Del acercamiento a Almotásin

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Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mariocesar el Lun Ago 08, 2011 3:22 am

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Simorq. Un antiguo cuento persa
Tras numerosos problemas y tribulaciones a través de los siete valles, sólo treinta aves alcanzan finalmente la corte
Sufismo - 22/06/2011 8:01 - Autor: Payam Mohaghegh - Fuente: Revista Sufí
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Etiquetas: simorq, cuento persa, sufismo, attar

Ilustración del cuento del Simorg.
«Para volar no necesitaste fe, necesitaste comprender lo que era volar. Esto es exactamente lo mismo. Ahora, inténtalo de nuevo…». Entonces, Juan, un día, de pie en la orilla, cerrados los ojos, concentrándose, supo, como en un relámpago, lo que Chiang había estado diciéndole. «¡Pero si es verdad! ¡Soy una gaviota perfecta y sin limitaciones!» Sintió un gran estremecimiento de alegría.

Juan Sebastián Gaviota

Nunca nada llega a ser real hasta que es experimentado; incluso un proverbio no es un proverbio para ti hasta que tu vida no lo ha ilustrado.

Keats

Introducción

Hay varias versiones diferentes de este cuento en Persia y, como han sido transmitidas oralmente de una generación a otra, no se puede probar que ninguna de ellas sea la original. Hace pocos años, una escritora iraní las recopiló de gente de diferentes provincias de Irán. Lo que sigue es mi adaptación de una compilación de seis versiones de Homa A. Ghahremani, miembro del Círculo de Estudios Antiguos Iraníes en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos, de la Universidad de Londres. Mis interpretaciones aparecen entre corchetes y se incluyen como notas al final del texto.

***

Había Uno y no había nadie, salvo Dios nada había, y Él tenía tres hijos: El príncipe Kiumars [1], el príncipe Ŷamshid [2] y el menor, el príncipe Jorshid-Mitra [3], que no tenía madre. Era el favorito del rey porque era el más valiente de todos.

En el jardín del palacio crecía un granado [4] que sólo tenía tres granadas, cuyos granos eran fabulosas gemas que brillaban como faroles en la noche. Cuando las granadas madurasen se convertirían en tres hermosas muchachas que llegarían a ser las esposas de los tres príncipes. Cada noche, por orden del rey, uno de sus hijos custodiaba el árbol, no fuera que alguien robase las granadas. Una noche, estando el príncipe Ŷamshid vigilando el árbol, se quedó dormido y, al día siguiente, una de las granadas había desaparecido. La noche siguiente estuvo de guardia el príncipe Kiumars, pero también se quedó dormido y a la mañana siguiente otra granada había desaparecido. Cuando le llegó el turno al príncipe Jorshid, se hizo un corte en uno de sus dedos y lo restregó con sal, de forma que el escozor le mantuviera despierto. Poco después de la medianoche una nube apareció sobre el árbol y una mano, saliendo de ella, recolectó la última granada. El príncipe Jorshid sacó su espada y le cortó un dedo. La mano y la nube desaparecieron rápidamente.

Por la mañana, cuando el rey vio gotas de sangre en el suelo, ordenó a sus hijos que las siguieran, encontraran al ladrón y recuperaran las granadas robadas. Los tres príncipes siguieron las gotas de sangre cruzando montañas y desiertos hasta que llegaron a un profundo pozo [5] donde terminaba el rastro. El príncipe Ŷamshid se ofreció para que le bajaran al pozo con una cuerda para investigar. No había realizado la mitad del descenso cuando chilló: «Subidme, subidme, me estoy quemando».

Sus hermanos le izaron. Luego el príncipe Kiumars descendió a su vez y pronto le oyeron también gritar que se estaba quemando. Cuando el príncipe Jorshid decidió bajar, dijo a sus hermanos que, por fuerte que gritara, no deberían izarle sino soltar más cuerda; y que luego le esperasen solamente hasta el anochecer. Si por entonces no había dado señales, podrían volver a casa. El príncipe Jorshid entró en el pozo y, a despecho del insoportable calor, descendió todo el trayecto hasta el fondo, y allí encontró a una joven muchacha, hermosa como la Luna llena. En su regazo yacía la cabeza de un div dormido, cuyos estruendosos ronquidos llenaban el aire de calor y de humo. Susurró: «Príncipe Jorshid, ¿qué haces aquí? Si este div se despertara, te mataría seguro, como ya ha matado a muchos otros. Vete mientras aún estás a tiempo». El príncipe Jorshid, que quedó enamorado al primer vistazo, se negó. Le preguntó quién era ella y que hacía allí. «Mis dos hermanas y yo somos cautivas de este div y de sus dos hermanos. Mis hermanas están prisioneras en otros dos pozos donde los divs han escondido riquezas robadas por casi todo el mundo».

El príncipe Jorshid dijo: «Voy a matar al div y liberaros a ti y a tus hermanas. Pero le despertaré primero; no quiero matarle mientras duerme». El príncipe rascó las plantas de los pies del div hasta que éste abrió los ojos y se puso de pie. Rugiendo, el div cogió una piedra de molino y se la tiró al príncipe; pero éste se echó rápidamente a un lado, sacó la espada, e invocando a Dios, partió en dos al div [6]. Tras esto fue a los otros dos pozos, acabó con los divs y rescató a las hermanas de su amada. También recogió el tesoro.

Como aún no había oscurecido, sus hermanos estaban todavía esperándole y cuando les llamó empezaron a tirar de la cuerda. La muchacha a quien el príncipe Jorshid amaba quiso que él subiera antes que ella, porque sabía que cuando sus hermanos vieran las joyas se pondrían celosos y no le izarían. Pero el príncipe insistió en que ella subiera primero. Cuando vio que no podría hacerle cambiar de parecer le dijo: «Si tus hermanos no te izan y te dejan aquí, hay dos cosas que debes saber: la primera, es que hay en esta tierra un gallo dorado y una linterna dorada que pueden conducirte hasta mí. El gallo está en un cofre y cuando lo abras cantará para ti. Y cuando cante, brotarán de su pico gemas de todas clases. La linterna dorada es luminosa por sí misma, y su brillo es eterno. La segunda cosa que debes saber es esta: cuando la noche esté más avanzada, vendrán dos bueyes que lucharán entre sí. Uno es negro, el otro blanco. Si saltas sobre el buey blanco te sacará del pozo, pero si, por error, saltas sobre el negro, te llevará siete niveles más abajo».

Como ella había predicho, cuando los príncipes Ŷamshid y Kiumars vieron a las muchachas y los cofres de oro y de plata, se pusieron celosos de los logros de su hermano. Sabedores de que su padre seguramente le daría el reino, cortaron la cuerda y la dejaron caer al fondo del pozo [7]. Luego, regresaron a casa y dijeron a su padre que sólo quedaban ellos, que habían rescatado a las muchachas, matado a los divs, y traído todo el tesoro, y que el príncipe Jorshid no había regresado. El príncipe Jorshid tenía el corazón destrozado. Vio a dos bueyes aproximarse y se puso de pie mientras empezaban a pelear. En su excitación saltó sobre la espalda del buey negro y cayó con él siete niveles más abajo [8]. Cuando abrió los ojos, se encontró en una verde pradera desde la que se veía una ciudad en la lejanía. Empezó a caminar hacia ella y vio a un campesino arando. Estaba hambriento y sediento, y le pidió pan y agua. El hombre le dijo que tuviera mucho cuidado y que no hablase muy alto, pues había dos leones en las cercanías; si le oían, saldrían y se comerían los bueyes. Luego le propuso: «Hazte cargo del arado y te conseguiré algo para comer».

El príncipe Jorshid empezó a arar, dirigiendo a los bueyes en voz alta. Dos leones rugientes cargaron hacia él, pero el príncipe capturó a los leones, soltó a los bueyes y unció los leones al arado. Cuando el campesino regresó quedó sorprendidísimo. El príncipe Jorshid le dijo: «No temas, los leones son ahora inofensivos y no te herirán ni a ti ni a tus bueyes. Pero si no estás a gusto con ellos, los dejaré ir». Cuando vio que el granjero seguía reacio a aproximarse a los leones, los desató y se fueron por donde habían venido [9].

El hombre había traído comida pero no agua. Explicó: «No hay agua en la ciudad porque un dragón está durmiendo frente a la fuente. Cada sábado se lleva una muchacha a la fuente y así, cuando el dragón se desplaza para devorarla, corre algo de agua por las canalizaciones de la ciudad y la gente puede recoger la sufi ciente para la semana siguiente. Este sábado, la hija del rey va a ser entregada al dragón».

El príncipe Jorshid hizo que el campesino le llevara ante el rey. «¿Cuál será mi recompensa si mato al dragón y salvo la vida de tu hija?». El rey replicó: «Cualquier cosa que desees y que esté en mi mano» [10].

Llegó el sábado y el príncipe fue con la muchacha a la fuente. En el momento en que el dragón se acercó para devorarla, el príncipe Jorshid invocó el nombre de Dios y mató al monstruo. Toda la ciudad celebró con alegría el acontecimiento. El rey preguntó al príncipe Jorshid qué recompensa deseaba, y éste anunció que su único deseo era regresar a su país. El rey dijo: «El único que puede hacerte subir siete niveles es el Simorq. Vive en un bosque cercano. Cada año pone tres huevos y cada año sus polluelos son devorados por una serpiente. Si pudieras matar a la serpiente, seguramente te llevaría a casa».

El príncipe Jorshid fue al bosque y encontró el árbol en el que el Simorq tenía su nido. Mientras estaba mirando, vio una serpiente trepando por el árbol para comerse a los asustados polluelos. Invocando el nombre de Dios, cortó a la serpiente en trocitos y alimentó con algunos de ellos a los hambrientos polluelos que estaban esperando que su madre les trajera comida. Guardó el resto para más tarde y se echó a dormir bajo el árbol. Cuando el Simorq voló sobre el nido y vio al príncipe Jorshid, pensó que era el que todos los años se comía a sus polluelos.

Se preparó para matarle, pero sus polluelos le gritaron que él era quien les había salvado de su enemigo. Al darse cuenta de que el príncipe Jorshid había matado a la serpiente, extendió sus alas sobre su cabeza para darle sombra mientras dormía.

Cuando despertó, el príncipe contó su historia al Simorq y le preguntó si podría ayudarle. El Simorq le dijo que regresara junto al rey y que le pidiera la carne de siete toros. «Haz siete odres con sus pieles y llénalos de agua. Serán mi provisión para el viaje; los necesito para poder llevarte a casa. Cada vez que yo diga, “tengo hambre”, debes darme un pellejo de agua, y cuando diga, “tengo sed”, debes darme uno de los toros». En su camino hacia la superficie el príncipe Jorshid fue haciendo exactamente lo que el Simorq le había pedido, hasta que sólo quedó un pellejo de agua. Entonces, en vez de decir que tenía hambre el Simorq dijo que tenía sed, y el príncipe Jorshid cortó algo de carne de su muslo y la puso en el pico del Simorq. El Simorq se dio cuenta inmediatamente de que era carne humana y la sostuvo cuidadosamente en su pico hasta que llegaron a su destino. Tan pronto como desmontó, el príncipe instó al Simorq a volar de regreso, pero éste, sabiendo que Jorshid tendría que caminar cojeando, se negó y, pegándolo con su saliva, repuso el trozo de carne en su muslo. Habiendo comprobado lo valiente y abnegado que era el príncipe, el Simorq le entregó tres de sus plumas, y le dijo que si en algún momento tuviera necesidad de él, quemara una y que entonces acudiría inmediatamente en su ayuda. Dicho esto, se alejó volando. [11]

El príncipe Jorshid, al entrar en la ciudad, se enteró de que iban a celebrarse pronto tres bodas reales: la del príncipe Ŷamshid, la del príncipe Kiumars y, la tercera, la del hijo del visir, porque el hijo más joven del rey, el príncipe Jorshid, nunca había regresado. Un día, fueron unos hombres a la tienda donde el príncipe Jorshid estaba de aprendiz, y contaron que habían estado en todas las joyerías de la ciudad pero que nadie se había comprometido a realizar el encargo del rey. El príncipe Jorshid les preguntó cual era ese encargo y le dijeron: «La muchacha que va a desposarse con el hijo del visir ha antepuesto una condición para el matrimonio. Sólo se casará con aquel que pueda traerle un gallo dorado de cuyo pico broten gemas cuando cante; también quiere una linterna dorada, que sea luminosa por sí misma, y cuyo brillo sea eterno. Pero, hasta ahora, ningún orfebre ha podido fabricar tales cosas». Reconociendo las señales el príncipe Jorshid afirmó: «Con permiso de mi maestro puedo fabricaros para mañana un cofre, con un gallo y una linterna así». Los hombres le dieron las joyas necesarias para fabricar el encargo y se fueron. El príncipe Jorshid se las dio todas a su maestro pues, dijo, no las necesitaba.

Esa noche el príncipe Jorshid salió de la ciudad y quemó una de las plumas. Cuando llegó el Simorq, le pidió que le trajera lo que la muchacha había pedido, y así lo hizo. A la mañana siguiente, los hombres, asombrados, llevaron los preciosos objetos al rey, que convocó enseguida al joven a la corte y fue inmensamente dichoso al descubrir que no era sino su hijo favorito. El príncipe Jorshid contó su historia, pero pidió al rey que no castigase a sus hermanos por el mal que le habían causado. La ciudad entera celebró su regreso y hubo, por supuesto, tres bodas. El rey nombró al príncipe Jorshid-Mitra como su sucesor al trono y todos vivieron felices para siempre.

Interpretación del relato

La palabra Naqsh-band, nombre de un famoso sufí, puede traducirse por pintor, tejedor o urdidor, del modelo, diseño, plantilla, plan, diagrama o matriz, y simboliza el papel del sufí como aquel que ve y es consciente del plan o de la trama. Como dice Rumi: «Soy un dibujante de formas (naqqāsh): a cada instante doy forma a un ídolo». La historia del Simorq es una historia que tiene muchas tramas entretejidas, y lo que sigue es un intento de presentar una de dichas tramas. Había Uno y no había nadie, salvo Dios nada había. [Así, con esta frase, empiezan todos los cuentos persas]. En los tiempos muy, muy antiguos hubo un rey [el guardián del trono de la sabiduría] que tenía tres hijos:

1. El príncipe Kiumars, es el primer ser humano en el Shāh nāma (El libro de los reyes) de Ferdosi, y en el Avesta (el Libro Sagrado del mazdeísmo). Se dice que Kiumars, como Adán, fue el primer ser humano, y era tan ancho como alto, tan brillante como el sol y vestía pieles de leopardo. Él y su gente habitaban en las montañas y vivían de frutas y raíces, vestían ropa hecha con hojas y eran felices. Este periodo refl eja probablemente la Edad de Piedra. En esta historia, no se pierde el paraíso por una tentación sino porque Ahriman [el mal] envía un demonio negro (div) que mata a su hijo Siyāmak. El hijo de Siyāmak, Hushang, con su ejército de animales —leones y tigres, todas las aves y los herbívoros, el buey y el noble caballo—, consiguieron derrotar al demonio negro. Fue un tiempo en que los seres humanos eran cercanos al resto del reino animal. Durante otra batalla contra un monstruo, Hushang descubre el fuego, el monstruo huye, y el hombre empieza a cocinar y a calentarse con el fuego.

2. El príncipe Ŷamshid, el nieto de Hushang, no sólo forjaba herramientas, sino también armas de guerra —espadas, lanzas, puntas de fl echa y cotas de malla—, y usó estas armas de hierro para derrotar a muchos ejércitos de las tinieblas. Su pueblo aprendió a hilar y a tejer, y vestía ropa de lana, de seda y de lino. En esa época la sociedad se divide en un sistema de clases sociales con tareas específi cas: guerreros, sacerdotes y campesinos. El reino de Ŷamshid termina debido a su orgullo: se cree superior a Dios, su ejército le abandona y una era de tinieblas comienza.

3. El más joven, el príncipe Jorshid, no tenía madre. Era el favorito del rey por ser
el más valiente de todos. La palabra Jorshid, o Mitra/Mehr, significa sol, luz, amor y amigo. Dice la historia que Mitra no tenía madre porque había nacido de una roca, del huevo cósmico, con una daga en una mano y una antorcha ardiendo en la otra. La historia del Simorq sigue el modelo de pensamiento tripartito indoeuropeo. Los tres príncipes y las tres princesas reflejan la concepción tripartita indoeuropea de dioses, héroes y pueblo. En la India las clases originales eran brahmanas (sacerdotes), ksatriyas (guerreros) y vaisya (productores), que se correspondían con los dioses Varuna, Mitra e Indra. Podría considerarse que el modelo parte de la India e Irán y, de ahí, se dirige a Europa. Los celtas dividían la sociedad en druidas (sacerdotes), flaith (guerreros) y boairig (gente común). La historia del Simorq es sin duda una fábula muy antigua. El héroe de la historia, como otros héroes populares indoeuropeos, se enfrenta a tres adversarios, o a un monstruo de tres cabezas o, quizá, como el héroe irlandés Cuchulainn, luche contra tres hermanos.

4. En algunos mitos, el granado es el árbol del conocimiento; está también ligado al inframundo, como en el mito griego de Perséfone que se halla en el centro de los Misterios Eleusinos. Perséfone es llevada al infierno por Hades para ser su reina. Ella come un trozo de granada y se ve forzada a pasar los inviernos con su marido en la tierra de los muertos, lo que simboliza la decadencia y renacimiento de la vegetación. Este mito es idéntico al relato sirio de Astarté (Afrodita) y Adonis, cuya versión frigia muestra a Cibeles y Attis, y la egipcia a Isis y Osiris; aquí tenemos la versión persa de este mismo mito. En el sufi smo, el granado es también un símbolo importante. 'Ali dice: «La luz de Allāh está en el corazón de aquellos que comen granadas». El profeta Mohammad dice: «El granado os libra de Satán y de las inspiraciones del mal por cuarenta días». Es también la fruta que comen los iraníes, hoy en día, en la noche de Yaldā (Yule, el solsticio de invierno), la noche más larga del año, o sea, aquella en la que el sol, la luz, está en su punto más bajo.

Comiendo granadas, los iraníes se alinean simbólicamente con el sol y se mantienen en vigilia esa noche hasta el amanecer. Las tres granadas de nuestro cuento maduran y se convierten en tres princesas, pues la fruta actúa, en esencia, como mediadora entre los dos mundos divinos, el cielo y el inframundo.

5. El pozo es una entrada al inframundo, cuyo fuego quema a los príncipes durante su descenso y hace que se acobarden. El príncipe Jorshid, por su parte, salta con fe en la tinaja y, como la uva, inicia su transformación en vino.

Continúa su recorrido a despecho de ser quemado y cocido. En el fondo del pozo, el príncipe Jorshid (el Sol) encuentra a una jovencita, hermosa como la Luna. El Sol y la Luna se encuentran e inmediatamente se enamoran. En el sufi smo el Sol representa el Espíritu que ilumina los cielos mientras que la Luna simboliza la luz de este mundo. La Luz es vista como el conocimiento Divino, en tanto que el alma del místico es simbolizada por la Luna que refleja la luz del Sol.

Cuando el Sol y la Luna se encuentran, el amor fluye entre ellos y la Luna avisa al Sol de los riesgos de este encuentro y de su búsqueda. Muchos han llegado hasta aquí y el demonio los ha matado, regresa mientras estés a tiempo. Es demasiado tarde para Jorshid, pues él ha visto a su amada, tal vez su propia alma, que ha de ser su reina, o quizás haya percibido un atisbo del Océano de la Unidad.

6. El príncipe Jorshid despierta a su demonio y lo enfrenta conscientemente, y, en el nombre de Dios (invocando el nombre de Dios: zekr), derrota a los tres demonios.

7. La dama, sabiendo cómo van a reaccionar sus hermanos, propone a Jorshid que suba primero. Él ignora su advertencia, señal de que su viaje no se ha consumado todavía. Ella le da instrucciones sobre como encontrarla. Primero, hay un gallo y una linterna dorados. El gallo dorado representa a Sorush (Sraosha en pahlevi).

Sorush es un ave divina, que es el más poderoso de los dioses, puesto que es la manifestación de la rectitud, la honestidad y la fuerza. Combate al div de la debilidad y la flaqueza. En algunas versiones de esta historia, en lugar del gallo dorado en un cofre, hay un ruiseñor dorado en una jaula dorada. En la poesía sufí, el ruiseñor está enamorado de la rosa; representa el aspecto del yo atrapado en la forma exterior de las cosas, y que es incapaz de abandonar a la rosa. En algunas versiones, el príncipe Jorshid debe conseguir una linterna dorada, la luz de la sabiduría, mientras que en otras debe recuperar un molinillo dorado, que representa la rueda del destino (o la civilización y la cultura).

8. Los dos bueyes representan la vida, que puede conducir a la luz o a las tinieblas. Según la tradición zoroastriana, el primer animal en el mundo fue un «toro creado especialmente», de color blanco y tan brillante como la Luna. El toro fue muerto y sus despojos llevados hasta la Luna, y de ellos procede la simiente de muchas especies de animales y plantas. El buey es visto como un símbolo del nafs (el ego, el yo), y saltar sobre el lomo del buey blanco, podría llevarte más allá del séptimo cielo (haft-āsemān). Pero el príncipe se sienta sobre el negro y desciende siete niveles. Para poder regresar, habrá de matar, más tarde, siete toros. Los siete toros, los estados del ego (nafs), son:

1. nafs-e ammāra (yo dominante),

2. nafs-e lawāma (yo arrepentido),

3. nafs-e molhama (yo inspirado),

4. nafs-e motma’enna (yo serenado),

5. nafs-e rāziya (yo satisfecho),

6. nafs-e marziya (yo realizado),

7. nafs-e sāfi wa kāmel (yo purificado y perfecto).

Las siete etapas del desarrollo se corresponden con los siete cielos que hay en el sufismo: éter (Luna), reflexión (Mercurio), fantasía divina (Venus), luz del corazón (Sol), juicio divino (Marte), meditación de los dioses (Júpiter), decreto divino (Saturno). Pueden verse también disposiciones parecidas de los atributos divinos en la cábala judía, con las esferas del Árbol de la Vida, en el gnosticismo cristiano, en los siete chakras del hinduismo y en la antigua religión romana de los misterios mitraicos, en la que Mitra (Mitra/Mehr o Jorshid) asciende siete cielos dando muerte a un toro. Cada cielo representa un grado específi co de iniciación. Los siete valles de La conferencia de los pájaros de 'Attār también representan el mismo viaje. También la Osa Mayor, con sus siete estrellas, representa la dirección de las Luces del Norte, un símbolo de iluminación.

9. El león simboliza la acción en oposición a la contemplación, y también el oro y el Sol. Rumi describe a 'Ali como el León de Dios, un título similar al dado al rey Ricardo Corazón de León. El león es también el 4º grado de los Misterios mitraicos. Otra interpretación puede ser la astronómica; el león intentando matar al toro es también un viejo símbolo que representa a la constelación de Leo en el solsticio de verano (el Sol y la luz en su punto más alto) matando a la constelación de Tauro (el toro) y saliendo de la era de Tauro.

10. «En el sufismo, el dragón establece la relación entre dos nodos astronómicos, dos puntos diametralmente opuestos de intersección entre la Luna y el Sol. Su cabeza es el nodo ascendente, y el extremo de su cola, el nodo descendente. Un eclipse sólo puede ocurrir cuando ambos, Sol y Luna, están en los nodos. Para el místico, el dragón simboliza el lugar de encuentro entre la Luna y el Sol. El dragón puede, o bien devorar a la Luna, vista simbólicamente como el corazón espiritual del místico, o puede servir como lugar o receptáculo de la concepción. Entrando en el dragón cuando el Sol está en los nodos, la Luna, o corazón, concibe. Así pues, siendo plenamente consciente de los peligros, uno debe introducirse en el dragón para esperar el eclipse en su útero cósmico». (Bakhtiar, 1.997, p.45)

El dragón, en esta historia, se sienta en la fuente de las aguas y Jorshid lo mata. En la mitología hindú, Vitra es el dragón de las aguas e Indra lo mata para liberar las aguas. El dragón babilónico Tiamat, que representa las aguas primordiales, el caos y la oscuridad, fue muerto por el dios solar Marduk y, en la mitología egipcia, Apophis, dragón de la oscuridad, era vencido cada mañana por el dios solar Ra.

El Simorq es una criatura fabulosa que tiene afinidades con el Roc árabe y el Garuda indio (medio hombre, medio águila, anida en el árbol de la vida cumplidor de deseos). El Simorq, es medio ave y medio mamífero, lo cual simboliza la unión del cielo y de la tierra, y amamanta a sus crías. Aparece en las tradiciones persa, rusa y caucásica. Es el ave del Árbol de la Vida persa (de las semillas) y vive en la tierra del Homā sagrado (el Soma indio), planta cuyas semillas curan todas las enfermedades. Un águila anida también en Yggdrasil, el Árbol del Universo escandinavo, de cuyas ramas se dice que unen el cielo con el infi erno. Según ciertas fábulas, el Simorq vive 1.700 años y luego se inmola él mismo como el ave Fénix. Al batir sus alas las semillas del Árbol de la Vida son esparcidas y llevadas a la tierra por el viento y la lluvia. En el Shāh nāma (El libro de los reyes) el Simorq juega un importante papel en la más grande de las historias persas, la de Zāl y de Rostam. Zāl nació albino, con el pelo blanco como la nieve. Y por su aspecto inusual se le consideró un engendro de la oscuridad. Su padre, Sām, con la mayor de las tristezas, lleva al bebé Zāl a la cima del monte Dawāmand, el axis mundi, también conocido como monte Qaf o Hara, en los montes Alborz. Le abandona allí para dejarle morir, pero el Simorq, que reside cerca de la montaña, oye el llanto del bebé, acude y lo lleva como presa para alimentar a su nidada. Pero la nidada no lo come, sino que lo adopta. El Simorq termina por criar y educar al bebé Zāl.

Zāl crece con el Simorq en las montañas hasta hacerse un joven de largo pelo blanco. Sām oye un día hablar de él, se da cuenta de que su hijo Zāl sigue vivo y regresa a la montaña para buscarle. El Simorq lleva volando a Zāl al pie de la montaña, y le dice: «Eres humano y lo adecuado para ti es estar con otros seres humanos; ha llegado el momento de que nos separemos, pero sigues siendo para mí el hijo que fuiste desde el día en que te encontré, débil y necesitado de ayuda, y mi amor y mi cariño permanecerán contigo, en los años venideros. Si alguna vez necesitas mi ayuda, quema esta pluma mía y yo lo sabré, y acudiré a ti donde quiera que puedas estar».

El gran sufí Sohrawardi ha explicado el signifi cado espiritual de este episodio. El ave ofrece refugio al espíritu en el otro mundo, y es el emblema del alma desarrollada. El monte Qaf/Dawāmand es la montaña que el buscador ha de escalar para encontrarse a sí mismo. En la cima está la roca esmeralda, orientada simbólicamente hacia el Norte, que actúa como un polo o qotb hacia el que el buscador avanza. «En el sufi smo la búsqueda del amanecer de la luz en el Norte cósmico simboliza el intento de realización del místico. En este viaje espiritual, la luz que alborea en la oscuridad más profunda del hombre —la Luz del norte o Sol de medianoche— representa la imparcial pero brillante luz de la Verdad, que nos libera del egoísmo y de la esclavitud de la existencia material». (Corbin, 1.994)

El Simorq sana incluso la herida sacrifi cial auto infligida que Jorshid se produce en el muslo. El Simorq no se come la carne que Jorshid corta de su propio muslo, sino que se lo recompone. Los símbolos del muslo herido y la cojera del héroe aparecen en varias historias: el Rey Pescador, el Adonis griego, el Attis frigio, el Osiris egipcio, Jesús e Iron John. Robert Bly en Iron John sugiere que la herida simbólica permite al alma entrar en el cuerpo y cita un poema de Rumi sobre una cabra lisiada.

El enemigo del Simorq, como el del Garuda indio, es la serpiente que se come a sus crías. La serpiente (la Naga india) representa el inframundo y la perpetua enemistad con el ave solar Garuda. La serpiente también aparece como un guardián del conocimiento y, así, Jorshid, después de matar a la serpiente, alimenta con ella a los hambrientos polluelos, dando, por tanto, el conocimiento a los polluelos del Simorq y guardando el resto para más tarde. El Águila y la Serpiente son una vieja fórmula alquímica.

Para que el Simorq lleve a Jorshid siete niveles más arriba, éste ha de darle la carne de siete toros, esto es, ha de atravesar los siete estados del nafs (alma, yo, ego) para ascender siete cielos; o como dice 'Attār (poeta sufí del siglo XII), para alcanzar al rey de las aves, al Simorq, han de cruzarse siete valles. En La conferencia de los pájaros de 'Attār, todas las aves se reúnen para iniciar la búsqueda del ave mítica Simorq, el Rey de las aves. La abubilla, que simboliza la inspiración, habla a las aves de la existencia del Simorq, que vive lejos, mas allá de siete valles. Muchas de las aves ponen excusas y deciden no emprender el viaje pero, naturalmente, un grupo de aves emprende su camino a través de los siete valles, que son los de búsqueda, amor, aprehensión mística, desapego, Unicidad divina, perplejidad y realización en el anonadamiento.

Tras numerosos problemas y tribulaciones a través de los siete valles, sólo treinta aves alcanzan finalmente la corte, y aunque son rechazadas en un principio, son finalmente admitidas. El momento crucial depende de un juego de palabras: en persa si significa treinta, morqaves, así que si-morq significa literalmente treinta aves. Una vez en la presencia del Simorq:

Cuando todos, de todo se volvieron libres y puros,
recibieron una nueva vida en la Luz del Señor.
Sus obras pasadas, todo cuanto habían hecho y dejado de hacer,
todo se volvió puro, y fue borrado de sus corazones.
El sol de la Unión brilló ante ellos,
enardeciendo sus almas con su fulgor.
Entonces, en el reflejo de sus caras, las treinta aves (si-morq) del mundo,
contemplaron el rostro del Simorq del Universo.
Cuando se fijaron bien en esa imagen, descubrieron,
lejos de toda duda, que ellos, «si-morq», eran el mismo Simorq.
Sumergidos en la perplejidad, quedaron todos fascinados,
enajenados, enloquecidos por el estupor.
Se vieron a sí mismos como el mismo Simorq,
el Simorq era «si-morq».
Cuando dirigían la mirada hacia el Simorq,
le veían manifestado ahí en Su resplandor.
Cuando dirigían la mirada hacía sí mismos,
veían también al Simorq que se revelaba en ellos.
Y cuando miraban simultáneamente a sí mismos y al Simorq,
veían cómo los dos, «si-morq» y Simorq, eran lo mismo.
Esto era aquello, y aquello era esto,
nunca nadie en el mundo escuchó tan abiertamente tal misterio.
Todos ellos quedaron inmersos en la perplejidad;
vacíos de todo pensamiento, se alejaron de la razón.
Al no entender nada de nada de este estado,
mudos, y sin palabras, se dirigieron al Señor.
Le rogaron que les revelara este fascinante misterio,
que les revelara este «nosotros-Tú», y este «Tú-nosotros».
Y, les contestó, sin palabras, el Señor:
«Yo soy como un espejo, brillante como el sol;
cualquiera que llegue a mi presencia, se ve refl ejado a sí mismo en Mí,
el cuerpo y el espíritu, el espíritu y el cuerpo, los ve idénticos.
Vosotras, las treinta aves [si-morq], al llegar aquí,
os habéis visto reflejadas en este espejo como Simorq.
Si hubierais venido aquí cuarenta o cincuenta aves,
también Me veríais como la imagen de cuarenta, o cincuenta aves.
Aun cuando os habéis esforzado, habéis vagado y viajado lejos,
es a vosotros mismos a quienes veis y a quienes habéis visto.
¿Qué mirada podrá alcanzar mi Realidad?
¿Cómo podrá una hormiga contemplar el universo?
¿Qué yunque puede ser levantado por una hormiga?
O ¿puede una mosca subyugar a un elefante?
Todo cuanto pensabais conocer o ver, no era real;
todo cuanto habéis dicho o escuchado, no era real.
Esos valles que habéis atravesado,
esa valentía que habéis demostrado,
ese viaje era en Mí, esas hazañas fueron mías;
vosotros dormíais en lo más profundo de mi Esencia.
Vosotros, “si-morq”, estáis perplejos,
y habéis perdido el corazón, la paciencia, y el alma;
Yo era Simorq mucho antes que existierais,
Yo soy el Simorq, la última joya de la Verdad.
Anonadaros en Mí, con gozo y grandeza,
para que, en Mí, encontréis de nuevo vuestra realidad».
Entonces, mientras escuchaban las palabras del Simorq,
todos quedaron disueltos, anonadados por completo en Él;
la sombra llegó fi nalmente a perderse en el sol.
Mientras viajaron, su guía les dirigía,
pero, al llegar, no quedó ni el primero, ni el último.
Ni los viajeros, ni su guía permanecieron,
el Simorq dejó de hablar y reinó el silencio.

('Attār, 1984, pp. 219-220)

El mismo espíritu resuena bellamente en las líneas finales del poema moderno El encargo de la Diosa:

«A ti que piensas en buscarme a Mí, sabe que tu búsqueda y tu anhelo no te valdrán a menos que conozcas el Misterio. Si lo que buscas no lo encuentras en ti, nunca lo encontrarás fuera. Pues mira, he estado contigo desde el principio, y soy aquello que se alcanza al fi nal del deseo».

Referencias.
—'Attār, F. 1984. Conference of Birds, Penguin.
—Bakhtiar, I. 1997. Sufi Expressions of the Mystic Quest, Thames and Hudson.
—Corbin, H. 1994. The Man of Light in Iranian Sufism, Omega publications.
Nota
1.- Simorq es el nombre de un ave mítica persa. El nombre de esta misteriosa ave fi gura en el Avesta bajo la forma de Saena mereqa, que lleva a la forma persa Simorq. El Simorq posee un destacado lugar en los relatos iniciáticos, no sólo de los antiguos persas, sino en los del sufi smo de Irán. Para más información, ver la obra Simbolismo Sufí, tomo 2, del Dr. Javad Nurbakhsh. Y también el relato iniciático de Sohrawardi, «El Arcángel púrpura», publicado en el nº 4 de la revista Sufí. [N.T.]
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mariocesar

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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mataril el Jue Ago 15, 2013 10:11 pm

mariocesar escribió:RSS MAPA ENVIAR
Simorq. Un antiguo cuento persa
Tras numerosos problemas y tribulaciones a través de los siete valles, sólo treinta aves alcanzan finalmente la corte
Sufismo - 22/06/2011 8:01 - Autor: Payam Mohaghegh - Fuente: Revista Sufí
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Etiquetas: simorq, cuento persa, sufismo, attar

Ilustración del cuento del Simorg.
«Para volar no necesitaste fe, necesitaste comprender lo que era volar. Esto es exactamente lo mismo. Ahora, inténtalo de nuevo…». Entonces, Juan, un día, de pie en la orilla, cerrados los ojos, concentrándose, supo, como en un relámpago, lo que Chiang había estado diciéndole. «¡Pero si es verdad! ¡Soy una gaviota perfecta y sin limitaciones!» Sintió un gran estremecimiento de alegría.

Juan Sebastián Gaviota

Nunca nada llega a ser real hasta que es experimentado; incluso un proverbio no es un proverbio para ti hasta que tu vida no lo ha ilustrado.

Keats

Introducción

Hay varias versiones diferentes de este cuento en Persia y, como han sido transmitidas oralmente de una generación a otra, no se puede probar que ninguna de ellas sea la original. Hace pocos años, una escritora iraní las recopiló de gente de diferentes provincias de Irán. Lo que sigue es mi adaptación de una compilación de seis versiones de Homa A. Ghahremani, miembro del Círculo de Estudios Antiguos Iraníes en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos, de la Universidad de Londres. Mis interpretaciones aparecen entre corchetes y se incluyen como notas al final del texto.

***

Había Uno y no había nadie, salvo Dios nada había, y Él tenía tres hijos: El príncipe Kiumars [1], el príncipe Ŷamshid [2] y el menor, el príncipe Jorshid-Mitra [3], que no tenía madre. Era el favorito del rey porque era el más valiente de todos.

En el jardín del palacio crecía un granado [4] que sólo tenía tres granadas, cuyos granos eran fabulosas gemas que brillaban como faroles en la noche. Cuando las granadas madurasen se convertirían en tres hermosas muchachas que llegarían a ser las esposas de los tres príncipes. Cada noche, por orden del rey, uno de sus hijos custodiaba el árbol, no fuera que alguien robase las granadas. Una noche, estando el príncipe Ŷamshid vigilando el árbol, se quedó dormido y, al día siguiente, una de las granadas había desaparecido. La noche siguiente estuvo de guardia el príncipe Kiumars, pero también se quedó dormido y a la mañana siguiente otra granada había desaparecido. Cuando le llegó el turno al príncipe Jorshid, se hizo un corte en uno de sus dedos y lo restregó con sal, de forma que el escozor le mantuviera despierto. Poco después de la medianoche una nube apareció sobre el árbol y una mano, saliendo de ella, recolectó la última granada. El príncipe Jorshid sacó su espada y le cortó un dedo. La mano y la nube desaparecieron rápidamente.

Por la mañana, cuando el rey vio gotas de sangre en el suelo, ordenó a sus hijos que las siguieran, encontraran al ladrón y recuperaran las granadas robadas. Los tres príncipes siguieron las gotas de sangre cruzando montañas y desiertos hasta que llegaron a un profundo pozo [5] donde terminaba el rastro. El príncipe Ŷamshid se ofreció para que le bajaran al pozo con una cuerda para investigar. No había realizado la mitad del descenso cuando chilló: «Subidme, subidme, me estoy quemando».

Sus hermanos le izaron. Luego el príncipe Kiumars descendió a su vez y pronto le oyeron también gritar que se estaba quemando. Cuando el príncipe Jorshid decidió bajar, dijo a sus hermanos que, por fuerte que gritara, no deberían izarle sino soltar más cuerda; y que luego le esperasen solamente hasta el anochecer. Si por entonces no había dado señales, podrían volver a casa. El príncipe Jorshid entró en el pozo y, a despecho del insoportable calor, descendió todo el trayecto hasta el fondo, y allí encontró a una joven muchacha, hermosa como la Luna llena. En su regazo yacía la cabeza de un div dormido, cuyos estruendosos ronquidos llenaban el aire de calor y de humo. Susurró: «Príncipe Jorshid, ¿qué haces aquí? Si este div se despertara, te mataría seguro, como ya ha matado a muchos otros. Vete mientras aún estás a tiempo». El príncipe Jorshid, que quedó enamorado al primer vistazo, se negó. Le preguntó quién era ella y que hacía allí. «Mis dos hermanas y yo somos cautivas de este div y de sus dos hermanos. Mis hermanas están prisioneras en otros dos pozos donde los divs han escondido riquezas robadas por casi todo el mundo».

El príncipe Jorshid dijo: «Voy a matar al div y liberaros a ti y a tus hermanas. Pero le despertaré primero; no quiero matarle mientras duerme». El príncipe rascó las plantas de los pies del div hasta que éste abrió los ojos y se puso de pie. Rugiendo, el div cogió una piedra de molino y se la tiró al príncipe; pero éste se echó rápidamente a un lado, sacó la espada, e invocando a Dios, partió en dos al div [6]. Tras esto fue a los otros dos pozos, acabó con los divs y rescató a las hermanas de su amada. También recogió el tesoro.

Como aún no había oscurecido, sus hermanos estaban todavía esperándole y cuando les llamó empezaron a tirar de la cuerda. La muchacha a quien el príncipe Jorshid amaba quiso que él subiera antes que ella, porque sabía que cuando sus hermanos vieran las joyas se pondrían celosos y no le izarían. Pero el príncipe insistió en que ella subiera primero. Cuando vio que no podría hacerle cambiar de parecer le dijo: «Si tus hermanos no te izan y te dejan aquí, hay dos cosas que debes saber: la primera, es que hay en esta tierra un gallo dorado y una linterna dorada que pueden conducirte hasta mí. El gallo está en un cofre y cuando lo abras cantará para ti. Y cuando cante, brotarán de su pico gemas de todas clases. La linterna dorada es luminosa por sí misma, y su brillo es eterno. La segunda cosa que debes saber es esta: cuando la noche esté más avanzada, vendrán dos bueyes que lucharán entre sí. Uno es negro, el otro blanco. Si saltas sobre el buey blanco te sacará del pozo, pero si, por error, saltas sobre el negro, te llevará siete niveles más abajo».

Como ella había predicho, cuando los príncipes Ŷamshid y Kiumars vieron a las muchachas y los cofres de oro y de plata, se pusieron celosos de los logros de su hermano. Sabedores de que su padre seguramente le daría el reino, cortaron la cuerda y la dejaron caer al fondo del pozo [7]. Luego, regresaron a casa y dijeron a su padre que sólo quedaban ellos, que habían rescatado a las muchachas, matado a los divs, y traído todo el tesoro, y que el príncipe Jorshid no había regresado. El príncipe Jorshid tenía el corazón destrozado. Vio a dos bueyes aproximarse y se puso de pie mientras empezaban a pelear. En su excitación saltó sobre la espalda del buey negro y cayó con él siete niveles más abajo [8]. Cuando abrió los ojos, se encontró en una verde pradera desde la que se veía una ciudad en la lejanía. Empezó a caminar hacia ella y vio a un campesino arando. Estaba hambriento y sediento, y le pidió pan y agua. El hombre le dijo que tuviera mucho cuidado y que no hablase muy alto, pues había dos leones en las cercanías; si le oían, saldrían y se comerían los bueyes. Luego le propuso: «Hazte cargo del arado y te conseguiré algo para comer».

El príncipe Jorshid empezó a arar, dirigiendo a los bueyes en voz alta. Dos leones rugientes cargaron hacia él, pero el príncipe capturó a los leones, soltó a los bueyes y unció los leones al arado. Cuando el campesino regresó quedó sorprendidísimo. El príncipe Jorshid le dijo: «No temas, los leones son ahora inofensivos y no te herirán ni a ti ni a tus bueyes. Pero si no estás a gusto con ellos, los dejaré ir». Cuando vio que el granjero seguía reacio a aproximarse a los leones, los desató y se fueron por donde habían venido [9].

El hombre había traído comida pero no agua. Explicó: «No hay agua en la ciudad porque un dragón está durmiendo frente a la fuente. Cada sábado se lleva una muchacha a la fuente y así, cuando el dragón se desplaza para devorarla, corre algo de agua por las canalizaciones de la ciudad y la gente puede recoger la sufi ciente para la semana siguiente. Este sábado, la hija del rey va a ser entregada al dragón».

El príncipe Jorshid hizo que el campesino le llevara ante el rey. «¿Cuál será mi recompensa si mato al dragón y salvo la vida de tu hija?». El rey replicó: «Cualquier cosa que desees y que esté en mi mano» [10].

Llegó el sábado y el príncipe fue con la muchacha a la fuente. En el momento en que el dragón se acercó para devorarla, el príncipe Jorshid invocó el nombre de Dios y mató al monstruo. Toda la ciudad celebró con alegría el acontecimiento. El rey preguntó al príncipe Jorshid qué recompensa deseaba, y éste anunció que su único deseo era regresar a su país. El rey dijo: «El único que puede hacerte subir siete niveles es el Simorq. Vive en un bosque cercano. Cada año pone tres huevos y cada año sus polluelos son devorados por una serpiente. Si pudieras matar a la serpiente, seguramente te llevaría a casa».

El príncipe Jorshid fue al bosque y encontró el árbol en el que el Simorq tenía su nido. Mientras estaba mirando, vio una serpiente trepando por el árbol para comerse a los asustados polluelos. Invocando el nombre de Dios, cortó a la serpiente en trocitos y alimentó con algunos de ellos a los hambrientos polluelos que estaban esperando que su madre les trajera comida. Guardó el resto para más tarde y se echó a dormir bajo el árbol. Cuando el Simorq voló sobre el nido y vio al príncipe Jorshid, pensó que era el que todos los años se comía a sus polluelos.

Se preparó para matarle, pero sus polluelos le gritaron que él era quien les había salvado de su enemigo. Al darse cuenta de que el príncipe Jorshid había matado a la serpiente, extendió sus alas sobre su cabeza para darle sombra mientras dormía.

Cuando despertó, el príncipe contó su historia al Simorq y le preguntó si podría ayudarle. El Simorq le dijo que regresara junto al rey y que le pidiera la carne de siete toros. «Haz siete odres con sus pieles y llénalos de agua. Serán mi provisión para el viaje; los necesito para poder llevarte a casa. Cada vez que yo diga, “tengo hambre”, debes darme un pellejo de agua, y cuando diga, “tengo sed”, debes darme uno de los toros». En su camino hacia la superficie el príncipe Jorshid fue haciendo exactamente lo que el Simorq le había pedido, hasta que sólo quedó un pellejo de agua. Entonces, en vez de decir que tenía hambre el Simorq dijo que tenía sed, y el príncipe Jorshid cortó algo de carne de su muslo y la puso en el pico del Simorq. El Simorq se dio cuenta inmediatamente de que era carne humana y la sostuvo cuidadosamente en su pico hasta que llegaron a su destino. Tan pronto como desmontó, el príncipe instó al Simorq a volar de regreso, pero éste, sabiendo que Jorshid tendría que caminar cojeando, se negó y, pegándolo con su saliva, repuso el trozo de carne en su muslo. Habiendo comprobado lo valiente y abnegado que era el príncipe, el Simorq le entregó tres de sus plumas, y le dijo que si en algún momento tuviera necesidad de él, quemara una y que entonces acudiría inmediatamente en su ayuda. Dicho esto, se alejó volando. [11]

El príncipe Jorshid, al entrar en la ciudad, se enteró de que iban a celebrarse pronto tres bodas reales: la del príncipe Ŷamshid, la del príncipe Kiumars y, la tercera, la del hijo del visir, porque el hijo más joven del rey, el príncipe Jorshid, nunca había regresado. Un día, fueron unos hombres a la tienda donde el príncipe Jorshid estaba de aprendiz, y contaron que habían estado en todas las joyerías de la ciudad pero que nadie se había comprometido a realizar el encargo del rey. El príncipe Jorshid les preguntó cual era ese encargo y le dijeron: «La muchacha que va a desposarse con el hijo del visir ha antepuesto una condición para el matrimonio. Sólo se casará con aquel que pueda traerle un gallo dorado de cuyo pico broten gemas cuando cante; también quiere una linterna dorada, que sea luminosa por sí misma, y cuyo brillo sea eterno. Pero, hasta ahora, ningún orfebre ha podido fabricar tales cosas». Reconociendo las señales el príncipe Jorshid afirmó: «Con permiso de mi maestro puedo fabricaros para mañana un cofre, con un gallo y una linterna así». Los hombres le dieron las joyas necesarias para fabricar el encargo y se fueron. El príncipe Jorshid se las dio todas a su maestro pues, dijo, no las necesitaba.

Esa noche el príncipe Jorshid salió de la ciudad y quemó una de las plumas. Cuando llegó el Simorq, le pidió que le trajera lo que la muchacha había pedido, y así lo hizo. A la mañana siguiente, los hombres, asombrados, llevaron los preciosos objetos al rey, que convocó enseguida al joven a la corte y fue inmensamente dichoso al descubrir que no era sino su hijo favorito. El príncipe Jorshid contó su historia, pero pidió al rey que no castigase a sus hermanos por el mal que le habían causado. La ciudad entera celebró su regreso y hubo, por supuesto, tres bodas. El rey nombró al príncipe Jorshid-Mitra como su sucesor al trono y todos vivieron felices para siempre.

Interpretación del relato

La palabra Naqsh-band, nombre de un famoso sufí, puede traducirse por pintor, tejedor o urdidor, del modelo, diseño, plantilla, plan, diagrama o matriz, y simboliza el papel del sufí como aquel que ve y es consciente del plan o de la trama. Como dice Rumi: «Soy un dibujante de formas (naqqāsh): a cada instante doy forma a un ídolo». La historia del Simorq es una historia que tiene muchas tramas entretejidas, y lo que sigue es un intento de presentar una de dichas tramas. Había Uno y no había nadie, salvo Dios nada había. [Así, con esta frase, empiezan todos los cuentos persas]. En los tiempos muy, muy antiguos hubo un rey [el guardián del trono de la sabiduría] que tenía tres hijos:

1. El príncipe Kiumars, es el primer ser humano en el Shāh nāma (El libro de los reyes) de Ferdosi, y en el Avesta (el Libro Sagrado del mazdeísmo). Se dice que Kiumars, como Adán, fue el primer ser humano, y era tan ancho como alto, tan brillante como el sol y vestía pieles de leopardo. Él y su gente habitaban en las montañas y vivían de frutas y raíces, vestían ropa hecha con hojas y eran felices. Este periodo refl eja probablemente la Edad de Piedra. En esta historia, no se pierde el paraíso por una tentación sino porque Ahriman [el mal] envía un demonio negro (div) que mata a su hijo Siyāmak. El hijo de Siyāmak, Hushang, con su ejército de animales —leones y tigres, todas las aves y los herbívoros, el buey y el noble caballo—, consiguieron derrotar al demonio negro. Fue un tiempo en que los seres humanos eran cercanos al resto del reino animal. Durante otra batalla contra un monstruo, Hushang descubre el fuego, el monstruo huye, y el hombre empieza a cocinar y a calentarse con el fuego.

2. El príncipe Ŷamshid, el nieto de Hushang, no sólo forjaba herramientas, sino también armas de guerra —espadas, lanzas, puntas de fl echa y cotas de malla—, y usó estas armas de hierro para derrotar a muchos ejércitos de las tinieblas. Su pueblo aprendió a hilar y a tejer, y vestía ropa de lana, de seda y de lino. En esa época la sociedad se divide en un sistema de clases sociales con tareas específi cas: guerreros, sacerdotes y campesinos. El reino de Ŷamshid termina debido a su orgullo: se cree superior a Dios, su ejército le abandona y una era de tinieblas comienza.

3. El más joven, el príncipe Jorshid, no tenía madre. Era el favorito del rey por ser
el más valiente de todos. La palabra Jorshid, o Mitra/Mehr, significa sol, luz, amor y amigo. Dice la historia que Mitra no tenía madre porque había nacido de una roca, del huevo cósmico, con una daga en una mano y una antorcha ardiendo en la otra. La historia del Simorq sigue el modelo de pensamiento tripartito indoeuropeo. Los tres príncipes y las tres princesas reflejan la concepción tripartita indoeuropea de dioses, héroes y pueblo. En la India las clases originales eran brahmanas (sacerdotes), ksatriyas (guerreros) y vaisya (productores), que se correspondían con los dioses Varuna, Mitra e Indra. Podría considerarse que el modelo parte de la India e Irán y, de ahí, se dirige a Europa. Los celtas dividían la sociedad en druidas (sacerdotes), flaith (guerreros) y boairig (gente común). La historia del Simorq es sin duda una fábula muy antigua. El héroe de la historia, como otros héroes populares indoeuropeos, se enfrenta a tres adversarios, o a un monstruo de tres cabezas o, quizá, como el héroe irlandés Cuchulainn, luche contra tres hermanos.

4. En algunos mitos, el granado es el árbol del conocimiento; está también ligado al inframundo, como en el mito griego de Perséfone que se halla en el centro de los Misterios Eleusinos. Perséfone es llevada al infierno por Hades para ser su reina. Ella come un trozo de granada y se ve forzada a pasar los inviernos con su marido en la tierra de los muertos, lo que simboliza la decadencia y renacimiento de la vegetación. Este mito es idéntico al relato sirio de Astarté (Afrodita) y Adonis, cuya versión frigia muestra a Cibeles y Attis, y la egipcia a Isis y Osiris; aquí tenemos la versión persa de este mismo mito. En el sufi smo, el granado es también un símbolo importante. 'Ali dice: «La luz de Allāh está en el corazón de aquellos que comen granadas». El profeta Mohammad dice: «El granado os libra de Satán y de las inspiraciones del mal por cuarenta días». Es también la fruta que comen los iraníes, hoy en día, en la noche de Yaldā (Yule, el solsticio de invierno), la noche más larga del año, o sea, aquella en la que el sol, la luz, está en su punto más bajo.

Comiendo granadas, los iraníes se alinean simbólicamente con el sol y se mantienen en vigilia esa noche hasta el amanecer. Las tres granadas de nuestro cuento maduran y se convierten en tres princesas, pues la fruta actúa, en esencia, como mediadora entre los dos mundos divinos, el cielo y el inframundo.

5. El pozo es una entrada al inframundo, cuyo fuego quema a los príncipes durante su descenso y hace que se acobarden. El príncipe Jorshid, por su parte, salta con fe en la tinaja y, como la uva, inicia su transformación en vino.

Continúa su recorrido a despecho de ser quemado y cocido. En el fondo del pozo, el príncipe Jorshid (el Sol) encuentra a una jovencita, hermosa como la Luna. El Sol y la Luna se encuentran e inmediatamente se enamoran. En el sufi smo el Sol representa el Espíritu que ilumina los cielos mientras que la Luna simboliza la luz de este mundo. La Luz es vista como el conocimiento Divino, en tanto que el alma del místico es simbolizada por la Luna que refleja la luz del Sol.

Cuando el Sol y la Luna se encuentran, el amor fluye entre ellos y la Luna avisa al Sol de los riesgos de este encuentro y de su búsqueda. Muchos han llegado hasta aquí y el demonio los ha matado, regresa mientras estés a tiempo. Es demasiado tarde para Jorshid, pues él ha visto a su amada, tal vez su propia alma, que ha de ser su reina, o quizás haya percibido un atisbo del Océano de la Unidad.

6. El príncipe Jorshid despierta a su demonio y lo enfrenta conscientemente, y, en el nombre de Dios (invocando el nombre de Dios: zekr), derrota a los tres demonios.

7. La dama, sabiendo cómo van a reaccionar sus hermanos, propone a Jorshid que suba primero. Él ignora su advertencia, señal de que su viaje no se ha consumado todavía. Ella le da instrucciones sobre como encontrarla. Primero, hay un gallo y una linterna dorados. El gallo dorado representa a Sorush (Sraosha en pahlevi).

Sorush es un ave divina, que es el más poderoso de los dioses, puesto que es la manifestación de la rectitud, la honestidad y la fuerza. Combate al div de la debilidad y la flaqueza. En algunas versiones de esta historia, en lugar del gallo dorado en un cofre, hay un ruiseñor dorado en una jaula dorada. En la poesía sufí, el ruiseñor está enamorado de la rosa; representa el aspecto del yo atrapado en la forma exterior de las cosas, y que es incapaz de abandonar a la rosa. En algunas versiones, el príncipe Jorshid debe conseguir una linterna dorada, la luz de la sabiduría, mientras que en otras debe recuperar un molinillo dorado, que representa la rueda del destino (o la civilización y la cultura).

8. Los dos bueyes representan la vida, que puede conducir a la luz o a las tinieblas. Según la tradición zoroastriana, el primer animal en el mundo fue un «toro creado especialmente», de color blanco y tan brillante como la Luna. El toro fue muerto y sus despojos llevados hasta la Luna, y de ellos procede la simiente de muchas especies de animales y plantas. El buey es visto como un símbolo del nafs (el ego, el yo), y saltar sobre el lomo del buey blanco, podría llevarte más allá del séptimo cielo (haft-āsemān). Pero el príncipe se sienta sobre el negro y desciende siete niveles. Para poder regresar, habrá de matar, más tarde, siete toros. Los siete toros, los estados del ego (nafs), son:

1. nafs-e ammāra (yo dominante),

2. nafs-e lawāma (yo arrepentido),

3. nafs-e molhama (yo inspirado),

4. nafs-e motma’enna (yo serenado),

5. nafs-e rāziya (yo satisfecho),

6. nafs-e marziya (yo realizado),

7. nafs-e sāfi wa kāmel (yo purificado y perfecto).

Las siete etapas del desarrollo se corresponden con los siete cielos que hay en el sufismo: éter (Luna), reflexión (Mercurio), fantasía divina (Venus), luz del corazón (Sol), juicio divino (Marte), meditación de los dioses (Júpiter), decreto divino (Saturno). Pueden verse también disposiciones parecidas de los atributos divinos en la cábala judía, con las esferas del Árbol de la Vida, en el gnosticismo cristiano, en los siete chakras del hinduismo y en la antigua religión romana de los misterios mitraicos, en la que Mitra (Mitra/Mehr o Jorshid) asciende siete cielos dando muerte a un toro. Cada cielo representa un grado específi co de iniciación. Los siete valles de La conferencia de los pájaros de 'Attār también representan el mismo viaje. También la Osa Mayor, con sus siete estrellas, representa la dirección de las Luces del Norte, un símbolo de iluminación.

9. El león simboliza la acción en oposición a la contemplación, y también el oro y el Sol. Rumi describe a 'Ali como el León de Dios, un título similar al dado al rey Ricardo Corazón de León. El león es también el 4º grado de los Misterios mitraicos. Otra interpretación puede ser la astronómica; el león intentando matar al toro es también un viejo símbolo que representa a la constelación de Leo en el solsticio de verano (el Sol y la luz en su punto más alto) matando a la constelación de Tauro (el toro) y saliendo de la era de Tauro.

10. «En el sufismo, el dragón establece la relación entre dos nodos astronómicos, dos puntos diametralmente opuestos de intersección entre la Luna y el Sol. Su cabeza es el nodo ascendente, y el extremo de su cola, el nodo descendente. Un eclipse sólo puede ocurrir cuando ambos, Sol y Luna, están en los nodos. Para el místico, el dragón simboliza el lugar de encuentro entre la Luna y el Sol. El dragón puede, o bien devorar a la Luna, vista simbólicamente como el corazón espiritual del místico, o puede servir como lugar o receptáculo de la concepción. Entrando en el dragón cuando el Sol está en los nodos, la Luna, o corazón, concibe. Así pues, siendo plenamente consciente de los peligros, uno debe introducirse en el dragón para esperar el eclipse en su útero cósmico». (Bakhtiar, 1.997, p.45)

El dragón, en esta historia, se sienta en la fuente de las aguas y Jorshid lo mata. En la mitología hindú, Vitra es el dragón de las aguas e Indra lo mata para liberar las aguas. El dragón babilónico Tiamat, que representa las aguas primordiales, el caos y la oscuridad, fue muerto por el dios solar Marduk y, en la mitología egipcia, Apophis, dragón de la oscuridad, era vencido cada mañana por el dios solar Ra.

El Simorq es una criatura fabulosa que tiene afinidades con el Roc árabe y el Garuda indio (medio hombre, medio águila, anida en el árbol de la vida cumplidor de deseos). El Simorq, es medio ave y medio mamífero, lo cual simboliza la unión del cielo y de la tierra, y amamanta a sus crías. Aparece en las tradiciones persa, rusa y caucásica. Es el ave del Árbol de la Vida persa (de las semillas) y vive en la tierra del Homā sagrado (el Soma indio), planta cuyas semillas curan todas las enfermedades. Un águila anida también en Yggdrasil, el Árbol del Universo escandinavo, de cuyas ramas se dice que unen el cielo con el infi erno. Según ciertas fábulas, el Simorq vive 1.700 años y luego se inmola él mismo como el ave Fénix. Al batir sus alas las semillas del Árbol de la Vida son esparcidas y llevadas a la tierra por el viento y la lluvia. En el Shāh nāma (El libro de los reyes) el Simorq juega un importante papel en la más grande de las historias persas, la de Zāl y de Rostam. Zāl nació albino, con el pelo blanco como la nieve. Y por su aspecto inusual se le consideró un engendro de la oscuridad. Su padre, Sām, con la mayor de las tristezas, lleva al bebé Zāl a la cima del monte Dawāmand, el axis mundi, también conocido como monte Qaf o Hara, en los montes Alborz. Le abandona allí para dejarle morir, pero el Simorq, que reside cerca de la montaña, oye el llanto del bebé, acude y lo lleva como presa para alimentar a su nidada. Pero la nidada no lo come, sino que lo adopta. El Simorq termina por criar y educar al bebé Zāl.

Zāl crece con el Simorq en las montañas hasta hacerse un joven de largo pelo blanco. Sām oye un día hablar de él, se da cuenta de que su hijo Zāl sigue vivo y regresa a la montaña para buscarle. El Simorq lleva volando a Zāl al pie de la montaña, y le dice: «Eres humano y lo adecuado para ti es estar con otros seres humanos; ha llegado el momento de que nos separemos, pero sigues siendo para mí el hijo que fuiste desde el día en que te encontré, débil y necesitado de ayuda, y mi amor y mi cariño permanecerán contigo, en los años venideros. Si alguna vez necesitas mi ayuda, quema esta pluma mía y yo lo sabré, y acudiré a ti donde quiera que puedas estar».

El gran sufí Sohrawardi ha explicado el signifi cado espiritual de este episodio. El ave ofrece refugio al espíritu en el otro mundo, y es el emblema del alma desarrollada. El monte Qaf/Dawāmand es la montaña que el buscador ha de escalar para encontrarse a sí mismo. En la cima está la roca esmeralda, orientada simbólicamente hacia el Norte, que actúa como un polo o qotb hacia el que el buscador avanza. «En el sufi smo la búsqueda del amanecer de la luz en el Norte cósmico simboliza el intento de realización del místico. En este viaje espiritual, la luz que alborea en la oscuridad más profunda del hombre —la Luz del norte o Sol de medianoche— representa la imparcial pero brillante luz de la Verdad, que nos libera del egoísmo y de la esclavitud de la existencia material». (Corbin, 1.994)

El Simorq sana incluso la herida sacrifi cial auto infligida que Jorshid se produce en el muslo. El Simorq no se come la carne que Jorshid corta de su propio muslo, sino que se lo recompone. Los símbolos del muslo herido y la cojera del héroe aparecen en varias historias: el Rey Pescador, el Adonis griego, el Attis frigio, el Osiris egipcio, Jesús e Iron John. Robert Bly en Iron John sugiere que la herida simbólica permite al alma entrar en el cuerpo y cita un poema de Rumi sobre una cabra lisiada.

El enemigo del Simorq, como el del Garuda indio, es la serpiente que se come a sus crías. La serpiente (la Naga india) representa el inframundo y la perpetua enemistad con el ave solar Garuda. La serpiente también aparece como un guardián del conocimiento y, así, Jorshid, después de matar a la serpiente, alimenta con ella a los hambrientos polluelos, dando, por tanto, el conocimiento a los polluelos del Simorq y guardando el resto para más tarde. El Águila y la Serpiente son una vieja fórmula alquímica.

Para que el Simorq lleve a Jorshid siete niveles más arriba, éste ha de darle la carne de siete toros, esto es, ha de atravesar los siete estados del nafs (alma, yo, ego) para ascender siete cielos; o como dice 'Attār (poeta sufí del siglo XII), para alcanzar al rey de las aves, al Simorq, han de cruzarse siete valles. En La conferencia de los pájaros de 'Attār, todas las aves se reúnen para iniciar la búsqueda del ave mítica Simorq, el Rey de las aves. La abubilla, que simboliza la inspiración, habla a las aves de la existencia del Simorq, que vive lejos, mas allá de siete valles. Muchas de las aves ponen excusas y deciden no emprender el viaje pero, naturalmente, un grupo de aves emprende su camino a través de los siete valles, que son los de búsqueda, amor, aprehensión mística, desapego, Unicidad divina, perplejidad y realización en el anonadamiento.

Tras numerosos problemas y tribulaciones a través de los siete valles, sólo treinta aves alcanzan finalmente la corte, y aunque son rechazadas en un principio, son finalmente admitidas. El momento crucial depende de un juego de palabras: en persa si significa treinta, morqaves, así que si-morq significa literalmente treinta aves. Una vez en la presencia del Simorq:

Cuando todos, de todo se volvieron libres y puros,
recibieron una nueva vida en la Luz del Señor.
Sus obras pasadas, todo cuanto habían hecho y dejado de hacer,
todo se volvió puro, y fue borrado de sus corazones.
El sol de la Unión brilló ante ellos,
enardeciendo sus almas con su fulgor.
Entonces, en el reflejo de sus caras, las treinta aves (si-morq) del mundo,
contemplaron el rostro del Simorq del Universo.
Cuando se fijaron bien en esa imagen, descubrieron,
lejos de toda duda, que ellos, «si-morq», eran el mismo Simorq.
Sumergidos en la perplejidad, quedaron todos fascinados,
enajenados, enloquecidos por el estupor.
Se vieron a sí mismos como el mismo Simorq,
el Simorq era «si-morq».
Cuando dirigían la mirada hacia el Simorq,
le veían manifestado ahí en Su resplandor.
Cuando dirigían la mirada hacía sí mismos,
veían también al Simorq que se revelaba en ellos.
Y cuando miraban simultáneamente a sí mismos y al Simorq,
veían cómo los dos, «si-morq» y Simorq, eran lo mismo.
Esto era aquello, y aquello era esto,
nunca nadie en el mundo escuchó tan abiertamente tal misterio.
Todos ellos quedaron inmersos en la perplejidad;
vacíos de todo pensamiento, se alejaron de la razón.
Al no entender nada de nada de este estado,
mudos, y sin palabras, se dirigieron al Señor.
Le rogaron que les revelara este fascinante misterio,
que les revelara este «nosotros-Tú», y este «Tú-nosotros».
Y, les contestó, sin palabras, el Señor:
«Yo soy como un espejo, brillante como el sol;
cualquiera que llegue a mi presencia, se ve refl ejado a sí mismo en Mí,
el cuerpo y el espíritu, el espíritu y el cuerpo, los ve idénticos.
Vosotras, las treinta aves [si-morq], al llegar aquí,
os habéis visto reflejadas en este espejo como Simorq.
Si hubierais venido aquí cuarenta o cincuenta aves,
también Me veríais como la imagen de cuarenta, o cincuenta aves.
Aun cuando os habéis esforzado, habéis vagado y viajado lejos,
es a vosotros mismos a quienes veis y a quienes habéis visto.
¿Qué mirada podrá alcanzar mi Realidad?
¿Cómo podrá una hormiga contemplar el universo?
¿Qué yunque puede ser levantado por una hormiga?
O ¿puede una mosca subyugar a un elefante?
Todo cuanto pensabais conocer o ver, no era real;
todo cuanto habéis dicho o escuchado, no era real.
Esos valles que habéis atravesado,
esa valentía que habéis demostrado,
ese viaje era en Mí, esas hazañas fueron mías;
vosotros dormíais en lo más profundo de mi Esencia.
Vosotros, “si-morq”, estáis perplejos,
y habéis perdido el corazón, la paciencia, y el alma;
Yo era Simorq mucho antes que existierais,
Yo soy el Simorq, la última joya de la Verdad.
Anonadaros en Mí, con gozo y grandeza,
para que, en Mí, encontréis de nuevo vuestra realidad».
Entonces, mientras escuchaban las palabras del Simorq,
todos quedaron disueltos, anonadados por completo en Él;
la sombra llegó fi nalmente a perderse en el sol.
Mientras viajaron, su guía les dirigía,
pero, al llegar, no quedó ni el primero, ni el último.
Ni los viajeros, ni su guía permanecieron,
el Simorq dejó de hablar y reinó el silencio.

('Attār, 1984, pp. 219-220)

El mismo espíritu resuena bellamente en las líneas finales del poema moderno El encargo de la Diosa:

«A ti que piensas en buscarme a Mí, sabe que tu búsqueda y tu anhelo no te valdrán a menos que conozcas el Misterio. Si lo que buscas no lo encuentras en ti, nunca lo encontrarás fuera. Pues mira, he estado contigo desde el principio, y soy aquello que se alcanza al fi nal del deseo».

Referencias.
—'Attār, F. 1984. Conference of Birds, Penguin.
—Bakhtiar, I. 1997. Sufi Expressions of the Mystic Quest, Thames and Hudson.
—Corbin, H. 1994. The Man of Light in Iranian Sufism, Omega publications.
Nota
1.- Simorq es el nombre de un ave mítica persa. El nombre de esta misteriosa ave fi gura en el Avesta bajo la forma de Saena mereqa, que lleva a la forma persa Simorq. El Simorq posee un destacado lugar en los relatos iniciáticos, no sólo de los antiguos persas, sino en los del sufi smo de Irán. Para más información, ver la obra Simbolismo Sufí, tomo 2, del Dr. Javad Nurbakhsh. Y también el relato iniciático de Sohrawardi, «El Arcángel púrpura», publicado en el nº 4 de la revista Sufí. [N.T.]
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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mataril el Vie Ago 16, 2013 4:02 pm

Si lo deseas poco y lo necesitas mucho .......


Este cuento el del Simorq es una verdadera joya maestro, iniciatico donde los halla y me recuerda mucho a otro que puso.
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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mariocesar el Vie Ago 16, 2013 4:42 pm

Tanto el cuento de Borges,como estas paráfrasis y reseñas y tantasotras yerbas que andanpor ahí provienen del extenso COLOQUIO DE LOS PÁJAROS del persa IBN ATTAR...

El mito del SIMURG es anterior a ATTAR pero éste lo integra y recrea en su obra SUFI...
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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mariocesar el Vie Ago 16, 2013 4:45 pm

ARS
o
El VIAJE DE REGRESO


Fatiha Benlabbah
Universidad Mohammad V-Rabat

En su novela, En los labios del agua, cuyo protagonista es un mexicano de origen árabe, Alberto Ruy Sánchez expresa de manera explícita que México y Marruecos comparten una misma herencia cultural cuya continuidad es para él un hecho, un dato de su experiencia. Y afirma, justamente, que la literatura es un medio de realización de esta continuidad en la medida en que ella crea puentes de acercamiento y unión.

“La literatura se complace en tender puentes entre territorios distanciados por el tiempo, por la lengua o por los mares. Un puente así une hoy a México y Marruecos, nietos legítimos de Al-Andalus”.(p.95)

Sin duda esta convicción del autor es la que explica y justifica la omnipresencia de Marruecos en sus relatos. En efecto, más allá de toda descripción realista, la realidad marroquí desfila a lo largo de la narración: Tanger, su puerto, su Medina, sus casas encaramadas en la colina; Mrrakech y su famosa plaza Jemaa El Fná, sus sonidos, sus olores y sus Jalqas:

“Una tarde en Marrakech, mkientras curioseaba en la Plaza Jemaa El Fná, entre contadores de cuentos, vendedores de hojas caligrafiadas, encantadores de serpientes y medicos de plumas y polvos…(93)

Y sobre todo Essaoiura, sus murallas blancas, su puerto, sus pescadores:

“Desde la ventana de Fatma se veía esa parte del muelle donde los barcos son sacados completamente para reparar sus cascos. En medio de barcos averiados y en un círculo de astillas, se llevaba a cabo todos los días la subasta de pescado. Dueños de naves y comerciantes asistían para negociar en grandes cantidades lo que luego se vendería por docena en el mercado chico.” (NA, p. 87).

Sus gaviotas de incesante vuelo, sus vientos alíseos, su medina y sus valores históricos, sobre todo la tolerancia y la coexistencia cultural y de cultos:

“A lo lejos, sobre cada minarete, se gritaba hacia la Meca cada vez que la nube morada hacía su aparición, las oraciones del mediodía seguidas por las frases del Corán que describen a Mahoma venciendo,a caballo y espada, a todos los demonios en forma de nube. Otra religión de Mogador hacía sonar la flor metálica de sus campanarios de una forma especial que llamaban Angelus y que, supuestamente, tenía la virtud de disipar demonios….Otra religión se pone a romper piedras cuando llega la bruma rojiza, con la certeza de que en una de esas rocas hay un dibujo que representa a la nube desvaneciéndose…” (N.A. p.62).

La realidad de Marruecos también está presente a través de referencias a ritos y costumbres; y a otros aspectos de la vida cuyos nombres, y su sonoridad, contribuyen a la recreación del ambiente cultural del país: Gnawa, gambri, haik, hammam, henna, ghasoul, attar, halaiquí, ryad, el jardín secreto, zlaiji y el zelije (cuya geometría secreta fascina al autor), etc. Añadamos las referencias a las cllejuelas serpentinas de las medinas, el thé a la menta, las cajas de maderas incrustadas, etc.y las miradas y gestos “hospitalarios y laberínticos” en los cuales se reconoce:

“Reconocía en ellos algo familiar pero a la vez muy distante. No es necesario que te explique hasta qué reconfortante extremo me afectaban sus miradas, su cercanía, lo desenvuelto de sus aproximaciones laberínticas. Por los gestos entendí que había un puente más antiguo entre Marruecos y México que el de mi familia emigrando del desierto del Sahara al de Sonora. Un puente mucho más antiguo que el mío de regreso buscando las huellas de Aziz.” (104).

Pero la realidad se mezcla con el sueño, sus contornos se diluyen y sería inútil buscar las fronteras entre ellos. Además, ¿para qué buscarlas? Si en eso reside uno de los logros mayores de la escritura de ARS puesto que es esta ausencia de fronteras lo que permite la construcción y/o la expresión de la visión del autor sobre los pueblos que tienen una herencia histórica y cultural común, especialñemnte Marruecos y México.
La ausencia de fronteras entre la realidad y el sueño es, al nivel de la escritura, una representación de la continuidad deseada. Esta continuidad que púede escapar a la mayoría de las personas es percibida claramenmte por el autor que incluso tiene una teoría sobre ella: “La continuidad estaba en mí. Nada queda si no se le anhela. Todo pasado es deseo.” (L.A. p.101)
Es entonces por el deseo que, más allá de las fronteras temporales el pasado se vuelve presente y futuro. Ya que en todo deseo hay impulso, proyección hacia el otro y hacia el futuro. De ahí la imagen del viaje, con múltiples sentidos, que anima En los labios del agua.
Así, el narrador y personaje principal de esta novela va a la búsqueda de un cierto Aziz Al Gazali, autor entre otros libros, de un manuscrito árabe, La espiral de los sueños. ¿Quién es Aziz? Es el descendiente de una familia, de una Soulala, cuyas ramas se cruzan con otras “que vienen no se sabe de dónde”(p.90) y cuyas raíces se extienden por diferentes continentes uniendo desiertos distantes.
El manuscrito está formado por nueve capítulos que incluyen nueve sueños cada uno. El nueve es una cifra sagrada que anuncia a la vez fin y nuevo comienzo. El viaje que este mexicano de origen árabe emprenderá a la bísqueda de Aziz, lo llevara de un continente a otro, de América Latina a Europa (a Sète en el sur de Francia y al sur de España). Después lo llevará a África: Tanger, Marrakech y finalmente Mogador. Lo llevara también de un encuentro a otro. Cuando llega al final de su travesía, a Mogador, descubre la identidad de la persona a la que busca. El se ve a sí mismo y se encuentra en Aziz: “Tengo ahora sus ojos. O él tiene ahora los míos”. (p.140)
El otro donde reencuentra sus rasgos es como un espejo donde se ve a sí mismo. Como sucede con el Simurg del que habla Farid Ed Eddine Attar en su libro místico Mantiq at-tair, o La conferencia de los pájaros: Treinta aves emprenden un viaje a la búsqueda del Simurg; al final del viaje, en la séptima estación, descubren que el Simurg y ellos forman un mismo ser.
El viaje emporendido por el narrador de En los labios del agua es pues un viaje de regreso a los orígenes.
Ese regreso ha hecho nacer en mí, lectora y traductora al árabe de Alberto Ruy Sánchez, otro regreso: un redescubrimiento de ciertos aspectos de mi cultura, de la sensibilidad de la gente a la que pertenezco. El texto que traduje, Los nombres del aire, era como un espejo que me reflejaba. Fatma y Kadiya no me eran extranjeras: eran, de alguna manera, otras imágenes de mí. Me reconocí en esos personajes femeninos, tan brillantemente concebidos y descritos. Y los personajes masculinos también me resultaban conocidos.
Mi descubrimiento de la ciudad imaginaria de Mogador por la lectura, despertó en mi el deseo de conocer la ciudad real, Essaouira. Y aunque nunca había estado antes en ella, una vez ahí tuve la impresión haberla conocido antes. Y es que mi mirada sobre los pescadores, sus barcas y el despliegue de pescados en subasta, sobre las murallas, la torre, las gaviotas y el mar, estaba cargada de esa visión de Mogador que en Los nombres del aire tiene una maravillosa expresión.
En Los nombres del aire, la lectura de las bellas páginas sobre el baño público, el hammam (las páginas más bellas que he leído después de las escritas por Bouhdiba en La sexualidad en el Islam), despertaron en mí el deseo de ir de nuevo al hammam después de muchos años. Fui y tuve la impresión de redescubrirlo: después de la lectura de las bellas páginas que consagra el autor a este espacio tan oriental, común para nosotros, mi visión del hammam no es la misma. El vapor, simple exhalación emanando del agua caliente, toma ahora la forma de velos sucesivos, suspendidos de nada o del deseo fugaz. Los movimientos de los cuerpo húmedos son más sugerentes. Los múltiples y diversos gestos de las bañistas paraecen formar parte de una danza improvizada. La mujer joven y robusta, de piel lisa, que a mi lado se lava y vuelve a lavar el cabello largo y negro (con shampoo y no con rhasoul) parece querer hacer eterno un suave placer: el que le da el agua tibia confundiéndose con su cabellera sedosa. El hammam que redescubrí ya no tenmía el prosaismo de la cotidianeidad: se había vuelto un ámbito de poesía. También ahí la mirada del autor se interponía entre la mí y lo que miraba. Casi tuve nostalgia porque esta mujer no utilizaba henna y rhasoul como las bañistas de Los nombres del aire.
Además, la lectura y traducción de esta obra que mantiene una sutil relación intertextual con la tradición literaria y mística árabe, provocó en mí un regreso a los textos de ese rico patrimonio: Ibn Zaydun, poeta de Córdoba inspirado en la poeta Wallada; Ibn Arabi y el misterio de las cifras y de las letras, autor de El intérprete de los deseos, quien hizo varios viajes en Africa del norte entre 1193 y 1201. Ibn Arabí estuvo tres veces en Fez donde, en 1195, vivió la experiencia de la Ascención Nocturna alcanzando la Estación de la Luz.; y en Marrakech, donde alcanzó la Estación de la Proximidad o Identidad Suprema y tuvo la visión del Trono Divino. Y finalmente Ibn Hazm, autor de El collar de la Paloma, un libro transformado en Los nombres del aire en objeto de la búsqueda de un personaje masculino, Ahmed, que desea desentrañar el misterio de la mirada de Fatma. Otro redescubrimiento: ahí también la mirada del autor se colocaba entre la mía y el texto.
Releí el texto de Ibn Hazm a través de los ojos inquietos del joven taleb que buscaba con impaciencia en El Collar… una clave para interpretar la mirada de Fatma. Al violar la prohibición de leer ese libro, Ahmed no se preocupa sino por conocer, gracias a la ayuda del sabio experimenmtado Ibn Hazm, el secreto de la mujer que lo atrae. Pero ARS, al traducir y citar ese texto señala indirectamente más de un tema sobre los juegos del amor entre los árabes, sobre la erotología y sobre la curiosa y excepcional relación entre los Doctores de la Ley y la erotología. En el mundo árabe, la erotología fue, durante siglos, territorio exclusivo de los religiosos que se ocuparon de ese tema produciendo una literatura extraordinaria tanto por su cantidad como por su generosa audacia.
Hice ese redescubrimiento gracias a las cualidades del autor: un sentido agudo de la observación, una sensibilidad a flor de piel, una capacidad imaginativa extraordinaria, un estilo rico en imágenes y una escritura cargada de intensidad poética y rica en resonancias literarias y culturales. Y por encima de todo ello hay una apertura de espíritu y una grandeza de alma que están en el origen de una visión del Otro que rechaza la diferenciación discriminatoria y reivindicda un “Orientalismo Horizontal”. Y lo hace precisamente en este momento en el que Bernard Lewis, de manera muy vertical, afirma injustamente la muerte del orientalismo.

Fatiha Benlabbah es hispanista y profesora marroquí. Enseña en la Universidad Mohammad V en Rabat. Prepara un doctorado sobre la poesía de José Angel Valente. Tradujo Los Nombres del aire al árabe para la editorial Les Alysées y elabora para la misma la traducción de En los labios del agua.

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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mariocesar el Vie Ago 16, 2013 4:49 pm

http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/15706184/Surrealismo-o-superrealismo.html
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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mariocesar el Vie Ago 16, 2013 4:52 pm

El Zahir (1947)1
En Buenos Aires el Zahir es una moneda común de veinte centavos; marcas de navaja o
de cortaplumas rayan las letras N T y el número dos; 1929 es la fecha grabada en el
anverso. En Guzerat, a fines del siglo XVIII, un tigre fue Zahir; en Java, un ciego de la
mezquita de Surakarta, a quien lapidaron los fieles2
; en Persia, un astrolabio que Nadir
Shah3
hizo arrojar al fondo del mar; en las prisiones de Mahdí, hacia 1892, una pequeña
brújula que Rudolf Carl von Slatin4
tocó, envuelta en un jirón de turbante; en la aljama
de Córdoba, según Zotenberg5
, una veta en el mármol de uno de los mil doscientos
pilares; en la judería de Tetuán, el fondo de un pozo. Hoy es trece de noviembre; el día
siete de junio, a la madrugada llegó a mis manos el Zahir; no soy el que era entonces
pero aún me es dado recordar, y acaso referir, lo ocurrido. Aún, siquiera parcialmente,
soy Borges.
El seis de junio murió Teodelina Villar. Sus retratos, hacia 1930, obstruían las revistas
mundanas; esa plétora acaso contribuyó a que la juzgaran muy linda, aunque no todas
las efigies apoyaran incondicionalmente esa hipótesis. Por lo demás, Teodelina Villar se
preocupaba menos de la belleza que de la perfección. Los hebreos y los chinos
codificaron todas las circunstancias humanas; en la Mishnah, se lee que, iniciando el
crepúsculo del sábado, un sastre no debe salir a la calle con una aguja; en el Libro de los
ritos que un huésped, al recibir la primera copa, debe tomar un aire grave y al recibir la
segunda, un aire respetuoso y feliz6
. Análogo, pero más minucioso, era el rigor que se
exigía Teodelina Villar. Buscaba, como el adepto de Confucio o el talmudista, la
1
Publicado inicialmente en Los anales de Buenos Aires, Nº 17 (1947), pp. 30-37.
2
Borges parece tener especial predilección pr esta ciudad del noroeste de la India, así como por los
motivos del tigre y el ciego visionario, en todos sus relatos de ambiente oriental. En esta primera
enumeración erudita se perfila un marco entre legendario y real: el siglo XVIII-XIX del redescubrimiento
de Oriente por los estudiosos y viajeros europeos; los lugares y personajes son históricos y los hechos o
anécdotas referidos, invenciones de Borges.
3
El ‘Segundo Alejandro’ o ‘Napoleón persa’, nacido en Jorasán y de origen esclavo, llegó a reinar sobre
vastos territorios en Afganistán e India durante la primera mitad del S. XVIII.
4
Militar austriaco, trabajó al servicio del ejército inglés hasta la sublevación de Sudán contra el Imperio
Británico. Tras salir de prisión y convertirse al Islam, fue gobernador de Darfur.
5
El arabista será citado más adelante como testimonio de la superstición del Zahir; sin embargo, su gran
aportación es la recuperación y transmisión del persa Tabarī.
6
Mientras la alusión a la Mishnah presenta un afán meramente erudito e irónico, la del Libro de los ritos,
uno de los seis clásicos del confucianismo, comporta un guiño a la mística, pues aquí se describen los
ritos y exigencias sociales, sublimados en la virtud fundamental del Ren (benevolencia, humanitarismo),
sólo alcanzable para los místicos.
ii



irreprochable corrección de cada acto, pero su empeño era más admirable y más duro,
porque las normas de su credo no eran eternas, sino que se plegaban a los azares de
París o de Hollywood. Teodelina Villar se mostraba en los lugares ortodoxos, a la hora
ortodoxa, con atributos ortodoxos, con desgano ortodoxo, pero el desgano, los atributos,
la hora, los lugares caducaban casi inmediatamente y servirían (en boca de Teodelina
Villar) para definición de lo cursi. Buscaba lo absoluto, como Flaubert, pero lo absoluto
en lo momentáneo. Su vida era ejemplar y, sin embargo, la roía sin tregua una
desesperación interior. Ensayaba continuas metamorfosis7
, como para huir de sí misma;
el color de su pelo y las formas de su peinado eran famosamente inestables. También
cambiaban la sonrisa8
, la tez, el sesgo de los ojos. Desde 1932, fue estudiadamente
delgada… La guerra le dio mucho que pensar. Ocupado París por los alemanes, ¿cómo
seguir la moda? Un extranjero de quien ella siempre había desconfiado se permitió
abusar de su buena fe para venderle una porción de sombreros cilíndricos; al año, se
propaló que esos adefesios nunca se habían llevado en París y por consiguiente no eran
sombreros, sino arbitrarios y desautorizados caprichos. Las desgracias no vienen solas;
el doctor Villar tuvo que mudarse a la calle Aráoz y el retrato de su hija decoró anuncios
de cremas y de automóviles. (¡Las cremas que harto se aplicaba, los automóviles que ya
no poseía!) Ésta sabía que el buen ejercicio de su arte exigía una gran fortuna; prefirió
retirarse a claudicar. Además, le dolía competir con chicuelas insustanciales. El siniestro
departamento de Aráoz resultó demasiado oneroso; el seis de junio, Teodelina Villar
cometió el solecismo de morir en pleno Barrio Sur. ¿Confesaré que, movido por la más
sincera de las pasiones argentinas, el esnobismo, yo estaba enamorado de ella y que su
muerte me afectó hasta las lágrimas? Quizá ya lo haya sospechado el lector.
En los velorios, el progreso de la corrupción hace que el muerto recupere sus caras
anteriores. En alguna etapa de la confusa noche del seis, Teodelina Villar fue
mágicamente la que fue hace veinte años; sus rasgos recobraron la autoridad que dan la
soberbia, el dinero, la juventud, la conciencia de coronar una jerarquía, la falta de
imaginación, la estolidez. Más o menos pensé: ninguna versión de esta cara que tanto
me inquietó será la última, ya que pudo ser la primera. Rígida entre las flores la dejé,
7
He aquí un primer paralelismo entre Zahir y mujer: la inestabilidad del aspecto con que se presenta,
primera señal de desconfianza y falsedad.
8
Para Borges, la sonrisa de la mujer simboliza su cinismo; en Nueve ensayos dantescos alude al momento
en que la sonrisa de Beatrice despide a Dante, al separarse del poeta para ocupar su lugar en el Paraíso,
como uno de los pasajes más patéticos de la literatura universal. De ahí su reiterada parodia en “El Aleph”
y “El Zahir”. perfeccionando su desdén por la muerte. Serían las dos de la mañana cuando salí.
Afuera, las previstas hileras de casas bajas y de casas de un piso habían tornado ese aire
abstracto que suelen tomar en la noche, cuando la sombra y el silencio las simplifican.
Ebrio de una piedad casi impersonal, caminé por las calles. En la esquina de Chile y
Tacuarí vi un almacén abierto. En aquel almacén, para mi desdicha, tres hombres
jugaban al truco.
En la figura que se llama oxímoron9
, se aplica a una palabra un epíteto que parece
contradecirla; así los gnósticos hablaron de luz oscura, los alquimistas, de un sol negro.
Salir de mi última visita a Teodelina Villar y tomar una caña en un almacén era una
especie de oxímoron; su grosería y su facilidad me tentaron. (La circunstancia de que se
jugara a los naipes aumentaba el contraste.) Pedí una caña de naranja; en el vuelto me
dieron el Zahir; lo miré un instante; salí a la calle tal vez con un principio de fiebre.
Pensé que no hay moneda que no sea símbolo de las monedas que sin fin resplandecen
en la historia y la fábula. Pensé en el óbolo de Caronte; en el óbolo que pidió Belisario;
en los treinta dineros de Judas; en las dracmas de la cortesana Laís; en la antigua
moneda que ofreció uno de los durmientes de Éfeso; en las claras monedas del
hechicero de las 1001 Noches, que después eran círculos de papel; en el denario
inagotable de Isaac Lequedem; en las sesenta mil piezas de plata, una por cada verso de
una epopeya, que Firdusi devolvió a un rey porque no eran de oro; en la onza de oro que
hizo clavar Ahab en el mástil; en el florín irreversible de Leopold Bloom; en el luis cuya
efigie delató, cerca de Varennes, al fugitivo Luis XVI10. Como en un sueño, el
9
El oxímoron se aplica también a la descripción de Beatriz Viterbo en “El Aleph”, en línea con la
concepción dual de la mujer: bella y falsa, encantadora y desdeñosa, amada y odiada.
10 La inserción erudita contiene, en este caso, anécdotas de origen diverso, si bien todas proceden de una
tradición previa: el mito abarca desde la mitología griega, encarnada en el barquero de la laguna Estigia,
hasta la tradición bíblica de la traición de Judas, pasando por la época de Teodosio y el cristianismo
temprano, con los durmientes de Éfeso, y la tradición folklórica medieval del judío errante; la Historia
viene representada por las anécdotas, de veracidad dudosa, de la cortesana que rechazó a Demóstenes por
diez mil dracmas y durmió con Diógenes por un óbolo (cuarto de dracma), del poeta del Jorasán que
escribió una temprana crónica de Persia para el poco dadivoso Mahmud de Gazna y de la huida frustrada
del monarca francés para escapar del furor popular en 1791; las menciones a la literatura son también un
variado muestrario de intereses borgesianos: Las mil y una noches, Moby Dick y el capítulo 17 del Ulises
de Joyce. Mediante esta asociación de referencias dispares, se colocan de nuevo al mismo nivel fantasía y
realidad, leyenda, literatura e Historia.
El estilo enumerativo y caótico es muestra de la afición borgesiana por los catálogos para agotar
al lector –como es el caso- o como recurso de reductio ad absurdum:
Ser nazi (jugar a la barbarie enérgica, jugar a ser un vikingo, un tártaro, un conquistador
del siglo XVI, un gaucho, un piel roja) es, a la larga, una imposibilidad mental y moral
(“Anotación al 23 de agosto de 1944”, OC II: 106, énfasis agregado).
ivpensamiento de que toda moneda permite esas ilustres connotaciones me pareció de
vasta, aunque inexplicable, importancia. Recorrí, con creciente velocidad, las calles y
las plazas desiertas. El cansancio me dejó en una esquina. Vi una sufrida verja de fierro;
detrás vi las baldosas negras y blancas del atrio de la Concepción. Había errado en
círculo; ahora estaba a una cuadra del almacén donde me dieron el Zahir.
Doblé; la ochava oscura me indicó, desde lejos, que el almacén ya estaba cerrado. En la
calle Belgrano tomé un taxímetro. Insomne, poseído, casi feliz, pensé que nada hay
menos material que el dinero, ya que cualquier moneda (una moneda de veinte
centavos, digamos) es, en rigor, un repertorio de futuros posibles. El dinero es abstracto,
repetí, el dinero es tiempo futuro. Puede ser una tarde en las afueras, puede ser música
de Brahms, puede ser mapas, puede ser ajedrez, puede ser café, puede ser las palabras
de Epicteto, que enseñan el desprecio del oro; es un Proteo más versátil que el de la isla
de Pharos. Es tiempo imprevisible, tiempo de Bergson, no duro tiempo del Islam o del
Pórtico. Los deterministas niegan que haya en el mundo un solo hecho posible, id est un
hecho que pudo acontecer; una moneda simboliza nuestro libre albedrío. (No
sospechaba yo que esos “pensamientos” eran un artificio contra el Zahir y una primera
forma de demoníaco influjo11.) Dormí tras largas cavilaciones, pero soñé que yo era las
monedas que custodiaba un grifo.
Al otro día resolví que yo había estado ebrio. También rresolví librarme de la moneda
que tanto me inquietaba. La miré: nada tenía de particular, salvo unas rayaduras.
Enterrarla en el jardín o esconderla en un rincón de la biblioteca hubiera sido lo mejor,
pero yo quería alejarme de su órbita. Preferí perderla. No fui a Pilar, esa mañana, ni al
cementerio; fui, en subterráneo, a Constitución y de Constitución a San Juan y Boedo.
Bajé impensadamente, en Urquiza; me dirigí al oeste y al sur; barajé, con desorden
estudioso, unas cuantas esquinas y en una calle que me pareció igual a todas, entré en un
boliche cualquiera, pedí una caña y la pagué con el Zahir. Entrecerré los ojos, detrás de
los cristales ahumados; logré no ver los números de las casas ni el nombre de la calle.
Esa noche, tomé una pastilla de veronal y dormí tranquilo.
11 En una primera impresión, el Zahir le hace creer que es libre; sin embargo, el desarrollo posterior de la
historia confirmará las teorías descartadas aquí –el duro tiempo del Islam, el determinismo- y refutará las
apuntadas como esperanza por el protagonista –el tiempo de Bergson, el libre albedrío-.
vHasta fines de junio me distrajo la tarea de componer un relato fantástico. Éste encierra
dos o tres perífrasis enigmáticas –en lugar de sangre pone agua de la espada, en lugar
de oro, lecho de la serpiente- y está escrito en primera persona12. El narrador es un
asceta que ha renunciado al trato de los hombres y vive en una suerte de páramo.
(Gnidateir es el nombre de ese lugar.) Dado el candor y la sencillez de su vida, hay
quienes lo juzgan un ángel; ello es una piadosa exageración, porque no hay hombre que
esté libre de culpa. Sin ir más lejos, él mismo ha degollado a su padre; bien es verdad
que éste era un famoso hechicero que se había apoderado, por artes mágicas, de un
tesoro infinito. Resguardar ese tesoro de la insana codicia de los humanos es la misión a
la que ha dedicado su vida; día y noche vela sobre él. Pronto, quizá demasiado pronto,
esa vigilia tendrá su fin: las estrellas le han dicho que ya se ha forjado la espada que la
tronchará para siempre. (Gram es el nombre esa espada.) En un estilo cada vez más
tortuoso, pondera el brillo y la flexibilidad de su cuerpo; en algún párrafo habla
distraídamente de escamas; en otro dice que el tesoro que guarda es de oro fulgurante y
de anillos rojos. Al final entendemos que el asceta es la serpiente Fafnir y el tesoro en
que yace, el de los Nibelungos. La aparición de Sigurd corta bruscamente la historia.
He dicho que la ejecución de esta fruslería (en cuyo decurso intercalé,
seudoeruditamente, algún verso de la Fáfnismal) me permitió olvidar la moneda.
Noches hubo en que me creí tan seguro de poder olvidarla que voluntariamente la
recordaba. Lo cierto es que abusé de estos ratos; darles principio resultaba más fácil que
darles fin. En vano repetí que ese abominable disco de níquel no difería de los otros que
pasan de una mano a otra mano, iguales, infinitos e inofensivos. Impulsado por esta
reflexión, procuré pensar en otra moneda, pero no pude. También recuerdo algún
experimento, frustrado, con cinco y diez centavos chilenos, y con un vintén oriental. El
dieciséis de julio adquirí una libra esterlina; no la miré durante el día, pero esa noche (y
otras) la puse bajo un vidrio de aumento y la estudié a la luz de una potente lámpara
eléctrica. Después la dibujé con un lápiz, a través del papel. De nada me valieron el
fulgor y el dragón y el San Jorge; no logré cambiar de idea fija.
12 Al igual que en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” (1940) y “Tres versiones de Judas” (1944), se introduce
en el relato un comentario metaliterario que desvela el mecanismo que opera en el cuento, sólo accesible,
en terminología de Eco, al ‘lector de segundo nivel’. Además de su función retórica, psicológicamente la
perífrasis se define como una estrategia inconsciente para mencionar un referente sin aludirlo
explícitamente. En este sentido puede entenderse no sólo el ocultamiento del conflicto amoroso, sino
también la alusión al asesinato de la figura paterna. Borges rechazó vivamente las teorías del
Psicoanálisis, tal vez por su poder de penetración en los asuntos personales, que tanto lo incomodaban.
viEl mes de agosto, opté por consultar a un psiquiatra13. No le confié toda mi ridícula
historia; le dije que el insomnio me atormentaba y que la imagen de un objeto
cualquiera solía perseguirme; la de una ficha o la de una moneda, digamos… Poco
después, exhumé en una librería de la calle Sarmiento un ejemplar de Urkunden zur
Geschichte der Zahirsage (Breslau, 1899) de Julius Barlach14
.
En aquel libro estaba declarado mi mal15. Según el prólogo, el autor se propuso ‘reunir
en un solo volumen en manuable octavo mayor todos los documentos que se refieren a
la superstición del Zahir, incluso cuatro piezas pertenecientes al archivo de Habicht y el
manuscrito original del informe de Philip Meadows Taylor’. La creencia en el Zahir es
islámica y data, al parecer, del siglo XVIII. (Barlach impugna los pasajes que Zotenberg
atribuye a Abulfeda16.) Zahir, en árabe, quiere decir notorio, visible; en tal sentido, es
uno de los noventa y nueve nombres de Dios; la plebe, en tierras musulmanas, lo dice
de ‘los seres o cosas que tienen la terrible virtud de ser inolvidables y cuya imagen
acaba por enloquecer a la gente’. El primer testimonio incontrovertido es el del persa
Luft Alí Azur. En las puntuales páginas de la enciclopedia biográfica titulada Templo
del fuego, ese polígrafo y derviche ha narrado que en un colegio de Shiraz hubo un
astrolabio de cobre, ‘construido de tal suerte que quien lo miraba una vez no pensaba en
otra cosa, y así el rey ordenó que lo arrojaran a lo más profundo del mar, para que los
hombres no se olvidaran del universo’. Más dilatado es el informe de Meadows Taylor,
que sirvió al nizam de Haidarabad y compuso la famosa novela Confessions of a Thug.
Hacia 1832, Taylor oyó en los arrabales de Bhuj la desacostumbrada locución ‘Haber
visto al tigre’ (Verily he has looked on the tiger) para significar la locura o la santidad.
Le dijeron que la referencia era a un tigre mágico, que fue la perdición de cuantos lo
vieron, aun de muy lejos, pues todos continuaron pensando en él, hasta el fin de sus
días. Alguien dijo que uno de esos desventurados había huido a Mysore, donde había
pintado en un palacio la figura del tigre. Años después, Taylor visitó las cárceles de ese
13 Según cuenta Estela Canto, Borges visitó un psicólogo en la vida real para curarse de su conflicto con
las relaciones amorosas, y éste solicitó la ayuda de la propia Estela en dos ocasiones. Las altas
implicaciones personales de “El Zahir” hacen que Canto lo juzgue como ‘uno de los cuentos menos
logrados de Borges’.
14 En realidad, The anatomy of melancholy, de Robert Burton, conocido a la perfección por Borges y cuya
tercera parte compendia diversas teorías acerca del amor: desde Ovidio y De remedii amoris, hasta
fuentes árabes, como Avicena y El collar de la paloma de Ibn Hazm, pasando por el medieval De amore,
de Andrea Capellanus.
15 A lo largo de este extensísimo párrafo, Núñez-Faraco propone sustituir ‘Zahir’ por amor o mal de amor.
16 Zotenberg y Abulfeda son reales; Barlach y Meadows Taylor, ficticios. La tradición sobre la
superstición del Zahir es enteramente apócrifa.
viireino; en la de Nihtur el gobernador le mostró una celda, en cuyo piso, en cuyos muros,
y en cuya bóveda un faquir musulmán había diseñado (en bárbaros colores que el
tiempo, antes de borrar, afinaba) una especie de tigre infinito. Ese tigre estaba hecho de
muchos tigres, de vertiginosa manera; lo atravesaban tigres, estaba rayado de tigres,
incluía mares e Himalayas y ejércitos que parecían otros tigres. El pintor había muerto
hace muchos años, en esa misma celda; venía de Sind o acaso de Guzerat y su propósito
inicial había sido trazar un mapamundi. De ese propósito quedaban vestigios en la
monstruosa imagen17. Taylor narró la historia a Muhammad Al-Yemení, de Fort
William; éste le dijo que no había criatura en el orbe que no propendiera a Zaheer [1],
pero que el Todomisericordioso no deja que dos cosas lo sean al mismo tiempo, ya que
una sola puede fascinar muchedumbres. Dijo que siempre hay un Zahir y que en la Edad
de la Ignorancia fue el ídolo que se llamó Yaúq y después el profeta del Jorasán18, que
usaba un velo recamado de piedras o una máscara de oro [2]. También dijo que Dios es
inescrutable.
Muchas veces leí la monografía de Barlach. Yo desentraño cuáles fueron mis
sentimientos; recuerdo la desesperación cuando comprendí que ya nada me salvaría, el
intrínseco alivio de saber que yo no era culpable de mi desdicha, la envidia que me
dieron aquellos hombres cuyo Zahir no fue una moneda sino un trozo de mármol o un
tigre. Qué empresa fácil no pensar en un tigre, reflexioné. También recuerdo la
inquietud singular con que leí este párrafo: ‘Un comentador del Gulshan i Raz19 dice
que quien ha visto al Zahir pronto verá la Rosa y alega un verso interpolado del Asrar
Nama (Libro de las cosas que se ignoran) de Attar20: el Zahir es la sombra de la Rosa y
la rasgadura del Velo’.
17 Obsesión y locura se vinculan siempre a los mismos objetos (el mapa, el tigre, la brújula); en este
sentido, v. “Deutsches Requiem” (1946):
No hay cosa en este mundo que no sea germen de un infierno posible: un rostro, una
palabra, una brújula, un aviso de cigarrillos, podrían enloquecer a una persona, si ésta no lograra
olvidarlos. ¿No estaría loco un hombre que continuamente se figurara el mapa de Hungría? (OC
I: 579).
La descripción del tigre recuerda además al jaguar de “La escritura del dios” (1949).
18 Se trata del tintorero enmascarado Hákim de Merv, al que Borges ya había dedicado un relato temprano
en 1934, recogido en Historia universal de la infamia.
19 El Gulshan i raz, habitualmente traducido como The rose garden of secrets, es una obra del místico
Shekih Mahmud Shabestarī, principal transmisor de la doctrina de Ibn Arabī, compendio del Irfam, el
Islam y la mística sufí. La obra data del siglo XIV y se compone de 1311 pareados en respuesta a
diecisiete preguntas clave para explicar las teorías del sufismo. La cita, no obstante, no aparece en Burton.
20 El Asrār Nāma, o Libro de las cosas que se ignoran, obra culminante de ‘Attār, junto con el Coloquio
de los pájaros, tampoco aparece en el libro de Shabestarī. El verso interpolado es apócrifo.
viiiLa noche que velaron a Teodelina, me sorprendió no ver entre los presentes a la señora
de Abascal, su hermana menor. En octubre, una amiga suya me dijo:
-Pobre Julita, se había puesto rarísima y la internaron en el Bosch. Cómo las
postrará a las enfermeras que le dan de comer en la boca. Sigue déle temando con la
moneda, idéntica al chauffeur de Morena Sackmann.
El tiempo, que atenúa los recuerdos, agrava el del Zahir21. Antes yo me figuraba el
anverso y después el reverso; ahora, veo simultáneamente los dos. Ello no ocurre como
si fuera de cristal el Zahir, pues una cara no se superpone a la otra; más bien ocurre
como si la visión fuera esférica y el Zahir campeara en el centro22. Lo que no es el Zahir
me llega tamizado y como lejano: la desdeñosa imagen de Teodelina, el dolor físico.
Dijo Tennyson que si pudiéramos comprender una sola flor sabríamos quiénes somos y
qué es el mundo. Tal vez quiso decir que no hay hecho, por humilde que sea, que no
implique la historia universal y su infinita concatenación de efectos y causas. Tal vez
quiso decir que el mundo visible se da entero en cada representación, de igual manera
que la voluntad, según Schopenhauer, se da entera en cada sujeto. Los cabalistas
entendieron que el hombre es un microcosmo, un simbólico espejo del universo; todo,
según Tennyson, lo sería. Todo, hasta el intolerable Zahir23
.
21 Al parecer, fue el adjetivo ‘inolvidable’, aplicado a la interpretación de un cantante del momento, lo
que inspiró este relato; para Borges hay algo de sobrenatural, pero también de insoportable y maldito en
la memoria, en no poder olvidar. Por eso en “El Aleph” el consuelo final es que ‘me trabajó otra vez el
olvido’ (OC I: 626) y por eso el protagonista de “Funes el Memorioso” está condenado a no soñar.
22 La visión extática descrita como esfera o círculo es un topos en la tradición visionaria, junto con la
inefabilidad, la citada inolvidabilidad, la simultaneidad, la infinitud y el empleo del pretérito perfecto
simple ‘vi’; así se entiende la experiencia mística de “El Aleph”; v. también “La escritura del dios”
(1949):
Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la
divinidad, con el universo […]. El éxtasis no repite sus símbolos: hay quien ha visto a Dios en un
resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una
Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes,
a un tiempo. Esa Rueda […] era […] infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que
serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total (OC I: 598-9, énfasis
agregado).
23 De nuevo, observamos cómo una alusión puntual, la de Tennyson, es extrapolada y llevada al extremo
hasta sacar de ella conclusiones metafísicas, en conexión con Schopenhauer y la Cábala. Aquí Borges está
dando pistas sobre las influencias filosóficas que maneja y mezcla; especialmente interesante es la
conexión entre misticismo sufí y Cábala, apuntada también en “El Aleph” mediante la inclusión de la veta
de mármol en la mezquita de Amr como Aleph ‘verdadero’ (OC I: 627) y reiterada en “El acercamiento a
Almotásim”. La miscelánea culmina, en el siguiente párrafo, con la alusión directa a la ‘doctrina
idealista’.
ixAntes de 1948, el destino de Julia me habrá alcanzado. Tendrán que alimentarme y
vestirme, no sabré si es de tarde o de mañana, no sabré quién fue Borges. Calificar de
terrible este porvenir es una falacia, ya que ninguna de sus circunstancias obrará para
mí. Tanto valdría mantener que es terrible el dolor de una anestesiado a quien le abren
el cráneo. Ya no percibiré el universo, percibiré el Zahir. Según la doctrina idealista, los
verbos vivir y soñar son rigurosamente sinónimos; de miles de apariencias pasaré a una;
de un sueño muy complejo a un sueño muy simple. Otros soñarán que estoy loco y yo
con el Zahir. Cuando todos los hombres de la tierra piensen, día y noche, en el Zahir,
¿cuál será un sueño y cuál una realidad, la tierra o el Zahir?
En las horas desiertas de la noche aún puedo caminar por las calles. El alba suele
sorprenderme en un banco de la plaza de Garay, pensando (procurando pensar) en aquel
pasaje del Asrar Nama, donde se dice que Zahir es la sombra de la Rosa y la rasgadura
del Velo. Vinculo ese dictamen a esta noticia: para perderse en Dios, los sufíes repiten
su propio nombre o los noventa y nueve nombres divinos hasta que éstos ya nada
quieren decir. Yo anhelo recorrer esa senda. Quizá yo acabe por gastar el Zahir a fuerza
de pensarlo y repensarlo, quizá detrás de la moneda esté Dios.
A Wally Zenner
[1] Así escribe Taylor esa palabra.
[2] Barlach observa que Yaúq figura en Alcorán (LXXXI, 23) y que el profeta es AlMoqanna (el Velado) y que nadie, fuera del sorprendente corresponsal Philip Meadows
Taylor, los ha vinculado al Zahir.


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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mariocesar el Vie Ago 16, 2013 5:01 pm

Cuento: El Simurg
La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido. Jorge Luis Borges
El Simurg es un pájaro inmortal que anida en las ramas del Árbol de la Ciencia; Burton lo equipara con el águila escandinava que, según la Edda Menor, tiene conocimiento de muchas cosas y anida en las ramas del Árbol Cósmico, que se llama Yggdrasill.

El Thalaba (1801) de Southey y la Tentación de San Antonio (1874) de Flaubert hablan del Simorg Anka; Flaubert lo rebaja a servidor de la reina Belkis y los describe como un pájaro de plumaje anaranjado y metálico, de cabecita humana, provisto de cuatro alas, de garras de buitre y de una inmensa cola de pavo real. En la fuentes originales el Simurg es más importante. Firdusi, en el Libro de reyes, que recopila y versifica antiguas leyendas del Irán, lo hace padre adoptivo de Zal, padre del héroe del poema; Farid al-Din Attar, en el siglo XIII lo eleva a símbolo o imagen de la divinidad. Esto sucede en el Mantiq al-Tayr (Coloquio de los Pájaros).

El argumento de esta alegoría, que integran unos cuatro mil quinientos dísticos, es curioso. El remoto rey de los pájaros, el Simurg, deja caer en el centro de China una pluma espléndida; los pájaros deciden buscarlo, hartos de su presente anarquía. Saben que el nombre de su rey quiere decir “Treinta Pájaros”, saben que su alcázar está en el Kaf, la montaña o cordillera circular que rodea la tierra. Al principio, algunos pájaros se acobardan: el ruiseñor alega su amor por la rosa; el loro la belleza que es la razón de que viva enjaulado; la perdiz no puede prescindir de las sierras; ni la garza de los pantanos; ni la lechuza de las ruinas.

Acometen al fin la desesperada aventura; superan siete valles o mares, el nombre del penúltimo es Vértigo, el último se llama Aniquilación. Muchos peregrinos desertan; otros mueren en la travesía. Treinta, purificados por sus trabajos, pisan la montaña del Simurg. Lo contemplan al fin: perciben que ellos son el Simurg y que el Simurg es cada uno de ellos y todos ellos.

El cosmógrafo Al-Qazwiní, en sus Maravillas de la creación, afirma que el Simorg Anka vive mil setecientos años y que, cuando el hijo ha crecido, el padre enciende una pira y se quema. “Esto, observa Lane, recuerda a leyenda del Fénix”.

http://www.cdli.ca/CITE/yggdrasil.gif
Tomado de: Manual de Zoología Fantástica.
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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mariocesar el Vie Ago 16, 2013 5:06 pm

PENSAMIENTOS DE UN CAÓSOFO

MARTES, 15 DE SEPTIEMBRE DE 2009

Xvarnah
"¡Bien amado!
No puedes tratarme con equidad,
Pues si te aproximas a mí,
Es porque yo me he aproximado a ti"
Ibn 'Arabî


Aquel que vive en mí se mueve con la luz entre las hojas de los árboles; dibuja la imagen del sol en la tierra para que pueda contemplarla sin cegarme.

Aquel que vive en mí camina a mi lado y yo camino a su encuentro; y no hay vereda solitaria ni soledad bajo la luna.

Aquel que vive en mí cruzó la montaña en dirección al mundo; descendió al páramo, contempló la torre abandonada, y supo ver el pilar de un puente desaparecido.
Venció a quienes guardan las murallas aunque las flechas rasgaran su túnica; mientras, vi su rostro en cada cosa como en un espejo milagroso.
Caminó sobre el mar a lomos de la serpiente para cruzar las aguas; yo sentí desbordar mi alma y quemarse el mundo en los hornos del xvarnah.

¿Es este fuego el mismo que un día lo forjó? Pues todavía no está extinguido.
En ese lugar todo es tan nuevo que aún permanece incandescente.
Eternamente nuevo.
Eternamente.
PUBLICADO POR POLA EN 09:29
6 COMENTARIOS:

Desde mi Ventana dijo...
Siempre me gusta venir a este lugar, a veces sólo para contemplar la grácil escultura de Mercurio, el precioso bronce de Giambologna.

A propósito de tu entrada y de las lecturas y pensamientos en las que me estoy envolviendo últimamente, me gustaría dejarte lo siguiente:

“El origen boreal :
Diversas tradiciones indo-europeas se ponen de acuerdo para mencionar una misteriosa tierra boreal que frecuentemente evoca a una edad de oro (o de perfección) y que es sede de una supra-humanidad. Es así como la India habla de Çveta dvàpa (la isla blanca) idéntica a Jambudvipa, el continente que domina el Meru, "montaña fabulosa de oro" y sinónimo de polo. Morada de los bienaventurados, este lugar es la sede de Tejas, término sánscrito que designa la luz de gloria o fuerza vital que confiere poder, influencia moral o mágica y autoridad. Para el Irán mazdeo, el var (el palacio) de Yima (el rey primordial) se encuentra al norte. El var, tipo de ciudadela subterránea que alumbra el Xvarnah (la luz de gloria) y donde permanecen las semillas de los seres perfectos”. Los imagineros del Graal. Paul G. Sansonetti.

Todo el artículo está publicado en las páginas de Symbolos.com, en: http://www.geocities.com/antologia_hermes/076graal.htm)

Un abrazo
Núria

16 DE SEPTIEMBRE DE 2009 12:39
Pola dijo...
Querida Núria,

ante todo, me alegra mucho saber que sigues pasando por este lugar a pesar de que últimamente no haya encontrado demasiado tiempo para actualizarlo. Mi intención es seguir haciéndolo y siempre ayuda saber que los amigos vuelven de visita.
Por otro lado, es genial ver que precisamente andamos indagando sobre las mismas cuestiones. Precisamente esta semana pasada estuve repasando algunas lecturas relacionadas con el simbolismo del Grial y en concreto sobre el var de Yima. Ya que estamos en el tema, me gustaría compartir contigo un par de fragmentos que tal vez te resulten interesantes (los dejo en un par de comentarios, que en uno sólo no me permite publicarlos por la extensión).

En el libro de Henry Corbin “El hombre de luz en el sufismo iranio” leí hace tiempo este fragmento:

"En Erân-Vêj fue donde el hermoso Yima, el de belleza resplandeciente, el mejor de los mortales, recibió la orden de construir el cercado, el var, donde fue reunida la élite de los seres más bellos, los de mayor encanto, para ser preservados del invierno mortal desencadenado por las potencias demoníacas y para repoblar un día un mundo transfigurado.
Este var o paraíso de Yima es descrito como un cercado que comprende, a la manera de una ciudad, casas, reservas, murallas. Tiene puerta y ventanas luminiscentes que generan por sí mismas la luz en el interior, pues está iluminado tanto por luces increadas como por luces creadas. Sólo una vez al año sus habitantes ven ponerse y levantarse las estrellas, la luna, el sol. Y por eso un año no les parece más que un día. Cada cuarenta años, de cada pareja humana nace otra pareja, varón y mujer. «Y todos ellos viven la más hermosa de las vidas en el var permanente de Yima.»
Ciertamente se estaría tentado de encontrar en esta descripción alguna reminiscencia de una estancia primitiva de los iranios en un extremo norte geográfico, donde habrían conocido una aurora de treinta días con un ascenso anual del sol. Predominan sin embargo las indicaciones de que estamos de hecho en el umbral de un más allá sobrenatural: hay luces increadas; un mundo que genera su propia luz, como esos mosaicos bizantinos cuyo oro ilumina el espacio circundante, pues los cubos de cristal están provistos de una hoja de oro; un país sin sombras, poblado de seres de luz que han alcanzado alturas inaccesibles a los terrestres. Son verdaderamente seres del más allá: allí donde cesa la sombra que pone en cautividad a la luz, allí comienza el más allá, y ése es el misterio que cifra el símbolo del norte. De la misma manera, los hiperbóreos simbolizan al hombre cuya alma ha alcanzado tal perfección y armonía que está libre de negatividad y de sombra; no es ni de oriente ni de occidente."

16 DE SEPTIEMBRE DE 2009 17:20
Pola dijo...
Y respecto al significado de la raíz “var” en sánscrito, y el simbolismo del polo, cuenta Guénon en “Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada”:

“Pero volvamos al nombre de la Vârâhî, que da lugar a observaciones particularmente importantes: se la considera como un aspecto de la Çakti [energía, aspecto “femenino”] de Vishnu, y mas especialmente en relación con su tercer avatâra, lo cual, dado el carácter “solar” del dios, muestra inmediatamente que ella es idéntica a la “tierra solar” o “Siria” primitiva, de que hemos hablado en otras oportunidades, y que es además una de las designaciones de la Tula hiperbórea, es decir, del centro espiritual primordial. Por otra parte, la raíz var-, para el nombre del jabalí, se encuentra en las lenguas nórdicas con la forma bor-; el exacto equivalente de Vârâhî es, pues, “Bórea”; y lo cierto es que el nombre habitual de “Hiperbórea” solo fue empleado por los griegos en una época en que habían perdido ya el sentido de esa antigua designación; valdría más, pues, pese al uso desde entonces prevaleciente, calificar a la tradición primordial, no de “hiperbórea”, sino simplemente de “bórea”, afirmando así sin equívoco su conexión con la “Bórea” o “tierra del jabalí”.
Hay todavía más: la raíz var- o vr-, en sánscrito, tiene el sentido de ‘cubrir’, ‘proteger’ y ‘ocultar’; y, como lo muestran el nombre de Váruna y su equivalente griego Ouranós, sirve para designar el ciclo, tanto porque cubre la tierra como porque representa los mundos superiores, ocultos a los sentidos. Ahora bien; todo esto se aplica perfectamente a los centros espirituales, sea porque están ocultos a los ojos de los profanos, sea porque protegen al mundo por su influjo invisible, sea porque constituyen en la tierra como imágenes del mundo celeste mismo. Agreguemos que la misma raíz tiene todavía otro sentido, el de ‘elección’ o ‘selección’ (vara), que, evidentemente, se adecua también a la región que en todas partes se designa con nombres como los de “tierra de los elegidos”, “tierra de los santos” o “tierra de los bienaventurados”.

Espero que te haya resultado interesante (si no conocías ya ambos textos). En cuanto disponga de un momento, leeré el artículo que me has dejado. Muchas gracias por la recomendación.

Un fuerte abrazo.

16 DE SEPTIEMBRE DE 2009 17:21
Desde mi Ventana dijo...
Muchas gracias Pola por tu atención. Precisamente hablaba hace poco con un amigo que me decía que Henry Corbin había investigado y publicado sobre el simbolismo iranio y que eso era lo que más le interesó de ese autor.

Yo no he indagado nada en ello, pero te puedo asegurar que las observaciones de ambos me han sido muy ilustrativas.

La cita que traes a colación de Guénon sí la conocía, pero me ha gustado mucho recordarla ya que siempre añaden profundidad y amplitud de miras sus palabras y te sitúan en el eje de las cosas, que es como decir en la universalidad que tienen ciertos símbolos que aluden a idénticas ideas. Eso demuestra el origen de una Tradición Primordial o Unánime de las que todas las tradiciones derivan.

Por supuesto que ambas notas dan para mucho más.

Un fuerte abrazo también para ti.
Núria

16 DE SEPTIEMBRE DE 2009 20:56
joaquín huertas dijo...
EL FINAL DE LA BÚSQUEDA

(...) Al final, de la gran bandada de miles que han oído el mensaje del Coronado, sólo treinta sobreviven para alcanzar su sublime destino mientras las demás criaturas perecen con sus corazones pisando la nada. Algunas imploran ayuda al Simurg, pero mueren en cimas polvorientas que ponen a prueba sus contrariados cuerpos y almas para finálmente negarles la vida. Otras chillan al ser devoradas por panteras negras como la noche, y algunas abandonan la lucha, vencidas por su conflicto interno.
Sedientas y debilitadas, cientos de ellas mueren conscientes de que han perdido la razón, movidas por la codicia y sin un propósito claro; otras aves como el halcón, el águila, la paloma o el cuervo, pierden la vida ante repentinos peligros que no consiguen superar.
Pero treinta pájaros, valientes y exhaustos peregrinos aturdidos y vacíos llegan por fin al palacio del rey.
Mil soles brillan en consonancia con la luz de sus miradas vacías, y tan sorprendidos están que entonan: "Tú, que infinito eres y brillas más que las estrellas, tú que al sol te has unido y lo has reducido a una partícula, ¿como podemos nosotros, simple polvo a la espera y tan distantes de tu ser, ahuecar nuestros opacos corazones para recibirte, a pesar de que hemos renunciado a los nombres que forman nuestros actos y pensamientos? Nos sabemos incapaces de encontrar el camino hacia ti, que estás detrás de todo nuestro dolor y nuestras lágrimas."
Con este triste canto se hunden en la desesperación, y exhaustos de aquella vida se disponen a morir. Pero, de pronto, bañado en luz, aparece el chambelán del rey, quien al ver a aquellas aves consternadas pregunta: "Cuál es el motivo de tan intenso sufrimiento? ¿Quienes sois?" "Hemos venido a rendir pleitesía al Simurg", responden las aves".(...) Así como la polilla cede su cuerpo al fuego para alcanzar la unidad, nuestra muerte deseamos entregar al Simurg.
Despues de poner a prueba a los viajeros, abre el heraldo la puerta y aparta los velos que descubren la cámara donde mora la Luz de las luces; al entrar, las aves imploran con mirada límpida y serena la gracia de su presencia, y entonces descubren por fin la esencia del Simurg en sus propios rostros reflejada; ya no son ellas mismas, sino mucho más de lo que pueden comprender. El Simurg es su destino, ellas son Él y Él es ellas, y saben que su viaje las ha transformado.(...) Piden al rey que les enseñe la naturaleza de la existencia, la composición de la Unidad, y el Simurg entonces responde: "Soy el espejo en el que mi sol refleja a quienes miran en él y ven sus cuerpos y almas al completo. Vosotros veréis treinta aves que alcanzan su meta; si fuéseis cincuenta o más, mi espejo mostraría de la primera a la última, la verdadera suma de las que comprenderán que todo lo conocido ha mutado como el plomo en oro. Porque lo que de verdad buscáis es a mí en vosotras y a vosotras en mí. Habéis crecido al perder vuestra identidad y también vuesros actos, que de forma indirecta y directa habéis llevado a cabo a través de mí. Pero soy más que vosotras, que en mí veis vuestras almas." Entonces las aves se abandonan a su deseo de unirse al rey, y en su fuego Él las consume.

Farid ud-Din Attar (Nisapur S.XII), La conferencia de los pájaros.

Nota: Simurg en farsi quiere decir "treinta pájaros".

Un abrazo.

17 DE SEPTIEMBRE DE 2009 14:49
Pola dijo...
Querido Joaquín, ¡qué hermosura de texto! Te agradezco mucho que lo hayas tanscrito y he de decirte -al igual que a Núria; maravillosa sincronicidad-, que precisamente andaba también retomando la idea de escribir algo sobre el simbolismo del Simurg, del cual conocí su existencia a través de un comentario que dejaste hace un tiempo en este blog (fue entonces cuando intenté encontrar información sobre él y, prendada con lo que había encontrado, puse su imagen al pie de esta bitácora).
Espero poder retomar la idea en breve.

Abrazos!
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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mariocesar el Vie Ago 16, 2013 5:17 pm

Podríamos poner sobre esta mesa acribillada de epifanías del nagual:El Alejamiento de Almotásim o El Simurg de Cortázat ¿no? "Lucas sus compras"


“Lucas, sus compras”, de Julio Cortázar

En vista de que la Tota le ha pedido que baje a comprar una caja de fósforos, Lucas sale en piyama porque la canícula impera en la metrópoli, y se constituye en el café del gordo Muzzio donde antes de comprar los fósforos decide mandarse un aperital con soda. Va por la mitad de este noble digestivo cuando su amigo Juárez entra también en piyama y al verlo prorrumpe que tiene a su hermana con la otitis aguda y el boticario no quiere venderle las gotas calmantes porque la receta no aparece y las gotas son una especie de alucinógeno que ya ha electrocutado a más de cuatro hippies del barrio. A vos te conoce bien y te las venderá, vení en seguida, la Rosita se retuerce que no la puedo mirar.


Lucas paga, se olvida de comprar los fósforos y va con Juárez a la farmacia donde el viejo Olivetti dice que no es cosa, que nada, que se vayan a otro lado, y en ese momento su señora sale de la trastienda con una kódak en la mano y usted, señor Lucas, seguro que sabe cómo se la carga, estamos de cumpleaños de la nena y dese cuenta justo se nos acaba el rollo, se nos acaba. Es que tengo que llevarle fósforos a la Tota, dice Lucas antes que Juárez le pise un pie y Lucas se comida a cargar la kódak al comprender que el viejo Olivetti le va a retribuir con las gotas ominosas, Juárez se deshace en gratitud y sale echando putas mientras la señora agarra a Lucas y lo mete toda contenta en el cumpleaños, no se va a ir sin probar la torta de manteca que hizo doña Luisa, que los cumplas muy felices dice Lucas a la nena que le contesta con un borborigmo a través de la quinta tajada de torta.

.
Todos cantan el apio verde tuyú y otro brindis con naranjada, pero la señora tiene una cervecita bien helada para el señor Lucas que además va a sacar las fotos porque ahí no tienen mucha cancha, y Lucas atenti al pajarito, ésta con flash y ésta en el patio porque la nena quiere que también salga el jilguero, quiere.
—Bueno —dice Lucas— yo voy a tener que irme porque resulta que la Tota.
Frase eternamente inconclusa puesto que en la farmacia cunden alaridos y toda clase de instrucciones y contraórdenes, Lucas corre a ver y de paso a rajar, y se encuentra con el sector masculino de la familia Salinsky y en el medio el viejo Salinsky que se ha caído de la silla y lo traen porque viven al lado y no es cosa de molestar al doctor si no tiene fractura de coxis o algo peor. El petiso Salinsky que es como fierro con Lucas se le agarra del piyama y le dice que el viejo es duro pero que el pórlan del patio es peor, razón por la cual no sería de excluir una fractura fatal máxime cuando el viejo se ha puesto verde y ni siquiera atina a frotarse el culo como es su costumbre habitual. Este detalle contradictorio no se le ha escapado al viejo Olivetti que pone a su señora al teléfono y en menos de cuatro minutos hay una ambulancia y dos camilleros, Lucas ayuda a subir al viejo que vaya a saber por qué le ha pasado los brazos por el pescuezo ignorando por completo a sus hijos, y cuando Lucas va a bajarse de la ambulancia los camilleros se la cierran en la cara porque están discutiendo lo de Boca versus River el domingo y no es cosa de distraerse con parentescos, total que Lucas va a parar al suelo con el arranque supersónico y el viejo Salinsky desde la camilla jódete, pibe, ahora vas a saber cómo duele.
En el hospital que queda en la otra punta del ovillo, Lucas tiene que explicar el fato, pero eso es algo que lleva su tiempo en un nosocomio y usted es de la familia, no, en realidad yo, pero entonces qué, espere que le voy a explicar lo que pasó, está bien pero muestre sus documentos, es que estoy en piyama, doctor, su piyama tiene dos bolsillos, de acuerdo pero resulta que la Tota, no me va a decir que este viejo se llama Tota, quiero decir que yo tenía que comprarle una caja de fósforos a la Tota y en eso viene Juárez y. Está bien, suspira el médico, bajale los calzoncillos al viejo, Morgada, usted se puede ir. Me quedo hasta que llegue la familia y me dan plata para un taxi, dice Lucas, así no voy a tomar el colectivo. Depende, dice el médico, ahora se usan indumentos de alta fantasía, la moda es tan versátil, hacele una radio de cúbito, Morgada.
Cuando los Salinsky desembocan de un taxi Lucas les da las noticias y el petiso le larga la guita justa pero eso sí le agradece cinco minutos la solidaridad y el compañerismo, de golpe no hay taxis por ninguna parte y Lucas que ya no puede más se larga calle abajo pero es raro andar en piyama fuera del barrio, nunca se le había ocurrido que es propio como estar en pelotas, para peor ni siquiera un colectivo rasposo hasta que el final el 128 y Lucas parado entre dos chicas que lo miran estupefactas, después una vieja que desde su asiento le va subiendo los ojos por las rayas del piyama como para apreciar el grado de decencia de esa vestimenta que poco disimula las protuberancias, Santa Fe y Canning no llegan nunca y con razón porque Lucas ha tomado el colectivo que va a Saavedra, entonces bajarse y esperar en una especie de potrero con dos arbolitos y un peine roto, la Tota debe estar como una pantera en un lavarropas, una hora y media madre querida y cuándo carajo va a venir el colectivo.
A lo mejor ya no viene nunca se dice Lucas con una especie de siniestra iluminación, a lo mejor esto es algo así como el alejamiento de Almotásim, piensa Lucas culto. Casi no ve llegar a la viejita desdentada que se le arrima de a poco para preguntarle si por casualidad no tiene un fósforo.
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Mensaje  mariocesar el Vie Ago 16, 2013 5:23 pm

El Simurg.


“El simurg es un pájaro inmortal que anida en las ramas del Árbol de la Ciencia; Burton lo equipara con el águila escandinava que, según la Edda Menor, tiene conocimiento de muchas cosas y anida en las ramas del Árbol Cósmico, que se llama Iggdrasill.

El Thalaba (1801) de Southey y la Tentación de San Antonio (1874) de Flaubert hablan del simurg Anka; Flaubert lo rebaja a servidor de la Reina Belkis y lo describe como un pájaro de plumaje anaranjado y metálico, de cabecita humana, provisto de cuatro alas, de garras de buitre y de una inmensa cola de pavo real. En las fuentes originales el simurg es más importante. Firdusí, en el Libro de Reyes, que recopila y versifica antiguas leyendas del Irán, lo hace padre adoptivo de Zal, padre del héroe del poema; Farid al-Din Attar, en el siglo XIII, lo eleva a símbolo o imagen de la divinidad.
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Mensaje  mariocesar el Vie Ago 16, 2013 5:27 pm

EL SIMURG
El simurg es un pájaro inmortal que anida en las ramas del Árbol de la Ciencia; Burton
lo equipara con el águila escandinava que, según la Edda Menor, tiene conocimiento de
muchas cosas y anida en las ramas del Árbol Cósmico, que se llama Iggdrasill.
El Thalaba (1801) de Southey y la Tentación de San Antonio (1874) de Flaubert hablan
del simurg Anka; Flaubert lo rebaja a servidor de la Reina Belkis y lo describe como un
pájaro de plumaje anaranjado y metálico, de cabecita humana, provisto de cuatro alas, de
garras de buitre y de una inmensa cola de pavo real. En las fuentes originales el simurg es
más importante. Firdusí, en el Libro de Reyes, que recopila y versifica antiguas leyendas
del Irán, lo hace padre adoptivo de Zal, padre del héroe del poema; Farid al-Din Attar, en
el siglo XIII, lo eleva a símbolo o imagen de la divinidad. Esto sucede en el Mantig al-tayr
(Coloquio de los pájaros). El argumento de esta alegoría, que integran unos cuatro mil
quinientos dísticos, es curioso. El remoto rey de los pájaros, el simurg deja caer en el
centro de China una pluma espléndida; los pájaros resuelven buscarlo, hartos de su
presente anarquía. Saben que el nombre de su rey quiere decir treinta pájaros; saben que su
alcázar está en el Kaf, la montaña o cordillera circular que rodea la tierra. Al principio,
algunos pájaros se acobardan: el ruiseñor alega su amor por la rosa; el loro, la belleza que
es la razón que viva enjaulado; la perdiz no puede prescindir de las sierras, ni la garza de
los pantanos ni la lechuza de las ruinas. Acometen al fin la desesperada aventura; superan
siete valles o mares; el nombre del penúltimo es Vértigo; el último se llama Aniquilación.
Muchos peregrinos desertan; otros mueren en la travesía. Treinta, purificados por sus
trabajos, pisan la montaña del simurg. Lo contemplan al fin: perciben que ellos son el
simurg, y que el simurg es cada uno de ellos y todos ellos.
El cosmógrafo Al-Qazwiní, en su Maravillas de las Criaturas, afirma que el simurg
Anka vive mil setecientos años y que, cuando el hijo ha crecido, el padre enciende una pira
y se quema. Esto, observa Lane, recuerda la leyenda del fénix. http://biblio3.url.edu.gt/Libros/borges/imaginarios.pdf
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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mariocesar el Vie Ago 16, 2013 5:31 pm

Simurgh, también deletreado simorgh, simurg, simoorg o simourv, también conocido como Angha, es el nombre persa moderno para el ave fénix, una criatura mítica del vuelo benevolente. En la figura se puede encontrar en todas las épocas de mayor arte y la literatura iraní, y es evidente también en la iconografía medieval de Armenia, el Imperio Bizantino, y otras regiones que se encontraban dentro de la esfera de influencia cultural persa. El pájaro mítico también se encuentra en la mitología de los pueblos turcos de Asia Central y se llama Kerks, Semrug, Semurg, Samran y Samruk.

El nombre deriva de simurgh persa medio Pahlavi senmurw, también atestiguado en persa medio Pazand como sina-mru. El término persa medio se deriva a su vez de Avestan m? R? O Saeno "el pájaro Saena", originalmente una rapaz, probablemente un águila, halcón o gavilán, como se puede deducir de los afines etimológico sánscrito Syena? "Rapaz, águila, ave rapaz" que también aparece como una figura divina. Saena también es un nombre de persona, que es la raíz del nombre.

El más prestigioso premio otorgado por el Festival Internacional de Cine Fajr, gran festival anual de cine de Irán se llama Crystal Simorgh, después de que la criatura mítica.

Mitología

FORMA Y FUNCIÓN
El simurgh se representa en el arte iraní como una criatura alada en la forma de un pájaro, lo suficientemente gigantesco para llevarse un elefante o una ballena. Se presenta como una especie de pavo real con la cabeza de un perro y de las garras de un león, a veces, sin embargo, también con un rostro humano. El simurgh es intrínsecamente benevolente y sin ambigüedad femenina. Ser parte mamífero, amamanta a sus crías. El simurgh tiene dientes. Tiene una enemistad hacia las serpientes y su hábitat natural es un lugar con mucha agua. Sus plumas se dice que el color de cobre, y aunque fue descrito originalmente como un perro-Bird, más tarde se demostró, ya sea con la cabeza de un hombre o un perro.

"Si-", el primer elemento en el nombre, se ha conectado en la etimología popular al persa moderno si "treinta". Aunque este prefijo no está históricamente relacionado con el origen del nombre simurgh, "treinta" ha sido, sin embargo, la base de leyendas que incorporan ese número, por ejemplo, que el simurgh era tan grande como treinta pájaros o tenía treinta colores.

Leyendas iraníes consideran que el pájaro tan viejo que había visto la destrucción del mundo tres veces. El simurgh aprendido mucho al vivir tanto tiempo, que se cree que poseen el conocimiento de todas las edades. En una leyenda, la simurgh se dice que viven 1.700 años antes de sumergirse a sí mismo en llamas.

El simurgh se consideró para purificar la tierra y las aguas y por lo tanto otorgar fertilidad. La criatura representa la unión entre la tierra y el cielo, que actúa como mediador y mensajero entre los dos. El simurgh roosted en Gaokerena, el Árbol de la Vida Hom, que se encuentra en medio del mar Vourukhasa mundo. La planta es medicina potente, que se llama todo-curación, y las semillas de todas las plantas se depositan en él. Cuando el simurgh dieron a la fuga, las hojas del árbol de la vida sacudieron haciendo todas las semillas de todas las plantas que caen. Estas semillas flotaron alrededor del mundo en los vientos de Vayu-Vata y las lluvias de Tishtrya, en la cosmología echando raíces para convertirse en cualquier tipo de planta que jamás haya existido, y curando todas las enfermedades de la humanidad.

La relación entre el simurgh y Hom es extremadamente estrecha. Al igual que el simurgh, Hom se representa como un pájaro, un mensajero y como la esencia de pureza que puede curar cualquier enfermedad o herida. Hom - designado como el primer sacerdote - es la esencia de la divinidad, una característica que comparte con la simurgh. El Hom se suma el vehículo de Farr "gloria" o "fortuna". Farrah a su vez representa el mandato divino que fue la base de la autoridad del rey.

Se presenta como un pájaro que descansa sobre la cabeza o los hombros de los aspirantes a reyes y clérigos, por lo que indica la aceptación de Ormuz de esa persona como su representante divino en la tierra. Para el plebeyo, Bahram envuelve fortuna/gloria "en la casa del adorador, por la riqueza en ganado, como el gran pájaro Saena, y como las nubes acuosas abarcan las grandes montañas". Al igual que el simurgh, Farrah también se asocia con las aguas del Vourukasha. En Yat 12,17 árbol de Simorgh coloca en el medio de la Vourukaa del mar, tiene buena y potente medicina, se llama todo-curación, y las semillas de todas las plantas se depositan en él.

EN EL SHAHNAMEH
El Simurgh hizo su aparición más famosa en la épica Shahnameh del Ferdowsi, donde se describe su relación con el príncipe Zal. Según el Shahnameh, Zal, el hijo de Saam, nació albino. Cuando Saam vio a su hijo albino, se supone que el niño era el engendro de los demonios, y abandonó al bebé en la montaña Alborz.

El llanto del niño fueron escuchadas por el Simurgh misericordiosos, que vivía encima de este pico, y se recuperan al niño y lo crió como si fuera suyo. Zal se enseñaba mucha sabiduría del Simurgh amoroso, que tiene todo el conocimiento, pero llegó el momento en que él se convirtió en un hombre y anhelaba volver al mundo de los hombres. Aunque el Simurgh se entristeció muchísimo, ella le regaló tres plumas de oro que iba a quemar si alguna vez necesitaba su ayuda.

Al regresar a su reino, Zal se enamoró y se casó con la hermosa Rudaba. Cuando llegó el momento de su hijo por nacer, el parto fue prolongada y terrible; Zal estaba seguro de que su esposa muriera de parto. Rudabah estaba cerca de la muerte cuando Zal decidió convocar al Simurgh. El Simurgh apareció y le dio instrucciones sobre cómo llevar a cabo una cesárea ahorra Rudabah y el niño, que se convirtió en uno de los más grandes héroes persas, Rostam. Simurgh también aparece en la historia de los Siete Ensayos de Rostam y de la historia de Rostam y Esfandiar.

EN AZERI FOLCLORE
Simurgh también se conoce con el nombre de Zumrud. Era una antigua historia sobre Mammad Malik, hijo de uno de los reyes más ricos de Azerbaijan. Ese rey tenía un gran jardín. En el centro de este jardín es un árbol de manzana mágica que produce manzanas todos los días. Un gigante feo llamado Div. decide robar todas las manzanas cada noche. El rey envía Malik Mammad y sus hermanos mayores combatir al gigante. En el centro de esta historia Malik Mammad salva a los bebés de Simurgh de un dragón. Simurgh se complace de Malik Mammad y decide ayudarlo. Cuando Malik Mammad quiere pasar desde el mundo oscuro en la luz Simurgh mundo que le pide a proporcionar 40 medias reses de carne y 40 odres llenos de agua. Cuando Simurgh pone el agua en su ala izquierda y la carne en su ala derecha Malik Mammad es capaz de entrar en el mundo de la luz.

EN LA POESÍA SUFÍ
En la literatura clásica persa y moderno del Simor? se menciona con frecuencia, sobre todo como una metáfora de Dios en el misticismo sufí. En el siglo 12 Conferencia de los Pájaros, Irán poeta sufí Farid ud-Din Attar escribió de una banda de pájaros peregrinos en busca del Simurgh. Según el relato del poeta, el Simurgh tiene treinta agujeros en su pico y dibujó el viento a través de ellos cada vez que tenía hambre. Animales oyeron una música bonita y se reunieron en la cima de una montaña donde fueron devorados por el Simurgh.

A través de la asimilación cultural del Simurgh se introdujo en el mundo de habla árabe, donde el concepto se ha fusionado con otras aves míticas árabes como el Ghoghnus, un ave que tiene alguna relación mítica con la palmera datilera, y se desarrolla como el Rukh.

EN KURDA FOLCLORE
Simurgh es acortado a "Simir" en lengua kurda. El Trever erudito cita dos cuentos populares kurdos sobre el pájaro. Estas versiones se remontan a las acciones ordinarias de Simor iraní? historias. En uno de los cuentos populares, un héroe rescata a la descendencia de Simurgh matando a una serpiente que se arrastraba por el árbol para alimentarse de ellos. Como recompensa, el Simurgh le da tres de sus plumas que el héroe puede utilizar para llamar a su ayuda quemándolos. Más tarde el héroe utiliza las plumas y el Simurgh lo lleva a una tierra lejana. En otro cuento, el Simurgh lleva el héroe del mundo de las tinieblas, aquí el Simurgh alimenta a sus crías con sus pezones, un rasgo que coincide con la descripción del Simurgh en el libro persa medio de Zdspram. En otro cuento, Simurgh alimenta el héroe de la jornada, mientras que el héroe Simirugh alimenta con trozos de grasa de oveja.

EN LA LITERATURA OCCIDENTAL
Ambrose Bierce, Diccionario del Diablo, escribe: "chusma, n En una república, los que ejercen la autoridad suprema templado por las elecciones fraudulentas La chusma es como el sagrado Simurg, de Arabia fábula omnipotente a condición de que no hacer nada..."http://centrodeartigos.com/articulos-de-todos-los-temas/article_25410.html
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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mataril el Vie Ago 16, 2013 7:52 pm

  Guaraní el Jue Oct 18, 2012 5:51 pm

Un filósofo que tenía un solo par de zapatos pidió al zapatero que se los reparara mientras él
esperaba.

«Es la hora de cerrar», le dijo el zapatero, «de modo que no puedo reparárselos ahora. ¿Por qué no
viene usted a recogerlos mañana?»

«No tengo más que este par de zapatos, y no puedo andar descalzo.»

«Eso no es problema: le prestaré a usted hasta mañana un par de zapatos usados.»}

«¿Cómo dice? ¿Llevar yo los zapatos de otro? ¿Por quién me ha tomado?»

«¿Y qué inconveniente tiene usted en llevar en los pies los zapatos de otro cuando no le importa
llevar las ideas de otras personas en su cabeza?»

* * * *

Guaraní
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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mataril el Vie Ago 16, 2013 7:53 pm

HISTORIA DE MUSHKIL GUSHA


Una vez, a menos de mil millas de aquí, vivia un pobre leñador viudo con una hija, todas las mañanas el leñador iba a las montañas a cortar leña para hacer fuego, la ataba en haces y la traía a su casa, luego, después de tomar el desayuno, caminaba hasta el pueblo cercano donde vendía la leña y se quedaba allí un rato antes de regresar.
Un día, al regresar ya tarde a su casa, la hija le dijo:
-»Padre, a veces desearía tener mejor comida, más cantidad y diferentes clases de cosas para comer.«
-»Muy bien mi niña«, dijo el viejo, »mañana me levantare mas temprano que de costumbre e ire mas lejos en la montaña donde hay mas leña y cortaré mas cantidad de la habitual, llegaré a casa temprano, asi podré atar bién la leña y la llevaré a vender al pueblo de manera que tengamos mas dinero y te traeré toda clase de ricas cosas para comer.«
A la mañana siguiente el leñador se levantó antes del alba y se fue las montañas. Trabajó duramente cortando leña y apilandola, e hizo un enorme haz que acarreó sobre sus espaldas hasta la pequeña casa.
Cuando llegó, todavía era muy temprano. Puso la carga en el suelo y golpeó la puerta diciendo:
»Hija, hija, abre la puerta que tengo hambre y sed, y necesito tomar algún alimento antes de ir al mercado.«
Pero la puerta permaneció cerrada, pues la niña, habiendo olvidado la conversación de la noche anterior, se habia ido a caminar dejando la puerta cerrada, pensando que su padre estaria aún cortando leña en el bosque.
El leñador estaba muy cansado, se sentó al lado de la leña y se quedo dormido, cuando se levantó, el sol estaba ya alto. Golpeó nuevamente a la puerta pero aún la niña no habia regresado. Fué así que el leñador se dijo: »Ya es demasiado tarde para ir al pueblo, regresaré a las montañas y cortaré otro haz de leña, así mañana tendré doble carga para llevar al mercado.« El leñador entonces, regresó a las montañas y
trabajó duramente, cortando leña y dándole forma. Era ya de noche cuando llegó a su casa. Dejó el atado de leña y golpeó la puerta diciendo:
»Hija, hija, abre la puerta, que estoy cansado y no he comido nada en todo el día. Tengo doble cantidad de leña que espero llevar mañana al mercado. Esta noche tengo que dormir bien para sentirme fuerte.«
Pero tampoco hubo respuesta, pues la niña, al regresar a su casa, estaba muy cansada, se preparó la comida y se fue a la cama, pensando que su padre se había quedado a pasar la noche en el pueblo, como acostumbraba a hacer cuando no vendia la leña.
el leñador estaba muy cansado, tenia hambre y sed, asi que se acostó nuevamente junto a la leña y de inmediato se quedó dormido. Le fue imposible permanecer despierto a pesar de la preocupación que sentía por lo que hubiera podido pasarle a su hija.
Pero de pronto, se despertó sobresaltado, algo ocurrio, algo extraño, le parecio escuchar, en algun lugar por encima suyo, una voz que le decia,
»Rápido, rápido, deja tu leña y ven aquí. Si lo necesitas mucho y lo deseas poco, tendrás una comida deliciosa.«
El leñador se puso de pie y corrió en dirección de donde venía la voz. Anduvo y anduvo, pero no encontró nada. Ademas, se habia perdido. Sus esperanzas se desvanecieron, Tenia hambre y estaba muy cansado; Se sintió triste, a punto de llorar, pero se dio cuenta de que llorando tampoco encontraria consuelo. Así que se sento al lado de un arbol y se durmió. Muy poco después despertó nuevamente, tenía demasiado frío y hambre para poder seguir durmiendo.
Fue entonces cuando se le ocurrió relatarse a sí mismo, como si fuera un cuento, todo lo que había ocurrido después de que su hija le hubiera pedido una clase de comida diferente.
Tan pronto como terminó su historia, le pareció oír otra voz, ésta vez la voz le dijo:
»¿viejo hombre, que haces tu sentado aquí?«
»Estoy contándome mi propia historia« respondió el leñador.
»¿Y cuál es?« preguntó la voz.
El leñador repitió su narración.
»Muy bien,« »Muy bien,« dijo la voz. Ahora cierra los ojos y sube la escalera
»Pero no veo ninguna escalera,« dijo el viejo.
»No importa, haz lo que te digo,« ordenó la voz. El hombre hizo lo que le decian, y tan pronto como hubo cerrado los ojos, descubrió que estaba de parado y, levantando el pie derecho, sintió algo que parecia un escalón debajo de él. Entonces, comenzó a subir lo que parecía ser una escalera. De repente los escalones comenzaron a temblar, se movían muy rapidamente,
»No abras los ojos hasta que yo te lo indique.«, le ordenó la voz.
No había pasado mucho tiempo cuando le ordenó que los abriera. Al hacerlo, se encontró en un lugar que parecía un desierto, con el sol quemando sobre él. Estaba rodeado de cantidades de guijarros de todas clases: rojos, blancos, azules, verdes y amarillos. Parecía estar solo; miró a su alrededor y no vio a nadie.
Pero la voz comenzó de nuevo:
»Toma todas las piedras que puedas, cierra los ojos y baja nuevamente.«
El leñador hizo lo que le decían, cargó todas las piedras que pudo y cuando volvió a recibir orden de abrir los ojos, se encontró: delante de la puerta de su propia casa. Llamó nuevamente a la puerta y, estas vez, su hija le respondio. Al verlo, le preguntó dónde había estado y el padre le contó todo lo ocurrido, aunque la niña, apenas entendió, porque todo le parecía muy confuso.
Entraron en la casa, y la niña y su padre compartieron lo último que les quedaba para comer: que era un puñado de dátiles secos. Cuando terminaron de comer, el leñador creyó oír nuevamente la voz, una voz como la otra que le había dicho que subiera los escalones. La voz dijo:
»A pesar de que tú no lo sabes, has sido salvado por Mushkil Gusha. Recuerda que EL siempre está aquí. Asegúrate de que todos los jueves por la noche comerás unos dátiles, darás otros a alguna persona necesitada y contarás ésta historia. De lo contrario, harás un regalo en su nombre a alguien que ayude a los necesitados. Cuida que la historia de Mushkil Gusha nunca sea olvidada. Si tú haces esto y otro tanto hacen las personas a quienes tú cuentes esta historia, los que tengan verdadera necesidad siempre encontrarán su camino.
El leñador puso en un rincón todas las piedras que había traído del desierto. Le parecieron simples piedras y no supo qué hacer con ellas.
Al día siguiente llevó sus dos enormes atados de leña al mercado y los vendió muy fácilmente, a muy buen precio. Al regresar a su casa, llevó a su hija toda clase de exquisitos manjares, que ella, hasta entonces, jamás había probado.
Cuando terminaron de comer, el leñador le dijo:
»Hija, Ahora te contaré “toda” la historia de Mushkil Gusha. Muskhil Gusha significa el disipador de todas las dificultades. Nuestras dificultades han desaparecido por su intermedio y nunca debemos olvidarlo.«
Durante la semana el hombre siguió como de costumbre, se levantó temprano, fué a las montañas, cortó leña, y la llevó a vender al mercado. Siempre encontró comprador sin dificultad.
Pero, llegó el jueves y, como es común en los hombres, se olvidó contar la historia de Mushkil Gusha. Esa noche, se apagó el fuego en la casa de los vecinos, y como no tenían con que encenderlo; fueron hasta la casa del leñador.
»Dános, por favor, lumbre, de esas maravillosas lámparas que se ven brillar a través de tu ventana.«
»¿Qué lámparas?« preguntó el leñador.
»Ven fuera y verás,« le respondieron. El leñador salió y vio toda clase de luces que brillaban a través de su ventana desde dentro. Entró, y vio que la luz provenia de la pila de guijarros que había traido del desierto. Pero como los rayos eran fríos y resultaba imposible utilizarlos para encender fuego, salió y dijo:
»lo lamento…, no tengo fuego,« y cerro la puerta casi golpeándola en sus narices. Los vecinos, molestos y sorprendidos, regresaron a su casa refunfuñando.
Los vecinos aquí dejan nuestra historia.
El leñador y su hija, se dedicaron a cubrir las brillantes luces con cuanto trapo encontraron, tenian miedo que la gente siguiera viendo los reflejos brillar a traves de la ventana.
A la mañana siguiente, al retirar los trapos, descubrieron que las piedras, eran gemas preciosas. Una por una, fueron llevandolas a las ciudades de los alrededores, donde las vendieron muy fácilmente a muy elevado precio. El leñador, entonces, decidió construir un espléndido palacio para él y su hija. Y eligieron un lugar que quedaba justamente frente al castillo del rey de su país. Poco tiempo después había tomado forma un maravilloso edificio.
El rey tenía una hija muy bella, que al despertar una mañana, vio un castillo que parecía de cuento de hadas frente al de su padre y se quedó sorprendida,
»¿Quién ha construido ese castillo? ¿Con qué derecho hacen algo así frente a nuestra morada sin siquiera haber dado aviso?«
Los sirvientes salieron a averiguar, y, al regresar, le contaron a la princesa toda la historia, tal como la habian escuchado. La princesa, sin comprender del todo, hizo llamar a la hija del leñador, con la intencion de recriminarla, pero cuando se conocieron, se hicieron amigas. Todos los días e iban juntas a jugar y a nadar a un arroyo que había sido construido especialmente para la princesa por orden de su padre.
Poco tiempo después del primer encuentro, la princesa se quitó un hermoso y valioso collar, y lo colgó en la rama de un árbol muy próximo al arroyo. Al salir, olvidó llevárselo y lo dio por perdido, pero luego recapacitando, pensó que la hija del leñador se lo habría robado. Enseguida se lo contó a su padre, quien confiscó el castillo y embargó todos sus bienes; el leñador fue puesto en prisión y la hija fue internada en un orfanatorio.
Como era costumbre en ese país, después de cierto tiempo, el leñador fue sacado de su celda y llevado a una plaza pública encadenado a un poste, con un gran letrero alrededor del cuello que decía:
Esto le ocurre a los que roban a sus reyes.
Al principio, la gente se reunía a su alrededor, burlándose de él y tirándole cosas.
El leñador se sentía muy desdichado. Pero, como es común entre los hombres, pronto se acostumbraron a ver al viejo sentado junto al poste y le prestaban cada vez menos atención. A veces le tiraban restos sucios de comida y otras ni lo miraban.
Un día, escuchó decir que era jueves por la tarde. Y repentinamente recordó que pronto sería la noche de Mushkil Gusha, el disipador de todas las dificultades, y que había olvidado conmemorarlo desde hacía ya tanto tiempo. Tan pronto como tuvo este pensamiento, un hombre caritativo que pasaba, le arrojó una moneda, el leñador lo llamó y le dijo:
»Generoso amigo, me has dado dinero que para mí no es de ninguna utilidad, pues mi condena impide que pueda moverme de aquí, pero si de alguna manera tu generosidad alcanza para ir a comprar unos dátiles y sentarte conmigo a comerlos, yo te quedaría eternamente agradecido. El hombre fue y compró algunos dátiles, y, al terminar de comerlos el leñador le contó la historia de Mushkil Gusha.
»Creo que tú, debes estar loco,« le dijo el hombre generoso, Pero era una persona comprensiva y, a su vez, tenía bastantes dificultades. Se sorprendió, al regresar a su casa, y encontrar que todas sus dificultades habían desaparecido. Esto le hizo empezar a pensar más seriamente acerca de Mushkil Gusha. El hombre generoso aquí, deja nuestra historia.
A la mañana siguiente la princesa volvió al arroyo, y cuando estaba a punto de entrar en el agua, vio algo que parecía ser su collar en el fondo del arroyo. Pero en el momento en que estaba por recogerlo, estornudó, echó su cabeza hacia atrás y vio que lo que había tomado por su collar era sólo su reflejo en el agua, pues el collar estaba colgado en la misma rama donde ella lo había dejado desde hacía ya tiempo.
Tomándolo, corrió angustiada y le contó lo ocurrido al rey. Éste ordenó que el leñador fuera puesto en libertad, se le reintegraran todos sus bienes y se le pidieran públicas disculpas. La niña fue sacada del orfanatorio y en un acto festivo proclamado especialmente, la princesa, condolida por su equivocaión con la hija del leñador le hizo entrega del hermoso y valioso collar, lamentando haber perdido por él, su amistad durante tanto tiempo.
Y así todos fueron felices.

Ésta es tan solo una de las historias de Mushkil Gusha. Mushkil Gusha, es un cuento muy largo, que nunca termina. Tiene muchas versiones; algunas que ni siquiera se llaman historia de Mushkil Gusha o la gente no las conoce. Pero es por causa de Mushkil Gusha, que todas las dificultades van desapareciendo, mientras en cualquiera de sus formas, sea recordada por alguien, en algún lugar del mundo, día y noche, mientas haya gente. Así como su historia recién ha sido relatada.
¿Quiere usted repetir la historia de Mushkil Gusha los jueves por la noche y ayudar así al trabajo de Mushkil Gusha?
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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mataril el Vie Ago 16, 2013 7:55 pm

Voy a reunir lo disperso de este patio en materia de cuentos.

Que dicho sea de paso es una actividad foril increible, poner en el buscador una palabra y zas aparece todo lo relaccionado y burilado, como es el caso del egregor
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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mariocesar el Sáb Ago 17, 2013 7:19 pm

mataril escribió:Voy a reunir lo disperso de este patio en materia de cuentos.

Que dicho sea de paso es una actividad foril increible, poner en el buscador una palabra y zas aparece todo lo relaccionado y burilado, como es el caso del egregor



Creo que el que más empenzó a empujar con la idea de procurar y cuidar un egregor aquí fue Maese Garaní desde el Hangar Antonio: ¿Se habrá ido , como AHANGAR, a buscar el paraíso de la canción? ¿Estará atravesando los valles, las montañas?
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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mataril el Sáb Ago 17, 2013 7:55 pm

Que vams en busca de el Simurg, que somos pájaros pidiendo permiso para atravesar esos valles, está claro. Por lo menos es mi intención, Dios, y por lo tanto el egregor de este patio existe en el momento que se pretende a Dios.

De hecho ayer después de leer el bello cuento me fui con mi amada a dar un paseo. Unas abubillas nos señalaron el camino y sin darnos cuenta de la señal tomamos ese camino, el paseo por los eucaliptos al lado de la acequia era precioso, nos llevo a un templo budista. En la puerta el guardian, la siguiente señal, esta si que la pillé, era un gallo. Entramos, el gallo nos permitio la entrada al tamplo. La gente nos miraba, la puerta estaba entre abierta y no sabiamos que hacer. Entramos, el templo impoluto, limpio, precioso con ofrendas a los pies de los maestros. Al final del templo una señora nos abre una puerta roja como el libro de confuncio, esos portalones rojos, nos dice algo en chino, cada uno de los dos entiende una cosa IGUALMENTE DE POSIBLE. Luego atravesamos un cemterio de tumbas chinas, culto al muerto. Y la ultima señal, también la cacé, una señora mayor, una artesana de la vida, una de estas señoras que con una puesta de sol en el ocaso, sus arrugas podian ganar cualquier premio de fotografia. Esa señora utilizaba una criba, estaba cribando un grano oscuro, separaba el grano de la paja, aquí tuve una debelación instantánea sobre la existencia del mal y del bien, pero no en las personas.

Luego, ya en casa, me puse a observar todos los eventos y a documentarme sobre los animales. Abubilla es un animal que guia y sugiere el camino, al principio en el islam y el gallo representa el equilibrio de las dos mitades y relaccionado tambien son la sexualidad.
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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mariocesar el Dom Ago 18, 2013 7:47 pm

mataril escribió:Que vams en busca de el Simurg, que somos pájaros pidiendo permiso para atravesar esos valles, está claro. Por lo menos es mi intención, Dios, y por lo tanto el egregor de este patio existe en el momento que se pretende a Dios.

De hecho ayer después de leer el bello cuento me fui con mi amada a dar un paseo. Unas abubillas nos señalaron el camino y sin darnos cuenta de la señal tomamos ese camino, el paseo por los eucaliptos al lado de la acequia era precioso, nos llevo a un templo budista. En la puerta el guardian, la siguiente señal, esta si que la pillé, era un gallo. Entramos, el gallo nos permitio la entrada al tamplo. La gente nos miraba, la puerta estaba entre abierta y no sabiamos que hacer. Entramos, el templo impoluto, limpio, precioso con ofrendas a los pies de los maestros. Al final del templo una señora nos abre una puerta roja como el libro de confuncio, esos portalones rojos, nos dice algo en chino, cada uno de los dos entiende una cosa IGUALMENTE DE POSIBLE. Luego atravesamos un cemterio de tumbas chinas, culto al muerto. Y la ultima señal, también la cacé, una señora mayor, una artesana de la vida, una de estas señoras que con una puesta de sol en el ocaso, sus arrugas podian ganar cualquier premio de fotografia. Esa señora utilizaba una criba, estaba cribando un grano oscuro, separaba el grano de la paja, aquí tuve una debelación instantánea sobre la existencia del mal y del bien, pero no en las personas.

Luego, ya en casa, me puse a observar todos los eventos y a documentarme sobre los animales. Abubilla es un animal que guia y sugiere el camino, al principio en el islam y el gallo representa el equilibrio de las dos mitades y relaccionado tambien son la sexualidad.


Lo que nos contás es una sucesión maravillosa de encantamientos y epifanías...
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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mariocesar el Jue Jun 25, 2015 1:34 pm



Cartas desde la Montaña de Käf
Por Qamar bint Sufan





Qamar bint Sufan es probablemente la más excelsa de las maestras sufis de nuestros días. Ella pertenece a una táriqa secreta y por eso esconde su nombre, como la luna se esconde entre las nubes, sin por ello dejar de afectar a los seres que por ella se rigen, sus discípulos. Fruto de su inquietud por estos discípulos y de la incapacidad de dirigirlos como exige el celo de un maestro, nace esta serie de cartas, de claro tono pedagógico, que muestra la fuerza y claridad de su enseñanza: “La montaña está aquí, a la vista de todos. No ciegues tus ojos, que nada te distraiga. Si quieres llegar, da los primeros pasos...”



Carta Primera

Hermanos míos, durante los días pasados, han soplado los vientos fríos del norte. El frío en la noche ha barrido furiosamente éstas tierras. Las pocas hierbas que habían brotado los días anteriores han amanecido agostadas.

Ésta mañana, el pájaro Simurgh voló sobre nuestras cabezas, su sombra se extendía, al frente, hasta el horizonte y más allá; a nuestra espalda, hasta el otro horizonte y más allá. La soledad también se extiende. ¿Es la soledad un refugio seguro o es el báculo del caminante? Aislados del mundo, solos en nosotros mismos, extranjeros en este orbe y sin embargo partes de él, nos refugiamos en nuestra propia sombra.
Desde nuestra unificación, nosotros somos solamente nosotros y a la vez somos otros muchos. Esperamos y deseamos que no lo comprendáis, que no ocupéis vuestra razón y vuestro intelecto en tratar de explicar el perfume de la rosa. No perdáis el tiempo hermanos. Si os ocupáis en el análisis del Amor ¿Quién amará? Si buscáis los componentes químicos del perfume ¿Quién se embriagará? . Un estudioso debe situarse fuera del objeto de su estudio. Si eres un marino, no eres una gota de agua, pero si te conviertes en una gota de agua, jamás podrás naufragar. Si eres un grano de arena, el viento te llevará por todos los desiertos y todos lo oasis , conocerás la esencia de lo seco y de lo húmedo, porque serás parte de ello.

No estudiéis la esencia porque es inabarcable. Uníos a ella y la conoceréis con el corazón. Donde las palabras de vuestra lengua no lleguen, llegará la vibración de vuestro ser interno.
Nos preguntáis por el lugar dónde podréis encontrar vuestros nombres perdidos, aquellos que os han sido otorgados y no recordáis. Os respondemos. Buscad el pájaro Simurgh. Buscadlo sin descanso porque él custodia la llave del libro donde se anotaron. Sólo cuando lo encontréis recobraréis vuestro Nombre.

Si sois buscadores de enigmas, estáis perdidos. Los enigmas no existen para el conocedor. Para el ignorante todo es un enigma.
Hay gentes que no conociéndose a sí mismas buscan desesperadamente un lugar donde poder ubicarse. A pesar de sus rectas intenciones ¿cómo encontrarán el camino justo si no saben hacia donde quieren ir? Sus corazones no descansan, corriendo inútilmente entre peligrosos precipicios y valles perfumados que apenas ven. El desorden de sus corazones los hace sordos para la Llamada y mudos para la Palabra.
El peor viajero es aquel que carga su bolsa con cien mil objetos inútiles que le impiden avanzar.

En las laderas hemos plantado rosales y hermosas viñas. Aquellos viajeros que llegan a estos jardines se maravillan a la vista de la vid y con la contemplación de las rosas. El perfume de la rosa y el sabor del vino, lo traen ellos consigo.

El viajero que llega a la montaña es un constructor a las órdenes del Arquitecto. El maestro de obras nos dirige sabiamente e incansables reforzamos las laderas.

Carta Segunda

Hermanos, desde todos los confines de los mundos, desde las altas montañas y desde los abismos más profundos, desde la certeza de los sabios y la confusión de los necios, detrás de setenta mil velos o desvelada , la Verdad es única.
Oídnos, nosotros no hablamos con doble sentido, lo que parece, eso es. Abrid los corazones.

Cuando te preguntan “¿quién eres tú?” Respondes, “soy tal cual soy” y das el nombre por el que te conocen. Cuando te preguntan “¿qué eres?” Respondes, “soy carpintero”, “soy médico”. Nunca dices lo que eres realmente porque no lo sabes. Si respondes : “soy un sufi”, eres un gran tonto, o lo que es peor, un embustero. Un hombre no dirá “soy un hombre” ni una mujer “soy una mujer” porque es algo evidente. Lo que seas en tu interior es cosa tuya y de tu Señor. El que lo ve, es porque tiene los ojos abiertos, el que no lo ve debe quedar en la ignorancia pues a él nada le importa, ni en nada le afecta tu estado.

Todos queréis llegar a estos parajes de bendición y en verdad que todos tenéis ante vosotros el caballo dispuesto y el camino señalado, pero la pereza os consume. Un día tenéis que arar los campos, otros recoger la cosecha, después estáis muy cansados... Para el perezoso los arroyos son mares inmensos y las dunas montañas extraordinarias.
Inventáis letanías, palabras sin sentido, danzas que sólo son movimientos inconexos, lucháis fuertemente buscando las rutas más fáciles y más cortas. Cómo las moscas en la basura voláis y voláis sin conseguir nada, mientras los jardines florecen a poca distancia.
Oídnos hermanos, abrid los ojos y reconoceros, no sois insectos sino personas. El trabajo es vuestro orgullo y la Obra necesita trabajo. Si no os ha sido dado el don del conocimiento como un regalo de la Misericordia, no tenéis derecho a exigirlo. Trabajad por él.

La montaña está aquí, a la vista de todos. No ciegues tus ojos, que nada te distraiga. Si quieres llegar, da los primeros pasos y nosotros te cogeremos de las manos para que no tropieces.


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Re: Del acercamiento a Almotásin

Mensaje  mariocesar el Dom Sep 13, 2015 2:51 pm

https://youtu.be/Bg6TH7mKgW4
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