
estudio con la seriedad debida), consiste indudablemente en las complicaciones que el
estudiante se crea al embrollarse en los comienzos de su trabajo. Entre los que nos leen,
pasamos por ser autor muy propicio a usar, y aun a abusar, de las imágenes y
comparaciones. Sea ello un defecto o una buena cualidad, confesamos que constituye en
nosotros una costumbre inveterada, de la que no pensamos prescindir en esta obra, de la
propia manera que tampoco hemos prescindido en las anteriores. Por lo tanto, nada nos
parece mejor que dar principio al presente volumen sobre la Magia con una pregunta,
quizá algo impertinente.
¿Os habéis fijado en un coche cuando marcha por las calles? ¿Y a qué conduce lo
que preguntáis?, nos diréis. Sencillamente a deciros lo que sigue:
Si os habéis fijado seriamente. ya estáis en camino de conocer sin demora la
Mecánica, la Filosofía, la Fisiología, y sobre todo, la Magia; ved cómo.
Si mi pregunta, y más aún la respuesta, os parecen absurdas, consiste no en ellas,
sino en vosotros, en que no sabéis mirar. No quiere esto decir que no veáis, sino que no
sabéis ver, cosa muy distinta. Estaréis acostumbra-dos a recibir las sensaciones
pasivamente; pero carecéis de la costumbre de razonarlas, de inquirir las relaciones de las
cosas, aun las más elementales en apariencia. Sócrates, viendo pasar un día por las calles
de Atenas un hombre cargado de leños, vió la artística manera en que iban reunidos. Se
aproximó al hombre, se puso a hablarle e hizo de él un Jenofonte. Era que Sócrates veía
con su cerebro antes y más que con los ojos.
Si queréis dedicaros al estudio de la Magia, comenzad por comprender bien que todo
lo que tengáis a vuestro alrededor, que todas las cosas que impresionen a vuestros sentidos
físicos, el mundo visible, en suma, carece d valor, si no se lo considera como un conjunto
de expresiones de un grosero lenguaje que representa las leyes y las ideas desprendidas de
la sensación, cuando haya sido, no sólo filtrada por los órganos que las reciben, sino también digerida
por el cerebro adonde llegan.
Lo que os debe interesar en el hombre, si es que pensáis razonablemente, no son sus
ropas, lo exterior de él, sino su carácter, o sea lo interno. El traje, y más que nada el modo
de vestirse, pueden, sí, decirnos algo respecto de las condiciones del dueño; pero esos
indicios no pasan de ser reflejos p imágenes más o menos fieles de su naturaleza íntima.
Los fenómenos físicos que impresionan a nuestros órganos de la percepción,
tampoco son otra cosa que meros reflejos y el ropaje que cubre principios muy superiores:
LAS IDEAS. El bronce que tengo a la vista, es la envoltura con que el escultor viste, la que el
arte le ha inspirado; esta silla contiene del propio modo la material traducción del
pensamiento creador de quien la ha construido; y en la naturaleza toda, un árbol, un
insecto, una flor, son traducciones en forma material, de un lenguaje ideal en el verdadero
sentido de la palabra.
Semejante idioma no es comprendido por el sabio, que no se ocupa más que del
vestido de las cosas, de los fenómenos, y bastante tiene con esto. Los poetas y las mujeres
comprenden mejor el aludido y misterioso lenguaje que cualquier otra persona, y consiste
en que las mujeres y los poetas, instintiva-mente, conocen el amor universal. Pronto
veremos por,
qué la Magia es la ciencia del amor; pero entre tanto, volvamos a nuestro
coche.
Un carruaje, un caballo y un cochero, abarcan toda Filosofía, toda Magia, siempre
que, por supuesto, el vulgar fenómeno sea bien interpretado analógicamente y como
ejemplo de saber mirar.
¿Habéis observado cómo si el ser inteligente, el cochero, quiere hacer marchar a su
coche sin el auxilio del caballo, el coche no se mueve?
No os riáis ni me llaméis Perogrullo antes de oírme; os lo digo, porque precisamente
muchas personas se figuran que la Magia es el arte de hacer caminar a los coches sin
caballos que de ellos tiren, o sea, expresándonos en un lenguaje de más alta significación,
el de actuar sobre la materia por la sola eficacia de la voluntad, y sin ningún agente
transmisor o intermediario.
Sentado lo que precede, fijémonos bien en que en el ejemplo del coche, el cochero
no puede hacer que marche el vehículo sin el concurso de una fuerza motora, que
representa el caballo en el caso propuesto.
Habréis notado que el caballo es más fuerte que el cochero, lo que no impide que
éste, por medio de las riendas, utilice y se enseñoree de la fuerza bruta del animal sujeto a
las varas del carruaje.
Si habéis observado todas estas cosas, ya sois medio magos, y podremos continuar
con confianza nuestros estudios, si bien y ante todo, hemos de traducir vuestras
observaciones al lenguaje cerebral.
El cochero representa la inteligencia, y, más que nada, la voluntad, lo que gobierna el
conjunto, o lo que es lo mismo, el PRINCIPIO DIRECTOR. El coche representa la materia,
lo inerte, lo que soporta, o sea el PRINCIPIO MÓVIL.El caballo significa la fuerza. Obediente al cochero y actuando sobre el coche, el
caballo pone en movimiento al conjunto. Es, pues, el PRINCIPIO MOTOR, y al propio tiempo,
el intermediario entre el coche. y el cochero y el ENLACE que une lo que soporta a lo que
gobierna, es decir, la materia a la voluntad.
Si comprendéis claramente lo dicho, ya sabéis mirar un coche y estáis muy cerca de
conocer lo que es la Magia.
Ciertamente, que no puede ocultarse a vuestra percepción que toda la importancia del
arte de guiar el coche estriba en el de dirigir al caballo, en la manera de evitar sus
atranques y sus descarríos, en hacer que produzca el máximo de esfuerzo, en caso dado, en
el modo de prepararle y cuidarle para que pueda conllevar una larga carrera, etc.
Transportando estos datos de la comparación al terreno positivo de su significado,
tendremos, que el cochero es la voluntad humana, el caballo la vida idéntica en sus causas
y en sus efectos respecto de todas las cosas inanimadas y que la vida es el INTERMEDIARIO,
el ENLACE, sin el que la voluntad no puede actuar sobre la materia, del propio modo que el
cochero no actúa sobre el coche si se le priva del caballo.
Preguntad al médico lo que ocurre cuando vuestro cerebro no recibe la sangre
net;esaria para ejercer sus funciones. Llegado ese instante, la voluntad querrá poner en
movimiento al organismo; pero experimentaréis aturdimientos y desmayos que, a poco
que continúen, os privarán del sentido. La anemia equivale a la falta de dinamismo en la
sangre, y si ese dinamismo, esa fuerza que la sangre aporta a todos los órganos, incluso al
cerebral, lo llamamos oxígeno, calor u oxihemoglobina, no se habrá hecho otra cosa que
describir su exterior;' pero denomínesela fuerza vital y entonces quedará descrita con sus
verdaderos caracteres.
Ya véis cuán útil es mirar los coches que pasan por la calle: observad cómo el
caballo se convierte en la imagen de la sangre, o más bien, de la fuerza vital que actúa en
nuestro organismo y fácilmente admitiréis que el coche es la figura de nuestro cuerpo, y el
cochero la de nuestra voluntad.
Cuando la cólera nos exalta hasta el punto de perder la cabeza, la sangre sube al
cerebro, es decir, desbócase el caballo y ¡pobre del cochero si no tiene los puños firmes!
Entonces lo que le conviene es no abandonar las riendas, tirar de ellas con energía, sí fuere
necesario, y poco a poco, reducido el animal por estas manifestaciones de poder, recobra
la calma. Algo idéntico ocurre en el hombre: su cochero, o sea la voluntad, ha de influir
vigorosamente sobre el sentimiento de cólera; las bridas que atan la fuerza vital a la
voluntad, deben mantenerse en tensión y el ser recobrará pronto su sangre fría.
¿Qué ha necesitado el cochero para dar buena cuenta de las rebeldías de un ser cinco
veces más forzudo que él? Unas tiras de correa lo suficiente-mente largas y un bocado
bien puesto; he aquí todo. (...)


. (...)







Hay en la India ciertos individuos que durante muchos años se consagran al desarrollo de
particulares aptitudes para el manejo de las fuerzas hiperfísitas; nos referimos a los fakires. Entre
otros, realizan un experimento del cual he recogido la aseveración de las personas que lo
presenciaron y que merecen por su veracidad entera fe. Lo referido por todas ellas, coincide
exactamente con lo que se cuenta en las publicaciones de muchos sabios y viajeros.
Entrégase a un fakir un grano o semilla de cualquier clase, que escoge por sí mismo el
observador, le proporciona éste un poco de tierra y pónese dentro la semilla, depositando todo,
verbi gracia, sobre el piso comedor de la casa del testigo. El fakir, que está completamente
desnudo, salvo un estrecho cendal con que cubre sus genitales, se sitúa a un metro de distancia
del montón de tierra, sentado a la manera de Oriente. Fija entonces la mirada, va palideciendo su
fisonomía y queda inmóvil con los brazos extendidos hacia el grano. Un hipnotizador moderno
diría que el indio está en catalepsia y puede comprobarse que su cuerpo se enfría un poco.
Durante una o dos horas, el fakir permanece quieto en su postura y mientras tanto, la
semilla se convierte en planta que sale, se desarrolla y crece hasta llegar a la magnitud de un
metro o metro y medio. Si continúa el experimento por espacio de tres o cuatro horas, el vegetal
se cubre de flores y luego de frutos que se pueden comer.
He aquí sucintamente descrito el fenómeno del crecimiento de la planta que para nuestros
lectores no será cosa nueva, toda vez que el hecho se ha publicado en repetidas ocasiones
1
.¿Qué ha sucedido?
La voluntad del fakir pone en acción una fuerza capaz de desarrollar en algunas horas
la planta que en condiciones normales, con un año de cultivo, apenas si llegaría al propio
grado de crecimiento. Dicha fuerza no tiene muchos y diversos nombres de buen sentido;
pura y simplemente se llama vida.
Que la vida sea una resultante, o por el contrario la 'causa del movimiento orgánico,
no habremos de discutirlo ahora. Lo importante aquí consiste en observar claramente el
hecho de que la voluntad del operador ha influido sobre la latente vida del grano, y no tan
sólo promueve los germinadores efectos de la fuerza vital, sino que además le proporciona
elementos de acción más activos que los que ordinariamente le ofrece la naturaleza.
¿Implicará el caso un suceso sobrenatural? De ninguna manera, responderemos. El
fenómeno no demuestra otra cosa que la de haberse
exagerado o precipitado el desarrollo de un hecho normal. Trátase, sí, de una experiencia
mágica; pero nunca de algo que pugne y vaya contra las
leyes naturales.
Actuando sobre la vida de la planta es como el fakir influye sobre la
materia del vegetal. Pero ¿qué es lo que ha actuado sobre esa fuerza dormidaen la semilla? Las enseñanzas de la Ciencia Oculta nos permiten responder sin
vacilaciones. La propia fuerza vital del aperador, la fuerza que en su organismo produciría
los fenómenos atribuidos por los médicos a la vida vegetativa, a la vida orgánica del ser
humano.
El aspecto que confunde al observador acostumbrado a estudiar una fuerza física,
consiste en suponer que la vida pueda salir del hombre y actuar a distancia de él; pero el
análisis, por superficial que fuere, de los casos de curación producidos por los
magnetizadores de cincuenta años a esta parte, encamina en el acto al investigador hacia
el punto que querernos
señalarle.
Demos aún otra vez libre curso a nuestra manía, quizá fatigosa en alguna ocasión
para los lectores, de establecer ejemplos comparativos, y a propósito del fakir y de su
experiencia, pidamos a los carruajes fácil manera de ver lo que sucede.
El fakir puede ser comparado al conjunto del convoy, según ya sabemos, donde el
cochero representa la voluntad, el caballo la fuerza vital y el coche el organismo físico. El grano o semilla es otro convoy, cuyo coche significa una pesadísima carga para el
débil caballejo enganchado (la vida de la planta) y el conductor joven y sin experiencia,
incidentalmente se ha dejado dominar por la gana de dormir.
Llega el primer carruaje junto al segundo, y pensando el cochero de aquél en las
fatigas y en el mucho tiempo que el pobre caballito necesita pata trasponer la pendiente
del camino, muévese a compasión, desengancha su caballo para engancharle al otro coche
y despierta a su camarada que recobra las riendas. Hecho lo que antecede, coge a los dos
caballos por las bridas junto al bocado y comienza a animar a las bestias con sus voces.
En breve rato (cuatro horas) la pendiente (evolución del vegetal) que habría requerido
largo tiempo (un año) para ser recorrida en circunstancias habituales, queda traspuesta, y
cuando va está conseguido, el cochero-fakir recobra su caballo (la vida) y le engancha de
nuevo a su coche (el cuerpo), abandonado e inmóvil (catalepsia) en mitad del camino. ¿Veis ahora la acción del fakir sobre la planta? Si habéis comprendido, podéis daros
cuenta del papel que desempeña la vida en los experimentos de la Magia, y de todo ello
se deduce que la voluntad actúa precisamente sobre dicha fuerza. Por medio de la vida,
de la que la voluntad humana dispone, es como el hombre puede influir sobre la de otro
ser, visible o invisible. Pero dejemos esto para más adelante.
Las precedentes consideraciones nos permiten definir ya la Magia diciendo que es la
acción consciente de la voluntad sobre la vida. Sin embargo, opinamos que aun no
tenemos una definición completa.
La voluntad es una fuerza que existe en todos los seres humanos y no obstante, ¡qué
pocos son los que saben valerse cumplidamente de ella! Porque es necesario, no sólo
tener voluntad, sino saber utilizarla, y esto hay que con-seguirlo merced a la eficacia de
cierto sistema de educación y de desarrollo, única manera de llegar a semejantes
resultados. A la palabra voluntad añadiremos el adjetivo ejercitada, o mejor aún,
dinamizada, que indica un estado o efecto de educación.(...)

1 El autor refiere el caso con excesiva sobriedad de detalles, y si esto se justifica, respecto de los
lectores de Francia, por el hecho de ser bastante conocido desde anterior fecha, entre nosotros no
ocurre así. Además, conviene tener presente que el fakir deja escoger la semilla, el agua que para
regarla usa, el lugar donde se verifique el experimento, todo, en fin, menos la tierra, que ha de ser de
la apelmazada de los hormigueros de hormigas caris o blancas, y que resulta sobresaturada de ácido
fórmico, aunque se presta sin reparo a no tocarla recibiendo la que le den con tal de que sea de la
clase dicha.
"Una de las pretensiones más originales de los fakires —dice el escritor francés Jacolliot— es la
de influir de manera directa en la germinación de las plantas, activando su crecimiento de tal modo,
que en pocas horas pueden alcanzar el desarrollo que de ordinario exige meses y aun años.
"A mi paso por las ciudades de la India, he visto muchas veces este fenómeno que he
considerado como uno de los escamoteos mejor ejecutados, sin que por esta razón se me ocurriera
estudiar las circunstancias en que se verificaba.
"En uno de mis viajes a Benarés, conocí a Covindassamy, fakir afamado por las maravillas que
hacía; y aprovechando ocasión tan oportuna, me decidí a examinar de cerca su pretendida acción
sobre las plantas, hecho absurdo por entonces para mí, y con el ánimo de sorprenderle en flagrante
delito de superchería, vigilando rigurosamente sus actos.
"Cuando le manifesté mis deseos, me respondió con su flema habitual:
"—Estoy a
tus órdenes.
"Confieso que me desconcertó esta seguridad y aplomo, pero sin darlo a conocer, repliqué:"—¿Me dejas escoger la tierra, la vasija y la semilla?
"—La vasija y la semilla, sí; pero la tierra es necesario tomarla de un nido de varias.
"Ordené a mi cansama que trajera
£de mi casa una maceta de tamaño común y varias semillas de
especies diferentes, haciendo que antes de marchar y a ruegos, el fakir triturase entre dos piedras la
tierra, que era tan dura como escombros. Al cuarto de hora volvió con los objetos pedidos, que tomé de
sus manos, despidiéndole en el acto para evitar toda comunicación con Covindassamy. Entregué a éste
la maceta y la tierra, de color blanquecino por la gran cantidad de líquido lechoso que las hormigas
segregan en cada partícula cuando construyen sus viviendas, y la desleyó lenta-mente en agua, recitando
a la vez sus mentrams cuyas palabras yo no percibía. Juzgándola convenientemente preparada, me pidió la
semilla y algunos trozos de una tela blanca cualquiera. 'remé al azar de entre las que tenía, un grano de
papaya, y antes de dárselo, le pregunté si me permitía hacer en él una señal; a su respuesta afirmativa,
corté ligeramente la película y se la entregué juntamente con algunos metros de muselina.
"—Pronto voy a dormir el sueño de los espíritus —dijo Covindassamy—; júrame que no tocarás ni
a mi persona ni a la vasija. — Se lo ofrecí.
"Colocó la semilla en la tierra que parecía barro líquido: hundió su bastón de siete nudos en el
tiesto, y sirvióse de él como de un soporte, para poner extendida la muselina que acababa de darle. En
seguida se puso en cuclillas; extendió horizontal-mente ambos brazos por encima de aquel aparato, y
poco a poco cayó en un estado de completa catalepsia.
"Había prometido no tocarle e ignoraba si tal situación en él era real o simu-
lada, pero cuando vi que no hiciera el menor movimiento al cabo de media hora, tuve
que rendirme ante la evidencia, porque no creo capaz a ningún hcmbre, por muchas
que sean sus fuerzas, de tener los brazos en posición análoga, ni durante diez minutos.
"Transcurrió una hora sin que la más leve contracción muscular revelara la vida.
Desnudo casi por completo, de cuerpo luciente y tostado por el sol, con los ojos abiertos
y fija la mirada, el fakir semejaba una estatua de bronce en actitud de evocación mística.
"En un principio, me había colocado frente a él para no perder el menor detalle de la escena;
pero no pude soportar la acción de sus miradas, que medio extinguidas, parecían saturadas de efluvios
magnéticos. Hubo un momento en que me figuré que tcdo giraba, participando el fakir de aquella
monótona danza... Se había producido en mí una alucinación, originada, sin duda alguna, por la
tensión nerviosa al fijar los ojos en un solo objeto, y para librarme de ella, me levanté, sin perder de
vista a Covindassamy, que permanecía inmóvil como un cadáver, sentándome en un extremo del
terrado y concentrando alternativamente mi atención en el Gangas y en el fakir, evitando así una
influencia directa y prolongada.
"Dos horas habrían pisado cuando un ligero suspiro me sobresaltó; el fakir había vuelto en sí.
Hizo una seña para que me aproximara, y levantando la muselina que cubría a la maceta, me mostró un
tallo de papaya, con hojas verdes y frescas, de unos veinte centímetros de altura. Adivinando mi
pensamiento, Covindassamy metió los dedos en la tierra, que había perdido tcda la humedad, y
retirando suavemente la plantita, me enseñó en una de las dos películas que permanecían adheridas a
las raíces, la señal que hiciera yo en ella dos horas antes.
"¿Era la misma semilla?
.
Respcndo a esta pregunta con lo siguiente: no he no tado sustitución
alguna en el fakir, que no abandcné desde su llegada a la azotea, en donde experimentábrmos; no le he
perdido de vista un solo momento, y al venir a mi casa, ignoraba Covindassamy lo que iba a pedirle; no
podía ocultar una planta en sus vestidos, porque estaba casi desnudo, y aun en caso contrario, ¿es
posible que hubiera adivinado que yo esccgería fatalmente una semilla de papaya en medio de tantas
otras temo allí había? ¿No sería esto algo más prodigioso? Nada más puedo afirmar en hecho tan
inexplicable como extraño."
"Como para muchas personas —añade el Dr. Otero Acevedo (véase su notable estudio titulado
Fakirismo y ciencia)— la imaginación del orientalista francés es causa de que no sean admitidos como
verídicos sus relatos, diré en descargo de él que hechos análogos refieren el P. Hue en su obra Souvenir
d'un voyage dans la Tartarie et le Thibet, y si no recuerdo mal, el Padre Jesuita Bartoli, en uno de los
tres tomes de su obra L'Asia (Roma, 1663). Pero si dadas las corrientes de nuestra época, el testi- monio de estos dos misioneros —por ser tales—no merece crédito, en el Ns 197 del Capitán Fracassa
(correspondiente la 20 de julio de 1880), hállase un caso semejante referido por el viajero italiano Sr.
Pascarella, testigo ocular del hecho, al distinguido escritor Sr. Capuana.
El fakir habíase presentado, acompañado de su mujer e hijos, a la puerta del albergue que ocupaba
el explorador:
"Era un hombre hermoso —dice-- que parecía fundido en bronce. ¡Con unos ojos!... que no he
podido olvidar nunca: negros, con mirada apagada. Lo dibujé mientras él plantando en el suelo, y
reuniendo en un vértice tres bastoncitos de bambú, cubiertos todos con un chal viejo, formó una
especie de campana . Me presentó una almendra, indicándome que hiciera en la cáscara una señal para
reconocerla; y apenas se la hube dado, la enterró ante mi vista en una maceta que yo tenía; y así
dispuesto, colocó la maceta debajo de aquella campana. Entonces él, la mujer y los hijos, entonaron
una monótona cantinela acompañada con movimientos lentísimos de todo el cuerpo y repitiendo la
palabra ¡Dolu! ¡cíolu!, alzando y bajando la voz.
"Estaba a pocos pasos de distancia y seguía con curiosidad operación tan extraña. Al poco rato, el
fakir saca la maceta de la campana, mete los dedos en la tierra de aquélla y me enseña la almendra para
que la reconociera yo. En efecto era la misma, pero ya hendida y en germinación... Vueltas las cosas
como estaban al principio, y transcurridos algunos minutos, ¡Dolu! ¡dolu! ¡dolu !... Abrí enteramente
los ojos llenos de estupor. La yema de la almendra había llegado en su crecimiento a flor de tierra con
hojuelas desplegadas.
"¡Dolo! ¡dclu! ¡dolo!... y la planta había crecido diez centímetros.
";Dolu! ¡dohi! ¡d
s
Ju! v el arbolito creciera el doble y echara ya ramas y hojas...
"¡Dolo! ¡dolu! ¡dolul y... y casi dudé del testimonio de mis ojos cuando el almendro adouiró tal
altura y desarrollo de copa, que el chal puesto alrededor de las varillas de bambú no pudo contenerlo.
"
-Un fuego de prestidigitación?... ¿Una operación de magia?
"¿Chi lo sa?
"
,Quién lo sabe?
"
Cuy ntanse tantas maravillas de a
quellos
p
aíses, donde el conocimiento de las facultades superiores
del hombre, y el desarollo de las fuerzas psíquicas permite a los Afakires elevarse en el aire, sin aparato mecánico alguno, suspender la respiración y permanecer
enterrados varios meses para después revivir, etc., etc., que ésta, del crecimiento de las plantas, no sería
de las más sorprendentes.
Sin embargo, para nosotros, que nos creemos en posesión de la ciencia, estos hechos revisten tal
carácter de inverosimilitud, que hace muy difícil su admisión como cosa cierta y real. Presumimos de
que nadie sabe más que lo que en Europa se enseña, y no titubeamos en afirmar que, cuanto no está
conforme con nuestros cono-cimientos científicos es falso o absurdo. Y menos mal aún, cuando se
trata de buscar una explicación a los fenómenos, que hay personas tan envanecidas con lo que saben,
que si oyen algo que no conocen, se burlan desdeñosamente. Fuera para ellas perder el tiempo, creer en
lo que no han aprendido.
Refiriéndonos particularmente al caso del crecimiento espontáneo de los vegetales, recordaremos
que, hoy por hoy, la ciencia oficial no admite, ni aun como posible, el hecho, y que no ve en dicho
fenómeno otra cosa que un habilísimo juego de prestidigitación, o cuanto más, un efecto alucinatorio
del observador sugestionado por el fakir.
Esta es la opinión de un hombre de talento innegable: aludo al profesor Richet.
"Supongamos —dice—, un fakir que quiere demostrarme que tiene la facultad de hacer que
germine un grano y crezca una planta en algunos minutos. Desde luego me deja la elección de la
semilla; pero mientras los dos tenernos nuestro espíritu en tensión y fijos los ojos en el caso en que ha
sido sembrado el grano, me hipnotiza el fakir, gracias a la aptitud sumamente desarrollada que posee, y
me sugiere que vea en lugar de la semilla, un tallo de algunos centímetros de altura; si soy sugestionable;
es evidente que lo veré al despertar, y como las sugestiones pueden hacerse a largo plazo y aun a
distancia se comprende la gran variedad de fenómenos a que esto dará lugar". —Revue Scientifique,
número correspondiente al 13 de noviembre de 1838, segunda columna de la pág. 630)."
Así, como se ve, según el catedrático francés, no se trata de un hecho real, sino de un fenómeno
alucinatorio, sin existencia objetiva, es decir, sin realidad fuera de nosotros.
A pesar de tan autorizada opinión, creemos que el fakir influye sobre lo semilla, y que el hecho
puede explicarse mediante las nociones que de la vida, la actividad cerebral y las fuerzas nos da
actualmente la ciencia..."



















PAPUS



LA PARÁBOLA DEL CABALLO, EL CARRUAJE Y EL COCHERO IDISERTACIÓNHablando del estado interior del hombre mecánico, G. hizo muchas analogías. En algunaocasión comparó el estado interior de un hombre con un Carruaje, el Caballo y el Cochero —y subrayó la importancia de pensar en el significado de esas tres cosas distintas en elHombre—. Lo importante en esta analogía es que esas tres cosas distintas no están enrelaciones correctas unas con otras. El Cochero no está en la caja: el Caballo no está ali-mentado en debida forma, sus arneses no están bien enganchados a! Carruaje: y el Carruajemismo está en malas condiciones. "¿Cuál. preguntó una vez G. es la razón de todo esto? Larazón es que el Cochero está sentado en una taberna gastando su dinero en bebidas y no daalimento a su Caballo ni presta el debido cuidado al Carruaje. Con el fin de cambiar esteorden de cosas —dijo G.—, es necesario que el Cochero reciba un choque que lo despierte."Ahora bien, la interpretación de esta analogía o parábola puede ser encarada desde diferenteslados, algunos de los cuales ya fueron explicados. Esta noche me ocuparé en especial delpunto que el Cochero, después de haberse dado cuenta de su estado, tendrá que trepareventualmente a la caja del Carruaje —esto es, debe elevarse en su nivel para llegar a un lugarde control—. Pero es preciso comprender primero que es posible encarar el despertar delCochero en muchas etapas. Hay que sacudirlo para que despierte de su borrachera, y luegodebe levantarse y salir de la esfera de la taberna, y después observar el Caballo, y luego elCarruaje, y así sucesivamente. Después de ocuparse del Caballo y el Carruaje debe trepar a lacaja y finalmente asir las riendas y conducir el Carruaje de la mejor manera que pueda. Comoes sabido la parábola prosigue diciendo que si realiza todas estas cosas un cuarto factor
quizás
aparezca en escena —es decir, el Amo tal vez se halle sentado en el Carruaje y dando órdenesal Cochero indicándole a dónde debe ir. Pero, se agrega, el Amo nunca podrá sentarse en elCarruaje a menos que el Cochero esté en la caja y se haya apoderado de las riendas y hayahecho lo posible tanto para el Caballo como para el Carruaje. Esta parábola trata en realidadde todo el objeto del Trabajo. El objeto que se propone el Trabajo es el de alcanzar el "Yo"
42Real en uno mismo —a través de la larga senda interior que pasa por uno mismo, a través delRecuerdo de Sí y el trabajo sobre sí. El "Yo" Real es el verdadero Amo en la parábola. Nosenseñan que tal como somos no tenemos "Yo" Real ni tenemos estabilidad interior y nuncaconocemos lo que en realidad debemos hacer. En nuestro presente estado primero un "Yo" sehace cargo de nosotros y luego otro "Yo". Nuestro estado es comparable al que estárepresentado en la parábola de la Torre de Babel. Según esa parábola, aparentemente hemosgozado en otro tiempo de unidad interior pero algo falló y la multiplicidad apareció —a saber,en lugar de ser uno llegamos a ser muchos—. En general, nuestro Ser es definido en elTrabajo por la multiplicidad para distinguirlo del Ser de un Hombre Consciente. Somos unamultitud de diferentes "Yoes" que tiran de diferentes direcciones, todos con su propiavoluntad de sí, y lo que llamamos grandiosamente nuestra voluntad no es sino la resultante detodas esas diferentes voluntades. Así nuestra tarea es la de lograr la unidad, y ni un solo "Yo"que conocemos o podemos observar al presente tiene la suficiente fuerza para darnos estaunidad y ordenar y subordinar todos los demás "Yoes" en un todo. Sin embargo, podemosformar sustitutos para el "Yo" Real que,-empezando con el "Yo" Observante, son llamados enuna secuencia ascendente de importancia y poder Mayordomo Delegado Y Mayordomo.Mucha fortuna es tener un Mayordomo Delegado que se ocupe de los asuntos de nuestrohogar y aún más si se logra alcanzar el nivel en que el Mayordomo controla los asuntos. Peromás allá del Mayordomo está el Amo o "Yo" Real, cuyo logro es la principal de todas lasmetas. Vemos en la parábola del Caballo, el Carruaje y el Cochero que no hay probabilidadalguna de alcanzar el nivel donde existe el Amo o "Yo" Real o de oír su voz y recibir lasinstrucciones referentes a lo que debemos hacer con nuestra vida o no ser que despierteprimero de su sueño, del sopor en el que todos estamos sumergidos, que es representado porel Cochero sentado en la taberna sumido en el sueño de su borrachera. La primera tarea es,pues, la de despertar al Cochero porque a menos que esto tenga lugar nadie se ocupará delcaballo, ni tampoco del Carruaje. Se puede decir que el Carruaje representa el cuerpo y lagente piensa que basta empezar con el cuerpo, pero no es así —en efecto, puede sumir alCochero en un sueño más profundo—. ¿Cuál es el método empleado por el Trabajo paradespertar al Cochero y la naturaleza del choque que se debe dar? Si el Cochero se da cuentaque está dormido suele ser suficiente para que despierte. ¿Con qué se ha emborrachado? Unade las cosas es la imaginación. Estamos ebrios de imaginación He oído decir en el Trabajoque hubo un tiempo en que la humanidad sobre la Tierra progresaba demasiado rápidamenteen relación con la velocidad de desarrollo de la Luna y la Tierra y tenía que ser demorada. ElSuperintendente llamó al Ingeniero en jefe y le explicó en qué consistía la dificultad. Deresultas de ello se dio al Hombre la imaginación. Entonces desde aquella época todo anduvosin dificultad alguna. Lo imaginario reemplazó a lo real. Como es sabido, el Trabajo se refiereal "Yo" Imaginario. El Hombre cree poseer un "Yo" Real tal como es, del mismo modo queimagina ser plenamente consciente. Cree ser un individuo verdadero, que no experimentacambio alguno, que es permanente, dotado de plena voluntad y plena conciencia. No tiene"Yo" Real sino su imaginación que crea el "Yo" Imaginario en él. Se oculta a sí mismo suextremada debilidad interior por medio de la imaginación. Ahora bien, si un hombre se dacuenta que no tiene "Yo" Real, ni Voluntad Real, que todo cuanto ha sentido y pensado a esterespecto sobre sí mismo es simplemente llamado "Yo" Imaginario, entonces puede despertarde su ebriedad en la taberna donde gasta su dinero en imaginaciones. Este es un aspecto de laposición del Hombre desde el punto de vista esotérico. Tengamos presente que el problemadel esoterismo es siempre el mismo —a saber, cómo despertar al Hombre de su estado desueño y hacer que se dé cuenta que está dormido—. La enseñanza esotérica no sólo consideraal Hombre como un ser aún no consciente, sino como un ser que se ha embriagado con suimaginación y derrocha su fuerza en la falsedad y la violencia. Se ve entonces la necesidad deiniciar esta enseñanza con la observación de nuestro sueño. Todas las formas de enseñanza
son completamente inútiles a menos que el Cochero despierte. Es fácil ver la razón de esteorden de cosas. La enseñanza impartida a un hombre que está bebiendo en una taberna sóloserá recibida por su imaginación y aumentará su estado de sueño. Si se le dice que es un ángelde los Cielos lo creerá y beberá más que nunca. Por cierto esto aumentará su estado de sueño,su. estado de imaginación. Muchas buenas personas se entregan a esta forma de bebida.Desdichadamente hay muchas otras clases de enseñanza cuyo fin es producir este efecto —esdecir, las seudo-enseñanzas que sólo acrecientan la imaginación—. En el Trabajo, empero, nonos dan nada que pueda alimentar lo que imaginamos acerca de nosotros mismos, sino todo locontrario. En esta enseñanza no encontré nada de lisonjero. No es ninguna lisonja, porejemplo, el que nos digan que somos máquinas que carecen de "Yo" Real, que no somos sinoretratos de nosotros mismos, que lo que llamamos "Yo" es sólo imaginación, que carecemosde Voluntad Real, que somos una masa de contradicciones que nada advierte debido a laenorme cantidad de topes y las diferentes formas e almohadillas que tenemos, que aun nosomos conscientes, y así en lo sucesivo. No es agradable el que nos digan que somosmecánicos, tan sólo máquinas, y que nada hacemos conscientemente. Pero esta clase deenseñanza no tiende a prolongar nuestro sueño en la taberna si la valoramos y la aplicamos anosotros mismos. Cuando nos damos cuenta, aun en pequeñísimo grado, que somosmecánicos, y que esa máquina, sobre la que se cierne el "Yo" Imaginario, hace todo —experimentamos un choque. Ese choque tal vez no sea otra cosa al comienzo que unsentimiento de inquietud por no ser lo que hasta ahora suponíamos ser. Con todo, aun esesentimiento es el comienzo del despertar y se acrecentará si lo nutrimos porque es la verdad.Todo despertar tiene un sabor amargo —como retornar a la escuela—. Ahora bien, cuando unhombre despierta del sueño empieza hasta cierto punto a recordarse a sí mismo, no a su "Yo"Imaginario, sino algo más profundo, que eventualmente llevará al "Yo" Real, que es nuestraverdad. Empero el poder de la imaginación es tan grande que las gentes no desean despertar yexperimentar siquiera momentáneamente el áspero sabor que acompaña a los momentos demayor conciencia. Tratan de ahogarlo, aun cuando su sufrimiento y desdicha en las cuestionesde la vida ordinaria sean muy grandes. Se ven personas tan fastidiadas por una cosa u otra, delas cuales podrían escapar si despertaran, que prefieren deliberadamente su fastidio antes queenfrentarse con el despertar y levantarse y salir de la taberna y ocupar el lugar que lecorresponde en la caja de su propio carruaje

MAURICE NICOLLCOMENTARIOS PSICOLÓGICOSSOBRE LAS ENSEÑANZAS DEGURDJIEFF Y OUSPENSKY

http://es.scribd.com/doc/110939180/Nicoll-Maurice-Comentarios-psicologicos-sobre-las-ensenanzas-de-Gurdjieff-y-Ouspensky-volumen-3


(...)

El hombre considerado como un todo, con sus distintas localizaciones funcionando separadamente, o mejor, con todas sus "personalidades" formadas y educadas independientemente unas de otras, ofrece una similitud casi perfecta con el carruaje destinado al transporte de un pasajero, compuesto de un coche, de un caballo y de un cochero.
Es preciso notar ante todo que la diferencia entre un verdadero hombre y un pseudo-hombre, es decir, entre el hombre que tiene su propio "Yo" y el que no lo tiene, se hace evidente, en esta comparación, por el pasajero sentado en el carruaje. En el primer caso, el del verdadero hombre, el pasajero es el amo; mientras que en el segundo, el pasajero no es sino el primer transeúnte que llega, quien, como el cliente de un "coche-taxi", cambia a cada momento.
El cuerpo físico del hombre, con todas sus manifestaciones reflejomotrices, corresponde simplemente al carruaje mismo; el conjunto del funcionamiento y de las manifestaciones del sentimiento corresponde al caballo uncido al carruaje, y del cual tira; en cuanto al cochero en su asiento, quien conduce al caballo, éste representa lo que llaman comúnmente el consciente o el pensar; finalmente, el pasajero sentado en el carruaje, y que da órdenes al cochero, es lo que se llama el "Yo".

Toda la desgracia de los hombres contemporáneos se debe esencialmente al hecho de que como consecuencia de los métodos de educación anormales infligidos por todas partes a la generación joven, la cuarta personalidad, que debería estar presente en todo hombre que ha llegado a la edad responsable, les falta por completo; y casi todas contienen únicamente las tres primeras partes enumeradas, que además se han formado por sí solas, y de cualquier manera. En otras palabras, los hombres contemporáneos de edad responsable no representan nada más que un "coche-taxi",. y ¡en qué estado! ... un coche deteriorado, cuyos días felices ya se han ido ... un viejo rocinante ... y en el asiento, un cochero andrajoso, medio dormido, medio borracho. que pasa el tiempo, asignado por la Madre Naturaleza para el perfeccionamiento de sí, esperando en las esquinas de las calles, perdido en sueños fantásticos, a algún pasajero ocasional. El primer transeúnte que llega lo llama, lo alquila por hora, dispone de él a su antojo, y no solamente de él, sino de todas las partes del carruaje que le están subordinadas.

Si proseguimos con esta comparación entre un hombre contemporáneo típico, con sus pensamientos, sus sentimientos, su cuerpo, y un coche-taxi con caballo y cochero, nos aparecerá claramente que en cada una de las partes que constituyen esos dos agregados han de formarse hábitos, necesidades y gustos netamente definidos, que no pertenecen sino a dicha parte. En efecto, conforme a su diversidad de origen, a las condiciones de su formación y a sus posibilidades particulares, han de constituirse en cada una de ellas su propio psiquismo, sus propias nociones, sus propias reglas subjetivas, sus propios puntos de vista, y así sucesivamente ...

El conjunto de las manifestaciones del pensar humano, con todas las inherencias propias de su funcionamiento y todas sus particularidades específicas, corresponde en casi todos sus aspectos a la esencia y a las manifestaciones de un típico cochero de plaza.

Es, como todos los cocheros de plaza en general, del tipo "Isidoro". No es completamente iletrado, ya que la legislación de su país ha decretado la "instrucción pública obligatoria" y en su infancia tuvo que gastar de tiempo en tiempo el fondo de su pantalón en los bancos de la "escuela de hermanos de la parroquia".

Aun cuando él mismo viene del campo y ha permanecido tan ignorante como sus compañeros que se quedaron en el pueblo, sin embargo, llamado por su profesión a rozarse con gente de nivel y educación diferentes, ha recogido de aquí y de allá toda una colección de expresiones que abarcan nociones variadas; y ahora mira desde sus alturas, con perfecto desdén, todo lo que viene del pueblo, rechazándolo con indignación como "obscurantismo".

En resumen, es un tipo a quien se aplica perfectamente este adagio: "Corneja, corneja, pierdes tu tiempo, jamás serás un pavo real".

Se considera a sí mismo competente, hasta en materia de religión, de política y de sociología. Con sus iguales, le gusta discutir; a aquellos que considera inferiores a él, los enseña; con sus superiores, se muestra adulador, servil; "se pone en cuatro patas ante ellos".

Una de sus mayores debilidades es la de correr tras las mucamas y las cocineras del barrio, pero lo que le gusta por encima de todo, es, después de una gran cuchipanda, saborear una o dos copitas; luego de lo cual, plenamente saciado, medio amodorrado, sueña ...

Para satisfacer sus debilidades, roba regularmente una parte del dinero que le ha confiado su amo para el forraje del caballo.

Como todo "mercenario", nuestro Isidoro no anda sino a garrotazos, y si le da por hacer algo sin ser acosado, siempre es en espera de una propina.

Esa atracción de la propina lo ha llevado poco a poco a adivinar ciertas debilidades de la gente con quien trata, para sacar provecho de ellas, y automáticamente ha aprendido a valerse de artimañas, a adular, y a "untar vaselina", en dos palabras, a mentir.

Tan pronto se presenta una ocasión y él tiene un momento libre, se cuela en un café o en un bar donde se queda horas soñando despierto ante un vaso de vino, conversando con un tipo de su especie, o bien leyendo el periódico.

Trata de tener aspecto imponente, lleva barba y, si es flaco, rellena su indumentaria a fin de parecer más importante.

En cuanto al centro del sentimiento, el conjunto de sus manifestaciones y el sistema entero de su funcionamiento corresponden de lo mejor al caballo del "coche-taxi".

Esta comparación del caballo y de la organización del sentimiento humano nos permitirá además poner en evidencia el carácter erróneo y unilateral de la educación infligida hoy a la generación joven.

El caballo, como consecuencia de la negligencia de que dieron prueba todos los que lo rodearon desde su más tierna edad, y por el hecho de su constante soledad, se ha encerrado de cierto modo en sí mismo: en otras palabras, su "vida interior" se ha visto reprimida, y él ya no dispone, para sus manifestaciones exteriores, más que de la sola fuerza de inercia.

Debido a las anormales condiciones circundantes jamás ha recibido educación especial; ha crecido y se ha formado bajo la sola influencia de palizas brutales y de perpetuas vociferaciones.

Siempre lo han mantenido con trabas; y en cuanto a su alimento, a guisa de heno y de avena, nunca ha recibido más que paja, lo cual en nada corresponde a sus necesidades reales.

No habiendo percibido jamás en ninguna manifestación de quienes lo rodean, el menor signo de ternura o de amistad, el caballo está listo ahora a darse con todo su ser a quien le haga la menor caricia.

Tan es así que las tendencias del caballo, privado de toda aspiración y de todo interés, deben concentrarse inevitablemente en comer, beber y en una atracción automática por el otro sexo; por eso ronda siempre ahí donde puede satisfacerlas y si por casualidad divisa algún paraje donde una de sus necesidades ha sido satisfecha tan sólo una vez, aguarda el momento propicio para escapar hacia allá.

Hay que agregar además que, aun teniendo una comprensión muy débil de sus deberes, el cochero es, a pesar de todo, capaz de pensar, por lo menos un poco lógicamente, y teniendo en cuenta el mañana, buscar, por temor a perder su empleo, o con la esperanza de recibir una recompensa, hacer algo por su amo sin verse literalmente forzado a ello. Pero el caballo, falto de toda educación especial, adaptada a su naturaleza, no ha recibido en el tiempo requerido ningún dato que le permita manifestar las aspiraciones que exige una existencia responsable; por lo tanto no puede comprender, y no puede siquiera esperarse de él que comprenda, por qué debería él hacer algo. De modo que considera sus obligaciones con una total indiferencia y sólo trabaja por temor a una paliza suplementaria.

En cuanto al carruaje, que en nuestra analogía corresponde al cuerpo considerado aisladamente de las otras partes independientes de la presencia general del hombre, su situación es aún peor.

Ese carruaje, como todos los carruajes, está hecho de materiales diversos. Su construcción es de lo más complicada. Había sido destinado - lo cual parecerá evidente a todo hombre de juicio sano - al transporte de toda clase de carga, y no al uso que de él se hace hoy, es decir, sólo al transporte de clientes de paso.

La causa principal de los innumerables malentendidos de los que es víctima se debe al hecho de que había sido previsto para circular por los caminos vecinales, y a que los maestros carroceros habían dispuesto en consecuencia ciertos detalles interiores de su construcción.

Por ejemplo, el principio de engrase - que es una de las principales necesidades de un vehículo hecho de materiales múltiples - había sido concebido de tal manera que la grasa pudiera esparcirse por todas las piezas metálicas, bajo la sola acción de las sacudidas debidas a los tumbos inevitables en tales caminos. Pues bien, ese carruaje, destinado a pequeños caminos vecinales, se estaciona la mayor parte del tiempo en la ciudad, y cuando rueda, es por avenidas asfaltadas, planas como mesas de billar.

A falta de sacudidas, el engrase de todas las piezas ya no se hace uniformemente; de modo que algunas de ellas acaban por oxidarse y ¡dejas de cumplir la función que les había sido asignada.

Por regla general, un carruaje rueda bien mientras sus partes móviles están bien engrasadas. Cuando no lo están suficientemente, se recalientan y, al ponerse al rojo, dañan las piezas vecinas. Además, si hay exceso de grasa en alguna parte, la buena marcha del carruaje peligra. En uno u otro caso, se hace cada vez más difícil para el caballo tirar de él.

El cochero contemporáneo, nuestro "Isidoro", ignora todo esto. No tiene la menor idea de esa necesidad de un engrase uniforme de su carruaje, e incluso si lo engrasa, lo hace sin verdadero conocimiento, de oídas, siguiendo ciegamente las sugerencias del primero que pasa.

Así que, cuando ese carruaje, ahora más o menos adaptado a carreteras planas, debe, por alguna razón, arriesgarse por un atajo, siempre le sucede algo: a veces es una tuerca que salta; otras es un perno que se tuerce - siempre hay una pieza que se descompone: y después de tales tentativas, el viaje raramente termina sin reparaciones más o menos considerables.

En todo caso, se ha vuelto hoy cada vez más peligroso usar ese carruaje para los fines a los que estaba destinado.

Si uno se pone a repararlo, hay que desmontar todo primero, examinar las piezas una por una, y como siempre en semejante caso, bancarias en petróleo para limpiarlas bien, antes de montarlas de nuevo. Además, muy a menudo, resulta urgente cambiar una pieza importante; todo esto no es grave si sólo se trata de una pieza económica, pero a veces sucede que la reparación cuesta más que la compra de un coche nuevo.

Pues bien, está claro que todo cuanto se ha dicho a propósito de las distintas partes cuyo ensamblaje constituye un "coche-taxi" se aplica exactamente a la organización general de la presencia del hombre.

Por la ausencia, entre nuestros contemporáneos, de todo conocimiento y de toda capacidad para preparar convenientemente a los adolescentes con miras a una existencia responsable, educando las diferentes partes que componen su presencia general, cada hombre parece hoy como algo verdaderamente absurdo y cómico en extremo, que presenta, volviendo a nuestro ejemplo, un cuadro como el siguiente:

Un carruaje último modelo, apenas salido de la fábrica, barnizado por auténticos carroceros alemanes de la ciudad de Barmen, y entre las varas, esa clase de caballo que llaman en el país de Trancaucasia un "dglozi-dzi". ("Dzi" quiere decir: caballo; "Dgloz" era el nombre de cierto armenio, experto en el arte de comprar y desollar jamelgos.)

En el asiento de ese carruaje de gran estilo está un cochero somnoliento, mal afeitado, hirsuto, con una levita grasienta que ha recogido en el basurero donde la había tirado como un harapo, Menegilda la ayudante de cocina. En la cabeza reluce un nuevo y flamante sombrero de copa, réplica exacta del de Rockefeller, mientras en su solapa resplandece un enorme crisantemo.

Y el hombre contemporáneo ha de presentar inevitablemente ese aspecto bufón, pues desde el primer día de su aparición, esas tres partes formadas en él -las que a pesar de ser de origen diferente y poseer cada. una de ellas unas propiedades de calidad distinta, habrían debido, sin embargo, para servir a una meta única, desde la entrada del hombre en la existencia responsable, constituir por su conjunto mismo su "todo integral"- comienzan a “vivir aisladamente", por así decir, y a fijarse cada una en manifestaciones específicas sin acostumbrarse nunca a prestarse mutuamente el soporte automático indispensable, ni a comprenderse unas a otras, aunque fuese de manera aproximada; así que, más tarde, cuando se requieren manifestaciones concertadas, éstas no pueden producirse.

Por cierto, gracias al “sistema de educación de la nueva generación", ya sólidamente establecido en la vida del hombre - y cuyo único principio consiste en enseñar a los alumnos a repetir de memoria, hasta embrutecerlos completamente, una multitud de palabras y expresiones faltas de sentido, y a hacerles reconocer, por la sola diferencia de sonoridad, la realidad que estas palabras se supone significan- el cochero es todavía capaz de explicar mal que bien a aquellos que son de su mismo tipo, los deseos que él experimenta, y a veces de comprender un poco a sus semejantes.

Por su cháchara con los demás cocheros, mientras espera clientes, y por su "flirteo" repetido en el umbral de las puertas con las sirvientas del vecindario, nuestro Isidoro ha llegado a asimilar diversas formas del "savoir-vivre".

Se ha adaptado igualmente a las condiciones exteriores de la vida de los cocheros en general; por ejemplo, se ha automatizado a distinguir una calle de otra y a encontrar frente a una vía interrumpida por causa de reparaciones, cualquier otro camino para llegar a la dirección solicitada.

¡Pero el caballo ... Aún cuando es cierto que esa funesta invención contemporánea que llaman "educación" no se extiende hasta él -lo cual protege a sus facultades hereditarias de la atrofia- su formación se efectúa, sin embargo, en las condiciones anormales del proceso de existencia ordinaria; crece así olvidado de todos, como un huérfano, y por añadidura maltratado, sin adquirir nada que corresponda ni al psiquismo bien determinado de su cochero, ni a su saber, de modo que permanece completamente ignorante de las formas de las relaciones recíprocas vueltas habituales al cochero, y no se establece entre ellos en definitiva ningún contacto que les permita comprenderse.

A pesar de eso, puede que, en su vida encerrada, el caballo llegue a descubrir alguna forma de relación con su cochero, y hasta familiarizarse con algún "lenguaje"; pero por desgracia el cochero lo ignora y ni siquiera sospecha que eso sea posible.

Aparte el hecho de que, en esas condiciones anormales, no se constituye ningún dato entre el caballo y el cochero para permitirles, por poco que sea, comprenderse automáticamente, hay además muchas razones exteriores, independientes de ellos, que les arrebatan toda posibilidad de alcanzar juntos la meta única a la que fueron destinados.

En efecto, así como las diferentes partes independientes de un "coche-taxi" están ligadas entre sí, el coche al caballo por las varas y el caballo al cochero por las riendas, asimismo, todas las distintas partes de la organización general del hombre están ligadas entre sí, el cuerpo con la organización del sentimiento por la sangre, Y la organización del sentimiento con la del pensar por lo que se llama "ganbledzoin", o sea por esa substancia que se constituye en la presencia general del hombre a partir de todos los esfuerzos eserales intencionalmente cumplidos.

El deplorable sistema de educación actual ha llevado a tal resultado que el cochero ha dejado de tener la más mínima influencia sobre su caballo; apenas si puede suscitar en el consciente del animal, por medio de las riendas, estas tres ideas: derecha, izquierda y alto.

Aunque eso no siempre es así, pues las riendas generalmente están hechas de materiales que reaccionan a todos los fenómenos atmosféricos: por ejemplo, bajo una lluvia torrencial, se hinchan y se alargan; cuando hace calor, sucede lo contrario; de modo que su acción sobre la sensibilidad automatizada de percepción del caballo es variable.
Lo mismo se produce en la organización general del hombre ordinario cuantas veces se modifica en él, bajo el efecto de una impresión cualquiera, lo que podría llamarse "la densidad y el ritmo del ganbledzoin": su pensamiento pierde entonces toda posibilidad de acción sobre la organización del sentimiento.
Así pues, resumiendo todo cuanto acaba de decirse, debemos, querámoslo o no, reconocer que todo hombre debe esforzarse por tener su propio "Yo"; de otro modo, no será jamás sino un "coche-taxi" en el cual podrá tomar asiento cualquier pasajero, quien dispondrá de él a su antojo.

G. Gurdjieff. Relatos de Belcebú a su nieto.


Última edición por mariocesar el Dom Nov 18, 2012 4:35 pm, editado 5 veces
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Re: El cochero, los caballos y el carruaje .

Mensaje  mariocesar el Dom Nov 18, 2012 3:11 pm

Toda la desgracia de los hombres contemporáneos se debe esencialmente al hecho de que como consecuencia de los métodos de educación anormales infligidos por todas partes a la generación joven, la cuarta personalidad, que debería estar presente en todo hombre que ha llegado a la edad responsable, les falta por completo; y casi todas contienen únicamente las tres primeras partes enumeradas, que además se han formado por sí solas, y de cualquier manera.

En otras palabras, los hombres contemporáneos de edad responsable no representan nada más que un "coche-taxi",. y ¡en qué estado! ... un coche deteriorado, cuyos días felices ya se han ido ... un viejo rocinante ... y en el asiento, un cochero andrajoso, medio dormido, medio borracho. que pasa el tiempo, asignado por la Madre Naturaleza para el perfeccionamiento de sí, esperando en las esquinas de las calles, perdido en sueños fantásticos, a algún pasajero ocasional.

El primer transeúnte que llega lo llama, lo alquila por hora, dispone de él a su antojo, y no solamente de él, sino de todas las partes del carruaje que le están subordinadas.
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iyengar

Mensaje  Invitado el Dom Nov 18, 2012 10:25 pm

hace tiempo vi este ejemplo en un libro de iyengar
voy hacer un repaso, corregidme si me equivoco:

elementos a distinguir:

CARRUAJE/ ...... para guerreros el nagual


-dirigente/conductor
......... mente en paz
-làtigo/riendas ...... el medio o canal que utiliza nuestra mente en paz para alcanzar un objetivo .... es lo que comunica lo divino con lo terrenal, los caballos.

-ocupante ..... es el espectador y a la vez la expresiòn màs elevada de todo el complejo pues abarca el fin y el motivo de la existencia del carruaje, sin ocupante no hay ni viaje ni camino. Es LA VOLUNTAD, digamos que es la suma de las todas las anteriores (incluyendo las del caballo). La acciòn o suma de todos los elementos entrelazados harmonicamente sin que existan resistencias es lo que en lenguaje guerreril se denomina impecabilidad.

lenguaje interno que une esto es la voz del ver, la voz de tu conciencia, no confundir con la de abajo


CABALLOS/ ...... para guerreros el tonal

-cuerpo fìsico, cuerpo emocional, cuerpo mental
........ es decir, todo lo conocido, e incluso mucho de lo que creemos conocer sobre el carruaje (el nagual) no dejan de ser mas que nuestras ilusiones intelectualizadas y nagualizadas, nuestros ideales y proyecciones de lo que debe ser lo DESCONOCIDO, infundadas por nuestra ingenuidad del momento.

aquì el lenguaje interno es nuestra radio patio personalizada que no consigue màs que estrellar el vehìculo, esta voz es tambien una conciencia, conciencia individual que debe limpiarse hasta la saciedad

que bien me se la teoria
eh!!!
no soy un hipòcrita, asi que he de decir aquellos que leen este patio, que servidor, ante todo es experto en vueltas de campana
cuando quieran un cursillo de autoproteccion, entonces pregunten



Recuerdo un extracto de un libro de C.C donde se decia que una de las cosas màs impresionantes que un brujo podia presenciar era ver como la voluntad se transformaba en intento, o era al revès?

Wink


Última edición por matarile el Dom Nov 18, 2012 10:53 pm, editado 4 veces

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Re: El cochero, los caballos y el carruaje .

Mensaje  Invitado el Dom Nov 18, 2012 10:45 pm

ahora entiendo

la vida es un tiro por la culata
ya que la conciencia nos entra por ahì, por la culata (que no el culo cyclops )
el cuerpo fìsico es el primero (filtra) y a su vez el ùltimo (manifiesta)

la vida (conciencia)
tiro por la culata (nos entra por detràs cyclops )

entonces es bueno que me hayan puesto el culo como un tomate, conciencia por ahì me entra a raudales
Wink

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papus

Mensaje  Invitado el Lun Nov 19, 2012 8:47 am

mariocesar escribió:PAPUS



LA PARÁBOLA DEL CABALLO, EL CARRUAJE Y EL COCHERO IDISERTACIÓN
Hablando del estado interior del hombre mecánico, G. hizo muchas analogías. En algunaocasión comparó el estado interior de un hombre con un Carruaje, el Caballo y el Cochero —y subrayó la importancia de pensar en el significado de esas tres cosas distintas en elHombre—. Lo importante en esta analogía es que esas tres cosas distintas no están enrelaciones correctas unas con otras. El Cochero no está en la caja: el Caballo no está ali-mentado en debida forma, sus arneses no están bien enganchados a! Carruaje: y el Carruajemismo está en malas condiciones. "¿Cuál. preguntó una vez G. es la razón de todo esto? Larazón es que el Cochero está sentado en una taberna gastando su dinero en bebidas y no daalimento a su Caballo ni presta el debido cuidado al Carruaje. Con el fin de cambiar esteorden de cosas —dijo G.—, es necesario que el Cochero reciba un choque que lo despierte."Ahora bien, la interpretación de esta analogía o parábola puede ser encarada desde diferenteslados, algunos de los cuales ya fueron explicados. Esta noche me ocuparé en especial delpunto que el Cochero, después de haberse dado cuenta de su estado, tendrá que trepareventualmente a la caja del Carruaje —esto es, debe elevarse en su nivel para llegar a un lugarde control—. Pero es preciso comprender primero que es posible encarar el despertar delCochero en muchas etapas. Hay que sacudirlo para que despierte de su borrachera, y luegodebe levantarse y salir de la esfera de la taberna, y después observar el Caballo, y luego elCarruaje, y así sucesivamente. Después de ocuparse del Caballo y el Carruaje debe trepar a lacaja y finalmente asir las riendas y conducir el Carruaje de la mejor manera que pueda. Comoes sabido la parábola prosigue diciendo que si realiza todas estas cosas un cuarto factor
quizás
aparezca en escena —es decir, el Amo tal vez se halle sentado en el Carruaje y dando órdenesal Cochero indicándole a dónde debe ir. Pero, se agrega, el Amo nunca podrá sentarse en elCarruaje a menos que el Cochero esté en la caja y se haya apoderado de las riendas y hayahecho lo posible tanto para el Caballo como para el Carruaje. Esta parábola trata en realidadde todo el objeto del Trabajo. El objeto que se propone el Trabajo es el de alcanzar el "Yo"
42Real en uno mismo —a través de la larga senda interior que pasa por uno mismo, a través delRecuerdo de Sí y el trabajo sobre sí. El "Yo" Real es el verdadero Amo en la parábola. Nosenseñan que tal como somos no tenemos "Yo" Real ni tenemos estabilidad interior y nuncaconocemos lo que en realidad debemos hacer. En nuestro presente estado primero un "Yo" sehace cargo de nosotros y luego otro "Yo". Nuestro estado es comparable al que estárepresentado en la parábola de la Torre de Babel. Según esa parábola, aparentemente hemosgozado en otro tiempo de unidad interior pero algo falló y la multiplicidad apareció —a saber,en lugar de ser uno llegamos a ser muchos—. En general, nuestro Ser es definido en elTrabajo por la multiplicidad para distinguirlo del Ser de un Hombre Consciente. Somos unamultitud de diferentes "Yoes" que tiran de diferentes direcciones, todos con su propiavoluntad de sí, y lo que llamamos grandiosamente nuestra voluntad no es sino la resultante detodas esas diferentes voluntades. Así nuestra tarea es la de lograr la unidad, y ni un solo "Yo"que conocemos o podemos observar al presente tiene la suficiente fuerza para darnos estaunidad y ordenar y subordinar todos los demás "Yoes" en un todo. Sin embargo, podemosformar sustitutos para el "Yo" Real que,-empezando con el "Yo" Observante, son llamados enuna secuencia ascendente de importancia y poder Mayordomo Delegado Y Mayordomo.Mucha fortuna es tener un Mayordomo Delegado que se ocupe de los asuntos de nuestrohogar y aún más si se logra alcanzar el nivel en que el Mayordomo controla los asuntos. Peromás allá del Mayordomo está el Amo o "Yo" Real, cuyo logro es la principal de todas lasmetas. Vemos en la parábola del Caballo, el Carruaje y el Cochero que no hay probabilidadalguna de alcanzar el nivel donde existe el Amo o "Yo" Real o de oír su voz y recibir lasinstrucciones referentes a lo que debemos hacer con nuestra vida o no ser que despierteprimero de su sueño, del sopor en el que todos estamos sumergidos, que es representado porel Cochero sentado en la taberna sumido en el sueño de su borrachera. La primera tarea es,pues, la de despertar al Cochero porque a menos que esto tenga lugar nadie se ocupará delcaballo, ni tampoco del Carruaje. Se puede decir que el Carruaje representa el cuerpo y lagente piensa que basta empezar con el cuerpo, pero no es así —en efecto, puede sumir alCochero en un sueño más profundo—. ¿Cuál es el método empleado por el Trabajo paradespertar al Cochero y la naturaleza del choque que se debe dar? Si el Cochero se da cuentaque está dormido suele ser suficiente para que despierte. ¿Con qué se ha emborrachado? Unade las cosas es la imaginación. Estamos ebrios de imaginación He oído decir en el Trabajoque hubo un tiempo en que la humanidad sobre la Tierra progresaba demasiado rápidamenteen relación con la velocidad de desarrollo de la Luna y la Tierra y tenía que ser demorada. ElSuperintendente llamó al Ingeniero en jefe y le explicó en qué consistía la dificultad. Deresultas de ello se dio al Hombre la imaginación. Entonces desde aquella época todo anduvosin dificultad alguna. Lo imaginario reemplazó a lo real. Como es sabido, el Trabajo se refiereal "Yo" Imaginario. El Hombre cree poseer un "Yo" Real tal como es, del mismo modo queimagina ser plenamente consciente. Cree ser un individuo verdadero, que no experimentacambio alguno, que es permanente, dotado de plena voluntad y plena conciencia. No tiene"Yo" Real sino su imaginación que crea el "Yo" Imaginario en él. Se oculta a sí mismo suextremada debilidad interior por medio de la imaginación. Ahora bien, si un hombre se dacuenta que no tiene "Yo" Real, ni Voluntad Real, que todo cuanto ha sentido y pensado a esterespecto sobre sí mismo es simplemente llamado "Yo" Imaginario, entonces puede despertarde su ebriedad en la taberna donde gasta su dinero en imaginaciones. Este es un aspecto de laposición del Hombre desde el punto de vista esotérico. Tengamos presente que el problemadel esoterismo es siempre el mismo —a saber, cómo despertar al Hombre de su estado desueño y hacer que se dé cuenta que está dormido—. La enseñanza esotérica no sólo consideraal Hombre como un ser aún no consciente, sino como un ser que se ha embriagado con suimaginación y derrocha su fuerza en la falsedad y la violencia. Se ve entonces la necesidad deiniciar esta enseñanza con la observación de nuestro sueño. Todas las formas de enseñanza
son completamente inútiles a menos que el Cochero despierte. Es fácil ver la razón de esteorden de cosas. La enseñanza impartida a un hombre que está bebiendo en una taberna sóloserá recibida por su imaginación y aumentará su estado de sueño. Si se le dice que es un ángelde los Cielos lo creerá y beberá más que nunca. Por cierto esto aumentará su estado de sueño,su. estado de imaginación. Muchas buenas personas se entregan a esta forma de bebida.Desdichadamente hay muchas otras clases de enseñanza cuyo fin es producir este efecto —esdecir, las seudo-enseñanzas que sólo acrecientan la imaginación—. En el Trabajo, empero, nonos dan nada que pueda alimentar lo que imaginamos acerca de nosotros mismos, sino todo locontrario. En esta enseñanza no encontré nada de lisonjero. No es ninguna lisonja, porejemplo, el que nos digan que somos máquinas que carecen de "Yo" Real, que no somos sinoretratos de nosotros mismos, que lo que llamamos "Yo" es sólo imaginación, que carecemosde Voluntad Real, que somos una masa de contradicciones que nada advierte debido a laenorme cantidad de topes y las diferentes formas e almohadillas que tenemos, que aun nosomos conscientes, y así en lo sucesivo. No es agradable el que nos digan que somosmecánicos, tan sólo máquinas, y que nada hacemos conscientemente. Pero esta clase deenseñanza no tiende a prolongar nuestro sueño en la taberna si la valoramos y la aplicamos anosotros mismos. Cuando nos damos cuenta, aun en pequeñísimo grado, que somosmecánicos, y que esa máquina, sobre la que se cierne el "Yo" Imaginario, hace todo —experimentamos un choque. Ese choque tal vez no sea otra cosa al comienzo que unsentimiento de inquietud por no ser lo que hasta ahora suponíamos ser. Con todo, aun esesentimiento es el comienzo del despertar y se acrecentará si lo nutrimos porque es la verdad.Todo despertar tiene un sabor amargo —como retornar a la escuela—. Ahora bien, cuando unhombre despierta del sueño empieza hasta cierto punto a recordarse a sí mismo, no a su "Yo"Imaginario, sino algo más profundo, que eventualmente llevará al "Yo" Real, que es nuestraverdad. Empero el poder de la imaginación es tan grande que las gentes no desean despertar yexperimentar siquiera momentáneamente el áspero sabor que acompaña a los momentos demayor conciencia. Tratan de ahogarlo, aun cuando su sufrimiento y desdicha en las cuestionesde la vida ordinaria sean muy grandes. Se ven personas tan fastidiadas por una cosa u otra, delas cuales podrían escapar si despertaran, que prefieren deliberadamente su fastidio antes queenfrentarse con el despertar y levantarse y salir de la taberna y ocupar el lugar que lecorresponde en la caja de su propio carruaje

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Re: El cochero, los caballos y el carruaje .

Mensaje  mariocesar el Sáb Jun 27, 2015 10:05 am






Victor Sanchez Santoyo



El carruaje explicado desde el Cuarto Camino del cuerpo,sentimientos y el Ser,el Amo...la Esencia del Espíritu.
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Re: El cochero, los caballos y el carruaje .

Mensaje  mariocesar el Mar Oct 20, 2015 5:29 am

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Re: El cochero, los caballos y el carruaje .

Mensaje  mariocesar el Mar Abr 19, 2016 9:18 am

El Espíritu se sentará en el trono que somos si salimos de la taberna, y nos ocupamos de los caballos y el carruaje.
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Re: El cochero, los caballos y el carruaje .

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