Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

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Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  Guaraní el Mar Jul 10, 2012 8:34 pm

Debates "al otro lado del charco," que transcribo para "este lado del charco"


"Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí. Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas.
¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?
No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro… ahí estoy, latiendo en ti."

Baruch Spinoza, filósofo neerlandés (1632 – 1677)

"Ya basta de leer. Sé tú mismo El Libro..."
Angelus Silesius


Me encanta la frase traída a colación por Maese Mario!!, resume a la perfección el sentido de este post. La lectura de los libros, como un fin en sí mismo, no como un medio para encontrar respuestas a los interrogantes trascendentes, equivale a recorrer un camino fatigoso e interminable, desgastante y estéril, donde el objetivo asumido, se pierde en los pérfidos recovecos de la intelectualidad y la vanidad egótica.

La soberbia y la vanidad del saber profano, es un lastre pesado y fastidioso, semejante a la inmensa roca empujada por el legendario Sísifo, que una vez llegada a la cima, retorna de nuevo rodando al llano, para volver a emprender -este triste personaje- la fastidiosa e infausta tarea; una y otra vez -ad infinitum-

En otros casos, no es tanto la soberbia, sino la ignorancia y el desconocimiento, "el eterno despiste", el que nos lleva a buscar en lo externo, la sabiduría que mora con exclusividad en lo interno, en la más íntima corteza de nuestro ser.

Lo que Castaneda entendía como "Ver", coincide plenamente con los postulados de la sabiduría perenne, que insta a la personas, a intentar ver "más alla de lo evidente", ver más allá de las formas meramente tangibles de este mundo "sólido y material" "Si quieres el hueso, debes romper la corteza" (Meister Echkhart)

"Lo esencial es invisible a los ojos" decía mi tocayo Antoine de Saint Exúpery, con magistral sapiencia....y cuánta razón tenía..verdad??

Procuremos pues, encontrar "los labios de la sabiduría", que han de llenar los oídos de aquellos que estén preparados para escuchar; no en los derrúidos laberintos del intelecto , no en los trillados senderos de la razón, no en libros, ni “bellas teorías”, sino en el cristalino y fresco manantial que mora en la profundidad de todos y cada uno de nosotros, ajeno a toda experiencia externa.

Saludos a todos!

CACIQUE


gasparin
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Mensaje n°2
Re: Si quieres el hueso....
gasparin el Dom Jul 01, 2012 5:23 am

Por supuesto que leer no es ningun camino interior, intelectualizar obviamente tampoco, y un filosofo?
y los profanos...

hay organizaciones esparcidas por todo el mundo que dicen de no ser profanas, pero muchos sabemos que van buscando maestros iniciadores por todo el mundo, entonces que son?



Cacique
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Mensaje n°3
Re: Si quieres el hueso....
Cacique el Vie Jul 06, 2012 10:54 am

En «El Conocimiento Silencioso» el mismo don Juan explica que cualquier persona puede seguir el camino del conocimiento y «retornar al espíritu» por su propia cuenta, con sólo realizar una simple serie de accionesque tienen como base el ahorro de energía para lograr el movimiento del punto de encaje y alude directamentea la posibilidad de realizar semejante trabajo sin la guía de maestro alguno.

Sus palabras textuales son: «La dificultad en llevar a cabo esta simple serie... es que casi nadie está dispuesto a aceptar que necesitamos muypoco para ejecutarla. Se nos ha preparado para esperar instrucciones, enseñanzas, guías, maestros. Y cuandose nos dice que no necesitamos de nadie, no lo creemos. Nos ponemos nerviosos, luego desconfiados yfinalmente enojados y desilusionados. Si necesitamos ayuda no es en cuestión de métodos, sino en cuestión de énfasis.

Si hay alguien que nos pone énfasis en que necesitamos reducir nuestra importancia personal, esa es ayuda real. Los brujos dicen que no deberíamos necesitar que nadie nos convenza de que el mundo es infinitamente más complejo que nuestras más increíbles fantasías. Entonces, ¿por qué somos tan pinches que siempre pedimos que alguien nos guíe, si podemos hacerlo nosotros mismos?...».Por lo mismo cuando de Conocimiento se trata, salen sobrando alumnos y maestros. No hay alumnos. No hay maestros. (Víctor Sánchez - Las enseñanzas de Don Carlos)


Cacique
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Mensaje n°4
Re: Si quieres el hueso....
Cacique Hoy a las 10:39 pm

Un maestro decía a sus discípulos: “ Tomen una fruta en particular; por ejemplo una naranja. Una cosa es observarla, medir sus dimensiones, pesarla, observar su color, su tonalidad, la porosidad de la corteza etc.; y otra cosa muy distinta es degustarla, probarla, saborearla y sentir la energía que nos transmite.

El conocimiento exterior, intelectual, se para en el estudio exterior de la naranja pero no llega nunca a saber como es efectivamente la naranja, porque se olvida de comerla!!


Cacique
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Mensaje n°5
Re: Si quieres el hueso....
Cacique Hoy a las 11:17 pm

Decía Gasparín; "Por supuesto que leer no es ningun camino interior, intelectualizar obviamente tampoco, y un filosofo?
y los profanos...
"


Podríamos diferenciar entre dos tipos de Filosofía. La primera la definiríamos como a la Filosofía tradicional, aquella considerada como un conjunto de conceptos teóricos sin ninguna aplicación vivencial, un saber abstracto y especulativo manejado por una élite intelectual con los mismos problemas, angustias y dudas existenciales que la mayoría de la humanidad.

La segunda, denominada sabiduría perenne, implica un significado más profundo de la Filosofía, por cierto bastante diferente de la concepción popular, y tiene correspondencia con su origen etimológico, que la define como “Amor por la Sabiduría”, un conocimiento profundo que puede ser aplicado perfectamente a nuestra vida cotidiana para que ésta sea más luminosa y seamos más conscientes.

Según la masonería, el primer obstáculo para la iniciación, es la soberbia del conocimiento profano, que pretende saberlo todo, cuando en realidad la perspectiva limitada de su conocimiento, no va más allá de la superficialidad y la apariencia externa de lo examinado.

La definición de profano, por su etimología es aquel que está delante (o fuera) del templo, aquel que se encuentra en la penumbra, sin la luz que proporciona la iniciación en la sabiduría perenne (Sofía). La alegoría de la Caverna -de Platón - nos muestra fehacientemente, la situación del profano, situado en el interior de la caverna, en la penumbra, atado de pies y manos por las cadenas de la ignorancia...

Guaraní

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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Miér Jul 11, 2012 11:04 am

Maese Cacique, Ud. que ha sido siempre tan gaucho, paciente y tolerante, me ha de aguantar una vez más quiquillosidades terminológicas que van contra la corriente, siempre en la convicción de que la palabra es todo, todo lo define, lo crea, lo devela; para mí no hay ninguna diferencia entre palabra, percepción , pensamiento, sentimiento, etc. Se usa neófito en contra del sentido etimológico e iniciático, ya que un neófito es alguien que ya ha sido iniciado y ya ha visto la luz, sólo que es nuevo en ello. Lo mismo pasa con profano , porque profano, en rigor, es el que ha golpeado a las puertas del templo o está ante ellas por hacerlo, el que ha sido apadrinado, el que está siendo sometido a la marcha laberíntica o está en el cuarto de reflexión y aun el que va pasando por todas las pruebas hasta que le sacan la venda. Quien no está en ninguna de esas situaciones no debería ser considerado profano sino infraprofano. Quien me insistía en ello es un amigo y hermano ya en el ORIENTE ETERNO, mi iniciador en MEMPHIS MIZRAIN, Carlos Raitzin. Lo mismo vemos en GURDJIEFF ya que para él sólo eran profanos los que estaban en cierta situación de trabajo introductorio , preparatoria; ya que dividía a sus discípulos, sus iniciados en EXOTÉRICOS (PROFANOS), MESOTÉRICOS ( y no sé si estos también seráin algo profanos) y ESOTÉRICOS.


Habiendo roto los cocos y las de abajo con estas disquisiciones, le expreso mi alacridad por su tema de la CORTEZA y el NÚCLEO...¡No sabe cuánto amo al caracú!
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  Guaraní el Miér Jul 11, 2012 11:13 am

Sus acotaciones son siempre enriquecedoras Maese Mario!! Gracias!!

Guaraní

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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Miér Jul 11, 2012 11:31 am

El axenús de fuera más negro es que caldera,
es de dentro muy blanco, más que la peñavera,
blanca farina está so negra cobertera,
azúcar negro e blanco está en vil cañavera.
Sobre la espina está la noble rosa flor,
en fea letra está saber de grand doctor;
como so mala capa yase buen bebedor,
ansí so el mal tabardo está buen amor

ARCIPRESTE DE HITA
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Miér Jul 11, 2012 11:33 am

Guaraní escribió:Sus acotaciones son siempre enriquecedoras Maese Mario!! Gracias!!


gracias a Ud. por hacerme aguante ( por primera vez incorporo este cronolecto, en honor a la pendejada que me aguata tanto) tan grato, saleroso y generoso, hermano paraguayo.
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Miér Jul 11, 2012 12:03 pm


LA CORTEZA Y EL NÚCLEO




Este título, que es uno de los numerosos tratados de Seyidi Mohyiddin ibn Arabi, expresa bajo una forma simbólica las relaciones del exoterismo y del esoterismo, comparadas respectivamente a la envoltura de un fruto y a su parte interior, pulpa o almendra (Señalamos incidentemente que el símbolo del fruto tiene una relación con el «Huevo del Mundo», así como con el corazón.). La envoltura o la corteza (el-qishr) es la shariyah, es decir, la ley religiosa exterior, que se dirige a todos y que está hecha para ser seguida por todos, como lo indica por lo demás el sentido de «gran ruta» que se vincula a la derivación de su nombre. El núcleo (el-lobb), es la haqîqah, es decir, la verdad o la realidad esencial, que, al contrario de la shariyah, no está al alcance de todos, sino que está reservada a los que saben descubrirla bajo las apariencias y alcanzarla a través de las formas exteriores que la recubren, protegiéndola y disimulándola a la vez (Se podrá observar que la función de las formas exteriores está en relación con el doble sentido del término «revelar», dado que las mismas manifiestan y velan al mismo tiempo la doctrina esencial, la verdad una, como la palabra hace por lo demás inevitablemente en cuanto al pensamiento que expresa; y lo que es verdad de la palabra, a este respecto, lo es también de toda otra expresión formal.). En otro simbolismo, shariyay y haqîqah son también designadas respectivamente como el «cuerpo» (el-jism) y la «médula» (el-mukh) (Se recordará aquí la «substantífica médula» de Rabelais, que representa también una significación interior y oculta.), cuyas relaciones son exactamente las mismas que las de la corteza y el núcleo; y sin duda encontraríanse todavía otros símbolos equivalentes a éstos.


RENÉ GUÉNON
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Miér Jul 11, 2012 12:07 pm

Sabiendo que es ésta la situación, que todo está en proporción a la aptitud, un hombre hará lo que tiene que hacer en consecuencia. No puede ir contra su estado. Se da cuenta de cosas que ocurren dentro de él, una tras otra, cada una a su tiempo".

"La persona creyente, tras acatar todas las órdenes Divinas y apartarse de lo prohibido, debe saber todas las cosas de Dios, sin atribuirse ningún poder. Esto es bueno".
Ibn Arabí "El Núcleo del Núcleo".
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  Invitado el Jue Jul 12, 2012 2:18 am

Mosquis! este tema es interesante, sobre todo lo que apunta Guarani, sobre:


La definición de profano, por su etimología es aquel que está delante (o fuera) del templo, aquel que se encuentra en la penumbra, sin la luz que proporciona la iniciación en la sabiduría perenne (Sofía). La alegoría de la Caverna -de Platón - nos muestra fehacientemente, la situación del profano, situado en el interior de la caverna, en la penumbra, atado de pies y manos por las cadenas de la ignorancia...


Me lleva a pensar que para hacer realmente una vía se debería recibir una iniciación, para conseguir dejar de ser un "profano" y prepararse para la "luz" que no sería otra cosa que el descubrimiento de la propia divinidad y el descenso del Espíritu . Para vivir como corresponde dentro de un mundo profano. (Aunque pienso que aun recibiendo una iniciación, no se conseguiría el despertar porque nadie te lo da, lo debes conseguir tu a través del trabajo interior).

Quizá es demasiado pedir, sobre todo porque no deben existir muchos maestros iniciadores ya que, no recuerdo donde leí, un maestro iniciador recibe el poder para hacerlo a través de la transmisión oral. Aún así me pregunto, dónde están hoy en día los maestros iniciadores? Porque sigue tan hermético, sabiendo que los juegos de poder hoy en día resultan absurdos, ya que hay mas personas que quieren y participan activamente en el cambio de consciencia?
Otra cosa: Castaneda podia iniciar?

demasiados interrogantes a ver que podemos exprimir de este tema apasionante.

Tengo que decirle a pizzero que se pase por aquí a saludar. Very Happy





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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Jue Jul 12, 2012 5:11 am

Desde la alcaldía o el cacicazgo han de reponder con más conocimiento de causa y precisión. Aparentemente , la línea y modalidad de Don Juan y él, en particular, había desestimado rituales y lenguas sacras, y muy al parecer aun si había una iniciación está se reducía a la mirada, a un silencio o una palmadita en los homóplatos o estaba dada por la elección de Espíritu que Don Juan advertía. Sea como sea, en la obra de Castaneda, no se arroja luz sobre lo iniciático, la transmisión de la semilla; pero sí se menciona un prolijo y preciso linaje, lo cual equivale a lo que en una tariqa se llama SILSILLAH y , con otros nombres, en otras tradiciones CADENA DE INICIADORES. Finalmente CASTANEDA postuló que LA PUERTA se abría para todos y un indio mapuche que estaba religado a CASTANEDA, directa o indirectamente, como ya conté una vez, ante mi insistencia sobre la necesidad de una iniciación y etc, asevero que DON JUAN ya estaba en todas partes, era todo, y todos podían disponer de él...

De todos modos, si uno quiere tener una iniciación, de algún modo, cualquiera puede servir, porque , en el fondo, todas ellas son una y la misma; y no es tan difícil procurarse una. Las más seguras no son las orientales sino las masónicas y, tengo entendido que, en España, sobra masonería mixta y aun femenina. Por supuesto que no es la iniciación específica para el tema chamánico, pero, en el fondo, es LA INICIACIÓN ( ya que, insisto todas las iniciaciones son una y la misma) y tiene la ventaja de la autonomía, independencia y libertad que caracteriza lo masónico. Éste sólo tiene un TRABAJO RITUAL COLECTIVO de pitagorización corporal y carece desde 1717 de TODO TRABAJO INDIVIDUAL, así que estarías regando y potenciado dicha SEMILLA con tu trabajo de acecho, ensueño y recapitulación. El año pasado publiqué un post sobre cómo en las logias masónicas de méxico abundan los acechadores y guerreros exclusivamente de la línea castanedeana.
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Jue Jul 12, 2012 5:15 am

EN LAS LOGIAS MASÓNICAS MEXICANAS HAY CASTANEDISTAS


Una de las técnicas de la Otra Brujería Mexicana es Acecharse a sí mismo esto no es fácil ni difícil, se preguntarán ¿Qué acecha el Brujo en sí mismo? El Brujo acecha sus propios actos y los actos de los demás, al mismo tiempo. El Brujo se pone en un lugar especial fuera de él y como si fuera el Primer Vigilante de una Logia Mexicana (porqué en las Logias del Rito Escocés el Primer Vigilante está literalmente fuera del Templo) y así el Primer Vigilante cumple su misión de acecharse a sí mismo y de asechar a los compañeros (PRIMER VIGILANTE. , es el responsable de vigilar a los hermanos de la columna de compañeros) En las Logias mexicanas hay muchos brujos, de esos que practican la otra brujería, se les puede reconocer porque siempre tienen una actitud acechadora, nunca pretenden puestos en Logia, siempre están observantes de cada cosa, son impecables y sus movimientos son como los de un nahual; cuando hablan sólo lo hacen para decir algo muy concreto, nunca tratan de corregir a nadie, sin antes no corregirse a sí mismos . La estrategia del acechador consiste en que se acecha a sí mismo; acecha su mente y sus movimientos. Los acechadores utilizan a los demás como espejos donde pueden verse a sí mismo en los demás, esto lo hace porque algunas veces verse a sí mismo tal cual es imposible. El Acechador sabe perfectamente que cuando se acecha a sí mismo, lo hace con la actitud de estar acechando a un perfecto desconocido. Y es que para nosotros mismos, nosotros somos unos desconocidos. Literalmente, ¡No nos conocemos! Pero cuando llegamos a conocernos obtenemos poder, un gran poder tanto sobre nosotros, como con los demás.
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Jue Jul 12, 2012 5:50 am

Compartimos el gusto y el interés por esta plancha de un hermano mexicano.Aclaro antes de que lo haga otro que lo que dice del1er vig. en r.e.a puede que sea una particularidad mexicana (en general suena a otros ritos)..Lo de este hermano es la mejor glosa sobre una afirmación de RENÉ GUÉNON: En la masonería el gurú es la colectividad...Siempre me extrañó que no dijera UPAGURÚ...sea como sea, ciertos HERMANOS CASTANEDISTAS saben usar ese GURÚ o aprovechar muy bien ese UPAGURú. Supongo que los CUARTOCAMINANTES, también, porque ahí están los análogos e idénticos: OBSERVACIÓN DE Sí, RECUERDO DE SÍ, consideración externa sin interna, TOMARSE COMO ESPEJOS, ETC.
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El núcleo del núcleo

Mensaje  mariocesar el Jue Jul 12, 2012 7:24 am

El núcleo del núcleo.
Uno de los temas concretos que Ibn Arabi quiere explicar en su Futûhât-al-Makkiyah es éste: "Si un gnóstico (ârif) lo es realmente, no puede permanecer atado a ninguna forma de creencia". Eso quiere decir que, si alguin que ha adquirido conocimientos llega a conocer el Ser que hay en su propia persona con todos sus significados, no se quedará atrapado en una creencia. No reducirá su círculo de conocimientos. Es como una materia prima (hayûla) y acepatará cualquier forma que se le dé. Al ser externas estas formas, no se produce ningún cambio en el núcleo de su universo interior.




Muhyi-d-din Ibn 'Arabî

TRATADO DE LA UNIDAD
(risalatul ahadiyah)

Traducción de Roberto Pla según la edición francesa aparecida en la revista "Être", primer trimestre de 1977, traducida del árabe por Abdul-Hadi. Málaga, Ed. Sirio, 1987.
¡En el nombre de Allâh, el Clemente, el Misericordioso! ¡Nosotros imploramos su ayuda!

¡Gloria a Allâh, ante cuya Unidad no hay nada anterior, si no es Él, que es el Primero! ¡Gloria a Allâh, después de cuya Singularidad no hay un después, si no es Él, que es el Siguiente!

Con relación a Él no hay antes, ni después; ni alto ni bajo; ni cerca, ni lejos, ni cómo, ni qué, ni donde, ni estado, ni sucesión de instantes, ni tiempo, ni espacio, ni ser. Él es tal como es. Él es el Único sin necesidad de la Unidad. Él es lo singular sin necesidad de la Singularidad.
Él no está compuesto de nombre, ni de denominado, porque Él es el nombre y el denominado. No hay nombre salvo Él. No hay denominado salvo Él. Por ello se dice que Él es el nombre y el denominado.
Él es el Primero sin anterioridad. Él es el Último sin posterioridad. Él es Evidente sin exterioridad. Él es Oculto sin interioridad. Porque no hay anterior, ni posterior; no hay exterior, ni interior, sino Él.
Es necesario comprender este Misterio para no caer en el error de los que creen en las encarnaciones de la divinidad. Él no está en ninguna cosa y ninguna cosa está en Él. Es preciso conocerle pero no por la ciencia, la inteligencia, la imaginación, la sagacidad, los sentidos, la visión exterior, la visión interior, la comprensión o el razonamiento.
Nadie, salvo Él mismo, puede verle. Nadie, salvo Él mismo, puede asirle. Nadie, salvo Él mismo, puede conocerle. Nadie distinto de Él puede ocultarle. Él se ve y se conoce a Sí mismo. Su velo impenetrable es su propia Unidad. Él mismo es su propio velo. Su velo es su propia existencia. Su Unicidad le vela de forma inexplicable.
Nadie le ha visto, le ve, o podrá verle jamás. Ningún profeta enviado ni ningún santo perfecto o ángel se le aproxima. Su Profeta es Él. Su mensajero es Él. Su mensaje es Él. Su Palabra es Él. Él ha mandado su Ipseidad con Él mismo, de Él mismo y hacia Él mismo, sin ningún intermediario o causalidad exterior a Él mismo. Ninguna diferencia de tiempo, espacio o naturaleza hay entre El que envía el mensaje, el mensaje y el destinatario del mensaje.
Su existencia está únicamente en los textos de la profecía. Sin embargo, sólo Él existe y no puede dejar de existir puesto que jamás vino a la existencia. Por eso ha dicho el Profeta: "Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor". También ha dicho: "Yo conozco a mi Señor, por mi Señor". El Profeta de Allâh ha querido hacerte comprender que tú no eres tú, sino Él: Él y no tú; que Él no cabe en ti y tú no cabes en Él; que Él no sale de ti y tú no sales de Él.
Lo que quiero decir es que tú no eres, o posees tal o cual cualidad, que no existes y que no existirás jamás, ni por ti mismo, ni por Él, en Él o con Él. Tu no puedes cesar de ser, porque no eres. Tú eres Él y Él es tú, sin ninguna dependencia o casualidad. Si alcanzas a reconocer en tu existencia esta cualidad de la nada, entonces conoces a Allâh, En otro caso, no.
La mayor parte de los iniciados dicen que la Gnosis, o Conocimiento de Allâh, viene a continuación de la extinción (fanâ) de la existencia y de la extinción de esta extinción (fanâ el-fanâ'i). Pero esta opinión es falsa, pues parte de un error manifiesto. La Gnosis no exige la extinción de la existencia y la extinción de esta extinción, sencillamente porque las cosas no tienen ninguna existencia y lo que no existe no puede dejar de existir. Decir que una cosa ha dejado de existir, que no existe ya, equivale a afirmar que ha existido, Pero si conoces el ti-mismo, es decir, si puedes concebir que no existes y que, por tanto, no puedes extinguirte jamás, entonces conoces a Allâh. En otro caso, no.
Atribuir la Gnosis a la extinción (fanâ) y a la extinción de la extinción (fanâ el-fanâ'i) es un credo idólatra. Si atribuyes la Gnosis a fanâ y a fanâ el-fanâ'i, pretendes que algo distinto de Allâh puede gozar de existencia. Esto es negarle y entonces eres formalmente culpable de idolatría. El Profeta ha dicho: "Quien se conoce a sí mismo, conoce a su señor". Si se afirma la existencia de algo distinto no se debe hablar de su extinción, porque no se puede hablar de la extinción de aquello que hay que afirmar.
Tu existencia es nada y "nada" no es añadido a alguna cosa, temporal o no. El Profeta ha dicho: "Tú no existes ahora y tampoco existías antes de la creación del mundo". La palabra "ahora" significa, como presente absoluto, la eternidad sin comienzo y sin fin, Pero Allâh es la existencia de la eternidad sin comienzo, y de la eternidad sin fin, tanto como de la preexistencia, Estos tres aspectos de la eternidad son Él, Allâh es la existencia de estos tres aspectos de la eternidad sin que Él deje, por eso, de ser absoluto. Si Él no fuera así, su Soledad no existiría. Él no carecería de compañero. Pero es de necesidad racional, dogmática y teológica que Él no tenga pareja posible. Su pareja sería aquel que existiera por sí mismo y no por la existencia de Allâh, y sería, consecuentemente, un segundo Señor Allâh, lo que es imposible. Allâh no tiene pareja, ni en semejanza ni en equivalencia.
Aquel que ve una cosa con Allâh, de Allâh o en Allâh, haciéndola independiente de Allâh, por su propio Señorío, convierte esta cosa en pareja de Allâh, independiente de Él, por el Señorío. Aquel que pretende que una cosa pueda existir con Allâh -poco importa que esta cosa exista por ella misma o por Él- y que ella misma extingue su existencia, o la extinción de su existencia -un hombre tal, digo yo-, está lejos de tener la menor percepción de conocimiento de sí mismo. Porque aquel que pretende que algo distinto de Él puede existir -poco importa que sea por sí mismo, o por Él o en Él-, que puede desaparecer y extinguirse, que puede extinguirse la extinción también, etc., etc., tal hombre entra en un círculo vicioso. Todo esto es idolatría y nada tiene que ver con la Gnosis. Tal hombre es idólatra y no conoce nada de Allâh, ni de sí mismo.
Si se pregunta por qué medio se llega a conocer el sí-mismo, es decir, el "proprium", el alma, y a conocer a Allâh, la respuesta es: La vía hacia estos dos conocimientos está indicada con estas palabras: "Allâh es y la nada con Él. Él es ahora tal como era". Si alguno dice: "Yo veo mi alma, -mi "proprium", mi mí-mismo- distinta de Allâh y no veo que Allâh sea mi alma", la respuesta es: El Profeta expresa con el término "alma", el "proprium" o "ti-mismo", y no el elemento psíquico de tu existencia particular, que se llama a veces "alma imperiosa", o "aquella que tiende irresistiblemente al mal", o "el alma que reprocha" o "el alma aquietada", etc. El Profeta ha dicho también: "Hazme ver. ¡Oh Allâh!, las cosas tal como son", designando por "las cosas" todo lo que no es Allâh -¡que Él sea exaltado!-.
Con esto el Profeta ha querido decir: "Hazme conocer lo que no eres Tú, a fin de que sepa yo, a fin de que conozca yo, la verdad sobre las cosas, si ellas son Tú, o distintas de Ti. ¿Carecen ellas de comienzo y de fin, o bien han sido creadas y han de desaparecer?". Entonces Allâh le permitió ver que todo lo que no es Él, incluyendo el "sí-mismo" del hombre, no tiene ninguna existencia. Y vio las cosas tal como son: quiero decir que vio que las cosas son la "quididad" de Allâh fuera del tiempo, del espacio y de todo atributo.
El término "las cosas" puede aplicarse al alma, o no importa a qué otra cosa. La existencia del alma y de las cosas se identifican ambas en la idea general de "cosa", por lo que quien conoce su alma, su sí-mismo, conoce al Señor. Aquello que tú crees ser distinto de Allâh, no es sino Allâh, pero tú no lo sabes. Tú Le ves y no sabes que Le ves. Desde el momento en que este misterio haya sido desvelado a tus ojos --que no eres distinto de Allâh-- sabrás cuál es el fin de ti mismo, que no tiene necesidad de anonadarte, que jamás has dejado de ser y que no dejarás jamás de existir..., jamás, como ya lo hemos explicado.
Todos los atributos de Allâh son tus atributos. Verás que tu exterior es el Suyo, que tu interior es el Suyo, que tu comienzo es el Suyo y que tu fin es el Suyo. Y eso, incontestablemente, sin duda alguna. Verás que tus cualidades son las Suyas y que tu naturaleza íntima es la suya. Y eso sin que te conviertas en Él, o que Él se convierta en ti, sin transformación, sin disminución o aumento alguno.
"Todo muerto salva Su Faz", en el exterior y en el interior. Esto quiere decir que no existe nada distinto de Él, que algo distinto de Él no tiene existencia. Por eso lo que parece distinto de Él será necesariamente perdido, pues lo que queda es Su Faz. Dicho de otra manera: Nada hay permanente salvo Su faz.
Un ejemplo: un hombre ignora alguna cosa y después la aprende. Con esto no es su existencia lo que se acaba, sino su ignorancia. Su existencia continúa porque no ha sido canjeada por la de otro. La existencia del sabio no se ha venido a sumar a la del ignorante, ni se ha producido ninguna mezcla de las dos existencias individuales. Sólo la ignorancia ha sido eliminada. No pienses, por tanto, que es necesario acabar con tu existencia, porque entonces te envuelves en tu propia extinción y te conviertes, por así decirlo, en el velo de Allâh. Como este velo es distinto de Allâh, se sigue que algo distinto de Allâh puede vencerle reposando sus miradas en Él, lo que es un error y una grave mentira.
Hemos dicho más arriba que la Unicidad y la Singularidad son los únicos velos de Allâh. Por eso está permitido al "Wâçil", esto es, al que ha alcanzado la Realidad, decir: "Gloria a mi, pues mi excelsitud es grande". Tal "Wâçil" no ha llegado a un grado tan sublime antes de haber visto que sus atributos son los atributos de Allâh, y que su ser íntimo es el ser íntimo de Allâh, sin ninguna transformación de atributos o transustanciación del ser íntimo; sin ninguna entrada en Allâh, o salida de Él. Tal "Wâçil" ve que no se apaga en Allâh, que no persiste con Allâh, que su alma, es decir, su "proprium", no existe del todo, como había existido hasta entonces, pues al apagarse no queda alma, ni existencia salvo la Suya.
El Profeta ha dicho: "No insultéis al Siglo, porque es Allâh". Con estas palabras ha querido decir que la existencia del Siglo es la existencia de Allâh --¡que Él sea glorificado y magnificado!--. Él es demasiado elevado para tener un compañero, un semejante o un equivalente cualquiera. El Profeta dijo, según una tradición: "Allâh dice: Servidor mío: He estado enfermo y no me has visitado. He tenido hambre y no me has dado de comer. Te he pedido limosna y me la has negado". Con esto ha querido decir que Él era el enfermo y el mendicante. Y si el enfermo y el mendicante pueden ser Él, también tú y todas las cosas de la creación, accidentales o sustanciales, pueden ser Él. Cuando se descubre el enigma de un sólo átomo, se puede ver el misterio de toda la creación, tanto interior como exterior.
Verás que no es que Allâh haya creado todas las cosas, sino que tanto en el mundo invisible como en el visible no hay más que Él, porque en ninguno de los dos mundos hay un sólo punto de existencia propia. Verás que Él no es solamente Su Nombre, sino que Él es el nombre y lo que se nombra, así como la existencia de ambos. Verás que no es que Él haya creado todas las cosas de una sola vez, sino que "Él es el Creador Sublime y de todos los días", por la expansión y ocultación de Su existencia y de Sus atributos. Más allá de toda condición inteligible.
"Porque Él es el Primero y el Último, lo Exterior y lo Interior.
Él aparece en Su unidad y se esconde en Su singularidad.
Él es el Primero por Su "perseidad".
Él es el Último por Su eterna permanencia.
Él es la existencia de lo Primero y de lo Último,
de lo Exterior y lo Interior.
Él es Su nombre y lo que es nombrado".

Como su existencia es fatal, lógica y dogmática, igualmente es fatal la no existencia de algo distinto de Él. Lo que imaginamos que es distinto de Él no es en el fondo más que una bi-existencia, pues la existencia de Él significa que no existe una bi-existencia que sería su semejante. No hay nada distinto de Él, porque Él está exento de que lo distinto de Él sea distinto de Él. Aquello que es distinto es también Él, sin ninguna diferencia interior o exterior. Lo que es de este modo posee atributos sin número ni fin.
Lo que es así calificado, posee innumerables atributos. Lo que muere, en el sentido propio de la palabra, se separa de todos los atributos, sean éstos loables o reprensibles. De igual manera, lo que muere, en el sentido figurado, se separa de todos sus atributos, sean éstos loables o reprensibles. Allâh -¡Que Él sea bendito y exaltado!-, está en su lugar en todas las circunstancias. La "naturaleza íntima" de Allâh está en la "naturaleza íntima"; los atributos de Allâh están en sus "atributos". Por eso el Profeta -¡Que Allâh le ayude y salve!- ha dicho: "Morid antes de morir", es decir: "Conoceos a vosotros mismos (vuestra alma, vuestro "propium") antes de morir".
También ha dicho el Profeta: "Allâh dice: mi adorador no cesa de aproximarse a mí por sus obras abundantes hasta que Yo le amo. Y cuando Yo le amo, soy Su oído, Su vista, Su lengua, Su mano, etc...". El Profeta quiere decir: el que aniquila su alma --su "proprium"--, es decir, el que se conoce, ve que toda su existencia es Su existencia. No ve ningún cambio en su "naturaleza íntima" o en sus atributos. No ve ninguna necesidad de que sus atributos se conviertan en los Suyos, porque ha comprendido que su propia "naturaleza íntima" no es él mismo y que hasta entonces había ignorado su "proprium", o sea, lo que Él es verdaderamente, en lo profundo.
Cuando hayas conocido lo que es verdaderamente tu "proprium", te habrás desembarazado de tu dualismo y sabrás que no eres distinto de Allâh. Mientras tengas una existencia independiente, una existencia "distinta de Allâh", no conseguirás apagar, esto es, conocer tu "proprium". Serás un Señor Dios distinto de Él. ¡Que Allâh sea bendito de manera que no haya un Señor Dios distinto de Él!
El interés del conocimiento del "proprium" consiste en que obtienes la certidumbre absoluta de que tu existencia no es ni una realidad ni una "nadidad", sino que tú no eres, no has sido y no serás jamás. Comprenderás claramente el sentido de la fórmula: "No hay Dios si éste no es el Dios" ("Lâ ilaha ill'Allah"), es decir, no hay un Dios distinto de Él, no hay existencia distinta de Él, no hay un "distinto" distinto de Él y no hay Dios si éste no es Él.
Si alguien objeta: "Tú has abolido su Señorío", yo respondo: No he abolido su Señorío, porque Él no cesa de ser un Señor magnificiente, ni cesa de ser adorador magnificado. Él no cesa de ser Creador, ni cesa de ser creado. Él es ahora tal como era. Sus títulos de Creador, o de Señor magnificante, no están condicionados por la existencia de una cosa creada, o de un adorador magnificado. Antes de la creación de las cosas creadas, Él poseía todos sus atributos. Él es ahora tal como era.
No hay ninguna diferencia, en su Unidad, entre la creación y la preexistencia. Su título del Exterior implica la creación de las cosas y su título de lo Oculto o Interior implica la preexistencia. Su interior y Su exterior (Su expansión, Su evidencia) son como Su exterior y Su interior; Su primero y Su último son como Su último y Su primero. El todo es único y lo único es todo. Él es cualificado: "Todos los días está Él en el estado de Creador Sublime; nadie distinto de Él está con Él. Él es ahora tal como era".
En realidad, lo distinto de Él no existe. "Tal como era", eternamente, "todos los días en el estado de Creador Sublime". No hay ninguna cosa con Él y ningún día de creación, como no hay en la preexistencia ninguna cosa, ni ningún día, porque la existencia de las cosas, o su nada, es todo uno. Si no fuera así, Él habría necesitado la creación de alguna cosa nueva que no estuviera comprendida en su Unicidad, lo cual sería absurdo. Su título de Único le hace demasiado glorioso para que una suposición semejante fuera verdadera.
Cuando puedes ver tu "proprium", así cualificado, sin combinar la Existencia Suprema con un Adversario, compañero, equivalente o asociado cualquiera, entonces le conoces tal como es, es decir, le conoces realmente. Por eso el Profeta ha dicho: "Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor". No ha dicho: "Quien extingue su sí-mismo, su "proprium", conoce a su Señor", porque Él "sabe" y "vive" que ninguna cosa es distinta de Él y por eso dice a continuación que el conocimiento de sí-mismo es la Gnosis, o sea, el Conocimiento de Allâh. Has de conocer lo que es tu "proprium", es decir, tu existencia; has de conocer que en el fondo tú no eres tú, pero tú no lo sabes.
Has de saber que lo que tú llamas tu existencia, no es en realidad ni tu existencia ni tu no existencia. Has de saber que tú no eres existente, ni eres la nada, que no eres distinto de ser existente, ni distinto de la nada. Tu existencia y tu "nadidad" constituyen Su Existencia absoluta, aquella que no puede ni debe discutirse si Es o no Es.
La sustancia de tu ser o de tu nada es Su Existencia. Cuando veas que las cosas no son distintas de tu existencia y de la Suya y cuando puedas ver que la sustancia de Su Ser es tu ser y tu nada en las cosas, sin ver nada que sea con Él o en Él, entonces significa que conoces tu alma, tu "proprium". Cuando se conoce el sí-mismo de tal manera, allí está la Gnosis, el conocimiento de Allâh, más allá de todo error, duda o combinación de algo temporal con la eternidad, sin ver en la eternidad, por ella o junto a ella, otra cosa que la eternidad.
Si alguno pregunta: "¿Cómo se opera la Unión, puesto que afirmas que sólo Él es? Una cosa que es única no puede unirse más que con ella misma". La respuesta es: En realidad, no hay unión ni separación, como no hay alejamiento ni aproximación. Se puede hablar de unión entre dos o más y no cuando se trata de una cosa única. La idea de unión o de llegada comporta necesariamente la existencia de dos cosas al menos, análogas o no. Si son análogas, son semejantes. Si no son análogas, forman oposición. Pero Allâh --¡que Él sea exaltado!-- está exento de toda semejanza, así como de todo rival, contraste u oposición. Lo que se llama ordinariamente "unión", proximidad o alejamiento, no son tales cosas en el sentido propio de la palabra. Hay unión sin unificación, aproximación sin proximidad y alejamiento sin idea alguna de distancia.
Si alguno pregunta: "¿Qué es la fusión sin la fusión, la proximidad sin proximidad o el alejamiento sin alejamiento?". La respuesta es: Quiero decir que en el estado que llamas "proximidad" no eres distinto de Él -¡que Él sea exaltado!-. Tú no eres distinto de Él, pero no conoces tu "proprium"; no sabes que eres Él y no tú. Cuando llegues a Allâh, es decir, cuando te conoces a ti mismo, "sin la literatura acerca del conocimiento", conocerás que eres Él y que no sabrás en adelante si eres Él o no. Cuando el conocimiento te haya llegado, sabrás que has conocido a Allâh por Allâh y no por ti mismo.
Tomemos un ejemplo: Supongamos que no sabes que tu nombre es Mahmûd o que debes ser llamado Mahmûd -porque el verdadero nombre y el que lo lleva son, en realidad, idénticos-. Te imaginas que te llamas Muhammad, mas después de algún tiempo de vivir en el error, terminas por saber que eres Mahmûd y que jamás has sido Muhammad. Tu existencia continua igual, sin verse afectada por el hecho de que el nombre Muhammad ha sido sacado de ti. Lo que ocurre es que has sabido que eres Mahmûd y que jamás fuiste Muhammad. Pero tú no has dejado de ser Muhammad por la extinción de ti mismo, ya que dejar de existir (fanâ) supone la afirmación de una existencia anterior. Mas el que afirma una existencia fuera de Él, le otorga un asociado -¡que Él sea bendito y que Su Nombre sea exaltado!-. En este ejemplo, Mahmûd no ha perdido jamás nada. Muhammad jamás ha "respirado" (nafasa) en Mahmûd, jamás ha entrado en él o salido de él. Igual ocurre con Mahmûd, con relación a Muhammad. Tan pronto como Mahmûd ha conocido que él es Mahmûd y no Muhammad, se ha conocido a sí-mismo, es decir, ha conocido su "proprium" y esto por sí mismo y no por Muhammad. Este último no ha existido jamás y ¿cómo podría informar sobre alguna cosa?
"El que conoce" y "lo que es conocido" son idénticos, e igual ocurre con "el que llega" y "aquel al cual se llega"; "el que ve " y "lo que es visto". Son idénticos, "El que sabe" es Su atributo. "Lo que es sabido" es Su sustancia o "naturaleza íntima". "El que llega" es Su atributo y "aquel que llega" es Su sustancia. Porque la cualidad y el que la posee son idénticos. Tal es la explicación de la fórmula: "Quien se conoce a sí-mismo, conoce a Su Señor". Quien capta los sentidos de esta similitud comprende que no hay unión, fusión o llegada, ni separación; comprende que "el que sabe" es Él y que "el que es sabido" es también Él; que "el que ve" es Él y "lo que es visto" es también Él; que "el que llega" es Él y "aquel al cual se llega" en la unión es también Él. Nadie distinto de Él puede juntarse con Él o llegar a Él. Nadie distinto de Él puede separarse de Él. Aquel que puede comprender esto total y plenamente, está exento de la más grande de las idolatrías.
Muchos de los iniciados que creen conocer su "proprium", así como a Su Señor y que se imaginan escapar así de las ataduras de la existencia, dicen que "la Vía" no es practicable o visible más que por medio de la "extinción de la existencia" y por la "extinción de esta extinción". Dogmatizan así porque no han comprendido la palabra del Profeta -¡"Que Allâh esté sobre Él y le salve!-. Como han querido evitar la idolatría que resulta de la contradicción, han hablado de la "extinción" de la existencia y también de la "extinción de esta extinción" y también de la "destrucción" y de la "desaparición". Pero estas explicaciones caen en la idolatría pura y simple, porque cualquiera que piense que existe algo distinto de Él y que aquello puede apagarse a continuación, o cualquiera que hable de la "extinción de la extinción" de aquella cosa, tal hombre, decimos nosotros, es culpable de idolatría por su afirmación de la existencia presente o pasada de algo distinto de Él. Que Allâh -¡que Su Nombre sea enaltecido!-, les conduzca, y también a nosotros, por el verdadero camino.
Tu piensas que eres,
mas no eres y jamás has existido.
Si fueras, serías el Señor,
el segundo entre dos.
Abandona tal idea,
porque en nada diferís vosotros dos
en cuanto a la existencia.
Él no difiere de ti y tú no difieres de Él;
si por ignorancia piensas que eres
distinto de Él,
quiere decir que tienes una mente
no educada.
Cuando tu ignorancia cesa alcanzas la paz,
porque tu unión es tu separación
y tu separación es tu unión;
tu alejamiento, una aproximación,
y tu aproximación una partida.
Siendo así que te vuelves mejor,
cesa de razonar y comprende
por la Luz de la intuición,
sin la cual te olvidas de Sus rayos.
Guárdate de dar un compañero a Allâh,
porque en tal caso te envileces
con el oprobio de los idólatras.

Si alguno dice: "Pretendes que el conocimiento de tu "proprium" es la Gnosis, es decir, el Conocimiento de Allâh -¡que Su Nombre sea exaltado!-, que el hombre es distinto de Allâh puesto que debe conocer su "proprium". Pero lo que es distinto de Allâh ¿cómo puede conocerle?". La respuesta es: "Quien se conoce a sí mismo, conoce a Su Señor". La existencia de tal hombre no es la suya, ni la de otro, sino la de Allâh, sin la fusión de dos existencias en una, sin que su existencia entre en Allâh, salga de Él, conviva con Él o resida en Él. Pero Él ve su existencia tal como es.
Nada llega a ser que no haya existido antes y nada deja de existir por destrucción o extinción, o extinción de la extinción. La aniquilación de una cosa implica su existencia anterior. Pretender que una cosa existe por sí misma equivale a creer que esta cosa se ha creado a sí misma, que no debe su existencia al poder de Allâh, lo que es absurdo a los ojos y a los oídos de todos.
Debes observar que el conocimiento que posee el que conoce su "proprium", es el conocimiento que Allâh posee de Su "proprium", de sí-mismo, porque Su "proprium" no es distinto de Él. El Profeta -¡que Allâh esté sobre Él y le salve!- ha querido designar por "proprium" la existencia misma. Cualquiera que llegue a ese estado de alma, en su exterior y en su interior, no es distinto de la existencia de Allâh, de la palabra de Allâh; su acción es la de Allâh y su propósito de conocer su "proprium" es el propósito de la Gnosis, es decir, el Conocimiento de Allâh.
Tú abrigas ese propósito, ves sus actos y tu mirada busca un hombre distinto de Allâh, puesto que tú te ves a ti mismo distinto de Allâh. Mas eso proviene de que no posees el conocimiento de tu "proprium". Pero si "el creyente es el espejo del creyente", entonces ese hombre es Él mismo por su sustancia, o por su ojo, es decir, por su mirada. Su sustancia, o su ojo, es la sustancia, o el ojo de Allâh; su mirada es la mirada de Allâh sin especificación ninguna. Ese hombre no es Él según tu visión, tu ciencia, tu opinión, tu fantasía o tu sueño, sino según Su visión, Su ciencia y Su sueño. Si dice: "Yo soy Allâh", escúchale con atención porque no es Él, sino Allâh mismo quien por su boca pronuncia esas palabras: "Yo soy Allâh". Es evidente que no has alcanzado el mismo grado de despertar espiritual que Él. De otro modo, comprenderías su palabra, dirías lo que él y verías lo que él ve.
Resumamos: La existencia de las cosas es Su existencia sin que las cosas sean. No te dejes engañar por la sutilidad o la ambigüedad de las palabras, de forma que imagines que Allâh ha sido creado. Cierto iniciado ha dicho: "El sufí es eterno", mas él ha hablado así después de que todos los Misterios le fueran revelados y todas las dudas o supersticiones dispersadas. Entretanto, este inconmensurable pensamiento sólo puede convenir a aquel cuya alma se ha convertido en más vasta que los dos mundos. En cuanto a aquel cuya alma aún no ha alcanzado tal grandeza, este pensamiento no es adecuado. Porque en verdad, este pensamiento es más grande que el mundo sensible y el suprasensible, tomados los dos conjuntamente.
En fin, sabe que "el que ve" y "el que es visto"; "el que da la existencia" y "el que existe"; "el que conoce" y "el que es conocido"; "el que crea" y "el que es creado"; "el que comprende" y "el que es comprendido", son todos lo mismo. Él ve Su existencia por Su existencia, la conoce por ella misma y la obtiene por ella misma, sin ninguna especificación fuera de las condiciones o normas ordinarias de la comprensión, de la visión o del saber. Como Su existencia está incondicionada, Su visión de Sí-mismo, Su inteligencia de Sí-mismo y su ciencia de Sí-mismo están igualmente no condicionadas.
Si alguno pregunta: "¿Cómo miras lo que es repulsivo o lo que es atrayente? Si ves, por ejemplo, una inmundicia o una carroña, ¿dices que es Allâh?". La respuesta es: Allâh es sublime y puro y no puede ser esas cosas. Nosotros hablamos con el que no ve una carroña como una carroña o una basura como una basura. Hablamos a los videntes y no a los ciegos. El que no se conoce es un ciego de nacimiento y hasta que no se acabe su ceguera, natural o adquirida, no podrá comprender lo que queremos decir. Nuestra conversación es con Allâh, sólo con Allâh y no con los ciegos de nacimiento. El que ha llegado al grado espiritual que es necesario para comprender, sabe muy bien que nada existe fuera de Allâh. Nuestra conversación es con el que busca con firme intención y perfecta sinceridad obtener el conocimiento de su "proprium", el conocimiento de Allâh -¡que Él sea exaltado!-, y que en su corazón guarda en toda su frescura la "forma" que le mueve a preguntar y desear llegar a Allâh. Nuestro discurso no va dirigido a los que no tienen intención ni finalidad alguna.
Si alguno objeta: "Allâh -¡que Él sea bendito y santo!- ha dicho: las miradas no pueden alcanzarle, pero Él alcanza las miradas. Tú dices lo contrario, ¿dónde está entonces la verdad?". La repuesta es: Todo lo que hemos dicho está conforme con la palabra divina: las palabras no pueden alcanzarle, es decir, nadie, ni las palabras de nadie, pueden alcanzarle. Si dices que hay en lo que existe alguien distinto de Él, debes convenir que ese alguien distinto de Él puede alcanzarle. Pero en estas Sus palabras árabes: "las miradas no pueden alcanzarle", advierte Allâh al creyente que no hay nada distinto de Él. Quiero decir que alguien distinto de Él no puede alcanzarle, porque quien le alcanza es Él, Allâh, Él y ningún otro. Sólo Él alcanza y comprende Su verdadera "naturaleza íntima", no otro. Las miradas no le alcanzan porque son estrictamente Su existencia.
A propósito del que dice que las miradas no pueden alcanzarle porque son creadas y lo creado no puede alcanzar lo increado o eterno, nosotros decimos que quien tal dice no conoce aún su "proprium". No hay nada, absolutamente nada; ni miradas ni ninguna otra cosa, que exista fuera de Él, sino que Él comprende Su propia existencia sin que esta comprensión exista en manera alguna.
He conocido a mi Señor por mi Señor, sin confusión, ni duda.

Mi "naturaleza íntima" es la Suya,
realmente, sin falta ni defecto.
Entre nosotros dos no hay tiempo
y en mi alma el mundo oculto se manifiesta.
Después de haber conocido mi alma
sin mezcla ni desorden,
he llegado a la unión con el objeto de mi amor,
sin largas ni cortas distancias.
He recibido las gracias, sin que nadie a mí descienda,
sin reproches ni motivos.
No he destruido mi alma por Su causa,
ni tengo duración temporal que pueda destruirme.

Si alguno pregunta: "Afirmas la existencia de Allâh y niegas la existencia de cualquier otra cosa además de Él: ¿qué son entonces las cosas que vemos?". La respuesta es: estos discursos se dirigen a los que no ven nada además de Allâh. En cuanto a los que ven cosas fuera de Allâh, no tenemos nada con ellos, ni pregunta, ni respuesta, porque la verdad es que, aunque crean otra cosa, no ven nada más que a Allâh en todo cuanto ven.
El que no conoce a su "proprium" no ve a Allâh, porque no todo recipiente deja filtrar su contenido. Nos hemos extendido ya mucho sobre este tema. Ir más lejos sería inútil, porque el que no ha visto ya no verá, pese a nuestros esfuerzos. No comprenderá y no podrá alcanzar la verdad. El que puede ver, ve, comprende y alcanza la verdad; para el que ha llegado, pero aún no lo sabe, es suficiente une ligera indicación para que a su Luz pueda encontrar el verdadero sendero, caminar por él con toda energía y llegar al fin de su sendero, con la gracia de Allâh.
¡Que Allâh prepare a los que ama y los acoja con palabras, actos, ciencia, inteligencia, luz y verdadera dirección!

¡Él todo lo puede y responde a toda plegaria con la respuesta justa!

¡No hay otro mundo o poder que el de Allâh, el Altísimo, el Inconmensurable!

¡Que Él esté sobre la mejor de sus criaturas, sobre el Profeta y sobre todos los miembros de su familia!
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  Invitado el Vie Jul 13, 2012 3:11 pm

HOla bueno, nonestoy muy segura, pero creo que hay un capitulo de los libros de castaneda, donde la gorda describe su encuentro con don juan, y dice que estuvo mal en cama con la fiebre durante 3 o mas dias.
Esto me hace pensar que en la antiguedad cuando se recibia una iniciacion, era tan fuerte la apertura que algunos no resistian y podian hasta morir.
No podria interpretarse este malestar de la gorda, como el efecto de una iniciacion transmitida por su nagual o gerofAnte?
Los expertos de la obra castanediense manifestarse por favor! Me dan luces sobre donde esta el capitulo?
Que lindo que hypatia este por aqui!
Besossssss

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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Sáb Jul 14, 2012 2:41 am

Te responde desde otras tradiciones ( dentro de un rato te responderán desde la obra de Castaneda y sus experiencias y conocimientos en dicha tradición) que sí, ya que son innumerables los testimonios sobre iniciaciones efectivas o sobre cuando PEGAN las INICIACIONES en relación con estremecimientos, alateraciones, disfuncionalidades, tensiones y todo en un nivel intensísimo, insoportable, también las fiebres han sido muy mencionadas. También los pasajes de un estado a otro y aun más de una estación a otra trastornan, enferman. Son célebres los ejemplos de RUMI, RAMAKRISHNA, así como no han faltado los sufis que se ponían muy locos y agresivos al punto de que o los confinaban en manicomios o los mataban.


Lo mismo vale para el que es investido. está el caso de sheiks que como efecto de haber sido investidos como tales, anduvieron algún período con fiebres, mareos, vértigos y aun pánicos.


Última edición por mariocesar el Sáb Jul 14, 2012 3:26 am, editado 1 vez
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Sáb Jul 14, 2012 3:26 am

Podría encontrar exposiciones tradicionales, pero estas palabras que tengo a mano de PEGGY ANDREA, no difieren con lo expuesto por la tradición chamánica o lo recopilado por MIRCEA ELIADE, y verás que, en ellas está implícito lo dela FIEBRE como un efecto de INICIACIÓN o PODER que recién se revuelve o...:


"(...)Adquirir poder chamánico implica una tipo de experiencia de muerte /renacimiento. Implica olvidarse del yo, eliminar los hábitos que hacen la personalidad, prescindiendo del "auto-diálogo," quitándose de en medio y dejando al universo realizar la conversación. Cuando el Chamán de acuerdo con la tradición muere para sí mismo, nace en la más grande comunidad de la Tribu del cosmos como representante de la Tierra. " Esencialmente, el camino espiritual de un chamán depende del tipo de poder que posea, el tipo de Espíritu al que está conectado, y la tribu a la cual pertenece. tiene la obligación de seguir la guía de los Espíritus y llevar a cabo las tareas asignadas.. Las historias americanas nativas apuntan hacia un serio evento que da por resultado la muerte del protagonista, su visita al reino de los Espíritus del cual él finalmente regresa, transformado y poderoso. Después de tales acontecimientos, él ya no le pertenece a su tribu o a su familia, pero a los Espíritus maestros que le instruyeron. Esto lo hace parecer "extraño" a muchos de sus compañeros".

Buscando la sabiduría del Cuerpo, un Chamán constantemente se centra en su vientre, su barriga, o su plexo solar, NO en su cabeza. El centro inferior le brinda una mejor base desde la cual moverse. También sujeta sus descontrolados procesos de pensamiento y lo pone en harmonía con el Cuerpo de la Tierra. Con objeto de emplear su propia energía eficientemente, el Chamán debe volverse flexible, fluido. Para hacer esto, debe enfrentar los bloqueos del miedo acumulado en el Cuerpo. su tarea es disolver los bloqueos del miedo con la energía que él genera; Ciertamente, la palabra "chamán" literalmente quiere decir " calentarse uno mismo". A medida que la forma inflexible es consumida, la forma fluida es revelada; Éste es el significado de la transformación. Es un regreso a la simplicidad liberadora similar a la naturaleza primitiva de los animales salvajes, los niños pequeños, y nuestros ancestros Terráqueos más antiguos. La libertad viene al dejar marchar y al aprender a confiar en el cuerpo de uno para encontrar su propia vibración, balance y armonía.

Me siento más y más feliz a medida que envejezco. Soy simplemente más libre de condiciones. Esto conlleva hacer sacrificios voluntarios. El término Sacrificio viene de las palabras ‘ hacer sagrado.’ Mi vida chamánica es una vida de hacer todo sagrado, entendiendo todo como sagrado Hasta la basura es sagrada.

La iniciación de un Chamán no es asunto fácil. Sin embargo, como un Chamán floreciente fue informado, "la joya más bella es templada en el fuego más ardiente y sumergida en el agua más fría".

El poder es la fuerza y la habilidad de verte a tí mismo a través de tus ojos y no a través de los ojos de otros. Si una persona tiene poder, y no lo usa, el poder se asentará dentro de ella y no tendrá lugar hacia el cual dirigirse. Es entonces que el poder se vuelve retorcido y maligno. Puede volverse en contra de la persona que lo ha convocado. Si una persona se retrae del poder, posteriormente desarrollará problemas y toda clase de dolencias físicas (por ejemplo).(...)







La iniciación de un Chamán no es asunto fácil. (...), "la joya más bella es templada en el fuego más ardiente y sumergida en el agua más fría"
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Sáb Jul 14, 2012 4:44 am

"(...)Iniciaciones chamánicas
Ahora llegamos a las iniciaciones chamánicas. A fin de simplificar la exposición,
utilizaré el término chamán en su significado más general.
27
Por ello, no sólo consideraremos el
chamanismo en sentido estricto, como se ha desarrollado sobre todo en el norte y centro de Asia
y en Norteamérica, sino también las diversas categorías de hechicero y brujo que han florecido
en otras sociedades primitivas.
Existen tres maneras de convertirse en chamán: por vocación espontánea (la "llamada"
o "elección"); por transmisión hereditaria de la profesión chamánica; y por "búsqueda" personal,
o más raramente, por voluntad del clan. Pero, sea cual fuere el método por el que se haya sido
designado, un chamán es reconocido como tal sólo después de recibir dos tipos de instrucción.
La primera es extática (sueños, visiones, trances); la segunda es tradicional (técnicas
chamánicas, nombres y funciones de los espíritus, mitología y genealogía del clan, lenguaje
secreto).
28
Esta enseñanza dual, impartida por los espíritus y por los chamanes ancianos,
constituye la iniciación. A veces la iniciación es pública e incluye un ritual rico y variado: éste
es el caso, por ejemplo, entre algunos pueblos siberianos. Pero la falta de un ritual de este tipo
no implica de ninguna manera la carencia de una iniciación; es perfectamente posible que la
iniciación se lleve a cabo en los sueños del candidato o a través de experiencias extáticas.
Lo que va a ocuparnos es el síndrome de la vocación mística del chamán. En Siberia, los
jóvenes llamados a ser chamanes atraen la atención por su extraño comportamiento; por
ejemplo, buscan la soledad, son despistados, les gusta vagar por los bosques o por lugares poco
frecuentados, tienen visiones y cantan en sueños.
29
En algunos casos este período de incubación
viene señalado por varios síntomas bastante serios. Entre los yakutas, el joven a veces padece
estallidos de furia y pierde la conciencia con facilidad, se esconde en el bosque, se alimenta de
la corteza de los árboles, se tira al agua y al fuego, y se corta con cuchillos.
30
Los futuros chamanes entre los tungús, cuando se acercan a la madurez, atraviesan una
crisis histérica o histeroide, pero a veces la vocación se manifiesta por sí misma a una edad más
temprana: el muchacho huye a las montañas y permanece allí durante una semana o más,
alimentándose de animales, a los que despedaza con los dientes. Luego regresa al poblado,
sucio, ensangrentado, con la ropa destrozada y el cabello desordenado, y sólo después de un
mínimo de diez días empieza a balbucear palabras incoherentes
31
Incluso en el caso del chamanismo hereditario, la elección del futuro chamán está
precedida por un cambio de comportamiento. Las almas de los antepasados chamanes de una
familia eligen a un joven entre sus descendientes. Éste se torna distraído y taciturno, le gusta la
soledad, tiene visiones proféticas, y a veces padece ataques que le dejan inconsciente. Los
buriatos creen que en esas ocasiones los espíritus se llevan el alma del muchacho; recibida en el
palacio de los dioses, es instruida por sus antepasados chamanes en los secretos de la profesión,
las formas y nombres de los dioses, el culto y nombres de los espíritus. El alma del joven
regresa sólo después de esta primera iniciación, para volver a hacerse cargo del control de su
cuerpo.
32
Un hombre también puede convertirse en chamán a consecuencia de un accidente o de
un suceso muy poco usual. Por ejemplo, entre los buriatos, los soyot y los esquimales, tiene lugar tras haber sido alcanzado por un rayo, o después de caer de un árbol muy alto, o tras lograr
pasar por una ordalía que pudiera considerarse como una prueba iniciática, como en el caso de
un esquimal que pasó cinco días en el agua helada sin que sus ropas se mojasen.
33
El extraño comportamiento de los futuros chamanes no ha dejado de atraer la atención
de los eruditos, y desde mediados del siglo pasado se han llevado a cabo varios intentos de
explicar el fenómeno del chamanismo como un desorden mental.'
4
Pero la cuestión se formuló
en términos erróneos. Porque, por una parte, no es cierto que los chamanes siempre sean o
tengan que ser neurópatas; por otra, aquellos de entre ellos que han estado enfermos se
convierten en chamanes precisamente cuando han logrado curarse. En Siberia suele ser común
que cuando la vocación cha-mánica se manifiesta en forma de algún tipo de enfermedad o brote
epiléptico, la iniciación equivale a una curación. Obtener el don de ser chamán presupone
precisamente la solución de la crisis psíquica manifestada en los primeros síntomas de la
elección o llamada.
Pero si el chamanismo no puede simplemente ser identificado como un fenómeno
psicopatológico, tampoco es cierto que la vocación chamánica tenga que implicar una crisis tan
profunda que en ocasiones raye en la locura. Y como el joven no puede convertirse en chamán
hasta que haya resuelto esta crisis, está claro que juega un importante papel en una iniciación
mística. El desorden provocado en el futuro chamán por las angustiosas noticias de que ha sido
elegido por los dioses o los espíritus es, por ese mismo hecho, considerado como una
enfermedad iniciática. La precariedad de la vida, la soledad y el sufrimiento que revelan
cualquier enfermedad se ven agravados, en este caso particular, por el simbolismo de la muerte
iniciática. La aceptación de la elección sobrenatural encuentra su expresión en la sensación de
que uno se ha entregado a poderes divinos o demoníacos y, por ello, de que se está destinado a
una muerte inminente. A todas esas crisis psicopatológicas del elegido podemos darles el nombre genérico de enfermedades iniciáticas porque dicho síndrome sigue de cerca el devenir del
ritual iniciático clásico. Los padecimientos del elegido son exactamente iguales a las torturas de
la iniciación; al igual que en los ritos de la pubertad o de entrada en una sociedad secreta, el
novicio es "muerto" por seres semidivi-nos o demoníacos, de manera que el futuro chamán ve
en sueños su propio cuerpo siendo descuartizado por demonios; les observa mientras, por
ejemplo, le cortan la cabeza y le arrancan la lengua. Los rituales iniciáticos característicos del
chamanismo siberiano o de Asia Central incluyen una simbólica ascensión a los cielos
utilizando un árbol o poste; a través de sueños o de una serie de ensoñaciones, el enfermo
elegido por los dioses o espíritus emprende su viaje celestial hacia el árbol del mundo. Más
tarde ofreceré algunos ejemplos de estas ordalías iniciáticas abordadas en sueños o durante el
período en que el futuro chamán atraviese una aparente inconsciencia y locura.
Pero no obstante me gustaría incidir en el hecho de que la psi-copatología de la
vocación chamánica no es de carácter profano; no pertenece a la sintomatología ordinaria.
Cuenta con una estructura y significado iniciáticos; en pocas palabras, reproduce una pauta
mística tradicional. La crisis total del futuro chamán, que a veces conduce a la total
desintegración de la personalidad y a la locura, puede valorarse no sólo como una muerte
iniciáti-ca, sino también como un regreso simbólico al caos precosmogó-nico, al estado amorfo
e indescifrable que precede a cualquier cosmogonía. Como ya sabemos a través de lo que hemos
visto en las culturas arcaicas y tradicionales, un regreso simbólico al caos equivale a preparar
una nueva creación.
35
De ello se desprende que debemos interpretar el caos psíquico del futuro
chamán como una señal de que el hombre profano se "disuelve" y de que se está preparando el
nacimiento de una nueva personalidad.
Pruebas iniciáticas de los chamanes siberianos
Ahora tratemos de descubrir lo que los propios chamanes siberianos tienen que decir a
propósito de las duras pruebas por las que pasan durante sus enfermedades iniciáticas. Todos
mantienen que han "muerto" y que han permanecido exánimes entre tres y siete días en su yurta
o en un lugar solitario. Durante este período son troceados por demonios o por sus espíritus
ancestrales; les limpian los huesos, quitándoles las carne, y tiran los fluidos corporales, y los
ojos les son arrancados de las cuencas.
36
Según un informador yakuto, los espíritus llevan al
futuro chamán al infierno y le encierran en una casa durante tres años. Allí padecerá su
iniciación; los espíritus le cortan la cabeza (que colocan a un lado, pues el novicio debe observar
su propio desmembramiento) y trocean su cuerpo en pedazos, que más tarde se distribuyen entre
los espíritus de diversas enfermedades. Sólo a partir de esta condición obtendrá el futuro
chamán el poder de sanación. A continuación le cubren los huesos con carne nueva, y en
algunos casos también le suministran sangre nueva." Según otro informador yakuto, unos
"demonios" negros trocean el cuerpo del futuro chamán y tiran los pedazos en todas las direcciones, como ofrendas, para luego clavarle una lanza en la cabeza y cortarle el maxilar.
38
Un
chamán samoyedo le contó a Leh-tisalo que los espíritus le atacaron y trocearon, cortándole
también las manos. Durante siete días y siete noches permaneció inconsciente en el suelo,
mientras su alma estaba en el cielo.
19
Seleccionaré unos cuantos episodios significativos de una
extensa y azarosa autobiografía que un chamán avam-samoyedo le confió a A. A. Popov.
Atacado por la viruela, el futuro chamán permaneció inconsciente durante tres días, tan cerca de
la muerte que al tercer día casi le entierran. Se vio a si mismo descender al infierno y, tras
muchas aventuras, fue llevado a una isla, en el centro de la cual se alzaba un joven abedul que
llegaba hasta el cielo. Era el árbol del señor de la tierra, y el señor le dio una rama para que se
hiciese un tambor. A continuación llegó a una montaña. Al pasar a través de una apertura, se
encontró con un hombre desnudo que utilizaba un fuelle para alimentar una inmensa hoguera
sobre la que había una marmita. El hombre le cogió con un gancho, le cortó la cabeza, le troceó
el cuerpo y arrojó los pedazos a la marmita. En ella coció el cuerpo durante tres días, y luego le
forjó una cabeza en un yunque. Finalmente pescó los huesos, que flotaban en un río, los juntó y
los recubrió de carne. Durante sus aventuras en el otro mundo, el futuro chamán conoció a
varios personajes semidivinos, en forma humana o animal, y cada uno de ellos le reveló
doctrinas o le desveló secretos sobre el arte de la sanación. Cuando se despertó en su yurta,
entre sus familiares, fue iniciado y pudo empezar a ejercer como chamán.
40
Un chamán tungús explica que durante su enfermedad iniciática, sus antepasados
chamanes le perforaron con flechas hasta que perdió el conocimiento y cayó al suelo; luego le
cortaron la carne, le quitaron los huesos y los contaron frente a él; si hubiese faltado uno no
habría podido ser chamán.
41
Según los buriatos, el candidato es torturado por sus antepasados
chamanes, que le golpean, trocean su cuerpo con un cuchillo y cuecen su carne.
42
Una mujer
teleuta se convirtió en chamana tras tener una visión en la que unos hombres desconocidos la
troceaban el cuerpo y la cocían en una cazuela.
43
Según las tradiciones de los chamanes altaicos,
sus espíritus ancestrales les abren los vientres, comen su carne y beben su sangre.
44
Esos pocos ejemplos son suficientes para mostrar que las enfermedades iniciáticas
siguen la pauta fundamental de todas las iniciaciones: primero, tortura a manos de demonios o
espíritus, que desempeñan el papel de maestros de la iniciación; segundo, la muerte ritual,
experimentada por el paciente como un descenso al infierno o un ascenso al cielo; tercero, la
resurrección a un nuevo modo de vida: el modo del "hombre consagrado", es decir, un hombre
que puede comunicarse personalmente con dioses, demonios y espíritus. Las diferentes clases de sufrimientos padecidos por el futuro chamán son valorados como otras tantas experiencias
religiosas. Sus crisis psicopatológicas son explicadas como la consecuencia de que los demonios
se lleven su alma, o de sus viajes extáticos al cielo o el infierno. Se considera que sus dolores
físicos son causados por el desmembramiento de su cuerpo. Pero sea cual fuere la naturaleza de
sus sufrimientos, éstos tienen un papel en el proceso de transformación del chamán sólo en tanto
él les conceda un significado religioso y, por ese hecho, de aceptarlos como pruebas
indispensables para su transfiguración mística. Porque, no debemos olvidar que la muerte
iniciáti-ca siempre es seguida por una resurrección; es decir, en términos de experiencia
psicopatológica, la crisis se resuelve y la enfermedad se cura. La integración de una nueva
personalidad por parte del chamán depende en gran parte de que esté curado.
Hasta el momento sólo he citado ejemplos siberianos; pero la pauta del
desmembramiento puede hallarse casi en todas partes. Durante la iniciación de un chamán
araucano, el maestro hace creer a los espectadores que cambia los ojos y la lengua del novicio
por otros y que coloca un palo atravesándole el abdomen.
45
En la zona del río Patwin, el
candidato a la sociedad kuksu se supone que tendrá el ombligo atravesado por una flecha
disparada por el propio Kuksu; muere y es resucitado por un chamán.
46
Entre los sudaneses de
los montes de Nubia, la primera consagración iniciática se llama "cabeza", porque «se le abre la
cabeza al novicio para que pueda entrar el espíritu».
47
En Malekula, la iniciación del hechicero
incluye, entre otras cosas, el desmembramiento del novicio: el maestro le corta los brazos, los
pies y la cabeza, y luego los vuelve a poner en su sitio.
4!í
Entre los dayaks, los manangs afirman
que cortan la cabeza del candidato, le quitan el cerebro y lo lavan para darle una mente más
clara.
49
Finalmente, como veremos dentro de poco, trocear el cuerpo y el intercambio de
visceras son ritos esenciales en algunas iniciaciones de hechiceros australianos. El troceado
iniciático de chamanes y hechiceros merecería una larga investigación comparativa; pero su
parecido al mito y ritual de Osiris, por un lado, y al desmembramiento ritual del meriah
hinduista, por otro, resulta desconcertante y todavía no ha sido explicado.
50
Una de las características específicas de las iniciaciones cha-mánicas, aparte del
desmembramiento del candidato, es su reducción al estado de esqueleto. Hallamos este tema no
sólo en los relatos de las crisis y enfermedades de quienes han sido elegidos por los espíritus
para convertirse en chamanes, sino también en las experiencias de aquellos que han obtenido
sus poderes cha-mánicos a través de sus propios esfuerzos, tras una larga y ardua búsqueda. Así,
por ejemplo, entre los esquimales ammasilik, el aprendiz pasa largas horas en su iglú,
meditando. En un momento determinado, cae "muerto" y permanece sin vida durante tres días y
tres noches; durante este período, un enorme oso polar devora toda su carne y le reduce a un
esqueleto.
51
Sólo después de esta experiencia mística recibe el aprendiz el don de chamanizar.
Los angakuts de los esquimales iglulik son capaces, con el pensamiento, de arrancarse la carne
y la sangre y de contemplar sus propios esqueletos durante largos períodos de tiempo.
32
Puedo
agregar que la visualización de la muerte propia en manos del demonio y la reducción final al
estado de esqueleto son meditaciones predilectas en el budismo indotibetano y mongol." Finalmente, señalaremos que el esqueleto aparece representado bastante a menudo en la indumentaria
del chamán siberiano.
54
Nos hallamos en presencia de una idea religiosa verdaderamente antigua, que pertenece
a la cultura de cazadores y recolectores. Los huesos simbolizan la raíz final de la vida animal, el
molde del que surge continuamente la sangre. Los hombres y los animales renacen a partir del
hueso; durante un tiempo mantienen una existencia en la carne; luego mueren, y su "vida" se reduce a la esencia concentrada en el esqueleto, del que volverán a renacer.
55
Reducidos a
esqueletos, los futuros chamanes experimentan la muerte mística que les permite regresar a la
fuente inagotable de vida cósmica. No es que vuelvan a nacer, es que están "revividos"; es decir,
el esqueleto vuelve a la vida al darle nueva carne, al encarnarlo de nuevo.
56
Ésta es una idea
religiosa totalmente diferente de la concepción de las culturas agrícolas, que consideran a la
tierra la fuente de vida esencial, de ahí que asimilen el cuerpo humano a la semilla que debe
enterrarse en el suelo antes de que pueda germinar. Porque, como ya hemos visto, en los rituales
iniciáticos de muchos pueblos de agricultores, a los neófitos se los entierra simbólicamente, o
bien son sometidos a un salto atrás temporal para regresar al estado embrionario en el útero de
la Madre Tierra. El escenario iniciático de los chamanes asiáticos no incluye un regreso a la
ierra (por ejemplo, un sepelio simbólico, ser tragado por un monstruo), sino la aniquilación de
la carne y por tanto, la reducción de la vida a su esencia última e indestructible.(...)" MIRCEA ELIADE (Mircea Eliade
NACIMIENTO Y RENACIMIENTO
El significado de la iniciación en la cultura humana )
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INVITACION Y RETO.

Mensaje  charlie boloix el Sáb Jul 14, 2012 7:24 am

Imposible resistirlos sobretodo viniendo estos de Paris con amor.
En el tercer capitulo de El Segundo Anillo de Poder la Gorda le cuenta a Castaneda sobre su encuentro con Don Juan.
Lo que sucede luego vale la pena leerlo.

Hasta los rosales de la plaza han florecido. Que bello esta Ixtlan de Juarez.
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Sáb Jul 14, 2012 7:50 am

charlie boloix escribió:Imposible resistirlos sobretodo viniendo estos de Paris con amor.
En el tercer capitulo de El Segundo Anillo de Poder la Gorda le cuenta a Castaneda sobre su encuentro con Don Juan.
Lo que sucede luego vale la pena leerlo.

Hasta los rosales de la plaza han florecido. Que bello esta Ixtlan de Juarez.


Nos vamos pállá; esta vez el 3er cap. de EL SEGUNDO ANILLO DE PODER...
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Sáb Jul 14, 2012 7:58 am



58
Vaciló un instante, luego se quedó en silencio y miró la casa. Llevó las manos cerradas alnivel del ombligo. Se volvió y miró al valle y repitió el gesto.Yo sabía qué era lo que hacía. Se despedía de su casa y de aquellas imponentes colinas que larodeaban.Don Juan me había enseñado, años atrás, el significado de esos gestos, destacando el hecho deque implicaban un extremo poder: un guerrero rara vez hacía uso de ellos. Yo mismo habíatenido muy pocas ocasiones de efectuarlos.El movimiento de despedida que la Gorda efectuaba era una variante del que me habíaenseñado don Juan. Éste me había dicho que las manos debían cerrarse como para pronunciaruna plegaria, fuese ello hecho con delicadeza o violentamente, llegando incluso a producir unsonido como de palmoteo. Cualquiera que fuese la forma, el propósito del guerrero al cerrar lasmanos era atrapar el sentimiento que no quería dejar tras sí. Tan pronto como se apretaban lospuños, una vez capturado el sentimiento, se los llevaba con gran fuerza al medio del pecho, a laaltura del corazón. Allí, se convertía en una daga y el guerrero se la clavaba, sosteniéndola conambas manos.Don Juan me había dicho que un guerrero sólo dice adiós de ese modo cuando tiene buenasrazones para creer que no regresará.La despedida de la Gorda me cautivó.-¿Te despides? -pregunté con curiosidad.-Sí -dijo secamente.-¿No te llevas las manos al pecho? -quise saber.-Eso lo hacen los hombres. Las mujeres tienen útero. Guardan sus sentimientos allí.-¿No se supone que esa clase de despedidas están reservadas a los casos en que no se regresa?-Lo más probable es que no regrese -replicó-. Me voy contigo.Tuve un súbito e injustificado acceso de tristeza; injustificado en el sentido de que no conocíaa aquella mujer en lo más mínimo. Sólo abrigaba dudas y sospechas hacia ella. Pero al mirar decerca sus claros ojos me sentí definitivamente vinculado con ella. Me serené. Mi cólera habíadado paso a una melancolía desconocida. Miré a mi alrededor y comprendí que aquellas colinasromas, misteriosas, enormes, me estaban desgarrando.-Esas colinas están vivas -dijo, leyendo mis pensamientos.Me volví hacia ella y le dije que tanto el lugar como las mujeres me habían afectado muyprofundamente; tanto, que no me parecía concebible desde el punta de vista de mi sentidocomún. No sabía qué había resultado más devastador, si el lugar o las mujeres. Las furiosasembestidas de estas últimas habían sido directas y aterradoras pero la presencia de las colinasconstituía un factor constante, de continua aprensión; suscitaba un deseo de huir de allí. Anteello; la Gorda me dijo que mi juicio acerca de los efectos del lugar era correcto, que era debidoa ello que el Nagual las había dejado allí, y que no debía culpar a nadie por lo sucedido, puestoque el propio Nagual había dado a aquellas muchachas la orden de terminar conmigo.-¿También a ti te ha dado órdenes semejantes? -pregunté.-No; a mí no. No soy como ellas -replicó-. Ellas son hermanas. Son lo mismo; exactamente lomismo. Tanto como son lo mismo Pablito y Néstor y Benigno. Sólo tú y yo podemos llegar aser exactamente lo mismo. Aún no lo somos porque estás incompleto. Pero algún día seremos lomismo, exactamente lo mismo.-Me han dicho que eres la única que sabe dónde se encuentran el Nagual y Genaro -dije.Me miró con atención durante un momento y sacudió la cabeza afirmativamente.-Es cierto -dijo-. Sé dónde están. El Nagual me dijo que te llevara si podía.Le exigí que dejase de andarse por las ramas y me revelara su paradero de inmediato. Mipedido pareció sumirla en el caos. Se disculpó y me prometió que más tarde, cuando nos

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hallásemos en camino, me lo expondría todo. Me rogó que no le hiciese más preguntas porquetenía instrucciones precisas en el sentido de no comentar nada hasta el momento indicado.Lidia y Josefina salieron a la puerta y se quedaron mirándome. Me apresuré a subir al coche.La Gorda me siguió; no pude evitar el observar que entraba en el automóvil como si lo hiciese aun túnel: casi a gatas. Don Juan solía hacerlo. En cierta ocasión le había dicho, bromeando, trashaberlo visto entrar así un buen número de veces, que resultaba más práctico como yo lo hacía.Su extraño modo de actuar me parecía atribuible a su falta de familiaridad con los coches. Meexplicó entonces que el vehículo era una cueva, y que ese era el modo correcto de entrar en lascuevas, si pretendíamos valernos de ellas. Había un espíritu inherente a las cuevas, fuesen éstasnaturales o construidas por el hombre, y era necesario acercarse a él con respeto. El gateo era laúnica forma adecuada de demostrar ese respeto.Estaba considerando la conveniencia de preguntar o no a la Gorda si don Juan la habíainstruido acerca de tales detalles, cuando habló por propia iniciativa. Dijo que el Nagual lehabía dado directivas específicas para el caso de que yo sobreviviera a los ataques de doña So-ledad y las tres muchachas. Agregó, en tono despreocupado, que antes de dirigirnos a Ciudad deMéxico, debíamos ir a determinado lugar en las montañas, al que acostumbrábamos acudir donJuan y yo, y que allí me descubriría toda la información que el Nagual nunca me habíaproporcionado.Tuve un momento de indecisión, pero luego un algo interior, distinto de la razón, me impulsóhacia las montañas. Viajamos en absoluto silencio. Intenté en varias ocasiones iniciar unaconversación, pero en todos los casos me rechazó, sacudiendo con energía la cabeza.Finalmente pareció cansarse de mi insistencia y se vio obligada a comentar que aquello que medebía decir requería, para ser confiado, un lugar de poder, y que teníamos que abstenernos dedesperdiciar fuerzas en charlas sin sentido, hasta hallarnos en él.Tras un largo recorrido en coche y una agotadora caminata desde la carretera, llegamosfinalmente a destino. Caía la noche. Estábamos en lo hondo de un cañón. Allí ya estaba oscuro,en tanto el sol seguía brillando por sobre las montañas de encima. Anduvimos hasta llegar a unapequeña cueva, a uno o dos metros del nivel del suelo, en el extremo norte del cañón, que iba deEste a Oeste. Solía pasar mucho tiempo allí con don Juan.Antes de entrar, la Gorda barrió cuidadosamente el suelo con ramas, tal como lo hacía donJuan, con el objeto de eliminar las garrapatas y otras parásitos adheridos a las rocas. Luegocortó tallos, cubiertos de hojuelas ligeras; reunió un montón de los arbustos de los alrededores ylos distribuyó sobre el piso de piedra a modo de colchón.Me indicó con un gesto que entrara. Yo siempre había permitido que don Juan me antecedieseen señal de respeto. Quería hacer lo mismo con ella, pero se negó. Dijo que yo era el Nagual.Penetré en la cueva tal como ella lo había hecho en el coche. Reí ante mi inconsecuencia. Nohabía llegado jamás a considerar mi automóvil como una cueva.La Gorda procuró que me relajara y me pusiera cómodo.-El Nagual no podía revelarte todos sus designios en razón de que estabas incompleto -dijo derepente-. Aún lo estás, pero ahora, tras tus encuentros con Soledad y las muchachas, eres másfuerte que antes.-¿Qué significa estar incompleto? Todos me han dicho que eras la única persona capaz deexplicármelo -dije.-Es muy sencillo -replicó-. Una persona completa es aquella que nunca ha tenido niños.Hizo una pausa, como si aguardase a que terminara de apuntar lo que había dicho. Alcé lavista de mi libreta. Me observaba, midiendo el efecto de sus palabras.-Sé que el Nagual te dijo exactamente lo mismo que acaba de decirte -prosiguió-. No leprestaste atención, y lo más probable es que no me hayas prestado atención tampoco a mí.Leí mis notas en voz alta, de modo de repetir sus palabras. Sofocó una risilla.

60
-El Nagual decía que una persona incompleta es aquella que ha tenido niños -dijo, como si melo estuviese dictando.Me examinó atentamente, esperando, a juzgar por las apariencias, una pregunta o uncomentario. No tuve que hacer ninguna de las dos cosas.-Ya te he dicho todo lo que hay que saber acerca del hecho de hallarse completo o incompleto-declaró-. Te he dicho exactamente lo mismo que el Nagual me dijo a mí. Entonces, nosignificó nada para mí; tal como no significa nada ahora para ti.Me vi obligado a reír ante el modo en que se amoldaba a las enseñanzas de don Juan.-Una persona incompleta tiene un agujero en el estómago -prosiguió-. Un brujo lo
ve
con lamisma claridad con que tú ves mi cabeza. Cuando el agujero se encuentra a la izquierda delestómago, el niño que lo ha creado es del mismo sexo. Si se encuentra a la derecha, es del sexoopuesto. El agujero de la izquierda es negro; el de la derecha es castaño oscuro.-¿Eres capaz de ver el agujero en todo aquel que haya tenido un niño?-Claro. Hay dos modos de
verlo
. Un brujo puede verlo tanto en sueños como mirandodirectamente a una persona. Un brujo que ve no tiene reparos en observar el ser luminoso con lafinalidad de comprobar si hay un agujero en la luminiscencia del cuerpo. No obstante, auncuanto el brujo no sepa
ver
, es capaz de distinguir lo oscuro del boquete a través de la ropa.Calló. La insté a continuar.-El Nagual me dijo que escribías, y que luego no recordabas lo escrito -me dijo, en tonoacusatorio.Me vi enredado en mis propias palabras, tratando de defenderme. No obstante, ella habíadicho la verdad. Las palabras de don Juan siempre habían surtido un doble efecto sobre mí: eluno, al oír sus aseveraciones por primera vez; el otro, al leer a solas lo escrito y olvidado.La conversación con la Gorda, sin embargo, era esencialmente diferente. Los aprendices dedon Juan no se hallaban en ningún sentido tan inmersos en lo suyo como él. Sus revelaciones, sibien extraordinarias, no eran sino piezas sueltas de un rompecabezas. El carácter insólito deaquellas piezas consistía en que no servían para clarificar la imagen, sino para hacerla cada vezmás compleja.-Tenías un agujero marrón en el lado derecho del estómago -continuó-. Ello significa quequien te había vaciado era una hembra. Has hecho una niña.»El Nagual decía que yo tenía un enorme agujero negro, que revelaba el haber hecho dosmujeres. Nunca lo vi, pero vi a otra gente con agujeros semejantes al mío.-Dijiste que yo tenía un agujero. ¿Significa eso que ya no lo tengo?-No. Ha sido remendado. El Nagual te ayudó a remendarlo. Sin su apoyo estarías aun másvacío de lo que estás.-¿Qué clase de remiendo se le ha aplicado?-Un remiendo en tu luminosidad. No hay otra forma de decirlo. El Nagual explicaba que unbrujo como él era capaz de rellenar el agujero en cualquier momento. Pero ese relleno no dejabade ser una mancha sin luminosidad. Cualquiera que
vea
o
sueñe
puede afirmar que luce comoun parche de plomo sobre la luminosidad amarilla del resto del cuerpo. El Nagual te remendó ati y a mí y a Soledad. Pero dejó a nuestro cargo el recobrar la luminosidad, el brillo.-¿Cómo nos remendó?-Es un brujo; puso cosas en nuestros cuerpos. Hizo sustituciones. Ya no somos enteramentelos mismos. El remiendo es lo que puso de sí mismo.-Pero, ¿por qué puso esas cosas y qué eran?-Puso en nuestros cuerpos su propia luminosidad; se valió de las manos para ello. Se limitó aentrar en nosotros y dejar allí sus fibras. Hizo lo mismo con sus seis niños y con Soledad. Todosellos son lo mismo, salvo Soledad; ella es otra cosa.La Gorda parecía poco dispuesta a continuar. Titubeó y la vi al borde del tartamudeo.
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Sáb Jul 14, 2012 7:59 am


61
-¿Qué es doña Soledad?-Es muy difícil decirlo -dijo, tras unos momentos de resistencia-. Es lo mismo que tú y que yo,y, sin embargo, es diferente. Posee idéntica luminosidad, pero no está junto a nosotros. Marchaen dirección opuesta. En este momento se te asemeja más. Ambos llevan remiendos queparecen de plomo. El mío ha desaparecido y he vuelto a ser un huevo completo, luminoso. Esaes la razón por la que te dije que tú y yo llegaríamos a ser lo mismo algún día, cuandoestuvieses de nuevo completo. Actualmente, lo que nos hace ser casi lo mismo es laluminosidad del Nagual, y la realidad de que ambos marchamos en igual dirección y ambosestamos vacíos.-¿Cómo ve un brujo a una persona completa? -pregunté.-Como un huevo luminoso hecho de fibras -replicó-. Todas las fibras están enteras; lucencomo cuerdas, como cuerdas tensas. La impresión que da el conjunto de las cuerdas es la dehaber sido estirado como el parche de un tambor. Por otra parte, te diré que en una personavacía las cuerdas se ven arrugadas en los bordes del agujero. Cuando se han tenido muchos ni-ños, las fibras ya no se ven como tales. En esos casos, se observa algo así como dos trozos deluminosidad, separados por negrura. Es una visión horrenda. El Nagual me lo hizo
ver
en ciertaocasión, en un parque de la ciudad.-¿A qué atribuyes el que el Nagual nunca me haya hablado de ello?-El Nagual te lo ha dicho todo, pero nunca le entendiste cabalmente. Tan pronto como se dabacuenta de que tú no le comprendías, se veía obligado a cambiar de tema. Tu vaciedad te impedíaentender. El Nagual decía que era perfectamente natural que no entendieras. Una vez que unapersona queda incompleta, se vacía realmente, como una calabaza ahuecada. No te importó elnúmero de veces en que él te dijo que estabas vacío; ni siquiera te importó el que te loexplicase. Nunca supiste lo que quería decir o, lo que es peor, nunca quisiste saberlo.La Gorda pisaba terreno peligroso. Intenté hacerla variar de rumbo, pero me rechazó.-Tú quieres a un pequeño y no te interesa conocer el sentido de las palabras del Nagual -dijo,acusadora-. El Nagual me dijo que tenías una hija a la que nunca habías visto, y que querías aese niño. La una te quitó fuerza, el otro te obligó a concretar. Les has unido.No tuve otro remedio que dejar de escribir. Salí a gatas de la cueva y me puse de pie.Comencé a descender la empinada cuesta que llevaba al fondo del barranco. La Gorda mesiguió. Me preguntó si me encontraba molesto por su franqueza. No quise mentir.-¿Qué crees? -pregunté.-¡Estás furioso! -exclamó, y soltó una risilla tonta con un desenfado que sólo había visto endon Juan y en don Genaro.A juzgar por las apariencias, estuvo a punto de perder el equilibrio y se aferró a mi brazoizquierdo. Para ayudarla a bajar al fondo del barranco, la alcé por el talle. Creí que no podíapesar más de cincuenta kilos. Frunció los labios al modo de don Genaro y dijo que pesabacincuenta y seis. Los dos nos echamos a reír a la vez. Ello supuso un instante de comunicacióndirecta, espontánea.-¿Por qué te molesta tanto hablar de esas cosas? -preguntó.Le dije que una vez había tenido un pequeño al que había amado inmensamente. Experimentéla necesidad compulsiva de hablarle de él. Una exigencia extravagante, más allá de mi razón,me llevaba a abrirme a aquella mujer, una completa desconocida para mí.Cuando comencé a hablar del niño, una oleada de nostalgia me envolvió; quizás se debiera allugar, o a la situación, o a la hora. Por algún motiva, mis recuerdos del pequeño se mezclabanen mí con los de don Juan: por primera vez en todo el tiempo que había pasado sin verle, loextrañé. Lidia había dicho que ella nunca lo extrañaba porque siempre estaba con él; él era suscuerpos y sus espíritus. Había comprendido de inmediato el sentido de sus palabras. Yo mismome sentía así. En aquel barranco, sin embargo, un sentimiento desconocido había hecho presa

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en mí. Hice saber a la Gorda que hasta aquel momento no había extrañado a don Juan. Norespondió. Desvió la mirada.Es probable que mi nostalgia por aquellas dos personas tuviese que ver con el hecho de queambas habían dado lugar a situaciones catárticas en mi vida. Y ambas se habían ido. Hasta esemomento, no había tenido claro el carácter definitivo de esa separación. Comenté a la Gordaque el pequeño había sido, por sobre todo, mi amigo, y que un día fuerzas que se hallaban fuerade mi control le había apartado bruscamente de mí. Tal vez fuese uno de los golpes más fuertesrecibidos en mi vida. Había incluso ido a ver a don Juan para pedir su auxilio. Fue la únicaoportunidad en que le solicité apoyo. Escuchó mi petición y rompió a reír estrepitosamente. Sureacción me resultó tan insólita que ni siquiera me enfadé. Lo único que pude hacer fue uncomentario acerca de lo que yo consideraba falta de sensibilidad.-¿Qué quieres que haga? -me había preguntado don Juan.Le respondí que, puesto que era un brujo, podría ayudarme a recuperar a mi amiguito, cosaque me consolaría.-Estás equivocado; un guerrero no busca nada que le consuele -había afirmado, en un tono queno admitía réplica.Luego se dedicó a aniquilar mis argumentos. Dijo que un guerrero no debía dejar nada libradoal azar, que un guerrero era realmente capaz de alterar el curso de los sucesos, valiéndose delpoder de su conciencia y de la inflexibilidad de su propósito. Dijo que si mi intención deconservar y auxiliar a ese niño hubiese sido inflexible, me las habría arreglado para tomar lasmedidas necesarias para que no se fuese de mi lado. Pero, tal como estaban las cosas, mi cariñono pasaba de ser una palabra, un arranque inútil de un hombre vacío. Llegado a ese punto, meinformó acerca de la vaciedad y la plenitud, pero opté por no oírle. Me limité a experimentar unsentimiento de pérdida, la carencia que él había mencionado, según me parecía evidente, alreferirse a la sensación de extravío de algo irreemplazable.-Lo amaste, reverenciaste su espíritu, deseaste su bien; ahora debes olvidarlo -dijo.Pero yo no había sido capaz de hacerlo. Se trataba de algo terriblemente vigente en misemociones, a pesar de que el tiempo se había encargado de suavizarlas. En cierto momento, creí haber logrado olvidar; pero una noche, un incidente desencadenó un profundo cataclismo en miinterior. Me dirigía a mi despacho cuando una joven mexicana me abordó. Estaba sentada en unbanco, aguardando un autobús. Quería saber si ese autobús la llevaría a un hospital de niños. Yono lo sabía. Explicó que su pequeño tenía una temperatura muy elevada desde hacía tiempo, yella estaba preocupada porque no tenía dinero. Me acerqué y vi a un crío, de pie sobre el banco,con la cabeza apoyada en el respaldo. Vestía una chaqueta, pantalones cortos y gorra. No teníamás de dos años. Debió de haberme visto, porque se arrimó al extremo del asiento y puso lafrente contra mi pierna.-Me duele la cabecita -me dijo.Su voz era tan débil y sus ojos oscuros tan tristes, que una oleada de angustia irreprimible hizopresa en mí. Lo alcé y los llevé, a él y a su madre, al hospital más cercano. Allí los dejé, tras dara la madre el dinero necesario para pagar lo requerido. Pero no quise quedarme, ni saber más deél. Deseaba creer haberle ayudado, saldando con ello mi deuda con el espíritu del hombre.Había aprendido de don Juan la fórmula «saldar la deuda con el espíritu del hombre». En unaocasión, preocupado por el hecho de no haberle pagado por todo lo hecho por mí, le pregunté sihabía algo en el mundo que pudiese hacer para reparar su esfuerzo. Salíamos de un banco, trascambiar algunos dólares por moneda mexicana.-No necesito que me pagues -dijo-, pero si quieres saldar una deuda, haz tu depósito a nombredel espíritu del hombre. La suma es siempre muy pequeña, y, sea cual sea la cantidad que seaporte, es más que suficiente.
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Sáb Jul 14, 2012 8:02 am


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Al auxiliar a aquel niño enfermo, no había hecho sino pagar al espíritu del hombre cualquierayuda que mi pequeño pudiese recibir de desconocidos en su camino.Dije a la Gorda que mi cariño hacia él seguiría vivo durante el resto de mis días, aunque novolviera a verle nunca. Quise agregar que su recuerdo se hallaba tan profundamente enterradoque nada podía alcanzarlo, pero desistí de hacerlo. Entendí que hubiese sido superflua lareferencia. Además, oscurecía y yo quería salir de ese agujero.-Es mejor que nos vayamos -dije-. Te llevaré a tu casa. Tal vez más tarde tengamos ocasión dehablar sobre estas cosas.Se rió de mí, tal como don Juan solía hacerlo. Evidentemente, mis palabras debían de haberleparecido harto cómicas.-¿Por qué ríes, Gorda? -pregunté.-Porque sabes perfectamente que no podemos irnos de aquí con tanta facilidad -replicó-.Tienes una cita con el poder aquí. Y yo también.Regresó a la cueva y entró en ella a gatas.-Ven -chilló desde dentro-. No hay modo de irse.Reaccioné de la manera más incongruente. Entré gateando y volví a sentarme cerca de ella.Resultaba obvio que me había tendido una trampa. Yo no había ido allí para tenerenfrentamiento alguno. Debí haberme puesto furioso. En cambio, permanecí impasible. No po-día mentirme diciéndome que aquello era tan sólo un alto en mi camino hacia Ciudad deMéxico. Me encontraba en ese lugar porque una fuerza que sobrepasaba mi capacidad racionalme había impelido a ir.Me tendió la libreta y me instó a escribir. Me dijo que, si lo hacía, no sólo me relajaría, sinoque además la relajaría a ella.-¿En qué consiste esa cita con el poder? -pregunté.-El Nagual me dijo que tú y yo teníamos una cita con algo allí fuera. Antes tuviste una cita condoña Soledad y otra con las hermanitas. Era de suponerse que acabaran contigo. El Nagual dijoque, si sobrevivías a esos asaltos, debía traerte aquí, para concurrir juntos a la tercera cita.-¿De qué clase de cita se trata?-A decir verdad, no lo sé. Como todo, depende de nosotros. En este mismo instante hay allí fuera algunas cosas que te han estado aguardando. Lo dijo porque he venido aquí sola muchasveces y no ocurrió nada. Pero esta noche la situación es distinta. Tú estás aquí y vendrán.-¿A qué se debe que el Nagual trate de destruirme? -pregunté.-¡Pero sin no trata de destruir a nadie! -protestó la Gorda-. Tú eres su hijo. Ahora quiere queseas él mismo. Más él mismo que el resto de nosotros. Pero para ser un verdadero Nagual debesexigir tu poder. De otro modo no hubiese puesto tanto cuidado en que Soledad y las hermanitaste acechasen. Él enseñó a Soledad la forma de cambiar su aspecto y rejuvenecer. La indujo ainstalar un piso diabólico en su habitación. Un piso al que nadie puede oponerse. Como sabes,Soledad está vacía, así que el Nagual le prestó ayuda para realizar algo gigantesco. Le destinóuna misión, una misión sumamente difícil y peligrosa, pero que era la única adecuada para ella:acabar contigo. Le expuso que no había nada más difícil para un brujo que eliminar a otro. Esmás fácil que un individuo corriente mate a un brujo, o que un brujo mate a un hombrecorriente. El Nagual explicó a Soledad que lo más conveniente para ella era sorprenderte yasustarte. Y eso fue lo que ella hizo. El Nagual la convirtió en una mujer apetecible, con la fi-nalidad de que pudiese arrastrarte a su habitación; una vez allí, el suelo te hechizaría. Por lo queyo sé, nadie, lo que se dice nadie, se le puede resistir. Ese suelo fue la obra maestra del Nagual,por lo que hace a Soledad. Pero algo hiciste con el suelo que obligó a Soledad a variar sustácticas, según las instrucciones del Nagual. Él le dijo que si el suelo fallaba y no conseguíatomarte por sorpresa y atemorizarte, debía hablarte y contarte todo lo que desearas saber. El

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Nagual la adiestró para que se expresara correctamente, como último recurso. Pero Soledad nologró superarte siquiera por ese medio.-¿A qué se debía el que fuese tan importante superarme?Se detuvo y me estudió detenidamente. Se aclaró la garganta y se puso rígida. Alzó la vistahacia el bajo techo de la cueva y exhaló el aire ruidosamente por la nariz.-Soledad es mujer, como yo -dijo-. Te diré algo referente a mi propia vida y tal vez llegues acomprenderla.»Una vez tuve a un hombre. Me dejó embarazada cuando yo era muy joven y tuve dos hijas deél. Una tras otra. Mi vida era un infierno. Se emborrachaba y me pegaba día y noche. Y loodiaba y me odiaba. Y me puse gorda como un cerdo. Un día llegó otro hombre y me dijo queyo le gustaba y que deseaba que me fuese con él a trabajar como criada en la ciudad. Era cons-ciente de mi capacidad de trabajo y lo único que pretendía era explotarme. Pero mi vida era tanmiserable que me dejé engañar y me marché con él. Era peor que el primero, mezquino ytemible. Al cabo de una semana, más o menos, no podía soportarme. Y solía darme las peorespalizas que puedas imaginar. Pensé que me iba a matar, sin estar siquiera borracho; todo elloporque yo no había encontrado trabajo. Entonces me envió a pedir a las calles con un niñoenfermo. Él pagaba a la madre con una parte del dinero que yo recaudaba. Y luego me pegabapor no haber reunido lo suficiente. El niño se ponía cada vez más enfermo; yo sabía que simoría mientras yo estuviese pidiendo, él me asesinaría. De modo que un día, sabiendo que él noestaría, fue a la casa de la madre del niño y se lo entregué, junto con algo del dinero hecho esedía. Había sido una jornada afortunada para mí; una amable extranjera me había dado cincuentapesos para medicinas para el crío.»Había pasado con ese hombre horrible tres meses, y tenía la impresión de que habían sidoveinte años. Empleé el dinero que había conservado para regresar a casa. Estaba nuevamenteembarazada. El pretendía que tuviese el hijo como soltera; de modo de no responsabilizarse deél. Al volver a mi pueblo, intenté ver a mis hijas, pero se las había llevado la familia de supadre. Ésta se reunió conmigo, alegando que deseaban hablarme; en cambio, me llevaron a unlugar desierto y me pegaron con palos y piedras y me dejaron por muerta.La Gorda me mostró las numerosas cicatrices que llevaba en el cuero cabelludo.-Hasta este día ignoro cómo regresé al poblado. Incluso, perdí el hijo que llevaba en el vientre.Fui a casa de una tía que aún vivía; mis padres ya habían muerto. Me dio un lugar en el cualdescansar y me atendió. La pobre me alimentó durante dos meses, hasta que estuve encondiciones de levantarme.»Llegó el día en que mi tía me dijo que aquel hombre estaba en el pueblo, buscándome. Habíadicho a la policía que me había dado dinero por adelantado y yo había huido llevándomelo, trasasesinar a un niño. Comprendí que ese era el fin para mí. Empero, el destino me favoreció unavez más y conseguí marcharme en el camión de un norteamericano. Lo vi venir por el camino yalcé la mano desesperadamente; el hombre se detuvo y me dejó subir. Me trajo hasta esta regiónde México. Me dejó en la ciudad. Yo no conocía a nadie. Vagué durante días, como un perroloco, comiendo desperdicios en las calles. Fue entonces que mi suerte cambió por última vez.»Conocí a Pablito, con quien tengo una deuda que jamás podré pagar. Me llevó a sucarpintería y me permitió dormir en un rincón. Lo hizo porque le di pena. Me encontró en elmercado: tropezó y cayó encima de mí. Yo estaba sentada, pidiendo. Una polilla, o una abeja,no sé bien qué, le entró en un ojo. Giró sobre sus talones y perdió el equilibrio y cayóexactamente sobre mí. Imaginé que estaría fuera de sí, que me golpearía; en cambio, me diodinero. Le pregunté si me podría proporcionar trabajo. Fue entonces cuando me llevó a sutienda y me proveyó de una plancha y una mesa para planchar, de manera que me fuera posibleganarme la vida como lavandera.

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»Me fue muy bien. Aparte de que engordé, ya que toda la gente a la que servía me daba sussobras. A veces llegaba a comer dieciséis veces por día. No hacía sino comer. Los chicos de lacalle se burlaban de mí, y se me acercaban a hurtadillas y me pisaban los talones y algunosllegaban a hacerme caer. Me hacían llorar con sus bromas crueles, especialmente cuando meechaban a perder el trabajo adrede, ensuciando la ropa que tenía preparada.»Un día, muy entrada la noche, llegó un viejo misterioso a ver a Pablito. Nunca lo había visto.No sabía que Pablito tuviese relación con hombre alguno tan intimidante, tan imponente. Le dila espalda y seguí trabajando. Estaba sola. De pronto, sentí sus manos en el cuello. Mi corazónde detuvo. No podía gritar; no podía siquiera respirar. Caí de rodillas y ese hombre horrible mesujetó la cabeza, tal vez durante una hora. Luego se marchó. Estaba tan aterrorizada que no memoví del lugar en que me había dejado caer hasta la mañana siguiente. Pablito me encontró allí;rió y dijo que debía sentirme muy orgullosa y feliz porque el viejo era un poderoso brujo y unode sus maestros. Estaba desconcertada; no podía creer que Pablito fuese un brujo. Me dijo quesu maestro había visto volar polillas en un círculo perfecto en torno de mi cabeza. Tambiénhabía visto a la muerte rondándome. Esa era la razón por la cual había actuado con la velocidaddel relámpago, cambiando la dirección de mis ojos. También me explicó que el Nagual mehabía impuesto las manos y había entrado en mi cuerpo, y que yo no tardaría en ser diferente.Yo no tenía idea de aquello a lo que se refería. Tampoco tenía idea de lo que había hecho elviejo loco. Pero no me importaba. Yo era como un perro al que todos apartan a puntapiés.Pablito había sido la única persona amable conmigo. Al principio creí que me quería por mujer.Pero era demasiado fea y gorda y maloliente. Lo único que pretendía era ser amable conmigo.»El viejo loco volvió una noche y, nuevamente, me cogió por el cuello desde atrás. Me lastimóen forma terrible. Grité y aullé. No sabía qué era lo que estaba haciendo. Nunca me decía unapalabra. Le temía mortalmente. Más tarde comenzó a hablarme y a decirme qué hacer de mivida. Me gustaba lo que decía. Me llevaba a todas partes con él. Pero mi vaciedad era mi peorenemigo. No podía aceptar sus costumbres, de modo que un día se hartó de mimarme y envió alviento en mi busca. Estaba sola en los fondos de la casa de Soledad ese día, y sentí que el vientocobraba una gran fuerza. Soplaba a través de la cerca. Penetraba en mis ojos. Quise entrar en lacasa, pero mi cuerpo estaba asustado y, en vez de trasponer la puerta de la casa, me dirigí haciala cerca. El viento me empujaba y me hacía girar sobre mí misma. Intenté regresar, pero fueinútil. No podía superar la violencia del viento. Me arrastró por sobre las colinas y me apartó delos caminos y terminé dando con mis huesos en un profundo agujero, semejante a una tumba. Elviento me retuvo allí días y días, hasta que hube decidido cambiar y aceptar mi destino sinresistencia alguna. Entonces el viento cesó, y el Nagual me encontró y me llevó de vuelta a lacasa. Me dijo que mi misión consistía en dar aquello de lo que carecía, amor y afecto, y encuidar de las hermanas, Lidia y Josefina, más que de mí misma. Comprendí entonces que elNagual había pasado años diciéndomelo. Mi vida había concluido largo tiempo atrás.Él me ofrecía una nueva, y ésta debía serlo por completo. No podía llevar a ella mis viejosmodos. Aquella primera noche, la noche en que dio conmigo, las polillas le revelaron miexistencia; yo no tenía motivos para rebelarme contra mi destino.»Mi cambio se produjo al empezar a preocuparme más por Lidia y Josefina que por mí misma.Hice todo lo que el Nagual me dijo y una noche, en este mismo barranco y en esta mismacueva, hallé mi plenitud. Dormía en el mismo lugar en que me encuentro ahora, cuando unruido me despertó. Alcé los ojos y me vi como había sido otrora: joven, fresca, delgada. Era miespíritu, que iniciaba su camino de regreso a mí. En un principio no quería acercarse, porqueaún se me veía bastante espantosa. Pero acabó por no poder resistirse y se aproximó. Entoncescomprendí de golpe aquello que el Nagual había intentado durante años comunicarme. Él decíaque, cuando se tiene un niño, nuestro espíritu pierde fuerza. Para una mujer, el tener una niñasignifica una pérdida de capacidad. El haber tenido dos, como en mi caso, era el fin. Lo mejor

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-Tuve que negar a aquellas dos niñas -dijo-. En una ocasión el Nagual te explicó cómohacerlo, pero no quisiste escucharle. Todo consiste en volver a hacerse con la fuerza, robándola.Él decía que era así como se perdía, por el camino más arduo, y que se debía recuperar delmismo modo, por el camino más arduo.»Él me guió, y lo primero que me obligó a hacer fue negar mi cariño por aquellas dos niñas.Tuve que hacerlo soñando. Poco a poco aprendí a no quererlas. El Nagual me dijo que eso erainútil: se debe aprender a no preocuparse y no a no querer. Cuando las niñas ya no significasennada para mí, debía volver a verlas, imponerles mis ojos y mis manos. Debía golpearlas consuavidad en la cabeza y permitir que mi costado izquierdo les arrebatase la fuerza.-¿Y qué les sucedió?-Nada. Jamás sintieron nada. Se fueron a su casa y ahora parecen dos personas adultas. Vacías,como la mayoría de quienes las rodean. No les gusta la compañía de muchachos porque no lessirven de nada. Yo diría que su situación es cómoda. Las libré de toda locura. No lanecesitaban; yo sí. No había sabido lo que hacía al entregársela. Además, aún conservan lapujanza robada a su padre. El Nagual tenía razón: ninguna advirtió su pérdida, en tanto yo tuveconciencia de mi ganancia. Al mirar hacia el exterior de esta cueva, vi todas mis ilusiones,alineadas como una fila de soldados. El mundo era luminoso y nuevo. Tanto el peso de micuerpo como el de mi espíritu habían desaparecido y yo era realmente un nuevo ser.-¿No sabes cómo fue que le arrebataste la fuerza a tus hijas?-¡No son mis hijas! Nunca tuve hijas. Mírame.Salió de la cueva, se alzó la falda y me mostró su cuerpo desnudo. Lo primero en llamar miatención fue lo delgada y musculosa que era.Me instó a acercarme y examinarla. Su cuerpo se veía tan magro y firme que tuve que concluirque no era posible que hubiese tenido hijos. Apoyó la pierna izquierda sobre una roca más alta yme mostró la vagina. Su insistencia en demostrar su transformación era tal, que me vi impelidoa reír para dar rienda suelta a mi nerviosismo. Dije que no era médico y, por tanto, no mehallaba en situación de aseverar nada, pero que estaba seguro de que decía la verdad.-Claro que digo la verdad -afirmó, y volvió a entrar a la cueva-. Jamás salió nada de mi útero.Tras una breve pausa respondió a mi pregunta, que yo ya había olvidado bajo el impacto de suexhibición.-Mi costado izquierdo me devolvió la fuerza -dijo-. Todo lo que tuve que hacer fue ir a visitara las niñas. Estuve con ellas cuatro o cinco veces, para acostumbrarlas a mi presencia. Habíancrecido e iban a la escuela. Pensaba que me costaría cierto esfuerzo el no quererlas, pero elNagual me dijo que ello no tenía importancia, que debía quererlas si lo necesitaba. Así, que lasquise. Pero las quise como se puede querer a un extraño. Mi mente estaba completa, mispropósitos eran firmísimos. Deseo entrar en el otro mundo estando aún viva, de acuerdo con laspropuestas del Nagual. Para hacerlo, necesito únicamente la fuerza de mi espíritu. Necesito miplenitud. ¡Nada puede apartarme de ese mundo! ¡Nada!Me miró de modo desafiante.-Deberías negar a los dos: a la mujer que te vació y al pequeño que contaba con tu cariño; eso,si aspiras a la plenitud. Te resultará fácil negar a la mujer. El niño es otra cosa. ¿Crees que aquelinútil afecto justifica tu imposibilidad para entrar en ese reino?No tenía una respuesta para ella. No se trataba de que no quisiera pensar en ello, sino que mesentía totalmente confundido.-Soledad debe quitar su fuerza a Pablito, si quiere entrar en el nagual -prosiguió-. ¿Cómodiablos va a hacerlo? Pablito, por muy débil que sea, es un brujo. Pero el Nagual concedió aSoledad una única oportunidad. Le dijo que ese momento único podía ser aquél en que túentrases en la casa; a partir de entonces, no sólo nos indujo a cambiar de casa, sino que nosimpuso ayudarle a ensanchar el sendero de entrada a su vivienda, para que pudieses llegar con

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el coche hasta la puerta. Le dijo que, si vivía una vida impecable, lograría atraparte y sorbertoda tu luminosidad: todo el poder que el Nagual dejó en el interior de tu cuerpo. No leresultaría difícil hacerlo. Puesto que ella marchaba en la dirección opuesta, le era posiblereducirte a la nada. Su gran proeza iba a consistir en llevarte a un instante de indefensión.»Una vez te hubiese dado muerte, tu luminosidad habría incrementado su poder y ella sehabría lanzado sobre nosotras. Yo era la única que lo sabía. Lidia, Josefina y Rosa le tienencariño. Yo no; yo conocía sus designios. Nos habría destruido una a una, cuando se le ocurriese,puesto que nada tenía que perder y sí en cambio, qué ganar. El Nagual me dijo que no lequedaba otro camino. Me confió las niñas y me explicó lo que debía hacer en el caso de queSoledad te asesinara e intentase apoderarse de nuestra luminosidad. Suponía que aún mequedaba una oportunidad de salvarme y, quizás, salvar también a alguna de las otras tres. Verás:Soledad no es una mala mujer, en absoluto; simplemente está haciendo lo que le correspondehacer a un guerrero impecable. Las hermanitas la quieren más que a sus propias madres. Es unaverdadera madre para ellas. Eso era, decía el Nagual, lo que la ponía en ventaja. A pesar de misesfuerzos no he conseguido separar de ella a las hermanitas. De modo que, si te hubiese matado,se habría apoderado de al menos dos de esas tres almas confiadas. Luego, al desaparecer tú delpanorama, Pablito quedaba indefenso. Soledad lo habría aplastado como a un insecto. Entonces,completa y con poder, habría entrado en ese mundo de allí fuera. Si yo me hubiese encontradoen su situación, habría tratado de hacer exactamente lo mismo.»Como ves, para ella la cuestión era todo o nada. Cuando llegaste, todos se habían marchado.Aparentemente, era el fin para ti y para algunos de nosotros. Pero todo terminó siendo la nadapara ella y una oportunidad para las hermanitas. En cuanto supe que la habías derrotado,recordé a las muchachas, que era su turno. El Nagual había dicho que debían esperar hasta lamañana para cogerte desprevenido. Que la mañana no era un buen momento para ti. Me ordenómantenerme aparte y no interferir a las hermanitas; debía intervenir únicamente en el caso deque intentases perjudicar su luminosidad.-¿Se suponía que ellas también iban a matarme?-Bueno... sí. Tú eres el lado masculino de su luminosidad. Su integridad es a veces sudesventaja. El Nagual las trataba con mano de hierro y las mantenía en equilibrio, pero ahoraque él se ha ido no hay manera de nivelarlas. Tu luminosidad podía lograrlo.-¿Y tú, Gorda? ¿Debo esperar que tú también trates de acabar conmigo?-Ya te he dicho que soy diferente. He alcanzado un equilibrio. Mi vaciedad, que era midesventaja, es ahora mi ventaja. Un brujo que ha recuperado su integridad está nivelado, entanto que un brujo que siempre estuvo completo está un poco desequilibrado. Como lo estabaGenaro. Pero el Nagual estaba nivelado porque había estado incompleto, como tú y como yo;tal vez más que tú y que yo. Tenía tres hijos y una hija. Las hermanitas son como Genaro; estánligeramente desequilibradas. Y las más veces tan tensas que no tienen límites.-¿Y yo, Gorda? ¿Debo yo también perseguirlas?-No. Solamente ellas podían haber sacado provecho al absorber tu luminosidad. Tú no puedessacar provecho de la muerte de nadie. El Nagual te legó un poder especial, una suerte deequilibrio que ninguno de nosotros posee.-¿No les es posible aprender a tener ese equilibrio?-Claro que sí. Pero eso no tiene nada que ver con la misión que las hermanitas debían cumplir.Esta consistía en robarte el poder. Por ello se fueron uniendo hasta llegar a constituir un soloser. Se prepararon para beberte de un trago como un vaso de soda. El Nagual hizo de ellasseductoras de primer orden, especialmente de Josefina. Montó para ti un espectáculo sin par.Comparado con él, la tentativa de Soledad era un juego de niños. Ella es una mujer tosca. Lashermanitas son verdaderas brujas. Dos de ellas ganaban tu confianza, en tanto la tercera teasustaba y te dejaba indefenso. Jugaron sus cartas a la perfección. Te dejaste engañar y estuviste

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a punto de sucumbir. El único inconveniente era que tú habías lastimado y curado laluminosidad de Rosa la noche anterior, y ello la había puesto nerviosa. De no haber sido por sunerviosidad, que la llevó a morderte el costado con tanta fuerza, lo más probable es que ahorano estuvieses aquí. Lo vi todo desde la puerta. Llegué en el preciso instante en que las ibas aaniquilar.-¿Pero qué podía hacer yo para aniquilarlas?-¿Cómo lo voy a saber? No soy tú.-Lo que te pregunto es qué me viste hacer.-Vi a tu doble salir de ti.-¿Cómo era?-Como tú, desde luego. Pero muy grande y amenazador. Tu doble las habría matado. Así queentré y lo interrumpí.»Tuve que valerme de lo mejor de mi poder para tranquilizarte. Las hermanas no me podíanayudar. Estaban perdidas. Y tú estabas furioso y violento. Cambiaste de color delante nuestrodos veces. Uno de los colores era tan intenso que temí que me dieses muerte también a mí.-¿Qué color era, Gorda?-Blanco, ¿qué otro, si no? El doble es blanco, blanco amarillento, como el sol.La miré. La sonrisa era completamente nueva para mí.-Sí -continuó-, somos trozos del sol. Es por ello que somos seres luminosos. Pero nuestrosojos no llegan a captar esa luminosidad porque es muy débil. Sólo los ojos de un brujo alcanzana verla, y ello al cabo de toda una vida de esfuerzos.Su revelación me había tomado totalmente por sorpresa. Traté de poner orden en mispensamientos para formular la pregunta más adecuada.-¿Te habló el Nagual alguna vez del sol? -pregunté.-Sí. Todos somos como el sol, aunque de modo muy, muy tenue. Nuestra luz es muy débil; noobstante, de todos modos, es luz.-Pero, ¿dijo que tal vez el sol fuese el nagual? -insistí desesperadamente.La Gorda no me respondió. Produjo una serie de sonidos involuntarios con los labios.Aparentemente, pensaba cómo contestar a mi inquisición. Aguardé, preparado para tomar notade lo que dijese. Tras una larga pausa, salió a gatas de la cueva.-Te mostraré mi débil luz -dijo, con cierta frialdad.Se dirigió al centro del pequeño barranco, frente a la cueva, y se sentó en cuclillas. Desdedonde me encontraba no veía lo que estaba haciendo, de modo que también salí de la cueva. Medetuve a tres o cuatro metros de ella. Metió las manos bajo la falda, siempre en cuclillas. Depronto, se puso de pie. Unía los puños cerrados flojamente; los elevó por sobre su cabeza yabrió los dedos de golpe. Oí un sonido seco, como un estallido, y vi salir chispas de los mismos.Volvió a cerrar los puños y a abrirlos de golpe, y de ellos surgió otro torrente de chispaslarguísimas. Se puso nuevamente en cuclillas y hurgó bajo la falda. Parecía estar extrayendoalgo del pubis. Repitió el movimiento de los dedos, a la vez que ponía las manos por sobre lacabeza, y vi cómo de ellos se desprendía un haz de largas fibras luminosas. Tuve que ladear lacabeza para contemplarlas contra el cielo ya oscuro. Unían el aspecto de largos filamentosluminosos rojizos. Terminaron por perder el color y desaparecer.Se puso en cuclillas una vez más y, cuando abrió los dedos, emanó de ellos una asombrosacantidad de luces. El cielo estaba lleno de rayos de luz. Era un espectáculo fascinante. Absorbiópor completo mi atención; no podía apartar los ojos de él. No observaba a la Gorda. Con-templaba las luces. Repentinamente, un grito me obligó a mirarla, y alcancé a verla asir una delas líneas que generaba y subir hasta la parte más alta del cañón. Estaba allí convertida en unaenorme sombra oscura contra el cielo, y luego descendió al fondo del barranco dando tumbos,como si bajara una escalera deslizándose sobre el viento.
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Sáb Jul 14, 2012 8:03 am


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Súbitamente la vi contemplándome. Sin darme cuenta, había caído sentado. Me puse en pie.Ella estaba empapada en sudor y jadeaba, tratando de recobrar el aliento. Durante un lapsoconsiderable le fue imposible hablar. Comenzó a trotar sin moverse del lugar. No me atreví atocarla. Finalmente, pareció serenarse lo bastante como para volver a entrar en la cueva.Descansó unos minutos.Había actuado con tanta rapidez que casi no me había dado ocasión de considerar lo sucedido.En el momento de su exhibición, había experimentado un dolor insoportable, acompañado decierto cosquilleo, exactamente debajo del ombligo. Yo no había hecho el menor esfuerzo físicoy, sin embargo, también jadeaba.-Creo que es hora de ir a nuestra cita -dijo, sin aliento-. Mi vuelo nos ha abierto a ambos. Túsentiste mi vuelo en el vientre; eso significa que estás abierto y en condiciones de enfrentartecon las cuatro fuerzas.-¿A qué fuerzas te refieres?-A los aliados del Nagual y de Genaro. Tú los has visto. Son horrendos. Ahora se han liberadode las calabazas del Nagual y de Genaro. La otra noche oíste a uno de ellos rondar la casa deSoledad. Te están esperando. En el momento en que caiga la noche, serán incontenibles. Uno deellos llegó a seguirte a la luz del día en la casa de Soledad. Esos aliados nos pertenecen ahora, ati y a mí. Nos llevaremos dos cada uno. No sé cuáles. Y tampoco sé cómo. Todo lo que me dijoel Nagual fue que tú y yo deberíamos atraparlos por nosotros mismos.-¡Espera! ¡Espera! -grité.No me permitió hablar. Con suavidad, me tapó la boca con la mano. Sentí una punzada deterror en la boca del estómago. Ya en el pasado me había visto enfrentado con algunosinexplicables fenómenos a los que don Juan y don Genaro llamaban sus aliados. Había cuatro yeran entes tan reales como cualquier objeto. Su aspecto era tan extravagante que suscitaba en mí un temor incomparable toda vez que los veía. El primero que había conocido pertenecía a donJuan; era una masa oscura, rectangular, de dos metros y medio o tres de altura y uno o uno ymedio de ancho. Se movía con la aplastante imponencia de una piedra gigantesca y respirabatan pesadamente que me hacía pensar en un fuelle. Siempre lo hallaba en la oscuridad, denoche. Lo imaginaba como una puerta que anduviese mediante el expediente de girar primerosobre uno de sus ángulos inferiores y luego sobre el otro.El segundo con que me había topado era el aliado de don Genaro. Se trataba de un hombreincandescente, de largo rostro, calvo, extraordinariamente alto, con gruesos labios y ojosentrecerrados. Siempre llevaba pantalones demasiado cortos para sus largas y delgadas piernas.Había visto a esos dos aliados en numerosas ocasiones, en compañía de don Juan y de donGenaro. El verlos daba inevitablemente lugar a una separación insuperable entre mi razón y mipercepción. Por una parte, no tenía motivo alguno para pensar que lo que me sucedía fuese real,y, por otra, no había modo posible de dejar de lado la certidumbre de mi percepción.Puesto que siempre habían aparecido en momentos en que me encontraba cerca de don Juan yde don Genaro, los había clasificado como productos de la poderosa influencia que aquellos doshombres habían ejercido sobre mi sugestionable personalidad. A mi entender, o bien se tratabade eso, o bien se trataba de que don Juan y don Genaro tenían en su posesión fuerzas a las quedenominaban sus aliados, fuerzas capaces de manifestarse ante mí bajo la forma de esashorrendas criaturas.Una de las características de los aliados era que nunca me permitían observarlosdetenidamente. Había intentado muchas veces concentrar toda mi atención en ellos, perosiempre había terminado por encontrarme confundido y disociado.Los otros dos aliados eran más esquivos. Los había visto sólo una vez: un jaguar de amarilloscandentes y un voraz y enorme coyote. Las dos bestias eran en esencia agresivas y arrolladoras.El jaguar era de don Genaro y el coyote de don Juan.

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La Gorda salió de la cueva. La seguí. Ella abría la marcha. Dejarnos atrás el sendero y nosvimos frente a una gran llanura rocosa. Se detuvo y me dejó ganar la delantera. Le dije que sime permitía abrir la marcha, iba a tratar de llegar al coche. Me dijo que sí con la cabeza y sepegó a mí. Sentía su piel fría y húmeda. Parecía hallarse muy agitada. Todo esto ocurríaaproximadamente a un kilómetro del lugar en que había aparcado; para llegar allí, debíamoscruzar el desierto de rocas. Don Juan me había enseñado la situación de un camino oculto quediscurría por entre grandes cantos rodados, casi junto a la montaña que cerraba el llano hacia elEste. Me dirigí a él. Cierto impulso desconocido me guiaba; de otro modo, habría seguido por lamisma senda por la cual habíamos atravesado la planicie, sobre terreno raso.Tuve la impresión de que la Gorda aguardaba algo espantoso. Se aferró a mí. Abriódesmesuradamente los ojos.-¿Vamos por el buen camino? -pregunté.No respondió. Se quitó el chal y lo retorció hasta hacerle cobrar el aspecto de una cuerda largay espesa. Rodeó mi talle con ella, cruzó los extremos y rodeó el suyo. Hizo al cabo un nudo, demanera que quedamos unidos por un lazo que tenía forma de ocho.-¿Para qué hiciste eso? -quise saber.Negó con la cabeza. Le castañeteaban los dientes, pero no podía decir una sola palabra. Sutemor parecía ser extremo. Me empujó para que siguiese andando. No logré evitar preguntarmepor qué yo mismo no estaba a punto de volverme loco de susto.Cuando alcanzamos el sendero alto, el agotamiento físico comenzaba a hacer presa en mí.Jadeaba y tuve que respirar por la boca. Distinguí el contorno de los grandes cantos rodados. Nohabía luna, pero el cielo estaba tan claro que permitía reconocer formas. Me di cuenta de que laGorda también jadeaba.Intenté detenerme para recobrar el aliento, pero me dio un ligero empellón y movió la cabezanegativamente. Estaba a punto de hacer una broma para quebrar la tensión, cuando oí un ruidosordo, desconocido. Moví en forma instintiva la cabeza hacia la derecha, para que mi oídoizquierdo recorriese el lugar. Contuve la respiración un instante y entonces percibí con claridadque alguien más que la Gorda y yo respiraba pesadamente. Atendí de nuevo para asegurarmeantes de comunicárselo. No había duda de que esa impresionante forma se hallaba entre lasrocas. Cubrí la boca de la Gorda con la mano, sin detener la marcha y le indiqué que contuvieseel aliento. Se podía haber afirmado que la forma estaba muy cerca. Aparentemente, se deslizabacon la mayor discreción que le cabía. Jadeaba con suavidad.La Gorda estaba sobrecogida. Se echó al suelo, poniéndose en cuclillas; me arrastró con ella,debido al chal que llevábamos atado a la cintura. Metió las manos bajo las faldas un momento yluego se puso de pie; tenía los puños cerrados y, cuando los abrió, de las puntas de sus dedossurgió una lluvia de chispas.-Méate las manos -susurró, a través de sus dientes apretados.-¿Qué? -dije, incapaz de comprender lo que me pedía.Susurró la orden tres o cuatro veces, cada vez con mayor perentoriedad. Debió de habersedado cuenta de que yo no entendía sus intenciones, porque se volvió a agachar y mostró a lasclaras que se estaba orinando las manos. La miré consternado, mientras las gotas de orina quesalpicaba con los dedos se transformaban en chispas rojizas.Mi mente quedó en blanco. No sabía qué era más apasionante, si la visión a que la Gorda dabalugar con su orina, o el jadeo del ente que se acercaba. No estaba en condiciones de decidir cualde los dos estímulos atraía más mi atención; ambos eran fascinantes.-¡De prisa! ¡Hazlo en las manos! -gruñó la Gorda entre dientes.La oía, pero mi atención estaba dislocada. Con voz implorante, la Gorda agregó que mischispas harían retroceder a la criatura que se nos aproximaba. Ella comenzó a gimotear y yo adesesperarme. Ya no solamente escuchaba, sino que percibía con todo el cuerpo a aquella

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entidad. Intenté orinarme las manos; mi esfuerzo fue inútil. Estaba demasiado cohibido ynervioso. La agitación de la Gorda hizo presa en mí y luché denodadamente por orinar. Al final,lo logré. Sacudí los dedos tres o cuatro veces, pero nada surgió de ellos.-Hazlo nuevamente -dijo la Gorda-. Toma cierto tiempo hacer chispas.Le dije que había expelido toda mi orina. En sus ojos lucía una mirada de la más profundaangustia.En ese momento vi a la enorme forma rectangular moverse hacia nosotros. Por una u otrarazón, no me resultaba amenazante, aunque la Gorda estuviese a punto de desmayarse.De pronto desató el chal y, de un brinco, se situó sobre una roca a mis espaldas, aferrándose amí desde detrás y colocando la barbilla sobre mi cabeza. Prácticamente, se había encaramado amis espaldas. En el instante en que adoptamos esa posición, la forma cesó en su marcha. Siguió jadeando, a unos ocho metros de nosotros.Yo experimentaba una enorme tensión, aparentemente concentrada en el tronco. Pasado unrato supe, sin ninguna duda, que de seguir en esa postura perderíamos toda nuestra energía ycaeríamos en poder de lo que fuese que nos acechaba.Le dije que debíamos echar a correr si queríamos conservar la vida. Ella negó con la cabeza.Parecía haber recobrado su fuerza y su confianza. Dijo entonces que debíamos enterrar lacabeza entre los brazos y echarnos, con los muslos contra el estómago. Recordé que una noche,años atrás, don Juan me había hecho hacer lo mismo, en un campo desierto de México Sep-tentrional, al verme sorprendido por algo igualmente desconocido, y, sin embargo, igualmentereal para mis sentidos. En aquella ocasión, don Juan me había dicho que huir era inútil, y que loúnico que cabía hacer era permanecer en el lugar, en la posición que la Gorda acababa derecomendar.Estaba a punto de arrodillarme cuando inesperadamente tuve la sensación de que habíamoscometido un terrible error al dejar la cueva. Debíamos retornar a ella a toda costa.Pasé el chal de la Gorda por sobre mis hombros y por debajo de mis brazos. Le indiqué quesujetase las puntas encima de mi cabeza, trepase a mis espaldas y se sostuviera en ellas,preparándose para resistir las sacudidas mediante el expediente de aferrar el chal y valerse de éla modo de arreo. Años antes, don Juan me había enseñado que los sucesos extraños, como laforma rectangular que teníamos delante, debían enfrentarse tomando actitudes inesperadas. Medijo que una vez se había tropezado con un ciervo, y éste le había «hablado»; él permaneciócabeza abajo durante el encuentro, para asegurar su supervivencia y reducir la tensión de lasituación.Yo me proponía correr, esquivando la forma rectangular, y volver a la caverna con la Gorda ahombros.Me dijo en voz muy baja que regresar a la cueva era imposible. El Nagual le habíarecomendado no permanecer allí por nada del mundo. Le expliqué, tras preparar el chal paraella, que mi cuerpo tenía la certeza de que allí estaríamos a salvo. Me respondió que era cierto,y que daría resultado, pero que en realidad no disponíamos de ningún medio para controlar esasfuerzas. Necesitábamos un recipiente especial, alguna especie de calabaza, del tipo de aquellasque yo había visto pender de los cinturones de don Juan y de don Genaro.Se quitó los zapatos, trepó a mi espalda y se afirmó allí. La sujeté por las pantorrillas. Cuandoaferró las puntas del chal, sentí la tensión en las axilas. Aguardé hasta que hubo hallado suequilibrio. Andar en la oscuridad con una carga de sesenta kilos era una hazaña considerable.La marcha resultaba muy lenta. Conté veintitrés pasos y me vi obligado a dejarla en el suelo. Eldolor en los hombros era insoportable. Le dije que, si bien era muy delgada, me estabaquebrando las clavículas.Lo más llamativo, de todos modos, era el que la forma rectangular hubiese desaparecido de lavista. Nuestra estrategia había dado resultado. La Gorda propuso cargarme a hombros un trecho
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Sáb Jul 14, 2012 8:04 am

La idea me pareció ridícula; mi peso excedía las posibilidades de carga de su ligero esqueleto.Decidimos andar un rato, atentos a lo que ocurriera.El silencio que nos rodeaba era mortal. Caminábamos lentamente, apoyándonos el uno en elotro. No habíamos recorrido sino unos pocos metros cuando volví a oír extraños ruidos derespiración, un siseo suave y prolongado, semejante al de un felino. Me apresuré a cargarla ahombros nuevamente y anduvimos otros diez pasos.Sabía que era necesario mantener la sorpresa como táctica si queríamos salir de ese lugar.Estaba tratando de imaginar una serie de otras actitudes que no fuese cargar con la Gorda,igualmente inesperadas, cuando ella se quitó sus largas vestiduras. En un solo movimiento,quedó desnuda. Hurgó en el suelo buscando algo. Oí un ruido de quebradura y se puso de piesosteniendo una rama de un arbusto bajo. Rodeó mis hombros y cuello con el chal e hizo unasuerte de soporte en forma de red en que poder sentarse, con las piernas en torno de mi pecho,como se lleva a los niños pequeños. Entonces enganchó su vestido en la rama y la elevó porsobre su cabeza. Comenzó a agitar la rama, dando a la tela un extraño movimiento. A ese efectoagregó un silbido, semejante al chillido peculiar de la lechuza nocturna.Después de recorrer unos noventa metros, oímos sonidos similares procedentes de detrás denosotros y de nuestros costados. Inició el reclamo de otra ave, un grito agudo parecido al delpavo real. A los pocos minutos, llamadas idénticas que provenían de todo el alrededor le hacíaneco.Años atrás, yo había presenciado un fenómeno similar de respuesta a voces de pájaros,estando con don Juan. Había pensado entonces que los sonidos los producía el propio don Juan,oculto en la oscuridad próxima, o algún asociado suyo muy cercano, como don Genaro, que leestuviese ayudando a crear en mí un temor insuperable, un miedo capaz de obligarme a echar acorrer en la oscuridad sin siquiera tropezar. Don Juan había denominado a la particular acciónde correr en la oscuridad «marcha de poder».Pregunté a la Gorda si conocía el modo de emprender la marcha de poder. Dijo que sí. Leexpuse que íbamos a intentarla, aun cuando yo no me sentía completamente seguro de lograrlo.Me respondió que no era el momento ni el lugar para ello y señalo un punto delante de nosotros.Mi corazón, que hasta entonces había latido con prisa, comenzó a batir salvajemente en mipecho. Exactamente enfrente, a unos tres metros, en medio del sendero, se encontraba uno delos aliados de don Genaro, el extraño hombre incandescente, de largo rostro y cráneo calvo.Quedé congelado en el lugar. Oí el chillido de la Gorda como si viniese de muy lejos. Golpeabamis costados frenéticamente con sus puños. Su modo de actuar me impidió concentrarme en elhombre. Me hizo volver la cabeza, primero hacia la izquierda, luego hacia la derecha. A miizquierda, casi en contacto con mi pierna, percibí la negra masa de un felino de feroces ojosamarillos. A mi derecha, un enorme coyote fosforescente. Detrás de nosotros, casi pegada a laespalda de la Gorda, estaba la forma oscura y rectangular.El hombre nos dio la espalda y echó a andar por el sendero. Yo también me puse en marcha.La Gorda seguía aullando y gimoteando. La forma rectangular se hallaba a punto de atraparlapor la espalda. Oía sus movimientos, y sus sonoros tumbos. El ruido que producía al andarreverberaba en las rocas del lugar. El frío de su aliento alcanzaba mi cuello. Sabía que la Gordaestaba al borde de la locura. Y también yo. El felino y el coyote me rozaron las piernas.Escuchaba claramente su siseo y su gruñido, cada vez más fuertes. Experimenté, en esemomento, la necesidad irracional de reproducir cierto sonido que me había enseñado don Juan.Los aliados me respondieron. Seguí haciéndolo frenéticamente, y ellos respondiéndome. Latensión disminuía poco a poco y, antes de que llegásemos al camino, yo formaba parte de unaescena sumamente extravagante. La Gorda seguía a mis espalda, enancada en mí, agitando conalegría su vestido en lo alto, como si nada hubiese ocurrido, adaptando el ritmo de sus

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movimientos al sonido que yo producía, en tanto cuatro criaturas del otro mundo respondían, ala vez que marchaban a mi paso, rodeándonos por los cuatro lados.Así llegamos al camino. Pero yo no quería partir. Tenía la impresión de que faltaba algo. Mequedé inmóvil, con la Gorda a hombros, y emití un sonido especial, intermitente, aprendido dedon Juan. Él había dicho que era la llamada de las polillas. Para realizarlo, había que valerse delborde interno de la mano izquierda y los labios.Tan pronto como lo efectué, todo pareció entrar en el más pacífico de los descansos. Loscuatro entes me respondieron y, en cuanto lo hicieron, comprendí cuáles eran los quemarcharían conmigo.Entonces me dirigí al coche, bajé a la Gorda de mi espalda, depositándola en el asiento delconductor y empujándola hacia el lado opuesto al del volante. Partimos en absoluto silencio.Algo me había afectado en cierto momento y mis pensamientos no funcionaban como tales.La Gorda propuso que, en vez de ir a su casa, fuésemos a la de don Genaro. Dijo que Benigno,Néstor y Pablito vivían allí, pero estaban fuera. Su propuesta me atrajo.Una vez en la casa, la Gorda encendió una lámpara. El lugar no había cambiado en absolutodesde la última vez en que yo había visitado a don Genaro. Nos sentamos en el suelo. Alcancéun banco y puse sobre él mi libreta de notas. No estaba cansado y deseaba escribir, pero eraincapaz de hacerlo. No podía apuntar nada.-¿Qué te dijo el Nagual de los aliados? -pregunté.Aparentemente, mi pregunta la cogió con la guardia baja. No sabía cómo responder.-No puedo pensar -dijo por último.Era como si nunca antes hubiese experimentado esa situación. Se paseaba de aquí para allí,delante de mí. Pequeñas gotas de transpiración se habían formado en la punta de su nariz y ensu labio superior.De repente, me aferró por la mano y prácticamente me arrastró hasta fuera de la casa. Mecondujo hasta un barranco cercano, y allí vomitó.Sentí el estómago descompuesto. Dijo que el poder de los aliados había sido demasiadogrande y que debía tratar de devolver. La miré, esperando una explicación más clara. Me cogióla cabeza y me metió un dedo en la garganta, con la precisión de una enfermera que se ocupa deun niño; y consiguió que vomitara. Explicó que los seres humanos poseían, en torno alestómago, un delicado halo, muy sensible a las fuerzas externas. A veces, cuando el forcejeo erademasiado violento, como en el caso del contacto con los aliados, o incluso, en el caso deencuentros con gente fuerte, el halo era agitado, cambiaba de color o se desvanecía porcompleto. En circunstancias tales, lo único que se podía hacer era, sencillamente, vomitar.Me sentía mejor, pero no enteramente recuperado. Me dominaba una impresión de cansancio,de pesadez en los ojos. Regresamos a la casa. Al llegar a la puerta, la Gorda husmeó el airecomo un perro y declaró que sabía cuáles eran mis aliados. Su aseveración, que de ordinario nohubiese tenido otro significado que aquél de su alusión, o aquel que yo quisiese atribuirle, tuvola especial cualidad de un mecanismo catártico. Puso mi capacidad pensante en marcha avelocidad explosiva. De pronto, recobraron su ser mis procesos mentales habituales. Me vibrincando como si las ideas tuviesen fuerza propia.Lo primero que se me ocurrió fue que los aliados eran entidades reales, tal como habíasupuesto sin osar admitirlo, ni tan siquiera para mí mismo. Los había visto y percibido y mehabía comunicado con ellos. Estaba eufórico. Abracé a la Gorda y me lancé a explicarle elpunto capital de mi dilema intelectual. Había visto a los aliados sin la ayuda de don Juan ni dedon Genaro, y ese hecho tenía la mayor importancia del mundo para mí. Conté a la Gorda queen cierta ocasión había informado a don Juan haber visto a uno de los aliados; él se habíaechado a reír y me había dicho que no me diese tanta importancia y no hiciese caso de lo quehabía visto.

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Nunca había querido creer que estuviese teniendo alucinaciones, pero también me negaba aaceptar que existiesen los aliados. Mi formación racionalista era inflexible. No era capaz de darel salto. Esta vez, sin embargo, todo era diferente, y la idea de que hubiese sobre esta tierraseres realmente pertenecientes al otro mundo, sin ser ajenos al nuestro, rebasaba misposibilidades de comprensión. Concedí a la Gorda, bromeando, que habría dado cualquier cosapor estar loco. Ello hubiese liberado cierta parte de mí de la aplastante responsabilidad derenovar mi concepción del mundo. Lo más irónico era que difícilmente nadie tuviese tantavoluntad como yo de rehacer su concepción del mundo, en un nivel puramente intelectual. Peroeso no bastaba. Nunca había bastado. Y ese había sido durante toda mi vida el obstáculoinsuperable, la grieta mortal. Había tenido la esperanza de juguetear con el mundo de don Juan,pero sin terminar de convencerme; por esa razón, no pasaba de ser un cuasi-brujo. Ninguno demis esfuerzos había pasado de corresponder a una fatua ilusión de defenderme con lointelectual, como si me encontrase en una academia, donde todo puede hacerse entre las ochode la mañana y las cinco de la tarde, hora en la cual uno, debidamente cansado, se va a casa.Don Juan solía hacer mofa de ello; decía: tras arreglar el mundo de un modo muy bello yluminoso, el académico se va a casa, a las cinco en punto, para olvidar su arreglo.Mientras la Gorda preparaba algo de comer, trabajé febrilmente en mis notas. Me sentí muchomás sereno después de cenar. La Gorda estaba del mejor de los ánimos. Hizo payasadas, talcomo hacía don Genaro, imitando mis gestos al escribir-¿Qué sabes de los aliados, Gorda? -pregunté.-Tan sólo lo que el Nagual me dijo -replicó-. Que los aliados eran las fuerzas a las cuales losbrujos aprenden a controlar. Él tenía dos en su calabaza, al igual que Genaro.-¿Cómo se las arreglaban para mantenerlos dentro de sus calabazas?-Nadie lo sabe. Todo lo que el Nagual sabía era que, antes de someter al aliado, era necesariodar con una calabaza pequeña, perfecta y con cuello.-¿Y dónde se puede hallar esa clase de calabaza?-En cualquier parte. El Nagual me aseguró que, en caso de sobrevivir al ataque de los aliados,debíamos lanzarnos a la búsqueda de la calabaza perfecta, que debe ser del tamaño del pulgarde la mano izquierda. Ese era el tamaño de la calabaza del Nagual.-¿Has visto tú su calabaza?-No. Nunca. El Nagual decía que una calabaza de esa clase no está en el mundo de loshombres. Es como un pequeño lío que se puede ver pendiendo de sus cinturones. Pero si se laobserva deliberadamente, no se ve nada.»La calabaza, una vez encontrada, debe cuidarse con gran esmero. Por lo general, las brujaslas hallan en las parras de los bosques. Las cogen y las secan y las vacían. Y luego las desbastany las pulen. Tan pronto como el brujo tiene su calabaza, debe ofrecerla a los aliados ypersuadirlos para que vivan en ella. Si los aliados consienten, la calabaza desaparece del mundode los hombres y los aliados se convierten en una ayuda para el brujo. El Nagual y Genaro erancapaces de hacer hacer a sus aliados todo lo que necesitasen. Cosas que no podían hacer por sí mismos. Como por ejemplo, enviar al viento en mi busca, u ordenar a aquel pollito que semetiese en la blusa de Lidia.Oí un siseo peculiar, prolongado, al otro lado de la puerta. Era exactamente el mismo quehabía oído en casa de doña Soledad dos días antes. Esa vez supe que era el jaguar. No measusté. En realidad, habría salido a ver al jaguar, si la Gorda no me hubiese detenido.-Aún estás incompleto -dijo-. Los aliados te van a devorar si sales por tu propia iniciativa.Especialmente ese atrevido que vino a rondar.-Mi cuerpo se siente muy seguro -protesté.Me palmeó la espalda y me retuvo contra el banco sobre el cual estaba escribiendo.
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Sáb Jul 14, 2012 8:05 am



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-Lo siguiente que el Nagual me encomendó fue buscar casas o edificios en mis sueños yobservarlos, tratando de retener la imagen. Decía que el arte del soñador consiste en conservarla imagen de su sueño. Porque eso es lo que hacemos, de un modo u otro, durante toda nuestravida.-¿Qué quería decir con eso?-Nuestro arte como personas corrientes consiste en saber cómo retener la imagen de lo quevemos. El Nagual decía que lo hacemos, pero sin saber cómo. Nos limitamos a hacerlo; mejordicho, nuestros cuerpos lo hacen. Al
soñar
debemos hacer lo mismo, con la diferencia de que enel
soñar
hace falta aprender cómo hacerlo. Tenemos que luchar por no mirar, sino sólo dar unvistazo, y, no obstante, conservar la imagen.»El Nagual me encargó que buscara en mis sueños un refuerzo para mi ombligo. Tardémuchísimo porque no comprendía el significado de sus palabras. Decía que, en el
soñar
,prestamos atención con el ombligo, por consiguiente, debemos protegerlo bien. Necesitamoscierto calorcillo, o la sensación de que algo nos presiona el ombligo para retener las imágenesen nuestros sueños.»Hallé en mis sueños un guijarro que encajaba perfectamente en mi ombligo, y el Nagual meobligó a buscarlo día tras día, por charcas y cañones, hasta dar con él. Le hice un cinturón y aúnlo llevo conmigo día y noche. Al hacerlo así, me resulta más fácil conservar imágenes en missueños.»Luego el Nagual me asignó la tarea de dirigirme a lugares específicos en mi
soñar
. Lo estabahaciendo realmente bien, pero fue por entonces que perdí la forma y comencé a ver el ojo frentea mí. El Nagual afirmó que el ojo lo había cambiado todo, y me dio instrucciones para queempezara a valerme del ojo para ponerme en movimiento. Dijo que no tenía tiempo de llegar ami doble en el
soñar
, pero que el ojo era aún mejor. Me sentí defraudada. Ahora me tiene sincuidado. He utilizado ese ojo lo mejor que me fue posible. Le permito llevarme al
soñar
. Cierrolos párpados y quedo dormida como si nada, inclusive a la luz del día y en cualquier parte. Elojo me atrae y entro en otro mundo. La mayor parte del tiempo no hago más que deambular porél. El Nagual nos dijo, a mí y a las hermanitas, que durante el período menstrual el
soñar
seconvierte en poder. Hay algo en ello que me desequilibra. Me vuelvo más osada. Y, tal como elNagual nos enseñara, se abre una grieta ante nosotras en esos días. Tú no eres mujer, así queesto no debe tener mucho sentido para ti, pero dos días antes de la regla una mujer puede abriresa grieta y pasar por ella a otro mundo.Extendió el brazo izquierdo y siguió con la mano el contorno de una línea invisible que, alparecer, corría verticalmente ante ella.-Durante ese tiempo una mujer, si lo desea, puede alejarse de las imágenes del mundo-continuó la Gorda-. Esa es la grieta entre los mundos y, como decía el Nagual, estáprecisamente enfrente e todas nosotras. La razón por la cual el Nagual juraba que las mujeresson mejores brujas que los hombres es que siempre tienen la grieta delante, en tanto que unhombre debe hacerla. Te diré que
soñando
durante mis menstruaciones aprendí a volar con laslíneas del mundo. Aprendí a echar chispas con el cuerpo para atraer las líneas, y luego aprendí aasirme a ellas. Y eso es todo lo que he aprendido hasta ahora en el
soñar
.Reí y le comenté que yo nada tenía que mostrar al cabo de años de «soñar».-Has aprendido a convocar a los aliados en el
soñar
-dijo, con gran seguridad.Le conté que don Juan me había enseñado a hacer aquellos sonidos. No pareció creerme.-Entonces los aliados deben venir a ti en busca de su luminosidad -dijo, la luminosidad que éldejó en ti. Él me dijo que todo brujo tenía una cantidad limitada de luminosidad para regalar.De modo que la repartía entre sus hijos de acuerdo con órdenes recibidas de alguna parte, allí fuera, en esa inmensidad. En tu caso te ha legado incluso su propia llamada.Hizo chascas la lengua y me guiñó un ojo.

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-Si no me crees -prosiguió-, ¿por qué no haces el sonido que el Nagual te enseñó ycompruebas si los aliados vienen a ti?No me sentía dispuesto a hacerlo. No porque creyese que mi sonido fuera a atraer nada, sinoporque no quería complacerla.Aguardó un momento, y, cuando estuvo convencida de que yo no lo iba a intentar, se puso lamano sobre la boca e imitó mi sonido intermitente a la perfección. Lo hizo durante cinco o seisminutos, deteniéndose tan sólo para respirar.-¿Ves lo que quiero decir? -preguntó sonriendo-. A los aliados no les importa un rábano millamada, por muy parecido que sea a la tuya. Ahora prueba tú.Probé. A los pocos segundos se hizo oír la respuesta. La Gorda se puso de pie de un salto.Tuve la clara impresión de que se hallaba más sorprendida que yo. Se precipitó a hacermecallar, apagó la lámpara y recogió mis notas.Estaba a punto de abrir la puerta, pero se detuvo repentinamente; un sonido aterrador no llegóde fuera. Me pareció un gruñido. Era tan horrendo y amenazador que nos hizo dar un salto atráspara alejarnos de la puerta. Mi temor físico era tan intenso que habría huido, de haber tenidoadónde ir.Algo pesado estaba apoyado en la puerta; la hacía crujir. Miré a la Gorda. Daba la impresiónde estar aún más asustada que yo. Seguía con el brazo extendido como si fuese a abrir la puerta.Tenía la boca abierta. Parecía haber quedado paralizada en medio de un movimiento.La puerta podía saltar en cualquier momento. Nada la golpeaba, pero estaba sometida a unaterrible presión, como el resto de la casa.La Gorda me dijo que me apresurase a abrazarla por detrás, cerrando las manos en torno a sutalle, encima del ombligo. Hizo entonces un extraño movimiento con las manos. Fue como sisacudiese una toalla, sosteniéndola al nivel de los ojos. Lo repitió cuatro veces. Luego realizóotra curiosa acción. Llevó las manos al centro del pecho y las colocó, con las palmas haciaarriba una por encima de la otra, sin tocarse. Los codos, separados del cuerpo y alineados. Cerrólos puños como si de pronto asiera dos barras invisibles y poco a poco, las fue girando, hastaquedar con las palmas hacia abajo. Luego con gran esfuerzo realizó un hermoso movimiento, unacto en el cual parecía comprometer cada músculo de su cuerpo. Algo así como el abrir unapesada puerta corrediza, que ofreciese gran resistencia. Todo su cuerpo vibraba por el esfuerzo.Movía los brazos lenta, muy lentamente, al igual que si abriese una puerta muy, muy pesada,hasta haberlos extendido por completo.Tuve la clara impresión de que tan pronto como terminó de abrir esa puerta, por ella seprecipitó un viento. Un viento que nos atrajo de modo de hacernos atravesar, literalmente, lapared. Tal vez fuese mejor decir que las paredes nos atravesaron, o, quizás, que los tres, laGorda, la casa y yo, traspusimos la puerta que ella había abierto. De pronto me encontré encampo abierto. Veía las formas oscuras de las montañas y los árboles que nos rodeaban. Ya noceñía el talle de la Gorda. Un ruido procedente de la altura me obligó a alzar los ojos: ladistinguí suspendida en el aire, a unos tres metros por encima de mí, como el negro contorno deuna cometa gigante. Experimenté una tremenda comezón en el ombligo y la Gorda cayó aplomo, a la mayor velocidad; pero, en vez de estrellarse, se detuvo suavemente.En el momento en que la Gorda aterrizó, la picazón del ombligo se convirtió en un dolornervioso horriblemente agotador. Algo así como si su contacto con la tierra me arrancase elinterior. El dolor me hizo gritar a todo pulmón.Para entonces la Gorda se hallaba de pie a mi lado, desesperadamente falta de aliento. Yoestaba sentado. Nos encontrábamos de nuevo en la habitación de la que habíamos salido, encasa de don Genaro.La Gorda parecía incapaz de recobrar el ritmo normal de respiración. Estaba cubierta de sudor.-Tenemos que salir de aquí -murmuró.

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Recorrimos en el coche un breve trayecto, hasta la casa de las hermanitas. No encontramos aninguna de ellas. La Gorda encendió una lámpara y me hizo pasar directamente a la cocinatrasera, al aire libre. Allí se desnudó y me pidió que la bañase como a un caballo, arrojándoleagua al cuerpo. Cogí un pequeño cubo lleno de agua y comencé a derramarlo con delicadezasobre ella, pero lo que pretendía era que la empapara.Explicó que un contacto con los aliados, como el que habíamos tenido, producía unatranspiración sumamente dañina, que debía eliminarse de inmediato. Me hizo quitar las ropas yluego me bañó con agua helada. Entonces me tendió un trozo de paño limpio y nos fuimossecando en el camino de entrada a la casa. Se sentó en la gran cama de la habitación delantera,tras colgar la lámpara sobre ella, en el soporte del muro. Tenía las rodillas levantadas y ello mepermitía contemplarla en detalle. Abracé su cuerpo desnudo, y fue entonces cuando comprendí lo que había querido decir doña Soledad al sostener que la Gorda era la mujer del Nagual. Notenía formas, como don Juan. Me resultaba imposible considerarla como mujer.Comencé a vestirme. Me lo impidió. Dijo que antes de poder volver a ponerme la ropa, debíaasolearse. Me dio una manta para que me la echara sobre los hombros, y cogió otra para ella.-Ese ataque de los aliados fue realmente terrorífico -dijo, una vez que nos hubimos sentado enla cama-. A decir verdad, tuvimos muchísima suerte al salir con bien de sus garras. Yo no teníaidea de por qué el Nagual me había indicado ir a casa de Genaro contigo. Ahora lo sé. Es en esacasa donde los aliados son más fuertes. Escapamos de ellos por un pelo. Fue una gran fortunapara nosotros el que yo haya sabido salir de allí.-¿Cómo lo hiciste, Gorda?-Francamente, no lo sé -dijo-. Sencillamente lo hice. Supongo que mi cuerpo supo cómo, perocuando intento pensar en el modo preciso, lo encuentro imposible.»Fue una gran prueba para ambos. No había comprendido hasta esta noche que era capaz deabrir el ojo; pero mira lo que hice. Verdaderamente, abrí el ojo, tal como el Nagual asegurabaque podía hacer. Nunca lo había logrado antes de que llegaras. Lo había intentado, pero sinresultados. Esta vez, el miedo a esos aliados me llevó a coger el ojo según las instrucciones delNagual, agitándolo cuatro veces en sus cuatro direcciones. El aseveraba que se lo debía sacudircomo si se tratase de una sábana, y luego abrirlo como a una puerta, aferrándolo exactamentepor el medio. El resto fue muy fácil. Una vez la puerta se hubo abierto, sentí que un fuerteviento me atraía, en lugar de alejarme. La dificultad, según el Nagual, consiste en regresar. Unotiene que ser muy fuerte para hacerlo. El Nagual, Genaro y Eligio podían entrar y salir de eseojo como si nada.Para ellos el ojo ya no era un ojo, decían que era como una luz anaranjada, como el sol. Ytambién el Nagual y Genaro eran una luz anaranjada cuando volaban. Yo me encuentro aún enun punto muy bajo de la escala; el Nagual decía que al volar me expandía y se me veía como unmontón de estiércol en el cielo. No tengo luz. Esa es la razón por la cual el retorno es tanterrible para mí. Esta noche me ayudaste, me atrajiste dos veces. Te mostré mi vuelo porque elNagual me ordenó dejártelo
ver
, por difícil o pobre que fuese. Se suponía que con mi vuelo teayudaba, tal como se suponía que tú me ayudabas al no ocultarme tu doble.
Vi
todo tu accionardesde la puerta. Estabas tan atareado sintiendo pena por Josefina que tu cuerpo no advirtió mipresencia.
Vi
cómo tu doble te salía de la coronilla. Lo hizo retorciéndose como un gusano.
Vi
un estremecimiento que comenzaba en tus pies y te recorría entero; luego salió el doble. Eracomo tú, pero muy brillante. Era como el propio Nagual. Es por eso que las hermanas quedaronpetrificadas. Comprendí que creían que se trataba del Nagual en persona. Pero no logré
verlo
todo. Perdí el sonido, porque no tenía atención para ello.-¿Cómo has dicho?-El doble requiere tremendas cantidades de atención. El Nagual te dio esa atención a ti, perono a mí. Me dijo que ya no tenía tiempo.


Agregó algo más, acerca de cierta clase de atención, pero yo estaba muy cansado. Me quedédormido tan repentinamente que ni siquiera tuve tiempo de poner a un lado mi libreta.
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Re: Si quieres el hueso,debes romper la corteza (Meister Eckhart)

Mensaje  mariocesar el Sáb Jul 14, 2012 8:33 am

(...)Se me ocurrió que don Juan le había legado los ojos (...)yo percibía más quenunca la presencia de don Juan... Poseía un control interno que la llevaba a actuar como don Juan. (...)Esas colinas están vivas .... No sabía qué había resultado más devastador, si el lugar o las mujeres. Las furiosasembestidas de estas últimas habían sido directas y aterradoras pero la presencia de las colinasconstituía un factor constante, de continua aprensión; (...)Nagual y Genaro -... Sé dónde están. El Nagual me dijo que te llevara si podía.(...)Había un espíritu inherente a las cuevas, fuesen éstasnaturales o construidas por el hombre, y era necesario acercarse a él con respeto. El gateo era laúnica forma adecuada de demostrar ese respeto(...)Una vez tuve a un hombre. Me dejó embarazada cuando yo era muy joven y tuve dos hijas deél. Una tras otra. Mi vida era un infierno. Se emborrachaba y me pegaba día y noche. Y loodiaba y me odiaba. Y me puse gorda como un cerdo. Un día llegó otro hombre y me dijo queyo le gustaba y que deseaba que me fuese con él a trabajar como criada en la ciudad. Era cons-ciente de mi capacidad de trabajo y lo único que pretendía era explotarme. Pero mi vida era tanmiserable que me dejé engañar y me marché con él. Era peor que el primero, mezquino ytemible. Al cabo de una semana, más o menos, no podía soportarme. Y solía darme las peorespalizas que puedas imaginar. Pensé que me iba a matar, sin estar siquiera borracho; todo elloporque yo no había encontrado trabajo. Entonces me envió a pedir a las calles con un niñoenfermo. Él pagaba a la madre con una parte del dinero que yo recaudaba. Y luego me pegabapor no haber reunido lo suficiente. El niño se ponía cada vez más enfermo; yo sabía que simoría mientras yo estuviese pidiendo, él me asesinaría. De modo que un día, sabiendo que él noestaría, fue a la casa de la madre del niño y se lo entregué, junto con algo del dinero hecho esedía. Había sido una jornada afortunada para mí; una amable extranjera me había dado cincuentapesos para medicinas para el crío.»Había pasado con ese hombre horrible tres meses, y tenía la impresión de que habían sidoveinte años. Empleé el dinero que había conservado para regresar a casa. Estaba nuevamenteembarazada. El pretendía que tuviese el hijo como soltera; de modo de no responsabilizarse deél. Al volver a mi pueblo, intenté ver a mis hijas, pero se las había llevado la familia de supadre. Ésta se reunió conmigo, alegando que deseaban hablarme; en cambio, me llevaron a unlugar desierto y me pegaron con palos y piedras y me dejaron por muerta.La Gorda me mostró las numerosas cicatrices que llevaba en el cuero cabelludo.-Hasta este día ignoro cómo regresé al poblado. Incluso, perdí el hijo que llevaba en el vientre.Fui a casa de una tía que aún vivía; mis padres ya habían muerto. Me dio un lugar en el cualdescansar y me atendió. La pobre me alimentó durante dos meses, hasta que estuve encondiciones de levantarme.»Llegó el día en que mi tía me dijo que aquel hombre estaba en el pueblo, buscándome. Habíadicho a la policía que me había dado dinero por adelantado y yo había huido llevándomelo, trasasesinar a un niño. Comprendí que ese era el fin para mí. Empero, el destino me favoreció unavez más y conseguí marcharme en el camión de un norteamericano. Lo vi venir por el camino yalcé la mano desesperadamente; el hombre se detuvo y me dejó subir. Me trajo hasta esta regiónde México. Me dejó en la ciudad. Yo no conocía a nadie. Vagué durante días, como un perroloco, comiendo desperdicios en las calles. Fue entonces que mi suerte cambió por última vez.»Conocí a Pablito, con quien tengo una deuda que jamás podré pagar. Me llevó a sucarpintería y me permitió dormir en un rincón. Lo hizo porque le di pena. Me encontró en elmercado: tropezó y cayó encima de mí. Yo estaba sentada, pidiendo. Una polilla, o una abeja,no sé bien qué, le entró en un ojo. Giró sobre sus talones y perdió el equilibrio y cayóexactamente sobre mí. Imaginé que estaría fuera de sí, que me golpearía; en cambio, me diodinero. Le pregunté si me podría proporcionar trabajo. Fue entonces cuando me llevó a sutienda y me proveyó de una plancha y una mesa para planchar, de manera que me fuera posibleganarme la vida como lavandera(...)»Me fue muy bien. Aparte de que engordé, ya que toda la gente a la que servía me daba sussobras. A veces llegaba a comer dieciséis veces por día. No hacía sino comer. Los chicos de lacalle se burlaban de mí, y se me acercaban a hurtadillas y me pisaban los talones y algunosllegaban a hacerme caer. Me hacían llorar con sus bromas crueles, especialmente cuando meechaban a perder el trabajo adrede, ensuciando la ropa que tenía preparada.»Un día, muy entrada la noche, llegó un viejo misterioso a ver a Pablito. Nunca lo había visto.No sabía que Pablito tuviese relación con hombre alguno tan intimidante, tan imponente. Le dila espalda y seguí trabajando. Estaba sola. De pronto, sentí sus manos en el cuello. Mi corazónde detuvo. No podía gritar; no podía siquiera respirar. Caí de rodillas y ese hombre horrible mesujetó la cabeza, tal vez durante una hora. Luego se marchó. Estaba tan aterrorizada que no memoví del lugar en que me había dejado caer hasta la mañana siguiente. Pablito me encontró allí;rió y dijo que debía sentirme muy orgullosa y feliz porque el viejo era un poderoso brujo y unode sus maestros. Estaba desconcertada; no podía creer que Pablito fuese un brujo. Me dijo quesu maestro había visto volar polillas en un círculo perfecto en torno de mi cabeza. Tambiénhabía visto a la muerte rondándome. Esa era la razón por la cual había actuado con la velocidaddel relámpago, cambiando la dirección de mis ojos. También me explicó que el Nagual mehabía impuesto las manos y había entrado en mi cuerpo, y que yo no tardaría en ser diferente.Yo no tenía idea de aquello a lo que se refería. Tampoco tenía idea de lo que había hecho elviejo loco. Pero no me importaba. Yo era como un perro al que todos apartan a puntapiés.Pablito había sido la única persona amable conmigo. Al principio creí que me quería por mujer.Pero era demasiado fea y gorda y maloliente. Lo único que pretendía era ser amable conmigo.»El viejo loco volvió una noche y, nuevamente, me cogió por el cuello desde atrás. Me lastimóen forma terrible. Grité y aullé. No sabía qué era lo que estaba haciendo. Nunca me decía unapalabra. Le temía mortalmente. Más tarde comenzó a hablarme y a decirme qué hacer de mivida. Me gustaba lo que decía. Me llevaba a todas partes con él. Pero mi vaciedad era mi peorenemigo. No podía aceptar sus costumbres, de modo que un día se hartó de mimarme y envió alviento en mi busca. Estaba sola en los fondos de la casa de Soledad ese día, y sentí que el vientocobraba una gran fuerza. Soplaba a través de la cerca. Penetraba en mis ojos. Quise entrar en lacasa, pero mi cuerpo estaba asustado y, en vez de trasponer la puerta de la casa, me dirigí haciala cerca. El viento me empujaba y me hacía girar sobre mí misma. Intenté regresar, pero fueinútil. No podía superar la violencia del viento. Me arrastró por sobre las colinas y me apartó delos caminos y terminé dando con mis huesos en un profundo agujero, semejante a una tumba. Elviento me retuvo allí días y días, hasta que hube decidido cambiar y aceptar mi destino sinresistencia alguna. Entonces el viento cesó, y el Nagual me encontró y me llevó de vuelta a lacasa. Me dijo que mi misión consistía en dar aquello de lo que carecía, amor y afecto, y encuidar de las hermanas, Lidia y Josefina, más que de mí misma. Comprendí entonces que elNagual había pasado años diciéndomelo. Mi vida había concluido largo tiempo atrás.Él me ofrecía una nueva, y ésta debía serlo por completo. No podía llevar a ella mis viejosmodos. Aquella primera noche, la noche en que dio conmigo, las polillas le revelaron miexistencia; yo no tenía motivos para rebelarme contra mi destino.»Mi cambio se produjo al empezar a preocuparme más por Lidia y Josefina que por mí misma.Hice todo lo que el Nagual me dijo y una noche, en este mismo barranco y en esta mismacueva, hallé mi plenitud. Dormía en el mismo lugar en que me encuentro ahora, cuando unruido me despertó. Alcé los ojos y me vi como había sido otrora: joven, fresca, delgada. Era miespíritu, que iniciaba su camino de regreso a mí. En un principio no quería acercarse, porqueaún se me veía bastante espantosa. Pero acabó por no poder resistirse y se aproximó. Entoncescomprendí de golpe aquello que el Nagual había intentado durante años comunicarme. Él decíaque, cuando se tiene un niño, nuestro espíritu pierde fuerza. Para una mujer, el tener una niñasignifica una pérdida de capacidad. El haber tenido dos, como en mi caso, era el fin. Lo mejor

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de mi fortaleza y de mis ilusiones había ido a parar a esas niñas. Me robaron cierta pujanza,como yo, al decir del Nagual, la había robado a mis padres. Ese es nuestro destino. Un chicoroba la mayor parte de su potencia a su padre; una niña, a su madre. El Nagual afirmaba quequien ha tenido niños puede decir, a menos que sea tan terco como tú, que echa de menos algosuyo. Cierta locura, cierta nerviosidad, cierto poder que antes poseía. Solía tenerlo, pero,¿dónde se halla ahora? El Nagual sostenía que se encontraba en el pequeño que daba vueltas entorno de la casa, lleno de energías, lleno de ilusiones. En otras palabras, completo. Decía que, siobserváramos a los niños, estaríamos en condiciones de aseverar que son valerosos, que semueven a saltos. Si observamos a sus padres, les vemos cautelosos y tímidos. Ya no saltan.Según el Nagual, explicábamos el fenómeno fundándonos en la idea de que los padres sonadultos y tienen responsabilidades. Pero eso no es cierto. Lo cierto es que han perdido ciertapujanza
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