A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

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A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

Mensaje  mariocesar el Dom Jul 15, 2012 11:44 am

A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

Mientras aquéllos se pasan la vida colgados de una soga o pegando puñetazos sobre una mesa, yo me lo paso transmigrando de un cuerpo a otro, yo no me canso nunca de transmigrar.

Desde el amanecer, me instalo en algún eucalipto a respirar la brisa de la mañana. Duermo una siesta mineral, dentro de la primera piedra que hallo en mi camino, y antes de anochecer ya estoy pensando la noche y las chimeneas con un espíritu de gato.

¡Qué delicia la de metamorfosearse en abejorro, la de sorber el polen de las rosas! ¡Qué voluptuosidad la de ser tierra, la de sentirse penetrado de tubérculos, de raíces, de una vida latente que nos fecunda... y nos hace cosquillas!

Para apreciar el jamón ¿no es indispensable ser chancho? Quien no logre transformarse en caballo ¿podrá saborear el gusto de los valles y darse cuenta de lo que significa “tirar el carro”?...
Poseer una virgen es muy distinto a experimentar las sensaciones de la virgen mientras la estamos poseyendo, y una cosa es mirar el mar desde la playa, otra contemplarlo con unos ojos de cangrejo.

Por eso a mí me gusta meterme en las vidas ajenas, vivir todas sus secreciones, todas sus esperanzas, sus buenos y sus malos humores.

Por eso a mí me gusta rumiar la pampa y el crepúsculo personificado en una vaca, sentir la gravitación y los ramajes con un cerebro de nuez o de castaña, arrodillarme en pleno campo, para cantarle con una voz de sapo a las estrellas.

¡Ah, el encanto de haber sido camello, zanahoria, manzana, y la satisfacción de comprender, a fondo, la pereza de los remansos.... y de los camaleones!...

¡Pensar que durante toda su existencia, la mayoría de los hombres no han sido ni siquiera mujer!... ¿Cómo es posible que no se aburran de sus apetitos, de sus espasmos y que no necesiten experimentar, de vez en cuando, los de las cucarachas... los de las madreselvas?
Aunque me he puesto, muchas veces, un cerebro de imbécil, jamás he comprendido que se pueda vivir, eternamente, con un mismo esqueleto y un mismo sexo.

Cuando la vida es demasiado humana —¡únicamente humana!— el mecanismo de pensar ¿no resulta una enfermedad más larga y más aburrida que cualquier otra?

Yo, al menos, tengo la certidumbre que no hubiera podido soportarla sin esa aptitud de evasión, que me permite trasladarme adonde yo no estoy: ser hormiga, jirafa, poner un huevo, y lo que es más importante aún, encontrarme conmigo mismo en el momento en que me había olvidado, casi completamente, de mi propia existencia

OLIVERIO GIRONDO
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Re: A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

Mensaje  mariocesar el Dom Jul 15, 2012 11:55 am

Recapitulemos: Borges era un joven feliz y estaba enamorado de la señorita Lange, sus poemas, en ese entonces, se encontraban más cerca de la prosa de Carlos Argentino Daneri. Cuando la felicidad que le traería la musa pelirroja y la realización de sus sueños de poeta nacional fueron aniquilados por la aparición de Oliverio Girondo, Borges pensó en el suicidio de manera persistente. Dramático, hasta llegó a comprar un arma y alquilar una habitación en un hotel para hacer "La Gran Lugones". Pero no la hizo. Desdichado, la obsesión con Norah Lange fue in crescendo y signando gran parte de su obra. Bioy Casares anotó sorprendido que su amigo estaba obsesionado por igual por "La Divina Comedia" y Norah Lange. En el comienzo de El Aleph, la mañana en que muere Beatriz Viterbo está fechada en febrero de 1929, el mismo mes y año en que Norah lo rechazó. Borges sufría pero estaba escribiendo como los dioses. Convertía su dolor en aventura. Así que en ese candente instante en que una de las chicas Lange dijo "este sí, este no", nosotros tuvimos al Borges que nos rompió la cabeza.
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Re: A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

Mensaje  mariocesar el Dom Jul 15, 2012 11:56 am

Borges: “Cuando Oliverio publicó un libro con el título Veinte poemas para ser leídos en el tranvía nos sorprendió mucho. Nos preguntamos: ¿por qué sale con esa españolada? En Buenos Aires decíamos tranway; los malevos, trambay”. Bioy: “Mi amigo Joaquín, el portero de la casa de mis padres, decía tramba”. Borges: “Los españoles decían tranvía, como finalmente decimos todos ahora. Después nos acordamos de que Oliverio tenía un individuo que le corregía lo que escribía: le ponía comas, le suprimía galicismos. Sin duda sería un español”. Bioy: “Y el poeta, como no estaba para pavadas y no tenía ningún oído para las palabras, aceptó encantado”. (Lunes 18 de noviembre de 1968)BIOY CASARES
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Re: A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

Mensaje  mariocesar el Dom Jul 15, 2012 11:56 am

En Mar del Plata. Me entero de que ha muerto Oliverio Girondo. Borges, que lo conocía mejor que yo, lo menospreciaba. Para él era la personificación de muchas cosas desagradables: un escritor que ignoraba su oficio, a cuyas obras un español informado suministraba puntuación; un escritor por decisión, no por Minerva o musa; un fanfarrón; un fiestero; un borracho; un ciudadano de tendencias políticas erróneas, partidario de los nazis en la guerra, y a quien el peronismo no pareció molestarle. Norah Lange, la mujer de Girondo, alcoholizada y colérica, me vio con malos ojos, como la influencia que apartó a Borges de su casa. Nada más injusto: yo carecía de opinión sobre ellos. No aplaudí su nazismo: nada más. El de la opinión y el desprecio era Borges. Cuando Bustos Domecq escribió contra la revista Letra y Línea, cuyo mecenas era Girondo, de Bustos, no de Domecq, vino el impulso.

Los otros días apareció en Primera Plana una nota sobre Crónicas de Bustos Domecq. Además de la idea general -que estamos viejos, vale decir chochos-, afirma que uno de los personajes absurdos allí descritos puede ser Oliverio Girondo. Esto es falso: en ningún momento pensamos en Oliverio cuando inventamos nuestros cuentos. No somos personas tan desprovistas de caridad como para satirizar a un enfermo que se debate con la muerte. (Miércoles 25 de enero de 1967)BIOY CASARES
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Re: A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

Mensaje  mariocesar el Dom Jul 15, 2012 11:57 am

Un triángulo: Borges, Norah Lange, Girondo
wp.me
Creo que fue Cordano quien, en una de nuestras veladas del Teatreneu, nos refirió por primera vez la historia. La discusión había derivado hacia la vida sexual de Borges. (la vida sexual de quien? ...
La evidencia de que Girondo se había llevado a la noruega desconcertó por completo a Borges. Lo desmontó en lo personal, en lo emocional, en lo literario. Tardó mucho tiempo en aceptar aquella derrota. Sólo en 1934, siete años después de conocerla, aceptó que había perdido a la nórdica: la relación de Norah con Girondo parecía definitiva. Muchos años más tarde, Borges escribió un relato (tal vez menor, dentro de su obra), Ulrica. Es uno de mis favoritos. Tal vez esa Ulrica noruega sea un trasunto lejano (en el tiempo y en la memoria del ya casi anciano Borges) de Norah.

Girondo

Tras la pérdida, Borges comienza a considerar el suicidio. Vida y muerte le han faltado a mi vida -escribió enigmáticamente en el prólogo de su Discusión, a los 32 años.

¿Vida y muerte le han faltado a mi vida? ¿Cómo puede escibir eso alguien de 32 años, como si tuviera 72? Es evidente que hacia 1932, algo le pasaba. Y ese algo era Norah, la noruega que se le escapaba. La muerte que le ha faltado a su vida: el suicidio, a cuya ejecución no acaba de decidirse. Y no sólo la muerte le ha faltado, sino también la vida, el arrojo, la decisión, la claridad, la plenitud.

No es la primera vez que oigo la historia del intento de suicidio de Borges, hacia 1934. La adquisición del revolver, el trayecto en tren hasta la habitación de aquel hotel, en el que el argentino habría de autoborrarse definitivamente, convertirse en un sueño de sus lectores (que hubiesen sido pocos: de desaparecer en 1934, dudo que hoy recordásemos a Borges).

Williamson en su libro, según dicen las críticas (ya que aun no he leído el libro, pero pienso hacerlo en breve, en brevísimo) convierte a Norah en un punto de referencia vital y literario para Borges que ha de durarle toda la vida. Una Beatriz, vaya. Tal vez esto sea exagerado, se dice. Pero quien sabe.
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Re: A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

Mensaje  mariocesar el Dom Jul 15, 2012 12:03 pm

ULRICA

Hann tekr sverthit Gram ok leggr i methal theira bert.
Völsunga Saga, 27

Mi relato será fiel a la realidad o, en todo caso, a mi recuerdo personal de la realidad, o cual es lo mismo. Los hechos ocurrieron hace muy poco, pero sé que el hábito literario es asimismo el hábito de intercalar rasgos circunstanciales y de acentuar los énfasis. Quiero narrar mi encuentro con Ulrica (no supe su apellido y tal vez no lo sabré nunca) en la ciudad de York. La crónica abarcará una noche y una mañana.
Nada me costaría referir que la vi por primera vez junto a las Cinco Hermanas de York, esos vitrales puros de toda imagen que respetaron los iconoclastas de Cromwell, pero el hecho es que nos conocimos en la salita del Northern Inn, que está del otro lado de las murallas. Eramos pocos y ella estaba de espaldas. Alguien le ofreció una copa y rehusó.

-Soy feminista -dijo-. No quiero remedar a los hombres. Me desagradan su tabaco y su alcohol.

La frase quería ser ingeiosa y adiviné que no era la primera vez que la pronunciaba. Supe después que no era característica de ella, pero lo que decimos no siempre se parece a nosotros.

Refirió que había llegado tarde al museo, pero que la dejaron entrar cuando supieron que era noruega.

Uno de los presentes comentó:
-No es la primera vez que los noruegos entran en York.
-Así es -dijo ella-. Inglaterra fue nuestra y la perdimos, si alguien puede tener algo o algo puede perderse.

Fue entonces cuando la miré. Una línea de William Blake habla de muchachas de suave plata o furioso oro, pero en Ulrica estaban el oro y la suavidad. Era ligera y alta, de rasgos afilados y de ojos grises. Menos que su rostro me impresióno su aire de tranquilo misterio. Sonreía fácilmente y la sonrisa parecía alejarla. Vestía de negro, lo cual es raro en tierras del Norte, que tratan de alegrar con colores lo apagado del ámbito. Hablaba un inglés nítido y preciso y acentuaba levemente las erres. No soy observador; esas cosas las descrubrí poco a poco.

Nos presentaron. Le dije que era profesor en la Universidad de los Andes en Bogotá. Aclaré que era colombiano.

Me preguntó de un modo pensativo:
-¿Qué es ser colombiano?
-No sé -le respondí-. Es un acto de fe.
-Como ser noruega -asintió.

Nada más puedo recordar de lo que se dijo esa noche. Al día siguiente bajé temprano al comedor. Por los cristales vi que había nevado; los páramos se perdían en la mañana. No había nadie más. Ulrica me invitó a su mesa. Me dijo que le gustaba salir a caminar sola.

Recordé una broma de Schopenhauer y contesté:
-A mí también. Podemos sair los dos.

Nos alejamos de la casa, sobre la nieve joven.

No había un alma en los campos. Le propusé que fuéramos a Thorgate, que queda río abajo, a unas millas. Sé que ya estaba enamorado de Ulrica; no hubiera deseado a mi lado ninguna otra persona.

Oí de pronto el lejano aullido de un lobo. No he oído nunca aullar a un lobo, pero sé que era un lobo. Ulrica no se inmutó.

Al rato dijo como si pensara en voz alta:
-Las pocas y pobres espadas que vi ayer en York Minster me han conmovido más que las grandes naves del museo de Oslo.

Nuestros caminos se cruzaban. Ulrica, esa tarde, proseguiría el viaje hacia Londres; yo, hacia Edimburgo.
-En Oxford Street -me dijo- repetiré los pasos de Quincey, que buscaba a su Anna perdida entre las muchedumbres de Londres.

-De Quincey -respondí- dejó de buscarla.

Yo, a lo largo del tiempo, sigo buscándola.

-Tal vez -dijo en voz baja- la has encontrado.

Comprendí que una cosa inesperada no me estaba prohibida y le besé la boca y los ojos.

Me apartó con suave firmeza y luego declaró:
-Seré tuya en la posada de Thorgate. Te pido mientras tanto, que no me toques. Es mejor que así sea.

Para un hombre célibe entrado en años, el ofrecido amor es un don que ya no se espera. El milagro tiene derecho a imponer condiciones. Pensé en mis mocedades de Popayán y en una muchacha de Tezas, clara y esbelta como Ulrica que me había negado su amor.

No incurrí en el error de preguntarle si me quería. Comprendí que no era el primero y que no sería el último. Esa aventura, acaso la postrera para mí, sería una de tantas para esa resplandeciente y resuelta discípula de Ibsen.

Tomados de la mano seguimos.

-Todo esto es como un sueño -dije- y yo nunca sueño.

-Como aquel rey -replicó Ulrica- que no soñó hasta que un hechicero lo hizo dormir en una pocilga.

Agregó después.

-Oye bien. Un pájaro está por cantar.

Al poco rato oímos el canto.

-En estas tierras -dije-, piensan que quien está por morir prevé el futuro.

Y yo estoy por morir -dijo ella.

La miré atónito.

-Cortemos por el bosque -la urgí-. Arribaremos más pronto a Thorgate.

-El bosque es peligroso -replicó.

Seguimos pos lor páramos.

-Yo querría que este momento durara siempre -murmuré.

-Siempre es una palabra que no está permitida a los hombres -afirmó Ulrica y, para aminorar el énfasis, me pidió que le repitiera mi nombre, que no había oído bien.

-Javier Otálora- le dije.

Quiso repetirlo y no pudo. Yo fracasé, parejamente, con el nombre de Ulrikke.

-Te llamaré Sigurd- declaró con una sonrisa.

Si soy Sigurd -le repliqué- tu serás Brynhild.

Había demorado el paso.

-¿Conoces la saga?- le pregunté.

-Por supuesto -me dijo-. La trágica historia que los alemanes echaron a perder con sus tardíos Nibelungos.

No quise discutir y le respondí:

-Brynhild, caminas como si quisieras que entre los dos hubiera una espada en el lecho.

Estábamos de golpe ante la posada. No me sorprendió que se llamara, como la otra, el Northern Inn.

Desde lo alto de la escalinata, Ulrica me gritó:

-¿Oíste el lobo? Ya no quedan lobos en Inglaterra. Apresúrate.

Al subir al piso alto, noté que las paredes estaban empapeladas a la manera de William Morris, de un rojo muy profundo, con entrelazados frutos y pájaros. Ulrica entró primero. El aposento oscuro era bajo, con un techo a dos aguas. El esperado lecho se duplicaba en un vago cristal y la bruñida caoba me recordó el espejo de la Escritura. Ulrica ya se había desvestido. Me llamó por mi verdadero nombre, Javier. Sentí que la nieve arreciaba. Ya no quedaba muebles ni espejos. No había una espada entre los dos. Como la arena se iba al tiempo. Secular en la sombra fluyó el amor y poseí por primera y última vez la imagen de Ulrica.
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Re: A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

Mensaje  mariocesar el Dom Jul 15, 2012 12:10 pm

La evidencia de que Girondo se había llevado a la noruega desconcertó por completo a Borges. Lo desmontó en lo personal, en lo emocional, en lo literario. Tardó mucho tiempo en aceptar aquella derrota. Sólo en 1934, siete años después de conocerla, aceptó que había perdido a la nórdica: la relación de Norah con Girondo parecía definitiva. Muchos años más tarde, Borges escribió un relato (tal vez menor, dentro de su obra), Ulrica. Es uno de mis favoritos. Tal vez esa Ulrica noruega sea un trasunto lejano (en el tiempo y en la memoria del ya casi anciano Borges) de Norah.http://hexagonobabel.wordpress.com/2007/02/28/un-triangulo-borges-y-norah-lange-y-girondo/
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Re: A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

Mensaje  mariocesar el Dom Jul 15, 2012 12:17 pm

Alguien le ofreció una copa y rehusó. (ULRICA)


. Mientras comían, Norah, sin querer, tiró una botella de vino y Girondo se acercó y le dijo: "Parece que va a correr sangre entre nosotros". En ese momento la señorita Lange se enamoró perdidamente de Girondo
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Re: A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

Mensaje  mariocesar el Dom Jul 15, 2012 12:18 pm

En 1926 se dio una fiesta en honor de Ricardo Güiraldes, en los lagos de Palermo. Norah Lange, que era conocida como la protegida de Borges, llegó con él. Pero se sentó cerca de Girondo, en ese entonces, un extrovertido poeta vanguardista que acababa de llegar de París. Mientras comían, Norah, sin querer, tiró una botella de vino y Girondo se acercó y le dijo: "Parece que va a correr sangre entre nosotros". En ese momento la señorita Lange se enamoró perdidamente de Girondo y fue quién la llevó después a su casa. Escribe Williamson: "Norah había llegado a la fiesta con Borges, pero se fue con Girondo, y ese simple hecho traería una desdicha singular a la vida de Borges. Perder a Norah con otro hombre ya habría sido un desastre considerable, pero perderla con Girondo justamente era una humillación desesperante"
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Re: A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

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